Este fresco de Hércules se encontraba en la pared de una casa de Sansepolcro que poseía la familia de Piero della Francesca considerándose una obra personal, interesado como estaba el maestro por los estudios anatómicos. No es muy frecuente la temática mitológica en su producción; la luz inunda el espacio donde se presenta el héroe, vestido con su característica piel que permite observar su cuerpo semidesnudo. La obsesión que mantendrá Piero por la perspectiva motiva la colocación del tronco en escorzo, dirigiéndose al espectador. La musculatura del personaje no es muy hercúlea, alejándose del canon que impondrá años más tarde Miguel Ángel. Esta composición recuerda a la María Magdalena o al San Julián, situando la figura sobre un fondo neutro y entre dos columnas para asemejarse a una ventana. Sin embargo, las figuras de Piero continúan careciendo de expresividad lo que provoca una llamativa sensación de frialdad.
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Durero se ocupó de temas eternos y presentes tanto en Alemania como en Europa. Si en el Paseo amoroso veíamos la unión de Amor y Muerte, bajo el aspecto del pensamiento alemán, en este caso encontramos la lucha entre Virtud y Placer bajo una presencia italiana, como uno de los episodios de la vida del héroe clásico Hércules.El escueto título que Durero le dio a la estampa hizo que se dudara largo tiempo acerca de la atribución de la escena. El hecho de que el héroe aparezca completamente desnudo nos indica que la escena tuvo lugar antes de sus famosos doce trabajos, puesto que en el primero hubo de enfrentarse al león de Nemea y a partir de ahí, vistió su piel como trofeo.El episodio es en realidad una prueba preliminar antes de considerarlo digno para los trabajos: el joven Hércules se encuentra, en una encrucijada de dos caminos, a dos jóvenes mujeres, igualmente bellas e inteligentes. Ambas tratan de atraerle: una es la sensualidad que pretende llevarle al camino de los placeres y el abandono; la otra es la castidad, la virtud, que quiere mostrarle las ventajas de la temperancia. Hércules, obviamente, se decidió por la virtud y a partir de ahí inició sus trabajos.La figura de la Virtud es una agresiva ménade que hace ademán de golpear al Placer. Su figura así como el árbol y el amorcillo que huye están literalmente copiados de un grabado anterior, la Muerte de Orfeo. Por contra, el Placer imita a una nereida de Antonio del Pollaiulo. Está tumbada con un sátiro, mitad humano mitad animal, el símbolo por excelencia de la lujuria y la bestialidad en la iconografía clásica.
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Antoine Bourdelle trabaja como ayudante de Rodin, pero reivindica la obra bien acabada, la artesanalidad (era hijo de un artesano). Su atracción por la escultura griega arcaica le lleva a simplificar los volúmenes y le aleja del maestro, como observamos en su obra más famosa, el Hércules arquero presentado al Salón de 1910, obteniendo un importante éxito. Bourdelle presenta a el héroe griego disparando sus flechas contra los pájaros del lago Estínfalo, dentro del quinto de los trabajos que tuvo que realizar. Hércules aparece apoyándose sobre una roca, con el cuerpo en tensión, concibiendo Bourdelle la escultura para ser contemplada desde un lateral, para de esta manera poder destacar la fuerza con la que el héroe tensa el arco. El modelo fue un deportista para así poder crear el maestro a una figura verosímilmente musculosa, resultando una de las obras más interesantes de la escultura finisecular.
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Pintado en 1634, este lienzo es uno de los más complejos en cuanto a simbología del poder se refiere. Tradicionalmente, la historia cuenta que Hércules llegó a España para poner en el estrecho las dos columnas que aparecen en el escudo español, separando los dos montes, Calpe y Abyla, para formar el estrecho entre el continente europeo y el africano. Contrariamente, en este lienzo Zurbarán lo representa uniendo los dos montes, dando a entender de este modo el poder unificador del rey Felipe IV, a quien se supone descendiente del mítico Hércules. Por lo demás, los rasgos estilísticos son completamente idénticos a otros cuadros de la serie como el episodio del león de Nemea o el del Cancerbero.
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La serie sobre los pasajes de la vida de Hércules fueron destinados a decorar la zona alta del Salón de Reinos del Palacio del Buen Retiro en Madrid. Para ello se mandó llamar a Zurbarán desde Sevilla debido al clamoroso éxito que estaba cosechando en la capital andaluza. Sin duda, la década de 1630 sería la de mayor triunfo para el maestro y el traslado a Madrid pondría la guinda. La serie consta de 10 lienzos en los que no recoge exclusivamente los trabajos de Hércules, sino varios pasajes de su vida. El motivo de la elección del héroe para decorar dicho salón vendría justificado por el origen legendario de la Monarquía Hispánica, que estaría, precisamente, en Hércules. Detener el curso del río Alfeo formaría parte de uno de las doce pruebas a las que le obligó su hermano, Euristeo; para limpiar los establos de Augías hizo pasar por ellos las aguas del río. El desnudo en movimiento no era la especialidad de Zurbarán, así que buscó la inspiración en un amplio número de grabados de manieristas flamencos, que en su mayor parte le permitieron representar la imagen de Hércules, sin olvidar su realismo característico en la descripción de las anatomías ni en su fuerte claroscuro. Los resultados fueron bastante positivos, recibiendo 1.100 ducados por todos los cuadros. La influencia de Miguel Ángel en la anatomía del héroe resulta muy lógica al ser el florentino siempre un punto de referencia, incluso en el Barroco.
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En 1596 Carracci pintó este pasaje de la vida legendaria del héroe Hércules. El artista hace gala de su mesura a la hora de componer, que le hizo encabezar un movimiento clasicista frente al desbordamiento del Barroco. Sus figuras pretenden recuperar los cánones clásicos que habían establecido los grandes maestros del Renacimiento, como Rafael, Miguel Angel, teñidos con el color y la sensualidad del venecianismo. La escena está dividida limpiamente en dos mitades equivalentes: Hércules se encuentra en el eje central, desnudo como corresponde a los héroes, apoyado en su maza. El cuerpo de Hércules remite a aquellas anatomías poderosas de Miguel Ángel. Pensativo, escucha las razones que le ofrecen dos figuras alegóricas, que luchan por inclinarle una hacia las artes y otra hacia la fama y la historia. Las figuras femeninas están contrapuestas, con los gestos indicando direcciones contrarias, una de frente y otra de espaldas, acentuando el carácter de decisión que el héroe debe tomar entre dos posturas que se oponen.
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El efecto deslumbrante que causan los vasos decorados con la técnica de las figuras negras proviene de un trabajo esmeradísimo y complicado que requiere gran pericia. En primer lugar se preparaba la superficie del vaso, cuya tonalidad anaranjada cobraba fuerza. Luego se trazaban los contornos de las figuras y una vez definidas y delimitadas, se aplicaba en el interior una especie de barniz parduzco-negro, de modo que se obtenían siluetas. Por último, la bicromía era enriquecida con detalles incisos -pormenores anatómicos, adornos, etc.- y con leves toques de color blanco para la encarnadura femenina o rojo oscuro para otros detalles. Todo este laborioso proceso exige atención máxima, pero lo que más obligaba a los artífices y por lo que hemos de admirarlos, es la extraordinaria habilidad para la incisión fina y para el trazo firme a mano alzada.