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Personaje Pintor
El paisajismo inglés del Romanticismo tiene como máximos representantes a Turner y Constable. Joseph Mallord William Turner nació el 23 de abril de 1775 en Londres. Su padre era barbero y fabricante de pelucas mientras que su madre se dedicaba a las labores del hogar. Mary, la madre, sufría frecuentes crisis nerviosas y se dice que el pintor heredó su carácter melancólico. A los once años William se trasladó a vivir a casa de su tío en Middlessex, abandonando el barrio donde había transcurrido su infancia. Empezó en estos momentos a acudir a la escuela y a colorear grabados. En 1788 regresa a Londres y empieza a trabajar para un arquitecto especialista en acuarelas; su preocupación por el modelo real y la observación serán las líneas maestras de esta fase de aprendizaje. En esta etapa realiza varios viajes por tierras inglesas, obteniendo interesantes estudios que posteriormente le servirán para sus obras definitivas ya que Turner solía tomar las notas para sus cuadros mucho antes de realizarlos, incorporando a la obra definitiva la impresión que ha reconstruido la memoria. En 1791 obtiene un premio de dibujo en la Royal Academy de Londres gracias a un paisaje lo que le llevó a decantarse definitivamente por esta temática. Dos años después conocería al doctor Thomas Monro, médico psiquiatra y gran amante del arte quien le ocupará en la copia de los dibujos que tenía en su colección. En la ejecución de este trabajo conoció a Thomas Girtin. Girtin dibujaba los contornos y Turner los coloreaba con acuarelas, iniciándose así una importante relación entre ambos jóvenes. A los 20 años William empieza a trabajar al óleo mientras recibía las primeras críticas por sus acuarelas. En estos momentos también llegan los primeros encargos; debe pintar vistas de la campiña inglesa viéndose obligado a realizar continuos viajes para tomar bocetos y dibujos. Estos encargos de los nobles y aristócratas londinenses le van a permitir amasar una pequeña fortuna. Sus fuentes de inspiración estarán en la pintura de Rembrandt -de quien captará los contrastes luz/sombra-, Poussin, Claudio de Lorena y Dughet, pintores de los que obtendrá la sobriedad clásica que podemos contemplar en sus trabajos definitivos. En 1798 Turner visita el norte de Gales para conocer mejor donde se inspiraba el pintor Richard Wilson. Por estos años finales del siglo XVIII, los cuadros de William son bastante oscuros, interesándose por el dramatismo y lo imponente de los temas como bien se puede observar en El lago de Buttermere o El castillo de Dolbadern. Los importantes encargos que recibe motivarían el traslado a un nuevo estudio. A partir de 1800 conoce a Sarah Danby, joven viuda que será durante años la compañera del maestro, naciendo de esa unión dos hijas: Evelina y Giorgiana. En 1802 Turner viaja a Suiza pasando el otoño en París. En la capital francesa conocerá personalmente a Jacques-Louis David y visitará el Louvre donde tuvo la oportunidad de copiar a Tiziano, Rafael, Rubens y Rembrandt. El color como medio de expresión será su objetivo más inmediato en estos momentos por lo que buscó su inspiración en el museo francés. También realizará durante este viaje numerosos bocetos que utilizará en obras posteriores. Este mismo año de 1802 es elegido miembro de pleno derecho de la Royal Academy, en cuanto tuvo la edad requerida para serlo, aunque ya llevaba vinculado a la institución bastante tiempo. Cinco años después del viaje a Francia publicará el primer volumen de "Liber Studiorum" colección de grabados realizados a sugerencia de un amigo como imitación del "Liber Veritatis" que había elaborado Claudio de Lorena en el siglo XVII. Era ésta una manera de homenajear al maestro del Barroco francés al tiempo que difundía su propia producción y su fama. En estos momentos los críticos empiezan a achacarle cierta indefinición en los contornos, la utilización poco apropiada del color y la infidelidad a la naturaleza. Incluso su cuadro Salto del Rin en Schaffhausen fue acusado de parecer "haber sido producido por arena y yeso". Desde 1807 Turner se interesa especialmente por el color y por el empleo de fondos blancos para los cielos y el agua, otorgando así mayor luminosidad a los tonos claros. Esta nueva fórmula la podemos apreciar en Pescador saludando a un mercante. Algunas obras de las realizadas en estos momentos están tomadas directamente al óleo del natural, algo bastante extraño en Turner que prefería el lápiz o la acuarela para los apuntes, observándose aquí una clara influencia de John Constable. William realizará una serie de vistas de casas de campo propiedad de nobles londinenses con las que afirmaba su estatus social y conseguía un rápida fama al ponerlas de moda entre las clases aristocráticas. Esta fama vendrá acompañada de su contratación como profesor de perspectiva por parte de la Royal Academy entre los años 1811 y 1828. Precisamente el interés por la perspectiva será una de las características que definen sus trabajos. En 1819 realiza su primer viaje a Italia ya que se le encargarían algunas acuarelas para ilustrar un libro. Pasó por Turín, Milán, Venecia, Roma y Nápoles, dedicándose a copiar obras de algunos maestros clásicos, especialmente Tintoretto. En Roma fue nombrado miembro de la Academia de San Lucas. Gracias a los pintores extranjeros residentes en la Ciudad Eterna, William se puso en contacto con los maestros del Quattrocento italiano: Mantegna, Masaccio, Botticelli, Piero,... De regreso a Londres en 1820 que ponía de manifiesto lo aprendido en este viaje a Italia en el cuadro titulado Roma vista desde el Vaticano donde hace un sensacional homenaje a Rafael. En los años siguientes expondrá muy poco en la Royal Academy pero sus trabajos se podían admirar en los locales dispuestos al efecto por sus protectores y en la galería abierta por el propio Turner junto a su casa. Cada uno de los trabajos expuestos iba acompañado de un poema, bien suyos o de sus poetas favoritos, uniendo de esta manera poesía y pintura. En estas fechas su relación con Sarah Danby se enfrió considerablemente, estrechando su contacto con la sobrina de ésta, Hannah, relación que durará hasta la muerte del artista. Turner se convierte en la década de 1820 en el pintor preferido del gran público, de la aristocracia e incluso de la realeza. Sus paisajes son admirados por todos. El maestro se interesa en estos momentos especialmente por los efectos atmosféricos, la luz y el color, llegando a decir algún crítico de él que "Hay un pintor que tiene la manía de pintar atmósferas". La estancia en Italia se va a repetir en 1828, pasando esta vez por París, Avignon, Florencia y Roma. Pintó asiduamente e incluso organizó una pequeña exposición en la Ciudad Papal cosechando un gran éxito de público, aunque no de la crítica. En febrero de 1829 Turner está de nuevo en Londres para realizar el Ulises, obra en la que emplea colores claros y luminosos gracias al estudio de las obras italianas del Renacimiento: Leonardo, Rafael, Miguel Angel, Correggio, ... Este mismo año de 1829 fallecía el padre del maestro. A lo largo de 1831 Turner va a viajar por Escocia para contactar con su buen amigo Walter Scott a quien el pintor iba a ilustrar un libro de poesía. Al año siguiente se trasladará a París donde conocerá a Delacroix. Durante el verano de 1833 regresará a Venecia, una de las ciudades que le cautivará, realizando desde este momento un elevado número de escenas protagonizadas por la Ciudad de los Canales. En 1840 visitará por tercera y última vez Venecia, sintiéndose atraído por sus atmósferas. Al regresar a Londres, Turner se pone en contacto con uno de sus más férreos defensores, John Ruskin, joven teórico de la Historia del Arte que incluirá a Turner en su obra "Modern Painters" y a quien dedicará estas palabras: "en Venecia él encontró libertad de espacio, brillantez de luz y variedad de color". Durante 1844 Turner presentaba en la Royal Academy su obra más famosa: Lluvia, vapor y velocidad, trabajo en el que recogía todas sus investigaciones respecto a la atmósfera, la luz y el color. A partir de 1845 abandona su contacto con la naturaleza por lo que será duramente criticado, siendo sus cuadros cada vez más caóticos llegando incluso a tener que clavar un clavo en el marco para que se supiese cuál era la parte de arriba al enviarlos a las exposiciones. Compró una casa en Chelsea en la que vivió una larga temporada con Sophia Boot, haciéndose pasar por almirante retirado. En 1850 expuso por última vez en la Royal Academy. Enfermó en octubre de 1851 falleciendo el 19 de diciembre de ese año en su casa de Chelsea a la edad de 76 años. En su testamento legaba a la nación inglesa sus cuadros finalizados, con la condición de que se construyese un museo Turner para albergar esta colección, en el plazo de diez años tras su fallecimiento. De lo contrario, los cuadros deberían ser vendidos. No se construyó el museo ni se vendieron los cuadros y tras más de un siglo de indecisiones, el legado Turner -constituido por lo que había en su estudio tras su muerte: 320 óleos y más de 19.000 acuarelas y esbozos- se ha recopilado en un edificio anexo a la Tate Gallery, la llamada Clore Gallery, que fue inaugurado por la reina Isabel II en abril de 1987.
lugar
contexto
A lo largo de la Edad Moderna el Imperio turco había proseguido una enorme expansión, alcanzando su cenit en la segunda mitad del siglo XVII, llegando a dominar el centro de Europa hasta el curso medio del Dniester. Sin embargo, varias décadas más tarde la situación se había modificado radicalmente; aunque dominaba sobre vastos territorios, desde la península del Peloponeso a la balcánica -excepto Croacia y otros puntos de la costa dálmata-, el 80 por 100 de Hungría, Ucrania, Transilvania y Rumelia, o controlaba otros como Moldavia, Valaquia, Crimea y Ragusa, su crecimiento se frenó, comenzando a ceder territorios ante los agresivos vecinos rusos y austriacos. Comenzaría así un lento pero constante declive, convulsionado internamente e incapaz de hacer frente a la nueva situación internacional y expuesto permanentemente a las pérdidas territoriales a manos de los europeos. Sin embargo, este proceso no fue rápido, gracias a la aparición de singulares estadistas y gobernantes que intentaron adoptar la renovación y la reforma como alternativas a la decadencia, iniciando la apertura a las modernas potencias europeas que estaban protagonizando innovaciones científicas y culturales. En este sentido cobra fuerza la idea de una Turquía abierta a la europeización, formando parte del Continente, y desempeñando un papel fundamental en el comercio y la política internacional europeos. Teniendo en cuenta lo anterior podemos señalar dos rasgos característicos en la época que estudiamos: por un lado, la permanente serie de conflictos con los Estados vecinos, en particular Austria y Rusia, que inician el despojo del Imperio, arrebatándole territorios tanto en el frente de batalla como en las negociaciones subsiguientes, que confirman la debilidad militar turca. Por otro, la aparición de destacadas personalidades al frente del Gobierno, que intentaron superar esa situación de inferioridad adoptando medidas que redundaron en un fortalecimiento del Estado y de su estructura política. Aunque el mayor peligro provenía de Europa, otro factor de preocupación añadido serían las provincias árabes -Siria, Egipto, los enclaves norteafricanos- y persas, escenario intermitente de revueltas independentistas, que desvían recursos militares en momentos de especial consideración. A pesar de ello, podemos considerar que la principal causa de decadencia interna y debilidad externa fue la ausencia de transformaciones profundas en su estructura productiva, lo que aceleró la penetración extranjera y su dependencia hacia la economía mundial. Su aparato productivo basado en una agricultura rudimentaria destinada al autoconsumo, una manufactura obsoleta carente de innovaciones técnicas y poco competitiva, y una red comercial en buena parte controlada por extranjeros fue incapaz de soportar la presión externa por lo que su inoperancia se manifestaba cada vez más; poco a poco fue imponiéndose la presencia extranjera y no sólo Francia, cuyas capitulaciones comerciales databan del siglo XVI, se puso a la cabeza del tráfico con Levante por delante de ingleses y holandeses-, sino que nuevos países como Austria o Rusia se adentraron en su comercio, provocando en los años setenta la apertura del mar Negro a los barcos europeos y con ello el colapso de su antigua organización. En cuanto a la organización institucional del Imperio no hubo cambios significativos; sigue en vigor la estructura tradicional que coloca al sultán al frente del poder religioso y político gobernando como monarca absoluto por inspiración divina, con poderes casi ilimitados aunque teniendo que acatar la ley musulmana y respetando las leyes y costumbres de las poblaciones sometidas; tiene en sus manos el poder fiscal y es propietario de las tierras del Estado; exige obediencia total a sus súbditos pero es responsable de ellos ante Dios, siendo su principal obligación mantener la ley civil y religiosa junto al sultán encontramos al visir, a modo de primer ministro, y el Consejo Imperial, llamado Diván, donde se tratan las cuestiones gubernamentales, compuesto por el visir, altos oficiales de la Administración y de la Ulema. El poder legislativo emana de un órgano rector la Ulema- que dicta leyes, llamadas Kanuns, con el visto bueno del sultán, y que vela por el cumplimiento de la Ley Suprema -Sheriat- basada en el Corán. La maquinaria administrativa es dirigida por numerosos funcionarios que sirven al Estado en régimen de esclavitud: esos esclavos son originarios de las poblaciones sometidas o prisioneros de guerra, ya que los musulmanes nunca podían ser esclavizados al prohibirlo la ley y lejos de aparecer como un grupo social inferior tenía una categoría relevante, y el servicio al Estado representaba un medio de promoción social para ellos. El Ejército también se nutría de esclavos, reclutados de modo similar al funcionariado; la infantería era el cuerpo principal, formada por los jenízaros, verdadera fuerza de choque, que dependían directamente del sultán al que debían absoluta obediencia y fe ciega; su dedicación al Estado les impedía contraer matrimonio y formar familias, y en tiempos de paz ejercían tareas policiales en la recaudación de los impuestos. La caballería estaba formada por los sipahis, pero no tenían ni la importancia ni el prestigio de los anteriores. En 1695 sube al poder Mustafá II (1695-1703) que tuvo que hacer frente a la amenaza exterior y aceptar dos desastrosas paces que significan la primera amputación de territorios, lo que pone de manifiesto la debilidad imperial: la Paz de Carlowitz (1699) puso fin a la guerra con varios Estados europeos comprometiendo la cesión de Hungría y Transilvania a favor de Austria; Dalmacia, Catano y varias islas del Egeo quedaron en poder de Venecia, y Polonia consiguió el control de Poddia y Kamenecs. Un año más tarde la Paz de Constantinopla, selló la paz con Rusia cediendo la zona de Azov y aceptando una legación diplomática rusa con carácter permanente. El gran visir del reinado, Huseyin Pachá, comprendió que había que transformar al Estado para hacerlo equiparable a los europeos, o la decadencia, primero militar y luego política, sería la consecuencia. Su modernización incluye la racionalización del gasto público y la adopción de medidas populares como la disminución de los impuestos (aceite, carbón, café y tabaco) y la reducción del número de funcionarios (pasan de 83.700 en 1690 a 59.000 en 1701); favorece la sedentarización de poblaciones nómadas en diversas regiones de Anatolia oriental y Chipre y establece una política protectora de la agricultura y la industria con la exención de impuestos a campesinos y comerciantes. Gracias a este saneamiento financiero se puede revaluar la moneda turca y con ello emprender la renovación de la marina, imprescindible para el mantenimiento del poder militar en la escena internacional; por último, quiso agilizar la maquinaria institucional introduciendo a gente cualificada en el gobierno y palacio pero esto ocasionó tal resistencia que provocó su caída. Su sucesor, Mustafá Pachá, revocó casi todas esas medidas y se embarcó en una expedición a Georgia que dio paso a un levantamiento de los jenízaros que provocaría la abdicación del propio sultán a favor de su hermano Ahmed. Ahmed III (1703-1730) protagoniza un largo reinado caracterizado por la aparición de singulares personalidades que intentan la renovación del Estado y su adecuación al momento histórico, aunque los conflictos externos marcan y mediatizan, a veces, esas reformas internas. Pronto aparecen los problemas cuando, tras la derrota sueca en Poltava (1709), el rey Carlos XII se refugia en Estambul buscando apoyo en el partido belicista otomano; con la ayuda turca retoma la iniciativa y los rusos son derrotados, firmándose la Trepa de Adrianápolis (1710) en la que el zar Pedro I se comprometía a evacuar Polonia en dos meses y a retirar las fronteras meridionales rusas hasta el río Orel. Poco después los turcos rompen la tregua y se imponen de nuevo a los rusos, que en el Tratado de Esmirna (1713) se comprometen a devolver Azov, a demoler todas las fortalezas levantadas en ese territorio y a permitir el libre paso del ejército sueco hasta su país. El sultán era un hombre cultivado, deseoso de gobernar personalmente y partidario de la paz; pronto ascendió a visir a Chorlulu Alí Pachá (1706-1710) que centra su actividad en desplazar a los jenízaros más rebeldes de los centros de decisión para evitar ese poder a la sombra que constituían y reforzar el sistema defensivo del Imperio, igualmente aumentó la marina y fue partidario de la paz a ultranza, lo que le hizo entrar en conflicto con el partido belicista, que produce su caída. Aquéllos, alentados por el triunfo frente a Rusia y desaparecido el principal mentor del pacifismo, se dirigieron hacia las posesiones venecianas intentando recuperar Morea y Creta, que pronto caen en manos de los turcos. Venecia se vuelve hacia Austria demandando ayuda y ésta aprovecha la ocasión para intentar conseguir nuevos territorios. La entrada austríaca en la guerra hace que el ejército turco se dirija a Hungría, en un intento desesperado de recuperarla pero son espantosamente derrotados. La Paz de Passarowitz, firmada el 21 de julio de 1718, supone la creación de una nueva frontera a lo largo de los ríos Sava y Drina. Venecia no obtuvo nada y Turquía se quedó con Morea pero tuvo que ceder a Austria el Banato de Tamexar, la pequeña Valaquia y la zona más fértil de Serbia con Belgrado. Se inaugura así un largo período de paz entre ambas potencias que no sería alterada hasta los años treinta. Fue nombrado visir Ibrahim Pachá (1718-1730), quien en su largo mandato intentó volcarse en la solución de los problemas internos, distanciándose de los conflictos europeos y, al mismo tiempo, inaugurando una intensa actividad diplomática con el Continente que se plasmaría en el intercambio de legaciones con París (1720), Moscú (1722), Viena (1729) y Varsovia (1733) y que marca el inicio en la sociedad turca de la idea de que Turquía formaba parte de Europa. Esta apertura significó la llegada de nuevas ideas, pero también la llegada de hombres que van a aportar sus conocimientos y su experiencia a la sociedad otomana. La creación en 1727 de una imprenta facilitó la difusión de obras que, traducidas del inglés y del francés, favorecieron el desarrollo de las ciencias y de las humanidades, dándose una intensa renovación intelectual. Los avances europeos en materia militar también serán adoptados y en especial la artillería sufrió una profunda modernización. Hacia 1720 comienzan los problemas en la zona oriental del Imperio, al entrar una invasión afgana en el este de Persia provocando la caída de la dinastía safaví (feudataria del sultán); esto provocó la movilización rusa, preocupados por sus fronteras asiáticas que ocupa Bakú: la réplica turca fue inmediata, conquistando Tiflis. En 1724 se llegó al acuerdo de que los rusos ocuparan el Cáucaso y la costa meridional del mar Caspio, y los turcos mantendrían su ocupación en Georgia, Shirvan, Ardavil, Tabriz, Hamadan y Kirmansh. El inicio de hostilidades en Persia, hizo que el visir enviara una expedición de jenízaros a sofocar la revuelta pero éstos aprovechan la ocasión para acabar con el sultán: el líder jenízaro, Patrona Khalil, toma Estambul, destruye palacios y residencias, con los subsiguientes saqueos, y nombra a sus aliados en los altos cargos.
contexto
El escaso interés del Gobierno germano por este área, permitió mantenerla alejada de la contienda durante los primeros meses de la guerra, aunque no estrictamente neutral en algunos casos, como prueba la declaración de no beligerancia hecha por Italia o la promesa de ayuda turca a Gran Bretaña, firmada el 19 de octubre de 1939.La decisión de intervenir del Duce y el cambio de estrategia alemán en su intento de dominar la ruta de Suez convirtieron el Mediterráneo en un nuevo centro de operaciones y también de presiones sobre los Estados que seguían teóricamente neutrales.La Francia de Vichy y España son dos mundos aparte que se analizan en otros capítulos. Grecia, invadida por los italianos desde Albania, y después liberada por los ingleses, quedó definitiva y rápidamente alineada.Turquía y Portugal, en los dos extremos, merecen un análisis más detenido. Los dos constituían zonas de influencia de la política exterior británica y, aunque evolucionaron de forma diferente, lo hicieron por condicionamientos internos y externos.Turquía, por su posición geográfica, era el punto de confluencia de tres grandes bloques: el Eje, la Unión Soviética y los aliados. Era un Estado poco desarrollado, nacionalista y temeroso, tanto de la expansión italiana y alemana como de la influencia rusa.Debido a ello, la principal preocupación de su Gobierno fue fortalecer la Entente balcánica y, desde luego, dejar bien clara su neutralidad. Esta postura sufrió fuertes presiones, pero se vio beneficiada por las dificultades de unos y otros para asegurar su beligerancia.Su potencial de guerra era tan escaso que los ingleses nunca pensaron seriamente en exigirle el cumplimiento de los compromisos contraídos, e incluso se vieron obligados a aceptar no sólo la neutralidad turca, sino su pacto de amistad con Alemania. Este, conseguido por Von Papen en mayo de 1941, garantizaba la no agresión a las potencias del Eje, pero no concedía el deseado derecho de tránsito a través del territorio turco, fundamental para llevar a cabo la batalla del Mediterráneo.El Gobierno de Inönü hizo concesiones a todos, siguiendo el rumbo de la contienda, y procuró sortear lo mejor posible las sucesivas crisis de la zona. Las simpatías con que contaban los angloamericanos estaban contrarrestadas por la presencia soviética y las suspicacias que levantaban las insinuaciones de esta potencia para que entrara en la guerra.Por otra parte, existía una estrecha relación económica con Alemania, de quien era la principal suministradora de cromo, generadora de intereses mucho más importantes. En la primavera de 1944 los embajadores inglés y norteamericano conminaron al Gobierno turco a cortar este suministro y, posteriormente, a terminar con cualquier otro tipo de relación.El 2 de agosto, la Asamblea nacional turca tomó la decisión de romper diplomáticamente con Alemania, y el 6 de enero de 1945, con Japón. Seguía desconfiando de los intentos rusos en Grecia y por ello deseaba participar en la Conferencia de la Paz que se desarrollaría en breve.Así, en parte por conveniencia y en parte por exigencia de los aliados, declaró la guerra al Eje el 25 de febrero de 1945, poniendo fin a una neutralidad que era ya insostenible.Quizá uno de los hechos más significativos del Portugal Novo de Salazar fue la búsqueda de un mayor acercamiento a países afines como Brasil y España y un cierto intento de apertura comercial que aprovechó Alemania fundamentalmente. Todo ello sin perjuicio de seguir considerando la alianza anglo-lusa como la clave de su inserción en la comunidad internacional y de mantener intactas las estrechas relaciones entre los dos países.A pesar de estos plazos, al estallar la guerra, Portugal proclamó su neutralidad antes que España, y se esforzó por mantener su doble postura de neutral y aliado. Hasta la caída de Francia esto no fue difícil, ya que contaba con la promesa alemana de respetar su integridad y con la aprobación inglesa a una actitud que ya durante la Primera Guerra Mundial había prestado a Londres importantes servicios.Después, al convertirse en el único nexo entre la Europa de Hitler y Gran Bretaña o Estados Unidos, la situación cambió. Lisboa era no sólo un puerto de embarque de hombres y suministros, sino un privilegiado mercado negro y un centro de espionaje.Las simpatías populares se dirigían claramente hacia Inglaterra, pero la propaganda alemana fue muy intensa y se vio favorecida por el anticomunismo del régimen y el recelo ante la unión de la URSS con los aliados. Salazar debió tomar medidas para evitar manifestaciones comprometedoras y seguir de cerca la evolución de la neutralidad española.A pesar de la afirmación de Serrano Suñer de que los alemanes sugirieron a España la absorción de Portugal, su territorio continental no figuró nunca en los planes del Eje. No ocurrió lo mismo con las islas del Atlántico, las Azores y Cabo Verde, que podían servir de plataformas para el transporte aéreo. Pero los planes, como ocurrió con Gibraltar y Canarias, nunca gustaron al Estado Mayor alemán y fueron abandonados por poco viables.Muchas más probabilidades había de una ocupación americana o inglesa. El presidente Roosevelt, en un célebre mensaje radiofónico llegó a extender la doctrina Monroe a las islas portuguesas, lo que provocó un fuerte malestar y obligó a Salazar a pedir seguridades de que la soberanía lusa iba a continuar inviolable y su neutralidad intacta. Pero las necesidades aliadas de bases en el Atlántico aumentaron, hasta el punto de que la ocupación de las Azores formaba parte del plan trazado por los jefes del Estado Mayor combinado en mayo de 1943.El Gobierno inglés prefería hacer valer su condición de aliado y obtener autorización para utilizar unas bases y permitir que los barcos aliados repostasen allí. A cambio, prometió material de guerra y seguridades de ayuda en caso de una represalia alemana o un ataque español.El tratado de las Azores, firmado el 12 de octubre de 1943, fue de enorme importancia para los aliados. Progresivamente se amplió hasta concederse a los americanos, en julio de 1944, la base aérea de Santa María, que constituyó un eslabón fundamental para la guerra en el Extremo Oriente.Parecidas preocupaciones dieron al Gobierno portugués las colonias de Macao y Timor. La primera, prácticamente incomunicada durante la contienda en Extremo Oriente. La segunda, constantemente amenazada y finalmente ocupada por los japoneses en febrero de 1942 y devuelta a la Administración portuguesa en septiembre de 1945.
fuente
La infantería árabe omeya solía llevar un característico escudo, llamado turs, caracterizado por su forma redonda y sus grandes dimensiones. Se trataba de un escudo de madera, pintado de varios colores y con motivos sugestivos. Se sabe que una de las formaciones de batalla utilizadas más frecuentemente por los árabes era una especie de falange, cuya protección se aseguraba gracias a estos grandes escudos, que se solapaban unos con otros formando una muralla muy difícil de franquear.
termino
acepcion
Equivalente a gran visir o mariscal de campo, es uno de los más importantes cargos funcionariales de la corte Asiria Tadía.
Personaje Político
El fallecimiento de Shuttarna II colocó a su primogénito, Artassumara, en el trono de Mitanni pero un golpe de Estado encabezado por un tal UD-hi dio la corona a otro hijo de Shuttarna, Tushratta. Otro candidato aparece en escena, posiblemente un hermano del rey llamado Artatama, quien busca la ayuda del rey hitita Suppiluliuma. Las tropas hititas que apoyaban al pretendiente sufrieron un contundente fracaso y Tushratta obtuvo un considerable botín, algunas de cuyas piezas fueron enviadas a su cuñado el faraón egipcio Amenofis III, casado con su hermana Giluheba. Esta política matrimonial con los faraones fue continuada por Tushratta que casó a su hija Tadu-Hebat con Amenofis III al quedarse viudo. Tadu-Hebat casó con Amenofis IV también al enviudar. Las relaciones entre Mitanni y Hatti se enfriaron de tal manera que Suppiluliuma pasó a la acción y tomó el norte de Siria. Tushratta intentó el contraataque pero no alcanzó sus objetivos. Los príncipes de la región de Siria cambiaban de señor y reconocían la autoridad del rey de Hatti. Este cambio no agradó a Tushratta que intentó recuperar su dominio creando una coalición de estados contrarios a Suppiluliuma. El hitita reaccionó y sus tropas alcanzaron la capital de Mitanni, Wassuganni. Tushratta abandonó la ciudad al saqueo enemigo. La reacción del rey de Mitanni para recuperar la hegemonía perdida pasaba por solicitar la ayuda de Egipto, iniciándose las hostilidades hacia 1354 a.C. Los egipcios se dirigieron hacia Qadesh y los mitanios a Karkemish. Suppiluliuma aguantó la envestida de sus enemigos y consiguió una serie de importantes victorias. Estas derrotas ponían a Tushratta en una complicada situación respecto a los miembros de su nobleza, cansados de la pérdida de prestigio del reino. Uno de sus hijos asesinó a Tushratta, iniciándose un periodo de guerras civiles en Mitanni que caracterizarán los reinados de sus sucesores.