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Uno de los monumentos más significativos del valle del Cedrón es la llamada Tumba de Absalón, ubicada al norte junto con la "Tumba de Josafat", mientras que al sur están la tumba de "Ben el Hezir" y la "Tumba de Zacarías". La tumba es una construcción en forma de botella, llamada en árabe Tantour Firaoun ("sombrero del faraón"), alcanzando casi los 20 metros de altura. La identificación de la tumba resulta compleja. Una tradición medieval la vincula con el hijo de David, basándose en un texto que dice "Absalón se había erigido un monumento en el valle del Rey" (Sam 18, 18). Absalón -en hebreo "el padre es paz-, tercer hijo de David, tuvo un carácter violento y ambicioso, rebelándose y ocupando el trono de su padre. Por ello, según la tradición, murió colgado de un árbol, en cuyas ramas se enredaron sus cabellos. Flavio Josefo identifica al personaje con la tumba de Absalón. La tradición y la costumbre locales hacían que hasta bien entrado el siglo XVIII se arrojaran piedras al nephesh, en signo del desprecio por la traición a su padre. No obstante, pese a estos datos, el monumento ha sido datado a finales del siglo I a.C., mientras que Absalón vivió en el siglo X a.C.). Es por esto que se piensa que el edificio debió originalmente ser una construcción en honor a una personalidad desconocida. Hasta la altura de la cornisa, la obra está tallada en roca viva; la cubierta es un añadido posterior; en su interior se encuentra una tumba, a la que se accede por una puerta ubicada en el costado sur; el exterior está decorado con columnas dóricas que sostienen la cornisa, ricamente decorada.
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Esta tumba está decorada por paneles superpuestos de bajorrelieves que representan escenas de la vida diaria para asegurar la vida de ultratumba. Gracias a este tipo de documentos gráficos podemos conocer la vida y costumbres del mundo egipcio. En este caso concreto, apreciamos los productos con los que se abastecían, además de una forma de representación que caracteriza a toda la pintura egipcia.
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Las tumbas visigodas nos muestran cómo se colocaban los adornos sobre la vestimenta del difunto. En el caso de la tumba femenina de Castiltierra, dos grandes fíbulas sujetaban la túnica en los hombros, un cinturón ceñía la túnica a la cintura y otra fíbula circular servía para sujetar la capa. La difunta llevaba además algunos adornos específicamente femeninos, como aretes de oro en las orejas, un collar de cuentas de vidrio al cuello y pulseras y anillos de plata en muñecas y dedos.
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La última morada de Ciro presenta, en su grandiosidad, la misma sencillez que acompañó al fundador del imperio.
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La última morada de Ciro presenta, en su grandiosidad, la misma sencillez que acompañó al fundador del imperio. Originalmente la tumba estaba rodeada de un jardín y un muro de adobe. Sobre un estereobato de seis escalones, cada vez menores, se levantó la cámara cubierta con un tejado de enormes losas a dos aguas. La entrada se cerraba con dos puertas, interior y exterior. El trabajo de cantería, de gran perfección, recoge experiencias jonias, pero también urartias. Estrabón cuenta que Aristóbulo encontró dentro de la cámara un lecho de oro, una mesa con copas y un féretro de oro. Una inscripción decía así: "Hombre, yo soy Ciro, el que fundó el imperio de los persas y fue rey de Asia. No me envidies por este monumento".
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Enterramiento de la Edad del Bronce similar a un domo o una burbuja de piedra, a la que se accedía por un corredor. En estas tumbas era enterrados los nobles y ricos.
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Dentro de la cultura ibérica, uno de los aspectos más importantes es el relacionado con el mundo funerario. El rito de enterramiento más común fue la incineración, siendo depositadas las cenizas en urnas, como vasos cerámicos, cajas de piedra o esculturas también en piedra, como las Damas de Elche o de Baza. Este recipiente, a su vez, se depositaba en una tumba que, en función del rango social del difunto, podía ir desde un simple hoyo hasta una gran construcción funeraria, como la sepultura en forma de torre del Pozo Moro, en la que se debió enterrar a un jefe militar. Otra variante de tumbas relevantes son las llamadas de cámara, como ésta hallada en Galera, Granada. Se trata, en este caso, de construcciones subterráneas de planta cuadrangular a las que se accede por un estrecho pasillo. Estas tumbas, en ocasiones, aparecen resaltadas al exterior mediante grandes túmulos circulares de tierra. En el interior de la tumba, del siglo IV antes de Cristo, además de los objetos que habrían de acompañar al difunto en el otro mundo, se hallaba una urna funeraria realizada en piedra y decorada con bandas horizontales y ondas pintadas en rojo. Estos motivos fueron copiados de ciertos detalles ornamentales que aparecen en los vasos griegos importados por los iberos.
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Este monumento funerario, realizado por Hendrik de Keyser, para Guillermo I de Orange, fue concluido por el hijo del artista Pieter. Se trata de un pabellón con de arcadas de mármol blanco y negro, en cuyo interior se encuentra la figura yacente del soberano. En las hornacinas de las esquinas, se representan las alegorias de las cuatro virtudes, ninguna de las cuales y siguiendo el puritanismo de la época, aparecen desnudas.