El origen de este convento de monjas agustinas, situado en la calle de San Pedro, se tiene que buscar en el testamento que en 1635 otorgara el presbítero D. Martín Fernández de Bruselas, de quien tomó su advocación. Una serie de circunstancias hizo que dicha fundación se retrasase, sin embargo, hasta 1639, fecha en la que se instalan las cuatro primeras monjas. Todo parece indicar que el primitivo convento se formó aprovechando algunas casas, a las que se les hicieron los arreglos imprescindibles para su nueva finalidad. Pero durante algún tiempo no se emprendieron en él obras de consideración. Éstas se llevaron a cabo a partir de 1669, cuando se decide la construcción de la monumental iglesia que actualmente se conserva, cuya planta fue suministrada, en ese mismo año, por Juan Trujillo Moreno, en aquellas fechas el más importante artista de la ciudad. Problemas, seguramente, de tipo económico hicieron que se dilataran durante muchos años sus obras. Hasta 1700 no se vuelven a tener noticias de ellas, cuando se documenta la compra de piedra y jaspes, que sin duda se destinarían a las portadas. Posteriormente, en 1713, el arquitecto Alberto de Guzmán figura como encargado de la construcción que en esa fecha posiblemente alcanzaba la cúpula, o, al menos, estaba a punto de erigirse. Pero, a pesar de ello, la iglesia no se construyó hasta 1726. Este edificio no sólo es uno de los más grandiosos del Barroco cordobés sino uno de los más originales del mismo. Tiene la importancia de ser uno de los pocos templos de planta oval que se edificaron en Andalucía en el siglo XVII. Su espacio principal es, precisamente, un monumental recinto elíptico de disposición longitudinal, esquema que también se repite en su alta cúpula elevada en tambor. Los alzados se articulan por órdenes superpuestos de pilastras, correspondiendo sus dos cuerpos a profundos nichales, destinados a albergar retablos, y tribunas con marcos de orejetas. Este orden se interrumpe en la embocadura de la cabecera, donde el amplio arco triunfal alcanza la cornisa del segundo cuerpo. El presbiterio es de ámbito rectangular con bóveda de aristas, flanqueándolo el coro bajo de las monjas y la sacristía, al lado del Evangelio, y al de la Epístola respectivamente. A los pies se forma un vestíbulo, igualmente rectangular, cubierto por bóveda de medio cañón y ampliado lateralmente con dos capillas de bóvedas de aristas. Sobre este tramo monta el coro alto, que se cierra con una celosía del siglo XVIII. El exterior del templo no manifiesta su forma oval, sino que se cierra por muros rectos, solución más de tradición manierista que barroca. Sus imponentes volúmenes se rematan con la grandiosa caja de ladrillo de la cúpula, que se configura como una construcción decagonal alargada con contrafuertes en las esquinas. La fachada principal es un amplio paramento de buena construcción de ladrillo sobre basamento de piedra. Se compone de dos cuerpos de marcada horizontalidad y un remate triangular, todo lo cual queda inscrito en un cuadrado, de donde derivan sus excelente proporciones. Sus superficies se animan con cajeamientos rectangulares con motivos geométricos en su base y coronamiento. A esta pantalla se antepone una espléndida portada de mármoles grises, blancos y negros, muy dentro del estilo de Francisco Hurtado, autor que posiblemente trabajara en esta iglesia. A la iglesia se acopla el convento, que forma un complejo conjunto integrado por dependencias diversas. Se organiza en torno a dos patios, uno rectangular y otro cuadrado, entre los que media una galería, careciendo de interés su arquitectura. En las inmediaciones del segundo patio queda una escalera de dos tramos paralelos que conduce a la parte alta del edificio. Dentro del recinto conventual también se localiza una grandiosa espadaña de ladrillo con arcos de medio punto. El Retablo Mayor está hecho de madera tallada y dorada. Consta de un banco no muy elevado, principal y ático, éste último de medio punto, ceñido a la bóveda de cañón que cubre el presbiterio. En el banco, ocupando la calle central, se ubica el sagrario, en tanto que en las calles laterales aparecen broches de tupidas hojarascas entre los resaltes que soportan los estípetes del cuerpo principal, asimismo cubiertos de carnosos acantos. En sentido vertical se divide en tres calles condicionadas por cuatro poderosos estípetes. En la calle central se suceden un gran manifestador flanqueado por pares de columnillas salomónicas muy revestidas de elementos fitomórficos, y una hornacina que, a manera de baldaquino cubierto por una pequeña bóveda, alberga la imagen de Nuestra Señora de los Dolores. En las calles laterales, sobre decoradas ménsulas y ante hornacinas escasamente profundas rematadas en medio punto, se sitúan las imágenes de San Agustín, fundador de la Orden, y San Martín, titular del templo, ambos de vestir, con cabeza, pies y manos de talla, de neta influencia granadina. Se cubren ambas imágenes con ricos doseletes poligonales. En el coronamiento, la calle medial flanqueada por estípetes abalaustrados, cobija en una hornacina el tradicional crucificado de talla, mientras que en las calles laterales aparecen, también en hornacinas muy planas y sobre ménsulas, dos imágenes de talla de pequeño tamaño que representan a San José y a San Francisco. A ambos lados, sobre repisas, imágenes de talla de santos relacionados con la Orden Agustina.
Busqueda de contenidos
monumento
Iglesia levantada a mediados del siglo XVIII, en un estilo que se sitúa entre el barroco y el neoclásico, con influencias de Juan de Herrera y del arte iberoamericano. La iglesia se asienta sobre el antiguo convento de San Agustín. Convento e iglesia representan uno de los conjuntos arquitectónicos más importantes de Marchena. El exterior muestra un hermoso monumento en homenaje al Sagrado Corazón de Jesús. El interior cuenta con una planta de cruz latina y destaca por los altorrelieves de los muros de las naves, en estilo mudéjar, con temática post-colombina e influencias de las culturas inca y azteca. Se conserva un amplio repertorio de retablos, decorados con innumerables yeserías de temas religiosos y elementos geométricos y vegetales. El retablo mayor está fechado en el 1800 y presenta características que lo sitúan en el paso del Rococó al Neoclásico.
monumento
La actual iglesia de San Agustín formaba parte del antiguo convento del mismo nombre, levantada en el primer tercio del siglo XVII. Cuenta con un patio central porticado que une la iglesia con el antiguo convento, fechado en el siglo XVI. Tanto el convento como la iglesia han sido declarados Bienes de Interés Cultural, ya que es de lo poco que se conserva de la Orden Agustiniana. Diferentes intervenciones realizadas posteriormente, sobre todo durante el Barroco, ornamentaron y enriquecieron este monumento con una valiosa serie de retablos, pinturas y esculturas. Tiene planta de cruz latina y una sola nave cubierta con bóveda de cañón y coro alto a los pies. El crucero está subrayado por medias columnas de orden gigante y pechinas que soportan la cúpula ovalada. La cabecera y los brazos del crucero aparecen culminados con bóvedas de cañón con lunetos. El presbiterio se culmina con pilastras de orden toscano y dos grandes enmarques de yesería que albergan pinturas al óleo con escenas alusivas a San Agustín. El exterior destaca por su portada principal, que se abre a los pies de la iglesia entre contrafuertes, y ofrece una sencilla composición con columnas estriadas sobre pedestales. La capilla mayor y su arco triunfal ostentan una decoración pintada con motivos dorados. Debajo de ella se alza el retablo mayor, de mediados del siglo XVII, atribuido a Lope de Medina Chirinos; el camarín ocupa la imagen de Jesús Nazareno, de principios del siglo XVII y atribuido a Juan de Mesa "El Mozo". En el lado del evangelio se abre la capilla de Jesús Nazareno que, por sus dimensiones, parece una iglesia propia gracias a su enorme tamaño; la capilla tiene planta de cruz latina sobre cuyo crucero se alza una cúpula decorada a base de yeserías, propia de la época de la construcción, el último cuarto del siglo XVII.
monumento
El fundador de este primitivo convento de Agustinos no es otro que don Juan Téllez Girón, el IV conde de Ureña, uno de los principales impulsores artísticos de Osuna. En 1548 se abandonó su uso conventual para convertirse en parroquia, denominada Nuestra Señora de la Esperanza. El templo es prototípico del estilo jesuita, con una sola nave -cubierta con bóveda de cañón decorada con yeserías-, cúpula semiesférica en el crucero y capillas laterales. El presbiterio también está adornado con yeserías, realizadas posiblemente en el primer tercio del siglo XVII. Jerónimo Balbás es el autor del magnífico Retablo Mayor, ejecutado hacia 1712, en el que encontramos imágenes de santos, encabezados por la Virgen de la Esperanza, pieza elaborada por Juan de Remesal en 1636. Otros retablos y algunas imágenes se distribuyen por las capillas del templo para configurar un auténtico museo de escultura. También se reparten en los muros algunos lienzos con historias de la vida de san Agustín. En el exterior destaca la portada constituida por un arco de medio punto con columnas adosadas y rematado por una hornacina.
obra
El edificio que más trascendencia iba a tener sobre la arquitectura lombarda fue San Ambrosio de Milán. Un antiguo templo de tipo basilical que lentamente iría sufriendo modificaciones que terminarían por convertirlo en un característico monumento románico. En el siglo XI adoptó una cabecera de tres ábsides semicirculares y escalonados. A principios de la centuria siguiente, las naves se organizaron, para facilitar su abovedamiento, en un tramo de la central por cada dos de las colaterales; sobre éstas se dispuso una tribuna. Mientras que la nave central se cubre con ojivas abombadas, las laterales lo hacen con aristas. Hacia 1140, se levanta ante la fachada occidental un típico atrio porticado, fórmula de la arquitectura paleocristiana que venía siendo recreada por los arquitectos carolingios y otonianos. Aunque el edificio muestra un cierto enriquecimiento formal, y el color de la ladrillería le confiere una agradable plasticidad, no deja de ser una obra conservadora, de una sólida masa de volúmenes estáticos y pesados. Dada su significación religiosa fue tomado como modelo de los principales edificios de su entorno geográfico. Así sabemos que las ya desaparecidas catedrales de Pavía, Novara y Vercelli siguieron sus formas.
obra
La iglesia actual fue edificada en el siglo XVIII, variando el sentido de las naves, y del templo construido en la época de la Reconquista no quedan más que la bóveda ojival y la bóveda del centro, convertida hoy en Sagrario, de planta poligonal.