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El paso de las mujeres latinoamericanas -como de todas- del espacio privado al público se produjo a lo largo del siglo XIX gracias a su presencia social en tertulias, y a algunas responsabilidades que representaban una proyección social de su rol doméstico, como la beneficencia, o de su educación burguesa, como la música, las artes plásticas y la escritura. No obstante en la construcción de los Estados Nacionales la educación fue un campo prioritario y desde un mayor bagaje cultural y una mayor independencia de juicio: por la formación recibida la mujer aspira a entrar en el espacio público, y empieza a luchar por ello sin dejar de valorar la aportación que supone para una sociedad el cuidado y educación de los hijos. Además, en un mundo social y político complejo en el que las clientelas o redes familiares son estructuras de larga duración las mujeres -a través del matrimonio y la dote material e inmaterial- tuvieron una importancia capital. A esto se añadió la inserción educativa, las crisis económicas y la inmigración -en algunos países, multitudinaria a lo largo del XIX- explican la lenta pero imparable irrupción de las mujeres en el mercado de trabajo. Otros factores fueron las guerras que obligaron a las mujeres a sustituir a los varones en algunos trabajos. Las tradiciones autóctonas indígenas también pesaron: por ejemplo en Paraguay por influencia guaraní las mujeres eran esenciales en la cadena productiva; en el campo paraguayo en 1886 un 62% de los empleados eran mujeres; transportaban fardos de hasta 100 Kg. en la cabeza, eran lavanderas, planchadoras, costureras, mercachifles, sirvientas y jornaleras. Tanto es así que en Paraguay en 1875 se empezó la regulación del trabajo doméstico estipulándose los documentos normativos y la legislación. Pero en general, las primeras irrupciones en la esfera pública de las mujeres fueron en la enseñanza -no deja de ser sorprendente que los ciudadanos fueran en muchos casos educados por no ciudadanas- la beneficencia y/o la salud pública como primeros campos de empleo. Por ejemplo en Argentina en 1869, 1895 y 1914 las tasas de ocupación femenina fueron respectivamente el 21, 29 y 39 %. Naturalmente en estas cotas no se considera el mismo trabajo si se realiza dentro del propio hogar: educación y cuidado de los hijos, limpieza y mantenimiento de la casa, tejido, costura, cocina, cuidado del campo y los animales, etc. Además según los Códigos Civiles de los países latinoamericanos, la tutela de la mujer correspondía a su padre hasta los 22 años o el momento en que contrajera matrimonio; entonces era su marido quien tutelaba todas sus transacciones y acciones para que éstas tuvieran curso legal; si la mujer tenía actividades propias era necesario el consentimiento marital y se acostumbraba entregar el salario. Las voces femeninas se podían oír en cortes civiles y eclesiásticas -la vía judicial era a veces la única oportunidad- pero no en las Cámaras. En Buenos Aires en 1875 se fundó una escuela de parteras. Estas nociones de higiene y modernización llegaban a los desfavorecidos a través de la beneficencia. Era una cuestión de "civilización" y construcción del Estado: familias limpias y modernas en naciones ordenadas y civilizadas. Esta aspiración explica que entre las primeras tituladas de entre siglos fuera grande la influencia del Darwinismo, el Positivismo y las teorías eugenésicas de Galton, sin quizá ver los riesgos humanos que entrañaban. Paulina Luisi fue una entusiasta de las prácticas del eugenismo, igual que Elvira López, Carolina Muzzilli y Alicia Moreau. En Perú fue muy importante la tarea de educadoras como Elvira García y García Bert y M? Jesús Alvarado en pro de la educación de los niños por sus madres y no por las criadas. Gráfico A fines del XIX los cambios tecnológicos, el éxodo rural, la industrialización produjeron cambios en el espacio de trabajo de las mujeres, que fueron desplazándose del hogar a la fábrica, a los empleos de domesticidad y servicios. Las artesanas independientes tuvieron en muchos casos que abandonar la artesanía por la producción fabril; en los sectores del textil y del tabaco sobre todo. La percepción de salario a destajo impuso ritmos inhumanos de trabajo. En la fábrica hombres y mujeres realizaban papeles muy diversos, asumían distintos niveles de responsabilidad y por una misma tarea recibían salarios diferentes. A principios del XX la maquinización redujo el empleo de mujeres en las fábricas. En el cambio de siglo- entre 1895-1915- por ejemplo en Argentina, aunque es un fenómeno extrapolable, la enseñanza se quintuplicó como trabajo femenino. Estudio y enseñanza en Escuelas Normales, formación de otras formadoras en estos mismos centros o quizá un trabajo como maestras en escuelas y colegios fueron las primeras profesiones que hacían compatibles con las tareas domésticas y familiares en muchos casos. Aparece a la vez la gestión educativa; el salario propio facilitaba poder ampliar estudios después. Empezaron a surgir las primeras tituladas. En Paraguay en 1905 se creó el Colegio Mercantil de niñas. Además, como resultado de la alfabetización, la educación pública o privada en los sectores más favorecidos, el inicial espacio de la escritura salta de la intimidad o el uso social -Juegos Florales, tertulias literarias y/o poéticas- al oficio: literatura o periodismo profesionales. Todo esto amplía la panorámica femenina y surgen las Revistas de mujeres, no sólo de "cuestiones femeninas" tal como éstas podían entenderse entonces sino además, políticas, ideológicas o de opinión: por ejemplo La Voz de la Mujer, anarquista, Minerva o Caras y Caretas, etc. Hablamos desde luego de mujeres de raigambre criolla y en la medida en que se fueron integrando en la sociedad receptora de inmigrantes europeas. El liberalismo creó una sociedad con espacios definidos -y marginales- para las mujeres negras, indias, mulatas y mestizas, aún mucho más desprotegidas. Por ejemplo, en Lima en 1908 un alto porcentaje de las mujeres que vivían en la ciudad y trabajaban en el campo como jornaleras y cultivadoras eran indias y negras; mestizas e indias trabajaban como vendedoras ambulantes, lavanderas, amas de leche o tejedoras. Las blancas pobres solían dedicarse al comercio a pequeña escala. Una sociedad un tanto diferente es la cubana pre independentista, con dos realidades que nada tienen que ver: la negritud y la blanquitud. La mujer negra se ganaba la vida en la calle y la blanca en casa. En 1861 el 44,4 % de las blancas mayores de 13 años estaban casadas o ya eran viudas; sólo el 18% entre las morenas libres y 7% entre las esclavas. En los barrios populares de la Habana el 23,1 % de las mujeres de color entre 15-49 años convivía libremente con un hombre; esa situación entre las blancas alcanzaba sólo el 10%. La hogarización no era posible para las mujeres de color que necesariamente debían trabajar, la mayoría de ellas en el servicio doméstico, o como parteras. Entre las blancas que trabajaban por necesidad el 85% lo hacían como costureras en su propia casa, ya que era un trabajo honroso; el 75% de las enfermeras y el 95% de las maestras eran blancas. También hubo casos, pocos, de propietarias y rentistas viudas o en ausencia de maridos, mujeres dedicadas a los negocios como compraventa de inmuebles, empresarias, bodegueras o vendedoras de quincallería. Con esfuerzo pero imparablemente la mujer va entrando en el mundo de las titulaciones académicas y el ejercicio de las profesiones liberales. Para empezar era preciso que después de estudiar en el liceo femenino -o su equivalente- obtuvieran un permiso extraordinario para matricularse en un centro educativo de varones; terminados los estudios secundarios, se podía acceder a la Enseñanza Universitaria, con otra licencia extraordinaria. Había que ser capaces de soportar las burlas y bromas de los compañeros de clase - o por lo menos de algunos-, clases a las que por supuesto era preciso asistir acompañada. Otra vía era, después de los estudios primarios, titularse como maestra o maestra normalista y luego seguir alguna otra carrera, contando con que con ese título ya se podía ejercer como docente en las Escuelas. Después de todo, enseñar es una forma de educar y cuidar, roles para los que la mujer está naturalmente preparada, así que no era una cuestión que asombrara a nadie. No sucedió lo mismo con las primeras estudiantes de Medicina, Leyes, etc. Las primeras tituladas consiguieron sus licenciaturas en torno a los 80 del siglo XIX: Margarita Chorné dentista mexicana en 1886, el mismo año que Eloísa Díaz lnsunza ginecóloga chilena en Argentina; Ninfa Fleury se diplomaba en Agronomía en 1883 y Petrona Eyle, argentina, en Medicina en 1891. En esa misma época, Trinidad Enríquez fue la primera peruana licenciada en Derecho. Además, hay un caso familiar excepcional y llamativo: el de las hijas de María Teresa Janicki, inmigrante en Argentina y Uruguay, y docente, que con una mentalidad amplia y avanzada quiso -y logró- que las tres obtuvieran una licenciatura. Así Luisa Luisi fue educadora, Clotilde Luisi abogada y Paulina Luisi, médica. Dolores González de León astrónoma y Refugio González de León física mexicana, las dos de finales del XIX y principio del XX se abrieron camino en el mundo científico; Matilde Montoya logró titularse como cirujana en 1887. Margarita Práxedes Muñoz se matriculó en Medicina en 1885; era peruana pero estudió en Chile. Elida Passo, farmacéutica argentina en 1885 se matriculó después en Medicina pero la tuberculosis le impidió terminar: murió en quinto de carrera. Josefina Pecotche, argentina, comenzó a ejercer como dentista en 1899, mientras Ernestina Pérez Barahona se tituló como médico en 1887, y la peruana Laura Rodríguez Dulanto como médica cirujana en 1900, especializándose después como ginecóloga. Una trayectoria singular fue la de Lucía Tagle, en México, ya que pasó de ejercer como maestra en 1872 a trabajar como tenedora de libros muy prósperamente, ganando incluso más que algunos hombres dedicados a la misma actividad. En el siglo XX la Universidad se abrió como vía normal de profesionalización para las mujeres, pero aún en las primeras décadas los esfuerzos para lograrlo eran ímprobos. Los primeros nombres femeninos vinculados a las ciencias médicas son Lola Úbeda médica argentina en 1902, María Elena Maza, enfermera y Directora de la Escuela de Enfermería en México; Rosa María Crespo, panameña, doctora en Medicina y Cirugía y escritora; Marie Langer, psicoanalista en Argentina o Elena Orozco mexicana doctora en Medicina en 1941; Matilde Rodríguez, mexicana, Doctora en Psiquiatría por la Universidad de Berlín en 1930; Helia Bravo, bióloga y botánica mexicana se titulaba en 1922; Eva Eugenia Estrada química mexicana; Guadalupe Henestrosa bióloga argentina; Alejandra Jaídar, física mexicana; Rita López de Llergo, geógrafa y matemática mexicana y Paris Pishmish, astrónoma turca arraigada en el DF son algunos ejemplos de trayectorias científicas esforzadas que abrieron brecha y espacio para otras mujeres. El mundo de las letras también fue escenario de mujeres que hicieron a la vez carrera e historia: Bibliotecarias como Blanca Mercedes Mesa y Rosario Antuña, cubanas; la mexicana Lucrecia de la Torre y su compatriota Juana Manrique graduada en 1924 en Nueva York. Profesoras de Universidad como Alicia Genovese, M? Emma Mannarelli, Dora León Borja, María Rostworowski, M? Rosa Lida de Malkiel; Mariola Ladan; Lily Sosa de Newton; Reyna Pastor, Renata Donghi, que fueron ampliando espacios y posibilidades para cuantas mujeres quisieran emprender esa trayectoria desde principio hasta el fin del siglo XX y comienzo del XXI. Filósofas - Ana Mauthe, argentina que leyó su tesis sobre Aristóteles en 1901-; investigadoras - Sara Beatriz Guardia, del CEMHAL; Susana Uribe, doctora en Ciencias Históricas e investigadora del prestigioso Colegio de México, Elvira López temprana doctora en Filosofía y Letras- historiadoras como las mexicanas María Teresa Escobar, Mercedes Meade y Leonor Llach; o Josefina Passadori, profesora de Geografía. Carmen Millán, primera mujer en la Academia Mexicana de la Lengua logró un importante paso: la presencia de la mujer en las grandes y reconocidas instituciones académicas. Otro campo tradicionalmente varonil era la arqueología: aquí dos de las grandes pioneras fueron María Lombardo y Malú Sánchez de Bustamante. Otros panoramas en distintos momentos los han abierto antropólogas como Eliane Karp; arquitectas como Ruth Rivera; destacadas estudiosas y docentes de Arte Dramático como Edda de los Ríos , o amas de casa de un alto nivel intelectual e integradas en los ambientes artísticos y de vanguardia como Adriana Romero. Actividades esenciales como la educativa en su especialidad pedagógica han sido el escenario de las trayectorias de la polifacética Lenka Franulic, o la cubana Dra. Hortensia Pichardo, compatriota de otra gran profesional: la latinista, profesora y gestora cultural Vicentina Antuña. El mundo de la comunicación en todos sus medios también aporta nombres de periodistas como Adelina Zendejas, Verónica Zondek, Gigliola Zecchin o Elvira Vargas. Otros campos quizá más prácticos son los de las activistas, promotoras culturales y trabajadoras sociales como la filántropa feminista e impulsora de la educación de las mujeres a través de la fundación de centros educativos Adela Formoso; Fabiola Tornassi, inmigrante italiana o ya en el veinte avanzado María Santos, india lenca. El duro mundo de la praxis jurídica y el ejercicio del Derecho fueron poco a poco abriéndose a la nueva realidad social de la integración académica y laboral de las mujeres. Hay que citar -como ejemplos- a Celia Tapias una de las primeras abogadas argentinas, a Loló de la Torriente cubana; la argentina Emar Acosta, primera jurista argentina y de América Latina; María Lavalle y Gloria León, abogadas mexicanas de los años 40; Clara González Beringher y Elida Campodónico primera y segunda abogadas panameñas. Digna Ochoa, abogada mexicana, activista por los derechos humanos, murió asesinada en 2001. La chilena Marta Elena Samatán recibió su título de abogada en 1927. La diplomacia fue otro campo ambicionado y conseguido por Paula Alegría, Amalia González Caballero y Palma Guillén embajadoras o diplomáticas mexicanas; Dora Echevarría, colombiana, e Yvonne Clays, salvadoreña. Luisa Anastasi fue la primera jueza argentina; Aydée Anzola la primera colombiana Consejera de Estado y Cristina Salmorán, Abogada Mexicana, fue Ministra de la Corte Suprema de Justicia en 1961. Existieron también profesionales un tanto atípicas dentro de un proceso interesante de ampliación de campos fuera de los sectores tradicionales, ocupaciones unidas al espectáculo -como el toreo o las acrobacias aéreas- y al ocio -como el deporte- que hablan de una profesionalización femenina más allá de las actividades puramente necesarias: tres ejemplos son la rejoneadora y torera Conchita Cintrón; la tenista profesional Gabriela Sabatini o la aviadora Carola Lorenzini. Y desde luego, Religiosas y Fundadoras como Madre M? Caridad Brader, suiza afincada en América Latina, Lucila Maldonado y Guadalupe Martínez Orozco quienes además de la profesión religiosa realizaron verdaderas tareas de promoción humana, social y cultural de generaciones de mujeres latinoamericanas. No obstante y a pesar de que estos avances fueron suponiendo el acceso y la normalización de la participación de las mujeres en las profesiones liberales, fenómeno que va unido en muchos casos a la consolidación de las clases medias y la consiguiente democratización, los retos, desafíos y problemas de finales del XX y principios del XXI siguen estando ahí. Según Irma Arriagada, el nuevo papel del Estado, la crisis de la deuda, los efectos de los programas de ajuste y la caída en el gasto social, han tenido consecuencias a largo plazo que se expresan en una creciente pobreza, desempleo estructural y coyuntural, concentrado en mujeres y jóvenes, y en el aumento de las ocupaciones precarias y atípicas, donde las mujeres se sitúan en las áreas menos remuneradas de las cadenas productivas y de subcontratación. El recurso económico fundamental de las latinas es el trabajo remunerado, casi siempre en condiciones de desigualdad. Actualmente, -según datos del CEPAL, en 1994, 1995 y 1996 son muchos los hogares dónde la cabeza de familia es una mujer, debido a las migraciones, viudez, rupturas matrimoniales y fecundidad adolescente. Según el mismo CEPAL para el 96, entre el 17% y el 27% de los hogares urbanos son de jefatura femenina. Otra situación común es la familia con dos proveedores -marido y mujer- o incluso tres ya que los niños también trabajan de manera creciente en el mercado de trabajo. Las tasas de actividad femenina crecieron de 37% a 45%. Este aumento se produjo principalmente entre las mujeres de 25 y 49 años. Dependiendo de los niveles educativos, y especialmente de las profesionales más jóvenes, se han ido insertando en las áreas más modernas de esos sectores con ingresos relativamente elevados, pero siempre inferiores a los correspondientes a los varones con similar calificación. El informe de la CEPAL de 1995 manifiesta cómo sin el ingreso de las mujeres que son cónyuges, la pobreza del hogar aumentaría entre 10% a 20%. Para el conjunto de los hogares las mujeres que son cónyuges aportan alrededor del 30% de los ingresos con variaciones según los países. Sin olvidar que en países en vías de desarrollo el 66% del trabajo de las mujeres-en su propia casa y familia- se encuentra fuera del sistema de cuentas nacionales por lo que no se contabiliza, no se reconoce ni se valora. No obstante, en unos años, el panorama ha evolucionado, tal como se muestra en estos cuadros elaborados desde los datos del Informe de la CEPAL 2009. Población Femenina por Grupos de Edad (En miles de Personas). Elaboración Propia. Fuente: Informe de la CEPAL 2009. <table> <tr><td>Pa&iacute;s</td><td>TOTAL*</td><td>15-24</td><td>25-34</td><td>35-44</td><td>m&aacute;s de 45</td> </tr><tr><td>Argentina</td><td>15.800</td><td>3.365</td><td>3.225</td><td>2.564</td><td>6.646</td> </tr><tr><td>Bolivia</td><td> 3.268</td><td> 986</td><td> 742</td><td> 579</td><td> 961</td> </tr><tr><td>Chile</td><td> 6.789</td><td>1.453</td><td>1.234</td><td>1.237</td><td>2.865</td> </tr><tr><td>Colombia</td><td>16.991</td><td>4.183</td><td>3.743</td><td>3.243</td><td>5.822</td> </tr><tr><td>Costa Rica</td><td> 1.711</td><td> 429</td><td> 378</td><td> 308</td><td> 596</td> </tr><tr><td>Cuba (*)</td><td> 4.647</td><td> 776</td><td> 689</td><td>1.019</td><td>2.163</td> </tr><tr><td>Ecuador</td><td> 4.792</td><td>1.247</td><td>1.052</td><td> 865</td><td>1.628</td> </tr><tr><td>El Salvador</td><td> 2.320</td><td> 647</td><td> 491</td><td> 408</td><td> 774</td> </tr><tr><td>Guatemala</td><td> 4.426</td><td>1.471</td><td>1.086</td><td> 725</td><td>1.144</td> </tr><tr><td>Honduras</td><td> 2.437</td><td> 805</td><td> 605</td><td> 409</td><td> 618</td> </tr><tr><td>M&eacute;xico</td><td>41.051</td><td>10.135</td><td>9.143</td><td>8.199</td><td>13.574</td> </tr><tr><td>Nicaragua</td><td> 1.957</td><td> 624</td><td> 487</td><td> 328</td><td> 518</td> </tr><tr><td>Panam&aacute;</td><td> 1.243</td><td> 298</td><td> 268</td><td> 248</td><td> 429</td> </tr><tr><td>Paraguay</td><td> 2.135</td><td> 645</td><td> 509</td><td> 349</td><td> 632</td> </tr><tr><td>Per&uacute;</td><td>10.382</td><td>2.779</td><td>2.387</td><td>1.908</td><td>3.308</td> </tr><tr><td>R. Dominicana</td><td> 3.432</td><td> 937</td><td> 781</td><td> 621</td><td>1.093</td> </tr><tr><td>Uruguay</td><td> 1.374</td><td> 254</td><td> 235</td><td> 220</td><td> 665</td> </tr><tr><td>Venezuela</td><td> 9.919</td><td>2.665</td><td>2.334</td><td>1.874</td><td>3.046</td> </tr> </table> (*) No es la totalidad de la población femenina, sino la suma del número de mujeres en esos grupos de edad. Población Activa Femenina (En miles de Personas). Elaboración Propia. Fuente: Informe de la CEPAL 2009. <table> <tr><td>Pa&iacute;s</td><td>1990</td><td>1995</td><td>2000</td><td>2005</td><td>2010</td><td>2015</td></tr> <tr><td>Argentina</td><td>4.184</td><td>5.184</td><td>6.096</td><td>7.188</td><td>8.052</td><td>8.920</td></tr> <tr><td>Bolivia</td><td>1.017</td><td>1.253</td><td>1.553</td><td>1.817</td><td>2.126</td><td>2.470</td></tr> <tr><td>Chile</td><td>1.414</td><td>1.768</td><td>2.156</td><td>2.527</td><td>2.931</td><td>3.324</td></tr> <tr><td>Colombia</td><td>4.458</td><td>6.111</td><td>7.929</td><td>9.118</td><td>10.350</td><td>11.579</td></tr> <tr><td>Costa Rica</td><td> 313</td><td> 395</td><td> 503</td><td> 628</td><td> 762</td><td> 891</td></tr> <tr><td>Cuba </td><td>1.380</td><td>1.482</td><td>1.537</td><td>1.695</td><td>1.848</td><td>1.973</td></tr> <tr><td>Ecuador</td><td> 882</td><td>1.332</td><td>1.818</td><td>2.143</td><td>2.519</td><td>2.935</td></tr> <tr><td>El Salvador</td><td> 528</td><td> 701</td><td> 907</td><td>1.099</td><td>1.304</td><td>1.522</td></tr> <tr><td>Guatemala</td><td> 496</td><td> 790</td><td>1.193</td><td>1.551</td><td>1.996</td><td>2.529</td></tr> <tr><td>Honduras</td><td> 365</td><td> 476</td><td> 606</td><td> 786</td><td>1.009</td><td>1.269</td></tr> <tr><td>M&eacute;xico</td><td>6.808</td><td>9.574</td><td>12.838</td><td>15.338</td><td>18.113</td><td>20.966</td></tr> <tr><td>Nicaragua</td><td> 386</td><td> 508</td><td> 651</td><td> 792</td><td> 956</td><td> 1.130</td></tr> <tr><td>Panam&aacute;</td><td> 278</td><td> 348</td><td> 424</td><td> 509</td><td> 597</td><td> 687</td></tr> <tr><td>Paraguay</td><td> 487</td><td> 605</td><td> 751</td><td> 919</td><td>1.109</td><td> 1.317</td></tr> <tr><td>Per&uacute;</td><td>2.569</td><td>3.637</td><td> 4.856</td><td> 5.542</td><td>6.279</td><td>7.020</td></tr> <tr><td>R. Dominicana</td><td> 821</td><td>1.095</td><td>1.395</td><td>1.622</td><td>1.861</td><td>2.113</td></tr> <tr><td>Uruguay</td><td> 515</td><td> 591</td><td> 666</td><td> 689</td><td> 724</td><td> 763</td></tr> <tr><td>Venezuela</td><td>2.091</td><td>2.520</td><td>3.010</td><td>3.717</td><td>4.474</td><td>5.255</td></tr> </table> Tasa de desempleo abierto urbano femenino por grupos de edad. Tasa Media Anual en %. Elaboración Propia. Fuente: Informe de la CEPAL 2009. <table> <tr><td>Pa&iacute;s</td><td>TOTAL</td><td>15-24</td><td>25-34</td><td>35-44</td><td>m&aacute;s de 45</td></tr> <tr><td>Argentina</td><td>11,7</td><td>29,3</td><td>10,0</td><td>7,8</td><td>6,2</td></tr> <tr><td>Bolivia</td><td>9,4</td><td>23,2</td><td>11,5</td><td>2,8</td><td>3,2</td></tr> <tr><td>Chile</td><td>9,5</td><td>21,6</td><td>10,7</td><td>7,2</td><td>5,0</td></tr> <tr><td>Colombia</td><td>16,0</td><td>31,6</td><td>17,2</td><td>11,2</td><td>6,9</td></tr> <tr><td>Costa Rica</td><td>5,6</td><td>12,0</td><td>6,6</td><td>3,0</td><td>2,0</td></tr> <tr><td>Cuba (*)</td><td>-------</td><td>---------</td><td>---------</td><td>---------</td><td>-----------</td></tr> <tr><td>Ecuador</td><td>9,6</td><td>22,1</td><td>9,2</td><td>6,7</td><td>4,7</td></tr> <tr><td>El Salvador</td><td>3,8</td><td>9,6</td><td>4,1</td><td>2,3</td><td>0,8</td></tr> <tr><td>Guatemala</td><td>3,1</td><td>6,7</td><td>2,3</td><td>1,8</td><td>1,0</td></tr> <tr><td>Honduras</td><td>3,7</td><td>7,9</td><td>4,0</td><td>2,2</td><td>0,7</td></tr> <tr><td>M&eacute;xico</td><td>3,5</td><td>9,0</td><td>3,9</td><td>2,0</td><td>0,7</td></tr> <tr><td>Nicaragua</td><td>5,4</td><td>10,4</td><td>8,0</td><td>2,2</td><td>1,1</td></tr> <tr><td>Panam&aacute;</td><td>7,9</td><td>20,9</td><td>9,1</td><td>5,0</td><td>2,4</td></tr> <tr><td>Paraguay</td><td>8,5</td><td>16,7</td><td>10,1</td><td>3,3</td><td>3,2</td></tr> <tr><td>Per&uacute;</td><td>6,9</td><td>14,7</td><td>7,4</td><td>3,9</td><td>3,5</td></tr> <tr><td>R. Dominicana</td><td>7,2</td><td>16,0</td><td>6,7</td><td>6,5</td><td>1,3</td></tr> <tr><td>Uruguay</td><td>10,4</td><td>26,9</td><td>11,2</td><td>7,4</td><td>5,2</td></tr> <tr><td>Venezuela</td><td>7,4</td><td>15,9</td><td>8,7</td><td>5,0</td><td>3,2</td></tr> </table> (*) En el informe de la CEPAL 2009 no figuran datos. Tasa Global de Fecundidad por quinquenios: Número de hijos por Mujer. Elaboración Propia. Fuente: Informe de la CEPAL 2009. <table> <tr><td>Pa&iacute;s</td><td>2000-2005</td><td>2005-2010</td><td>2010-2015 (*)</td></tr> <tr><td>Argentina</td><td>2,4</td><td>2,3</td><td>2,2</td></tr> <tr><td>Bolivia</td><td>4,0</td><td>3,5</td><td>3,1</td></tr> <tr><td>Chile</td><td>2,0</td><td>1,9</td><td>1,9</td></tr> <tr><td>Colombia</td><td>2,6</td><td>2,5</td><td>2,3</td></tr> <tr><td>Costa Rica</td><td>2,3</td><td>2,0</td><td>2,0</td></tr> <tr><td>Cuba</td><td>1,6</td><td>1,5</td><td>1,5</td></tr> <tr><td>Ecuador</td><td>2,8</td><td>2,6</td><td>2,4</td></tr> <tr><td>El Salvador</td><td>2,6</td><td>2,4</td><td>2,2</td></tr> <tr><td>Guatemala</td><td>4,6</td><td>4,2</td><td>4,7</td></tr> <tr><td>Honduras</td><td>3,7</td><td>3,3</td><td>3,0</td></tr> <tr><td>M&eacute;xico</td><td>2,4</td><td>2,2</td><td>2,0</td></tr> <tr><td>Nicaragua</td><td>3,0</td><td>2,8</td><td>2,6</td></tr> <tr><td>Panam&aacute;</td><td>2,7</td><td>2,6</td><td>2,4</td></tr> <tr><td>Paraguay</td><td>3,5</td><td>3,1</td><td>2,8</td></tr> <tr><td>Per&uacute;</td><td>2,8</td><td>2,6</td><td>2,4</td></tr> <tr><td>Rep. Dominicana</td><td>2,8</td><td>2,7</td><td>2,5</td></tr> <tr><td>Uruguay</td><td>2,2</td><td>2,1</td><td>2,0</td></tr> <tr><td>Venezuela</td><td>2,7</td><td>2,6</td><td>2,4</td></tr> </table> (*)Obviamente son extrapolados.
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El papel de la riqueza como medio de poder no dejaba de ser una evidencia para los gobernantes europeos a comienzos de la Edad Moderna. El dinero permitía levantar y mantener ejércitos, financiar guerras, sostener complejas burocracias y, en definitiva, costear ambiciosos programas de gobierno. No es de extrañar, por ello, el interés mostrado por el poder político en intervenir en los asuntos económicos, particularmente los comerciales. Máxime, cuando "era opinión ampliamente arraigada en aquellos tiempos la de que el total de la prosperidad del mundo era constante, y el objetivo de la política comercial de cada país en particular (...) era el de conseguir para la nación la mayor parte posible del pastel" (K. Glamann). A la praxis económica derivada de estos conceptos se la conoce con el nombre de mercantilismo. El mercantilismo no constituye exactamente una escuela sistemática de pensamiento económico. Más bien se trata de un conjunto de ideas y prácticas en el plano de la política económica, definidas por características comunes. La primera de ellas, como se deriva de la anterior afirmación, es la orientación nacionalista. El fomento de la economía nacional y la defensa de los intereses propios subyace en todo programa de política mercantilista. Los Estados intentaban promover el crecimiento material de sus súbditos como condición indispensable de su propio poder. Se trata, por tanto, y en segundo lugar, de una política económica proteccionista e intervencionista, pues se entendía que era la propia acción del poder político, ejercida mediante leyes y prohibiciones, el más eficaz medio de conseguir los objetivos trazados. Tal intervencionismo, lejos de estorbar los intereses de la incipiente burguesía mercantil y financiera, constituyó en realidad una práctica favorable para sus negocios en esta fase inicial de desarrollo del capitalismo, al permitirle disfrutar de condiciones ventajosas derivadas de la protección estatal. Ha sido lugar común asignar al "metalismo" una situación central en los objetivos de la política mercantilista. Según ello, la mentalidad económica de la época procedería a una vulgar identificación entre riqueza y posesión de metal precioso. En función de este prejuicio crisohedonista se orientaría la acción económica del Estado. Enriquecer al príncipe consistiría básicamente en lograr atraer hacia sus arcas la mayor cantidad posible de oro y de plata. Y, dado que la cantidad de metal precioso existente era finita, la disputa con el resto de los países por asegurar la posesión de la mayor parte se hacía inevitable. En realidad, esta visión ingenua se encontraba ya superada en el propio siglo XVI. Algunos tratadistas de la época percibieron con claridad que el dinero no constituía sino una mercancía más, cuyo valor está sujeto al volumen de su oferta. Así, por ejemplo, en un pasaje muy conocido de su obra "Comentario resolutorio de cambios", publicada en 1556, el español Martín de Azpilcueta afirmaba: "todas las mercaderías encarecen por la mucha necessidad que ay, y poca quantidad dellas; y el dinero en quanto es cosa vendible, trocable o conmutable por otro contrato, es mercadería, por lo susodicho, luego también él se encarece por la mucha necessidad y poca quantidad dél...". Este texto es representativo de un estado de opinión bastante generalizado a raíz del análisis de las consecuencias del oro y la plata americanos sobre la economía española, que condujo al pleno convencimiento de que la verdadera riqueza radicaba en los bienes producidos y no en el metal poseído. De esta forma, el también español Pedro de Valencia escribía en 1608: "El daño vino del haber mucha plata y mucho dinero, que es y ha sido siempre (...) el veneno que destruye las Repúblicas y las ciudades. Piénsase que el dinero las mantiene y no es así: las heredades labradas y los ganados y pesquerías son las que dan mantenimiento". Ahora bien, este descubrimiento no significó la pérdida del prestigio del metal precioso ni la renuncia a su posesión, aunque más como medio de producir riqueza que como objetivo exclusivo. El mercantilismo evolucionó, pues, hacia doctrinas productivistas. El comercio se consideraba la forma más eficaz de promover la riqueza de la nación. La política económica mercantilista se orientó, en este sentido, a garantizar una balanza de pagos favorable para la economía nacional mediante la promulgación de medidas legales de carácter proteccionista. Las leyes aduaneras desempeñaban un importante papel como medio de conseguir este objetivo. De lo que se trataba, en definitiva, era de favorecer la exportación de mercancías manufacturadas producidas en el propio país y de impedir la importación de las producidas en países extranjeros. Exportar más que importar era una regla de oro. Ello se pretendía lograr mediante una política de tasas aduaneras que penalizara las mercancías foráneas hasta el punto de hacer poco rentable su comercialización y de perder capacidad competitiva respecto a las manufacturas nacionales. Esta política se completaba con medidas de signo contrario referidas a las materias primas. Sobre éstas, obviamente, las manufacturas tienen un valor añadido: el del trabajo de transformación. Además su oferta abundante es condición para un óptimo desarrollo industrial. Por lo tanto, había que impedir la salida de las materias primas nacionales y favorecer la importación de las extranjeras. A tal objetivo se consagraban prohibiciones y medidas legales de carácter aduanero. Resultado de las ideas productivistas del mercantilismo fueron también sus posiciones poblacionistas. Una población abundante constituía un potencial productivo y una forma de riqueza para la nación y de poder para el Estado. El pensamiento y la política mercantilistas se orientaron hacia la postura de favorecer el crecimiento poblacional y la inmigración de elementos productivos. El colonialismo, finalmente, representa otra de las principales características de la política mercantilista. El comercio ventajoso alcanzaba sus mayores posibilidades mediante el control efectivo de áreas coloniales. Se dibujaban así las bases del pacto colonial: las colonias se constituían en proveedoras de materias primas para la metrópoli, al tiempo que en mercados para la producción manufacturera de ésta. La subordinación económica de extensas áreas coloniales extraeuropeas constituyó una condición del desarrollo capitalista de la economía occidental. La pugna de las potencias por el control de colonias se explica fundamentalmente por razones de tipo económico-mercantil. La rivalidad de los países por intereses mercantiles dio lugar a la aparición de un fenómeno relativamente nuevo: las guerras económicas. Junto a los problemas de carácter dinástico y político, los enfrentamientos por causas económicas, como los protagonizados por Inglaterra y Holanda ya en el siglo XVII, pasaron a engrosar el panorama de la conflictividad internacional.
obra
Estamos probablemente ante el más famoso de todos los libros iluminados. Los Limbourg muriron antes de terminarlo y corresponde a fines del siglo XV que esto se llevara a cabo. El extraordinario calendario con mensario de los primeros folios se ha popularizado más que otras partes, sobre todo la representación de enero, con la fiesta que el duque ofrece en su palacio, imagen de riqueza y suntuosidad, reafirmada por los tapices guerreros que cubren los muros del fondo.
contexto
La convivencia entre españoles e indias -y por tanto la mezcla racial- fue inmediata: antes de que Cristóbal Colón volviera a la isla Española en el segundo viaje -noviembre de 1493- ya había nacido el primer mestizo. Ningún español tuvo prejuicios étnicos para unirse a una india; en muchos casos además, contraían matrimonio. Un ejemplo es lo que en la historiografía española suele denominarse "época de los caciques blancos" entre 1497 y 1503. Al quebrarse la unión entre Colón y sus partidarios y los castellanos, capitaneados por Francisco Roldán, yéndose estos como alzados o rebeldes por toda la isla en busca de la libertad que el genovés les negaba y optaron por la "independencia natural". Abandonaron la Isabela, primera ciudad española de la isla, se dispersaron por el Bonao, la Vega, Santiago y la mayoría en Jaraguá. Lograron lo que querían: el acceso al oro y a la tierra, poder, libertad de acción y dominio. Se unieron con las mujeres indias preferentemente con las hijas, hermanas y parientes próximas de los caciques con las que llegaron a tener hijos. Fue el caso de la Cacica Catalina. Muchos españoles vivían entre los indígenas y se consideraban señores naturales de los indios por las alianzas de sangre. Distinto es que esa unión fuera o no en el matrimonio. Al principio, por la escasez de mujeres españolas el número de matrimonios entre mujeres americanas y castellanos fue elevadísimo. En cambio, el matrimonio entre española e indio se produjo en casos muy puntuales; uno de los que están documentados es el de Luisa de Medina. El mestizaje caracterizó la sociedad española de América, en contraposición a las colonizaciones francesa, inglesa u holandesa. Los historiadores detectan diversos factores que explican este hecho: la juventud de soldados y conquistadores, la falta de prejuicios raciales, la liberalidad de las costumbres de algunos pueblos indígenas. Algunas mujeres se unieron a los españoles por voluntad propia, como Isabel Chimpu Ocllo, Tocto Chimbu, María India, Leonor Moctezuma. Otras fueron regaladas: los caciques, curacas o pipiltin buscaban la paz por vía conyugal. Doña Juana, Inés Huaylas Yupanqui, Isabel Moctezuma, Ana Moctezuma o Angelina Yupanqui son algunos de los ejemplos más relevantes: princesas aztecas de la familia del propio Moctezuma y Ñustas imperiales de la panaca de Huayna Cápac, Atahualpa o Huáscar, así como hijas de caciques, tales como Anayansi , Elvira Xaseecassi o Tecuelhuetzin. La colonización -y muy especialmente la frontera- fue mestiza porque se llevó a cabo con pocas españolas-solo entre un 10 y 20% respecto a los varones- ; muchos españoles convivieron o se casaron con indias. En algunos casos, cuando abandonaban las armas y decidían asentarse, algunos españoles tuvieron su mujer española y su familia legítima, mientras los hijos de las indias -o entenados- y éstas estaban vinculados a la familia, que regía la mujer legítima. El mestizaje se extendió a lo largo de todo el XVI; a finales del siglo se suele estimar que representaban un 2% de la población de las Indias. Los hombres y mujeres mestizos fueron personas mucho mejor adaptadas al medio ambiente americano, por lo que facilitaron el arraigo de la colonización y fueron un puente hacia la sociedad aborigen. La mayoría de los conquistadores tuvieron hijos mestizos; entre las mujeres mestizas de primera generación hay algunas especialmente interesantes como Leonor Alvarado Xicoténcatl, María Jaramillo, Leonor Moctezuma, Mencía Guevara, Francisca Pizarro Yupanqui, Leonor de Soto, María de Soto, Inés Pizarro, Isabel Pizarro, o Francisca Pizarro. En la mayoría de los casos se integraron perfectamente en la sociedad indiana. Gráfico Pero se trataba de evangelizar y explotar a través de una sociedad permanente. Por eso, para sentar la base de la nueva sociedad la Corona fomentó desde el principio la migración familiar, el paso de pobladores "con sus casas movidas". Así en 1501 ya se instó a que pasaran hombres casados, con sus familias; en 1509 se dictó una Real Cédula según la cual los habitantes casados en Nueva España (Virreinato de México) disponían de un plazo de tres años para llevar a sus mujeres o serían expulsados; en Perú se aplicó la misma medida en 1536. En 1513 se decretaron importantes exenciones fiscales para aquellos que marcharan a Indias con sus familias. Cuando Pedrarias Dávila cruzó el Atlántico en 1514 al ser nombrado Gobernador General de Tierra Firme llevó a su mujer, doña Isabel de Bobadilla. Desde 1530 -para evitar el concubinato indígena y erradicar la poligamia- se estableció que no pudieran pasar hombres solos. Respecto a la emigración femenina, señalar que hasta 1509 no hay datos, aunque es seguro que pasaron mujeres. Sabemos de cuatro en el segundo viaje de Colón -Catalina Rodríguez, Catalina Vázquez, María de Granada y María Fernández- y cómo la Reina Isabel quiso que en el tercero fueran 30; se debió intentar pero sólo conocemos cuatro documentadas: Catalina de Sevilla, Gracia Segovia, Catalina Egipto y María Egipto. En general, solían dirigirse a ciudades, se desplazaban en grupos de parentesco o paisanaje. En el siglo XVI pasaron muchas mujeres ya que América ofrecía posibilidades interesantes de casamiento. En origen, la sociedad indiana se configuró como bipolar, con un grupo predominante de españoles y otro de indígenas. Los dos mundos sociales coexistieron en espacios muy próximos, y convivieron también. Lucena Salmoral destaca como los españoles no conquistaron el territorio para expulsar a los naturales y establecer una frontera civilización/barbarie; se introdujeron en las tierras y establecieron sus ciudades. El hábitat urbano fue el genuinamente español, si bien es cierto que había peninsulares que vivían en el campo a quienes se consideraba indianizados y también había indios que habitaban en las ciudades, pero en los sectores periféricos y más pobres. La Corona fue asumiendo progresivamente la existencia de africanos, mestizos, mulatos y grupos interétnicos de escasa incidencia blanca. Se formó así una sociedad de innumerables mezclas. Los conquistadores y sus hijos, los grupos principales en las sociedades indígenas, los altos funcionarios y el clero conformaron la aristocracia indiana. Los principales indígenas pronto quedaron sin prestigio y con la única misión de mantener a sus comunidades dentro del orden legal
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El miedo a ser sacrificados que tuvieron Cortés y los suyos Ocho días después que fueron a cortar madera, llegaron a la costa de Chalchicocca quince navíos. Las personas que por allí estaban en gobernación y atalaya avisaron a Moctezuma de ello con mensajeros, que en cuatro días caminaron ochenta leguas. Temió Moctezuma, en cuanto lo supo, y llamó a Cortés, que no temía menos, recelándose siempre de algún furor del pueblo y antojo del rey. Cuando le dijeron a Cortés que Moctezuma salía al palacio, creyó, si daba en los españoles, que estaban todos perdidos, y les dijo: "Señores y amigos: Moctezuma me llama; no es buena señal, habiendo pasado lo del otro día; yo voy a ver qué quiere; estad alerta, y la barba en la cebadera, por si algo intentaren estos indios; encomendaos mucho a Dios, acordaos quiénes sois y quién son estos infieles hombres, aborrecidos de Dios, amigos del diablo, con pocas armas y no buen uso de guerra; si hubiéremos de pelear, las manos de cada uno de nosotros han de mostrar con obras y por la propia espada el valor de su ánimo; y así, aunque muramos quedaremos vencedores, pues habremos cumplido con la misión que traemos, y con lo que debemos al servicio de Dios como cristianos, y al de nuestro rey como españoles, y en honra de nuestra España y defensa de nuestras vidas". Le respondieron: "Haremos nuestro deber hasta morir, sin que el temor ni el peligro lo estorben, pues menos estimamos la muerte que nuestro honor". Con esto se fue Cortés a Moctezuma, el cual le dijo: "Señor capitán, sabed que ya tenéis naves en que poderos ir; por eso, de aquí en adelante cuando mandéis". Le respondió Cortés: "Muy poderoso señor, en teniéndolas hechas yo me iré". "Once navíos", dice Moctezuma, "están en la playa junto a Cempoallan, y pronto tendré aviso si los que en ellos vienen han salido de tierra, y entonces sabremos qué gente es y cuánta". "¡Bendito sea Jesucristo", dijo Cortés, "y doy muchas gracias a Dios por las mercedes que nos hace a mí y a todos estos hidalgos de mi compañía!". Un español salió a decirlo a los compañeros, y todos ellos cobraron valor. Alabaron a Dios, y se abrazaron unos a otros con muy gran placer de aquella nueva. Estando así Cortés y Moctezuma, llegó otro correo de a pie, y dijo que estaban ya en tierra ochenta de a caballo, ochocientos infantes y doce tiros de fuego; de todo lo cual mostró la figura, en que venían pintados hombres, caballos, tiros y naos. Se levantó Moctezuma entonces, abrazó a Cortés, y le dijo: "Ahora os amo más que nunca, y me quiero ir a comer con vos". Cortés le dio las gracias por lo uno y por lo otro. Se cogieron por las manos, y se fueron al aposento de Cortés, el cual dijo a los españoles no mostrasen alteración, sino que todos estuviesen juntos y sobre aviso, y diesen gracias al señor con tales nuevas. Moctezuma y Cortés comieron solos, con gran regocijo de todos; unos pensando quedarse y sojuzgar el reino y gente; otros creyendo que se irían los que no podían ver en su tierra. A Moctezuma le pesaba, según dicen, aunque no lo demostraba; y uno de sus capitanes, viendo esto, le aconsejaba que matase a los españoles de Cortés, puesto que eran pocos, y así tendría menos que matar en los que venían, y no dejase juntar unos con otros; y porque aquéllos no se atreverían a llegar, muertos éstos. Con esto llamó Moctezuma a consejo a muchos señores y capitanes; propuso el caso, y el parecer de aquel capitán. Hubo diferentes votos, pero al cabo se decidió que dejasen llegar a los españoles que venían, pensando que cuantos más moros mas ganancia, y que así matarían más y a todos juntos, diciendo que si mataban a los que estaban en la ciudad, se volverían los otros a las naos, y no podrían hacer el sacrificio de ellos que sus dioses querían. Con esta determinación pasaba Moctezuma todos los días con quinientos caballeros y señores a ver a Cortés, y mandaba servir y regalar a los españoles mejor que hasta entonces, pues había de durar poco.
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El día 26 de mayo, a las 23,30 horas, dio comienzo la Operación Dinamo con el atraque en Dover del primer contingente de tropas procedentes del continente. Mientras, en Dunkerque, un llamado "perímetro de reunión" agrupaba las reducidas zonas de la costa todavía no ocupadas, defendidas por una red de canales insuficientes para resistir un ataque en gran escala, que no se produjo, reduciéndose las acciones a una serie de confusos choques, que poco a poco desbordaban las líneas aliadas. Esto acabaría obligándoles a efectuar un repliegue definitivo sobre la costa abandonando las zonas más interiores. Mientras tanto, las tareas de evacuación estaban siendo llevadas a efecto mediante la utilización de embarcaciones de toda clase. El día 27 fueron evacuados 7.669 combatientes; el 28, 17.823; el 29, 47.310; y el 30, 53.823, según una continuada progresión mantenida a pesar de las extremas dificultades imperantes. Este total, integrado por más de ciento veinticinco mil personas, superaba ya ampliamente las expectativas británicas. Los altos jefes militares alemanes habían comprobado para entonces la facilidad que tendrían para cortar este flujo de refugiados, pero la orden de detención de su avance se vendría a unir aquí a la tenaz resistencia de las fuerzas que defendían el territorio para facilitar los embarques. Así, el general Brauchitsch, jefe del Estado Mayor alemán, afirmaría acerca de aquellos momentos que "la bolsa de Dunkerque podría haber sido cerrada en la parte de la costa si nuestras fuerzas armadas no hubieran sido contenidas". El último día de mayo observaría la evacuación del mayor contingente de hombres hasta entonces trasladado, con un total que se aproximaba a los 68.000. Ante la inminencia de una ofensiva generalizada de los alemanes, el pánico había cundido entre los elementos dispuestos para el traslado. El día uno de junio, debido al insistente ametrallamiento que sufrían los centros de embarque, las operaciones debieron ser suspendidas. El día dos de ese mes se consideró que el traslado del cuerpo expedicionario debería terminar, dadas las circunstancias ahora dominantes que hacían imposible su continuación. A las 3,30 horas partió el último navío, dando por concluida la Operación Dinamo. El balance numérico ofrecido por la realización de la Operación Dinamo era muy positivo. Un total de 338.872 combatientes habían sido repatriados, repartidos en la siguiente forma: 215.787 británicos y 123.095 franceses y belgas. Otros 68.111 habían resultado heridos, muertos o hechos prisioneros. El material abandonado en la apresurada huida era considerable: 2.742 cañones, 63.879 vehículos, 20.548 motocicletas de municiones y suministros de variada índole. Con respecto a las embarcaciones utilizadas para la evacuación, de un total que superaba el millar se había perdido aproximadamente una cuarta parte. Trece destructores y un total superior a las 24.000 toneladas de mercantes habían sido hundidos por los alemanes.
obra
Durante su estancia en París, escasamente motivado, además de los bocetos para la Gran Galería del Louvre, realizó Poussin una serie de lienzos para nobles cortesanos o iglesias de la capital En 1641 recibía el encargo de Sublet de Noyers, Superintendente de las Reales Fábricas de Luis XIII, el encargo de pintar un gran cuadro para la decoración del altar mayor del Noviciado de los Jesuitas. Es, en efecto, la mayor obra de las realizadas por Poussin. Este "San Francisco Javier devolviendo a la vida a la hija de un habitante de Cangoxima (Kagoshima), en el Japón", como se le conoce por el tema, debía ayudar a la iglesia del Noviciado, creada en 1630, a competir con los jesuitas de Roma. Junto a Poussin, recibieron sendos encargos Stella y Vouet. El tema es el que corresponde a su título. Frente al santo, el hermano Juan Fernández, sobrecogido por el milagro, cae de rodillas y eleva su rostro al cielo. Cada miembro de la familia muestra un sentimiento diferente: dolor, agradecimiento, sorpresa... Esta obra, sin embargo, recibió durísimas críticas de los partidarios de Vouet, el cual veía en la competencia del pintor normando un riesgo a su poderosa preeminencia en el panorama artístico de la corte. Se le acusó de realizar un Cristo demasiado parecido a un Júpiter pagano. Aunque se defendió con bravura, Poussin solicitó permiso para volver a Roma, harto de la mezquindad de las envidias. Sin embargo, la obra tuvo un gran éxito. Al hilo de la "Transfiguración" de Rafael, Poussin había creado una obra de excepcional colorido y una evidente coherencia expresiva.
contexto
Pero Warhol y Beuys no eran los únicos que se rebelarían contra el protocolo de la Escuela de Nueva York -Warhol en tanto Pop y Beuys en tanto europeo-. La repetición que el primero usara como forma de liberación, la supuesta frialdad que esa repetición de las imágenes publicitarias construía -vacuna contra las pasiones desenfrenadas de los expresionistas abstractos- era retomada por un grupo de artistas que buscaban una salida al arte impuesto. El portavoz fáctico del movimiento, Donald Judd (1928-94), hablaba en 1965 de la "literalidad" de los objetos usada precisamente para huir de cualquier metáfora. Cercanos al grupo se hallarían Tony Smith (1912-81), Carl Andre (1935) y Dan Flavin (1923) -a los cuales se irían uniendo, aunque con propuestas muy matizadas, Robert Morris (1931), quien a partir de sus experiencias con Cage y Cunningham introduce en las obras el factor azar, y Sol LeWitt (1928), que construye complejísimas estructuras a partir de relaciones numéricas muy sencillas. Este último suele verse como el iniciador del "arte conceptual" a partir de sus declaraciones en 1967: "El objeto artístico es lo de menos porque su ejecución es mecánica. Lo que cuenta es la idea".Parece importante recordar el encuentro de Andre con Franck Stella (1936) en 1958, y en cuyo estudio se instalaría un año más tarde: el pintor trabajaba entonces en sus pinturas negras. Stella, que aspiraba a realizar una obra "sin pasiones", tampoco parecía ser del agrado de Greenberg, si bien toda su propuesta pictórica se basa en la idea de la repetición como forma de liberación que enraiza con el acercamiento de Jasper Johns, otra forma peculiar de apartar las pasiones, de deshacerse de las pasiones: la bandera americana es el objeto en sí mismo, pues el lienzo tiene la forma de la bandera. A partir de esos presupuestos Stella desarrolla un tipo de pintura donde investiga las líneas, no como toques de pasión sino como construcciones visibles, ya que en sus cuadros "sólo está lo que se puede ver".Pese a los contactos entre Andre y Stella, que tanta influencia tienen en el grupo, estos artistas deciden apartarse por completo de la pintura y apostar por las obras tridimensionales, por algo que no tenga ninguna afinidad con la Escuela de Nueva York ni con las propuestas que Greenberg trata de imponer. Sus esculturas, muy diferentes en cada caso, se centran en el uso de materiales de diversa naturaleza: metales, plásticos, maderas -en el caso de Andre que aspiran propuestas brancusianas- y peones -utilizados por Flavin, más tarde retomados por Bruce Nauman (1941) con un uso diametralmente opuesto, como vuelta al cuerpo en tanto territorio de la biografía personal-. El modo de plantear la "literalidad" entre los miembros del grupo será también divergente, fluctuando desde las relaciones con la naturaleza en Morris, hasta la retícula de LeWitt.La propuesta Minimal, nombre con el que se los conoce, quería tratar a los objetos como lugares de significación literal y no como vehículo para hablar de las pasiones y, como se ha comentado, la respuesta formalista no se hizo esperar. El entonces joven crítico Michel Fried escribía en 1967 un artículo muy citado, "Art and Objecthood" (Arte y objetualidad), en el que manifestaba su preocupación ante "el uso literal" de los objetos. Fried hablaba de cómo la pintura ha sido tradicionalmente el lugar de revelación progresiva de la objetualidad esencial (él habla de "objecthood") y acusa a los minimalistas de ser excesivamente literales dirigiendo al espectador hacia unas relaciones con la obra que llama "teatralidad". En pocas palabras, algo que está unido a un problema temporal, del transcurso, estar allí entonces.Ciertamente, el Minimal reaccionaba a mitad de los 60, como el Pop, contra la pasión y la verbalización de la intimidad en los expresionistas abstractos, sí bien lo hacía de un modo diferente, retomando la idea de la repetición como una forma de liberación, la cuadrícula como manifestación de la originalidad, tal y como ocurre en la abstracción en Mondrian. Esa idea de la serialidad como estrategia liberadora reconduce a Johns: "cosas que la mente ya conoce", partir, pues, de nociones colectivas y no privadas.Pero lo interesante del grupo es que preludiaba otra crisis que, de alguna manera, se intuía en la curiosa exposición inaugurada en Nueva York a finales de los 60. Con tal ocasión se imprimió un catálogo, pero no se produjeron obras. El título hablaba de la despasión de forma inequívoca -"Del 5 al 31 de Enero de 1969"- y con motivo de la muestra el artista Douglas Huebler (1924) comentaba: "El mundo está lleno de objetos, más o menos interesantes. No quiero seguir añadiendo más objetos a los existentes". Se trataba de un grupo de artistas jóvenes que se enfrentaban al problema del proceso que habían ido planteando Johns y el mismo Warhol y que apostaban por un arte sin obras, un arte como puro concepto donde el producto no llegara a existir porque "el mundo está lleno de objetos". En la precipitación de los eventos que se verifica durante la década de los 60, los productos no sólo han dejado de ser pasionales primero y metafóricos después, sino que en esa vuelta a lo literal son primero arrancados de sus contextos cotidianos -la silla de Rauschenberg- para desaparecer después, para ser sustituidos por una idea, por un escrito, como muestran la célebre obra de Joseph Kosuth (1945) de 1965: Uno y tres martillos.La obra del martillo -o la de la silla, ejecutada de un modo semejante--reitera la pregunta de los productos y los procesos artísticos. Lo que la obra muestra son tres versiones de un martillo: la fotografía, el objeto real y una fotocopia de la definición de martillo. Los tres martillos aparecen desjerarquizados, sin aparente orden, como sí ninguno de los tres fuera más "real" que el resto. Parecería que en esta obra se están planteando muchas cosas, muchas contradicciones, al poner en un mismo plano las tres versiones de martillo: la representada, la "real" y la conceptual. En todo caso, la pregunta pertinente podría ser otra: no se trata de saber cuál de las tres es más "real", sino de contemplar la posibilidad de la conversión última de la defición escrita -del texto, de lo lingüístico- en objeto. De este modo, podríamos hallarnos ante una perversa aporía: tal vez en lugar de liberar al mundo de objetos -la propuesta de Huebler- se añadían nuevos objetos a los existentes. El "concepto", la definición, se convertía en una nueva forma de objeto, se objetualizaba.Más aún, a partir de ese momento el arte se hace lingüístico, posición que los 80 exasperarán. Los artistas, desposeídos de la representación vuelven primero la mirada a los objetos reales que desde ese momento son arte y luego, como el mundo está lleno de objeto, rescatan las definiciones de los objetos mismos que acaban por convertirse en representación, en objeto. Sea como fuere, no siempre es así, a veces todo se, queda en una idea, en un proyecto, en un planteamiento, como la exposición del 69, y de este modo proliferan los artistas-críticos, típicos de los últimos 60-70, incapaces aún entonces de crear el arte puramente textual al que aspiran y que será moneda de cambio para ciertos sectores durante los 80.Si como decía Sol LeWitt "el objeto artístico es lo de menos porque su ejecución es mecánica, lo que cuenta es la idea", bajo el epígrafe "conceptual" se englobarán todas las manifestaciones que se centran en los procesos frente a los productos y que, teniendo su base en los 50, preludian la multiplicidad de los 70 y el arte textual de los 80. Pero hablar de "arte conceptual" hoy en día es, una vez más, sólo un modo escurridizo de excluir, nunca de definir.
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El Ministerio de Propaganda era una perfecta y maravillosa máquina de creación y control de ideas. Todas las ramas de la comunicación tenían un departamento o sección para su tratamiento adecuado, y cada departamento, a su vez; diferentes negociados en los que se realizaba una función técnica concreta. El 8 de marzo de 1933, cuando aún no era ministro, informaba Goebbels que su ministerio se dividiría en cinco grandes departamentos dedicados a la radiodifusión, la prensa, la cinematografía, el teatro y la propaganda. Años más tarde había surgido un colosal aparato ministerial -con 17 departamentos e infinidad de negociados-, donde el alto nivel técnico y especializado, tropezaba con la falta de coordinación propia del exceso burocrático. Los dos departamentos de mayor actividad y responsabilidad fueron propaganda y extranjero. En el primero se decidían, dirigían y vigilaban las campañas de propaganda y se analizaban los resultados de las mismas. El departamento de extranjero, que fue el de mayor crecimiento desde el comienzo de la guerra, tenía a su cargo la coordinación y determinación de toda la actividad propagandística en el exterior y llegó a contar con más de cuarenta negociados. Participaba en las emisiones de radio y en las publicaciones destinadas al extranjero, ocupándose de la tirada y distribución de libros, folletos, correspondencia, discos, etcétera. Asimismo, en colaboración con el Ministerio de Asuntos Exteriores, cuidaba de la organización en otros países de conciertos, representaciones teatrales, conferencias y demás actos culturales. Además, se ocupaba de aconsejar y guiar a los extranjeros que se hallasen en Alemania. La prensa -el "hijastro de nuestro movimiento", como la llamó Robert Ley-, sufrió un proceso de uniformidad para acoplarse a las líneas generales del partido, mediante un control absoluto de las fuentes informativas y de las redacciones. Desde 1938, la agencia alemana de noticias (DNB) era propiedad del Estado y estaba bajo el control del Ministerio de Propaganda, donde se determinaba la forma y el momento de publicar las noticias oficiales. El departamento de prensa alemana (DP), a través de la conferencia de prensa diaria, se encargaba de dar instrucciones concretas -consignas-, de obligado cumplimiento, sobre los contenidos de las informaciones. Además, mantenía un servicio de vigilancia sobre posibles irregularidades de los periodistas, quienes podían verse, así, apartados de la profesión e incluso internados en un campo de concentración. El cierre, la compra y la subvención de periódicos, fueron las armas del Gobierno en su afán de crear un monopolio de prensa. En 1939, el 43,5 por 100 de la tirada de los periódicos alemanes estaba bajo la dirección de la central editora del partido (Eher); en 1944, se elevó al 82,5 por 100; y, con la compra a Hugenberg de la editorial Scherl en los últimos meses de la guerra, el monopolio llegó a ser una realidad casi total. El departamento de prensa extranjera (AP) debería ocuparse de crear una opinión pública favorable a la causa nacionalsocialista en otros países. Para ello, se prestaba un cuidado especial al análisis de las informaciones emitidas por las agencias de noticias extranjeras, y se vigilaba y asesoraba a los corresponsales destacados en Alemania. La radiodifusión, que por su importancia propagandística dependía exclusivamente del Estado, pasó en 1933 a ser competencia del Ministerio de Propaganda, donde se creó un departamento que actuaba como central de órdenes de la radio alemana. Desde sus diferentes negociados, se fijaban las emisiones políticas; se dirigían las realizadas en idiomas extranjeros; se determinaban las horas de actividad; se vigilaban las emisoras extranjeras; se decidía la política de reforma y construcción de nuevas emisoras y la fabricación de receptores; se controlaba el impuesto de radioescucha y el servicio de radioaficionados, etc. Las posibilidades técnicas y psicológicas de la radiodifusión la convirtieron -en palabras de Goebbels- en el arma más afilada de nuestra propaganda. La cinematografía era, tras la radiodifusión, el medio preferido por Goebbels -de quien se sabe su afición a las películas norteamericanas-, y tomó parte de modo directo en su desarrollo y nueva forma. Lo mismo que la prensa y la radio, el cine poseía en el Tercer Reich el carácter de un medio educativo nacional-socialista, y debía estar, por tanto, sometido a la dirección estatal, para que cada película estuviera influida por las ideas políticas y su proyección supusiera un medio de influir a las masas. El departamento de cinematografía, pues, debería dirigir toda la producción cinematográfica alemana y hacer que asimilara las intenciones políticas del mando superior. El control sobre la producción era exhaustivo: permiso previo a la realización del guión; visto bueno del guión antes de rodar la película; control sobre el reparto y los intérpretes y, antes de ser exhibida debía pasar por la censura de la Sección de Examen de los Filmes, que era quien aprobaba la película o la rechazaba. La nacionalización de la industria cinematográfica alemana comenzó en 1937, cuando el Gobierno compró la Sociedad Anómina Universum Film, la más famosa de Alemania y conocida popularmente por sus iniciales: UFA. Goebbels, también trató de comprar el mayor número posible de salas de proyección en Alemania y en el extranjero, o someterlas a su control. En 1942 había en el territorio del Reich unas 7.400 salas de cinematografía. En 1934 se contaban en Alemania 245 millones de asistentes al cine; en 1940 fueron 834 millones, y en 1942 se superaron los mil millones. Durante la guerra se pusieron en servicio 800 estaciones móviles de proyección cinematográfica, que recorrían todas las localidades donde no había cines. En 1942 se dieron 243.000 representaciones con unos 50 millones de asistentes. Los denominados noticiarios son una muestra valiosísima para conocer el esfuerzo propagandístico bélico alemán. Su exhibición semanal como complemento de los programas se hizo obligatoria, y su control y vigilancia constituyeron una tarea principalísima del departamento de cinematografía. La redacción de los mismos era cuidada al máximo en función de elevar la moral y el espíritu de los combatientes. El departamento de teatro, destinado a ser la máxima autoridad en cuanto a personal, subvenciones y programación en los escenarios alemanes, no consiguió plenamente sus objetivos dadas las características especiales del arte escénico. De los 500 teatros que había en Alemania al empezar la guerra, sólo 16 estaban financiados y administrados por el Ministerio de Propaganda; y únicamente las actuaciones de compañías y grupos teatrales para distracción de las tropas en el transcurso de la guerra, adquirió la proporción estimada y la necesaria eficacia propagandística. En el terreno musical, Goebbels no tuvo nunca un criterio personal, aunque era consciente de los efectos psicológicos de la música en el espíritu de los hombres. Quizá por ello, su política fue contradictoria y, en ocasiones, opuesta a la opinión del partido. El departamento de música de su ministerio, que contaba con diez negociados, tuvo mayor libertad que la mayoría. En él se examinaban los programas musicales; se aprobaban o prohibían determinadas obras; se nombrada a los jefes de música e investigaba la personalidad de los artistas músicos; se administraban las orquestas del Reich; se organizaban festivales de música en Alemania y el extranjero; y, cuando estalló la guerra, se prepararon conciertos en el frente e incluso se hizo propaganda internacional basada en una Campaña musical antibélica por radio, en la que se incluía una gran proporción de música ligera. La pintura y la escultura también disponían de sus correspondientes departamentos en el Ministerio de Propaganda. Aunque en las Bellas Artes se siguiesen los criterios personales de Hitler, quien se consideraba especialmente dotado y con profundos conocimientos en la materia, Goebbels demostró conocer las limitaciones del arte oficial y se cuidó mucho de hacer propaganda con él en el extranjero; tanto como de requisar los tesoros artísticos de los territorios ocupados. Sin embargo, también puso especial cuidado en no herir la vanidad del Führer. Desde la campaña de Polonia, se creó un grupo de pintores de guerra que debían representar las escenas bélicas de modo artístico para deleite de las generaciones venideras. Para controlar y decidir en las cuestiones relacionadas con las letras se creó el departamento de literatura, que comenzó a actuar poco después del comienzo de la guerra. Goebbels decía que el libro debería mostrar al pueblo alemán el poderoso "fondo" de los hechos históricos de nuestro tiempo, y que la voz de Zaratustra tenía un sitio en el macuto de cada mosquetero alemán. El control de la literatura empezaba por el control del autor desde el punto de vista personal, político y cultural. Desde 1940 existía un fichero general de autores, y no podían editarse libros de personas no consideradas libres de reparos. El departamento elaboraba mensualmente una lista de literatura perjudicial e indeseable o lista negra, junto a otra de publicaciones aconsejables desde el punto de vista de la política estatal y la propaganda, o lista blanca, cuyos títulos se esforzaba por divulgar; así, las oficinas matrimoniales regalaban a los recién casados ejemplares de Mi Lucha, o de El mito del siglo XX, de Rosenberg. La subvención estatal para la extensión del conocimiento de la literatura alemana en el extranjero fue notable. Se organizaron exposiciones de libros, se dieron conferencias, se invitó a reconocidos escritores de otros países a visitar Alemania, etcétera. A las naciones neutrales -como Suiza y España-, se les facilitó la compra de literatura alemana mediante créditos considerables en interés del mantenimiento de la influencia propagandística.