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El edificio, que hoy podemos admirar y que se ha convertido en Palacio Episcopal, se levantó en la primera mitad del siglo XVII, por iniciativa del obispo don Bartolomé Santos de Risoba.
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El arcediano Juan López de Medina fundó en el último cuarto del siglo XV el Colegio de San Antonio de Portacoeli. A este Colegio se subordinaría una universidad, aprobada por el papa Inocencio VIII en 1489, estableciéndose bajo la protección de la Santa Sede y de la Corona. El edificio, que hoy podemos admirar y que se ha convertido en Palacio Episcopal, se levantó en la primera mitad del siglo XVII, por iniciativa del obispo don Bartolomé Santos de Risoba. Una doble escalinata nos lleva a la fachada, realizada en época neoclásica aunque mantiene elementos barrocos en su austera decoración. El edificio se organiza alrededor de un claustro formado por arquerías de medio punto; desde el claustro arranca una amplia escalera que nos conduce al piso superior. La escalera se cubre con una magnífica cúpula policromada en la que aparecen ocho animales de perfil rodeando el blasón del promotor del edificio.
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Uno de los mayores alicientes y verdadero animador de la vida urbana compostelana es su carácter universitario. Miles de estudiantes pasean por las aulas de su Universidad, una de las de mayor solera intelectual de España. El antiguo edificio de su Universidad se remonta al año 1501, aunque el aspecto actual del edificio corresponde a finales del siglo XIX. En estas fechas se añade un colegio de jesuitas y, algo después, es levantado un nuevo piso. Del conjunto universitario merece la pena destacar, por su belleza artística, la sillería del coro del Rectorado y el Aula Magna. También debe ser tenida en cuenta su rica Biblioteca, con un importante fondo de incunables. La antigua Universidad ha perdido, por motivos de funcionalidad, parte de sus viejas atribuciones. Necesidades de espacio han desplazado a la mayor parte de los centros docentes a la Ciudad Universitaria, de forma que en la antigua Universidad quedan las Facultades de Geografía e Historia y el Instituto de la Lengua Gallega. Existen además otros edificios universitarios, como la Facultad de Medicina, el Colegio Mayor Fonseca o el Archivo Histórico.
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Las primeras referencias documentales sobre la Universidad de Valladolid se fechan en el año 1293 y en ellas se la menciona como ejemplo para la creación de la Corporación Universitaria de Alcalá de Henares. El origen de la Universidad vallisoletana es algo dudoso apuntándose como motivo de su creación la falta de recursos en el Estudio General de Salamanca, lo que motivaría el traslado de profesores y alumnos a la ciudad del Pisuerga. En virtud de una Bula emitida por Clemente VII el Estudio particular vallisoletano se convierte en General, proporcionando Alfonso XI los recursos necesarios. Será en 1417 cuando Martín V autorice al Estudio de Valladolid la enseñanza de Teología, lo que convierte en verdadera Universidad, al crearse después estudios de Cánones, Medicina y Artes. Los edificios que albergaban los estudios sólo daban a la calle Librería -el cercano Colegio de Santa Cruz se abría a una manzana entera- pero en 1714 se construye una fachada que se abre a la plaza de la Universidad La fachada universitaria se traza con la pureza y aspiración de la mejor proyectiva retablística barroca. Es una feliz tentativa de ordenación monumental en la que el autor, F. P. de la Visitación, con habilidad y riqueza de temperamento, extrajo aquello que mejor podía servir a elevar el tono de su decoración. La fachada está compuesta por un orden gigante tetrástilo corintio, alzado sobre altos pedestales. El frente de piedra se corona por un potente edículo. Tres cuerpos, ordenados en esquema vertical, servirán de habitáculo a un programa iconográfico albergado en hornacinas y espaciado por los interejes, la calle central y el frontispicio del remate. La escultura corre a cargo de Antonio Tomé y de sus hijos Narciso y Diego. El espíritu de invención que en el programa aparece lo constituye la interpretación de la Sabiduría y de aquellos que la respetan y la impulsan. Las esculturas son alegorías de la Ciencia que se imparte en la Universidad; por ello aparecen en el primer cuerpo la Retórica y la Geometría, en el segundo la Teología, la Ciencia Canónica y la Ciencia Legal, y en la cumbre la Astrología, la Medicina y la Filosofía. Como colofón, en lo más alto, la Sabiduría. La versión brillante del saber se complementa con las imágenes de los reyes que protegieron la Universidad a lo largo de la Historia. Es la imagen simbólica de la protección de la ciencia que se encarna en la Monarquía y en nombres como Juan I, Alfonso VII, Enrique III y Felipe II, soberanos que aparecen sobre la balaustrada. Es una obra razonadora, que justifica cada detalle por puntuales razones históricas, científicas, académicas, y que ha quedado en la vanguardia del siglo XVIII como un testimonio de una nueva inquietud artística y semántica. El edificio universitario se derrumba en 1909, conservándose la fachada, siendo sustituido por una construcción de Teodosio de Torres. En 1939 el nuevo edificio sufre un incendio que destruye el edificio superior, introduciéndose desde se momento numerosas modificaciones.
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La fachada universitaria de Valladolid se traza con la pureza y aspiración de la mejor proyectiva retablística barroca. Es una feliz tentativa de ordenación monumental en la que el autor, F. P. de la Visitación, con habilidad y riqueza de temperamento, extrajo aquello que mejor podía servir a elevar el tono de su decoración.
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El barroco español sustenta su teoría de la expresión perceptiva en el estímulo sensorial, en las propiedades formales y en su valor escultural. Forma parte de su dinámica visual el otorgar a las obras el máximo de plasticidad. El edificio, en sus connotaciones urbanas, utiliza la fachada como fórmula de atracción y de interrelación con el medio ambiental donde se ubica. Potencia su resonancia a través de la estructura enfática y de los elementos adicionales escultóricos y ornamentales, convirtiéndose en el eje visual del edificio, mostrándonos la presencia corpórea del mismo, y su mensaje simbólico. En este caso, la alegoría de la Ciencia y su patrocinio por los reyes de España conforman su programa, el cual está presidido por la Sabiduría. Emerge en forma de retablo, mostrándonos, con su fuerza material, su reclamo simbólico.