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monumento
Es el edifico más importante de todo el conjunto. Se encontraba en ruinas y fue reconstruido casi en su totalidad en 1979. No quedaba en pie más que parte de los muros y casi toda la torre. La mayoría de los materiales empleados en su reconstrucción fueron los originales del templo que se encontraban esparcidos por el suelo. Se trata de una pequeña iglesia de nave única con ábside rectangular, con cubierta de armadura de madera y puerta abierta en el muro sur de la nave. En su interior, todo el perímetro de la nave esta recorrido por un podium, o banco de obra. En uno de los muros de la nave se puede apreciar que parte de la obra fue realizada en opus spicatum. El campanario, de planta circular, se pensaba que era posterior a la iglesia, pero las excavaciones y los análisis arqueológicos han demostrado que pertenece a una misma campaña constructiva. Es anterior a los campanarios de Santa Coloma y de Sant Serni de Tavèrnoles. Considerado hasta ahora como una construcción del siglo X, unos recientes análisis de C14 llevados a cabo por el Servei de Recerca Històrica del Patrimoni Cultural d´Andorra, han confirmado que se trata de un edificio construido entre finales del siglo VI y principios del VIII. Hecho que lo convierte probablemente en el edificio religioso mas antiguo de los conservados en Andorra. El campanario, que hasta ahora, se había relacionado, como el de Santa Coloma, con los modelos italianos, parece ser que está más en contacto con modelos irlandeses continentales.
monumento
Se cree que hacia el año 304 d.C. en este lugar estaba emplazado el burdel donde santa Inés, una aristócrata romana, fue obligada a desnudarse para divertir a los clientes. Según la leyenda, sus cabellos crecieron milagrosamente hasta cubrir su desnudez. Tras infructuosos intentos de abrasarla viva, al final muere apuñalada. La Iglesia la reconoce como una de sus mártires y en 1652 el papa Inocencio X encomienda a Girolamo y Carlo Rainaldi el proyecto de construcción de una capilla en el lugar donde se alza el santuario de santa Inés. Un año más tarde, Borromini, por encargo del papa, derriba el muro frontal de los Rainaldi y proyecta la nueva fachada. En 1657 Bernini entra a formar parte del proyecto con una comisión de arquitectos y se encarga de la decoración interior de la iglesia: dorados, esculturas y mármoles policromos.
obra
Con esta obra, el Padre Pozzo racionalizó la creación de espacios ficticios. Más allá de la arquitectura real del templo, diseñó una muy compleja quadratura, con un riguroso y centralizado punto de fuga, para prolongar hasta el infinito, por medio de la ficción perspectiva, la realidad tectónica del edificio. Aún más excelso fue el truco de pintar en un gigantesco lienzo una suntuosa cúpula, de amplio tambor con columnas, para sustituir a la que en Sant Ignazio no pudieron erigir de obra los jesuitas.
obra
La segunda comisión del papa Pamphili para Borromini, la iglesia de Sant'Agnese in Agone, se presenta como otro clamoroso reconocimiento a sus valores como arquitecto, yendo unida a la idea papal de convertir la plaza Navona en corte familiar y centro de poder de los Pamphili a partir de la secuencia artística palacio-fuente-iglesia. En 1652, el proyecto fue confiado a Girolamo y Carlo Rainaldi, padre e hijo, que al año ya tenían muy avanzada la construcción. Despedidos los Rainaldi por el pontífice, la obra fue entregada a Borromini en 1653, que conservará el interior, de esquema en cruz griega, pero realzando el tambor de su cúpula, y derrumbará la fachada, reconstruyéndola de nuevo. Tomando como base un original esquema compositivo, conocido en su pureza por los diseños, previó un frontis cóncavo, muy dinámico, prolongado en dos alas laterales sobre las que se erguían los fogosos campanarios exentos que fanqueaban la poderosa cúpula, a cuya aislada plasticidad formal se reservaba la imagen urbanística y simbólica de la plaza. A finales de 1654 estaban, prácticamente, acabadas la fachada hasta su gran comisa y la cúpula a falta de su ¡interna. Pero, de nuevo, la desgracia se abatió sobre Borromini en enero de 1655, al morir el papa Inocencio X, pues sus herederos, entre el escaso interés por continuar y su mezquindad económica -después de proponerle la reducción de su proyecto (a lo que se opuso)-, detuvieron las obras y despidieron a Borromini. Reanudadas en 1657, Carlo Rainaldi corrigió perversamente la obra de Borromini (¿venganza, tal vez, por haber éste derribado la fachada anterior de su padre y suya?). La mayor de las correcciones, que desnaturalizaron por completo la genial idea de Borromini, fue la de añadir un cuerpo a cada una de las torres, que alcanzan la altura de la cúpula y anulan su grandiosidad, banalizando su soledad con una insignificante escenografía, propia de principiante. Si la perspectiva de Sant'Agnese sigue cautivando, es por lo que no pudieron arrasar del sueño quimérico de Borromini.