Capital de la provincia de Turín, en el noroeste de Italia. Se sitúa en una planicie delimitada por tres ríos: Estura de Lanzo, Sangone y Po, el cual atraviesa la ciudad en el norte. Durante el siglo I se comenzó a desarrollar la ciudad sobre el campamento romano de Castra Taurinorum, que poco después se dedicaría a Augusto, pasando a llamarse Augusto Taurinorum. Actualmente, el centro de Turín conserva la estructura del antiguo campamento romano, con varias vías perpendiculares que se cruzan con ejes horizontales. Durante el siglo XIX, Turín llegó a ser el lugar desde donde se propulsó la Unidad de Italia, convirtiéndose en capital del Reino con Víctor Manuel II. Al finalizar la Segunda Guerra Mundial, Turín tuvo un intenso desarrollo industrial, en un milagro económico equiparable al que se dio en Milán. Actualmente, se dan en la ciudad fuertes señales de renovación tanto urbanística como cultural.
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Personaje
Religioso
De origen español, Claudio formó parte de la corte imperial de Aquitania como sacerdote. En recompensa a su buen trabajo fue nombrado obispo de Turín. Será en la ciudad italiana donde se oponga al culto a las imágenes en las iglesias, siguiendo en parte la lucha iconoclasta bizantina. También destaca su faceta como escritor, tanto como comentarista bíblico como autor del "Liber de imaginibus".
contexto
En 1563, el duque Manuel Filiberto de Saboya decidió trasladar la capitalidad de su ducado desde Chambéry en la Saboya francesa a Turín, en el Piamonte italiano. Este cambio conllevó la instauración política de la Casa de Saboya en Italia y un giro en sus intereses políticos, que su hijo Carlos Manuel I confirmaría con el Tratado de Bruzólo (1610), cediendo Saboya a Enrique IV de Francia a cambio de su apoyo para conquistar Monferrato y Lombardía. El acuerdo, no cumplido, explica, sin embargo, los fundamentos del enfrentamiento de Saboya con España y significa las miras políticas del nuevo Estado saboyano, puestas desde ahora en Italia, explicando además las intenciones que se esconden tras la sistemática planificación de su nueva capital.Carente el nuevo Estado de un lenguaje artístico propio, adecuado a sus aspiraciones de grandeza, capaz de explicitar su imagen política y ejecutar su voluntad de transformación cultural con su acercamiento a Italia, la Casa de Saboya aceptó o importó de las zonas limítrofes los artistas y prolongó como suyos los modos o los estilos vecinos. Por ello, no es extraño que centrara sus esfuerzos en la arquitectura, en tanto que arte más idóneo para el cumplimiento de sus planes, y que a Turín la convirtiera en objeto de sus atenciones. Y es que Turín, con apenas 20.000 habitantes (1596), conservaba la planta ortogonal en damero del castrum romano fundado por Julio César y refundado por Augusto, lo que significaba que la capital del nuevo ducado absoluto y de derecho divino, hundía sus raíces en el mismo Imperio romano, sin solución de continuidad, como la que disfrutaba el tejido urbano de la primitiva colonia militar, prácticamente intacto, en cuya condición continuaría hasta convertirse en monarquía (1713). Por otro lado, un diseño tan racional como el romano se adecuaba a la función otorgada a la ciudad, a sus lazos con la poderosa vecina Francia y al simbolismo de sus nuevas aspiraciones italianas, del todo autónomas con respecto a la cultura romana coetánea, que era tanto como decir contra el Papado.De ahí que la orgánica planificación urbanística de la capital - saboyana -casi coetánea al plan de Sixto V opusiera a la fantasía escenográfica de Roma la racional claridad de Turín, que es lo mismo (perdón por la voluntaria redundancia) que decir francesa. El primer desarrollo hacia el Sureste lo ejecutó Ascanio Vitozzi (Orvieto, Terni, 1539-Turín, 1615), que diseñó la plaza Castello (1615) -erigida como centro urbano significativo al servir de plaza de armas del Castello y del Palazzo Reale-, hizo el primer tramo de la vía Nuova (hoy, Roma), eje principal del nuevo barrio, e inició la construcción de los pórticos en la calles principales. Así, a la francesa, Vitozzi dotó a toda la ciudad de un carácter homogéneo por la sucesión de fachadas uniformes. Por su parte, Carlo di Castellamonte (Turín, 1560-1641), el sucesor de Vitozzi, fue el autor de la segunda modernización de Turín -que prosiguió el trazado hipodámico hacia el Sureste, ordenada por Carlos Manuel I (1620)-. Completará entonces la vía Nuova e ideará un eje respecto a ella, la plaza porticada de San Carlo (1637) que, inspirada en las places royales francesas (Places des Vosges, de París), asume su característica fundamental de regularidad y uniformidad, y potencia su función de núcleo simbólico y de conexión entre la vieja y la nueva ciudad. Con todo, al enriquecer el esquema francés -estatua del soberano incluida en el centro de la plaza- con el recurso escénico de dos iglesias gemelas en la embocadura de la vía Nuova (San Carlo, 1619) y Santa Cristina (1639), se introducía la referencia a la Iglesia, al caracterizar singularmente dos edificios respecto a la homogeneidad edilicia del resto. A su muerte, las obras dejadas interrumpidas fueron retomadas por su hijo, Amadeo (Turín, 1610-1683), que continuaría con la tercera ampliación de la ciudad hacia el Po, decidida por Carlos Manuel II (1673), que sigue el plan anterior en damero con la variante de la diagonal de la vía del Po, así diseñada para unir la plaza Castello con el puente sobre el río, y remodela el Palazzo Reale (1646-58) como centro representativo de la plaza Castello en tanto que el corazón urbano simbólico y representativo, junto con la plaza Reale y la vía de la Zecca, reflejando el carácter absolutista y centralizado del ducado saboyano.La racionalidad del plan general de la ciudad, el papel primario de la plaza del Castello, con la que se relacionan jerárquicamente los nuevos barrios, declaran la unión con los modelos franceses, también patentes en el castello del Valentino (1633-38), iniciado por Carlo y continuado por Amadeo di Castellamonte, y que evidencian no sólo los tradicionales lazos geográficos del ducado saboyano con Francia, sino la voluntad de inspirarse en el modelo político absolutista de la monarquía francesa.
contexto
Los conflictos de los cuarenta se saldaban a través del establecimiento de una cierta homogeneización en el mundo controlado por los atenienses, o bien porque, como en el caso de Eubea, se establecían clerucos propios y se difundía con ello la propia politeia, o bien, como en el caso de Mileto y de Colofón, porque se favorecía o imponía el establecimiento de un sistema democrático. Asimismo, en el año 445, un decreto señala el envío de colonos atenienses a Brea, que reproduce las características propias de las fundaciones coloniales, pero establece una normativa para regular formas de asistencia mutua en el territorio tracio y regula la participación de los colonos en las fiestas de la metrópolis, Panateneas y Dionisias. Hacia la mitad de la década, las listas de tributo revelan, después del año crítico de 447, el inicio de la recuperación. A partir de entonces, las circunstancias favorables en el exterior, reflejadas en la paz de treinta años con Esparta, y los triunfos políticos de Pericles en el interior facilitaron el encauzamiento de una nueva política orientada hacia el reforzamiento ideológico de la unidad griega como manifestación del espíritu panhelénico. Ésta es la interpretación que dan algunos autores, frente a la opinión de otros, del sentido profundo que tenía la fundación de la colonia de Turios. Los de Síbaris habían pedido ayuda para reconstruir su colonia, destruida por los de Crotona. Era sin duda para Atenas otra nueva oportunidad de intervenir en Occidente, hacia donde, al parecer, ya se van delineando algunas aspiraciones expansivas de la ciudad. Junto a ello, el hecho de que se convocara la colonia de manera amplia para estructurar una población mezclada, en correspondencia con el ambiente dominante, hace pensar que Pericles trataba de crear una colonia modelo, que rompiera el particularismo de la polis, que uniera a los griegos bajo el patrocinio fundador de Atenas como ktistés. La participación de Lampón y Jenócrito, adivinos que parecerían integrarse en las concepciones tradicionales propias de los sectores ciudadanos más apegados a los rituales délficos, al lado de Protágoras, símbolo de la renovación intelectual, parece revelar que también en el tiempo se buscaba la síntesis de lo viejo y lo nuevo, para integrar la mayor cantidad posible de aspectos de la realidad. El historiador Heródoto, nudo historiográfico entre la genealogía y el mito, por un lado, y la concepción histórica explicativa de la realidad democrática e imperialista, por otro, acudió a Turios, donde redactó buena parte de su obra. Paralelamente, según un dato de Plutarco que no todo el mundo acepta como verídico, Pericles convocaba un congreso panhelénico para proponer que las ciudades se recuperaran solidariamente de las pérdidas habidas en la guerra con los persas. El proyecto fracasó, seguramente porque era fácil notar las intenciones de Atenas, que se consideraba la mayor perjudicada en dicha guerra y, por tanto, pretendería ser la mayor beneficiaria de las compensaciones, al margen de que de ese modo también tratara de articular en torno a ella un panhelenismo que podía interpretarse como imperialismo.
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Desde la década de los años 60 del siglo XX, España comenzó a experimentar una progresiva mejoría económica, uno de cuyos principales pilares fue el sector turístico. Este importante peso del turismo en la economía nacional se mantiene en el momento actual. Desglosado por regiones, el sector de hostelería produce más del 8 % del empleo en Canarias, Baleares y las provincias de Málaga y Gerona. En otras como Alicante, Tarragona y Lérida produce entre un 6 y un 8 % del empleo. En Comunidades como Cantabria, Navarra, Aragón y Madrid el turismo es el responsable de la creación de entre el 4 y el 6 % del empleo. Este mismo porcentaje se produce en provincias como La Coruña, Zamora, Salamanca, Palencia, Segovia, Soria, Guadalajara, Cuenca, Castellón, Granada o Almería. Respecto al valor de la producción turística, Cataluña produce el 17,8 % del total de España. Le siguen Madrid, con el 16; Andalucía, el 13,2; Baleares, 11,9; Comunidad Valenciana, 9,2 y Canarias, con el 8,2. En el resto de Comunidades el valor de la producción del sector turístico ocupa porcentajes inferiores al 5 % con respecto al total de España
Personaje
Militar
Político
Luchó, junto a su padre Teodorico I, contra los hunos en la batalla de los Campos Catalaúnicos. Al lado del general romano Aecio se puso al frente de una facción del ejército. Al final de la batalla, su padre encontró la muerte y Turismundo se hizo con el cetro. Desde entonces toda su obsesión fue acabar con el campamento de Atila, pero Aecio logró convencerle para que regresara a Tolosa. Los motivos del militar romano no eran otros que el miedo a que los visigodos fueran conscientes de su poder y pudieran enfrentarse al propio Imperio. Turismundo sólo estuvo dos años en el poder, pero no paro de luchar y provocar tensiones con el Imperio romano. Entre sus planes esta la expansión visigoda, por lo que atacó a los alanos que ocupaban Orleáns. Sus acciones en contra del Imperio provocaron su asesinato a manos sus propios hermanos, que eran partícipes de una conjura organizada por Roma.
Personaje
Literato
Siendo muy joven ingresó en la orden de los Franciscanos. A mediados de la década de los ochenta se trasladó a Túnez y abrazó la religión musulmana. Es autor de una parodia de sermones que tituló "Llibre dels bons amonestaments". En los primeros años del siglo XV escribió "Cobles de la división del regne de Mallorque". En legua árabe publicó "Presenta de l'home docte en refutació dels partidaris de la Creu". En esta obra niega los dogmas del cristianismo.
Personaje
Pintor
El paisajismo inglés del Romanticismo tiene como máximos representantes a Turner y Constable. Joseph Mallord William Turner nació el 23 de abril de 1775 en Londres. Su padre era barbero y fabricante de pelucas mientras que su madre se dedicaba a las labores del hogar. Mary, la madre, sufría frecuentes crisis nerviosas y se dice que el pintor heredó su carácter melancólico. A los once años William se trasladó a vivir a casa de su tío en Middlessex, abandonando el barrio donde había transcurrido su infancia. Empezó en estos momentos a acudir a la escuela y a colorear grabados. En 1788 regresa a Londres y empieza a trabajar para un arquitecto especialista en acuarelas; su preocupación por el modelo real y la observación serán las líneas maestras de esta fase de aprendizaje. En esta etapa realiza varios viajes por tierras inglesas, obteniendo interesantes estudios que posteriormente le servirán para sus obras definitivas ya que Turner solía tomar las notas para sus cuadros mucho antes de realizarlos, incorporando a la obra definitiva la impresión que ha reconstruido la memoria. En 1791 obtiene un premio de dibujo en la Royal Academy de Londres gracias a un paisaje lo que le llevó a decantarse definitivamente por esta temática. Dos años después conocería al doctor Thomas Monro, médico psiquiatra y gran amante del arte quien le ocupará en la copia de los dibujos que tenía en su colección. En la ejecución de este trabajo conoció a Thomas Girtin. Girtin dibujaba los contornos y Turner los coloreaba con acuarelas, iniciándose así una importante relación entre ambos jóvenes. A los 20 años William empieza a trabajar al óleo mientras recibía las primeras críticas por sus acuarelas. En estos momentos también llegan los primeros encargos; debe pintar vistas de la campiña inglesa viéndose obligado a realizar continuos viajes para tomar bocetos y dibujos. Estos encargos de los nobles y aristócratas londinenses le van a permitir amasar una pequeña fortuna. Sus fuentes de inspiración estarán en la pintura de Rembrandt -de quien captará los contrastes luz/sombra-, Poussin, Claudio de Lorena y Dughet, pintores de los que obtendrá la sobriedad clásica que podemos contemplar en sus trabajos definitivos. En 1798 Turner visita el norte de Gales para conocer mejor donde se inspiraba el pintor Richard Wilson. Por estos años finales del siglo XVIII, los cuadros de William son bastante oscuros, interesándose por el dramatismo y lo imponente de los temas como bien se puede observar en El lago de Buttermere o El castillo de Dolbadern. Los importantes encargos que recibe motivarían el traslado a un nuevo estudio. A partir de 1800 conoce a Sarah Danby, joven viuda que será durante años la compañera del maestro, naciendo de esa unión dos hijas: Evelina y Giorgiana. En 1802 Turner viaja a Suiza pasando el otoño en París. En la capital francesa conocerá personalmente a Jacques-Louis David y visitará el Louvre donde tuvo la oportunidad de copiar a Tiziano, Rafael, Rubens y Rembrandt. El color como medio de expresión será su objetivo más inmediato en estos momentos por lo que buscó su inspiración en el museo francés. También realizará durante este viaje numerosos bocetos que utilizará en obras posteriores. Este mismo año de 1802 es elegido miembro de pleno derecho de la Royal Academy, en cuanto tuvo la edad requerida para serlo, aunque ya llevaba vinculado a la institución bastante tiempo. Cinco años después del viaje a Francia publicará el primer volumen de "Liber Studiorum" colección de grabados realizados a sugerencia de un amigo como imitación del "Liber Veritatis" que había elaborado Claudio de Lorena en el siglo XVII. Era ésta una manera de homenajear al maestro del Barroco francés al tiempo que difundía su propia producción y su fama. En estos momentos los críticos empiezan a achacarle cierta indefinición en los contornos, la utilización poco apropiada del color y la infidelidad a la naturaleza. Incluso su cuadro Salto del Rin en Schaffhausen fue acusado de parecer "haber sido producido por arena y yeso". Desde 1807 Turner se interesa especialmente por el color y por el empleo de fondos blancos para los cielos y el agua, otorgando así mayor luminosidad a los tonos claros. Esta nueva fórmula la podemos apreciar en Pescador saludando a un mercante. Algunas obras de las realizadas en estos momentos están tomadas directamente al óleo del natural, algo bastante extraño en Turner que prefería el lápiz o la acuarela para los apuntes, observándose aquí una clara influencia de John Constable. William realizará una serie de vistas de casas de campo propiedad de nobles londinenses con las que afirmaba su estatus social y conseguía un rápida fama al ponerlas de moda entre las clases aristocráticas. Esta fama vendrá acompañada de su contratación como profesor de perspectiva por parte de la Royal Academy entre los años 1811 y 1828. Precisamente el interés por la perspectiva será una de las características que definen sus trabajos. En 1819 realiza su primer viaje a Italia ya que se le encargarían algunas acuarelas para ilustrar un libro. Pasó por Turín, Milán, Venecia, Roma y Nápoles, dedicándose a copiar obras de algunos maestros clásicos, especialmente Tintoretto. En Roma fue nombrado miembro de la Academia de San Lucas. Gracias a los pintores extranjeros residentes en la Ciudad Eterna, William se puso en contacto con los maestros del Quattrocento italiano: Mantegna, Masaccio, Botticelli, Piero,... De regreso a Londres en 1820 que ponía de manifiesto lo aprendido en este viaje a Italia en el cuadro titulado Roma vista desde el Vaticano donde hace un sensacional homenaje a Rafael. En los años siguientes expondrá muy poco en la Royal Academy pero sus trabajos se podían admirar en los locales dispuestos al efecto por sus protectores y en la galería abierta por el propio Turner junto a su casa. Cada uno de los trabajos expuestos iba acompañado de un poema, bien suyos o de sus poetas favoritos, uniendo de esta manera poesía y pintura. En estas fechas su relación con Sarah Danby se enfrió considerablemente, estrechando su contacto con la sobrina de ésta, Hannah, relación que durará hasta la muerte del artista. Turner se convierte en la década de 1820 en el pintor preferido del gran público, de la aristocracia e incluso de la realeza. Sus paisajes son admirados por todos. El maestro se interesa en estos momentos especialmente por los efectos atmosféricos, la luz y el color, llegando a decir algún crítico de él que "Hay un pintor que tiene la manía de pintar atmósferas". La estancia en Italia se va a repetir en 1828, pasando esta vez por París, Avignon, Florencia y Roma. Pintó asiduamente e incluso organizó una pequeña exposición en la Ciudad Papal cosechando un gran éxito de público, aunque no de la crítica. En febrero de 1829 Turner está de nuevo en Londres para realizar el Ulises, obra en la que emplea colores claros y luminosos gracias al estudio de las obras italianas del Renacimiento: Leonardo, Rafael, Miguel Angel, Correggio, ... Este mismo año de 1829 fallecía el padre del maestro. A lo largo de 1831 Turner va a viajar por Escocia para contactar con su buen amigo Walter Scott a quien el pintor iba a ilustrar un libro de poesía. Al año siguiente se trasladará a París donde conocerá a Delacroix. Durante el verano de 1833 regresará a Venecia, una de las ciudades que le cautivará, realizando desde este momento un elevado número de escenas protagonizadas por la Ciudad de los Canales. En 1840 visitará por tercera y última vez Venecia, sintiéndose atraído por sus atmósferas. Al regresar a Londres, Turner se pone en contacto con uno de sus más férreos defensores, John Ruskin, joven teórico de la Historia del Arte que incluirá a Turner en su obra "Modern Painters" y a quien dedicará estas palabras: "en Venecia él encontró libertad de espacio, brillantez de luz y variedad de color". Durante 1844 Turner presentaba en la Royal Academy su obra más famosa: Lluvia, vapor y velocidad, trabajo en el que recogía todas sus investigaciones respecto a la atmósfera, la luz y el color. A partir de 1845 abandona su contacto con la naturaleza por lo que será duramente criticado, siendo sus cuadros cada vez más caóticos llegando incluso a tener que clavar un clavo en el marco para que se supiese cuál era la parte de arriba al enviarlos a las exposiciones. Compró una casa en Chelsea en la que vivió una larga temporada con Sophia Boot, haciéndose pasar por almirante retirado. En 1850 expuso por última vez en la Royal Academy. Enfermó en octubre de 1851 falleciendo el 19 de diciembre de ese año en su casa de Chelsea a la edad de 76 años. En su testamento legaba a la nación inglesa sus cuadros finalizados, con la condición de que se construyese un museo Turner para albergar esta colección, en el plazo de diez años tras su fallecimiento. De lo contrario, los cuadros deberían ser vendidos. No se construyó el museo ni se vendieron los cuadros y tras más de un siglo de indecisiones, el legado Turner -constituido por lo que había en su estudio tras su muerte: 320 óleos y más de 19.000 acuarelas y esbozos- se ha recopilado en un edificio anexo a la Tate Gallery, la llamada Clore Gallery, que fue inaugurado por la reina Isabel II en abril de 1987.