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obra
Las stupas de Sanchi ofrecen al fiel la enseñanza budista en un lenguaje costumbrista y desenfadado, muy a acorde con el triunfo popular de las dinastías Shunga y Andhra. Las cuatro toranas o accesos cardinales, totalmente cuajadas de decoración escultórica, se elevan más de 10 m. Lo más elocuente de la vitalidad estilística y de la madurez técnica del arte Andhra reside en la exhaustiva labra de los bloques de arenisca, que construyen la vedika y las toranas como si se tratara de un trabajo de carpintería. Cada montante poligonal, cada travesaño de sección lenticular, cada pilar y cada arquitrabe, aparece decorado con escultura en bajorrelieve, altorrelieve y bulto redondo. Esta triple técnica expresa con una genial coherencia una triple temática: narraciones, símbolos e imágenes.
monumento
La gran protagonista de Sanchi es la Stupa n.° I. Fundada por Ashoka, fue reconstruida por la dinastía Shunga, y remozada y decorada por los Andhra-Shatavahana, a los que debemos su espléndido aspecto actual. Este monumento funerario de peregrinación alcanza con su bóveda maciza de ladrillo y arenisca una altura de 36 m y cubre un círculo de 32 m de diámetro. El deambulatorio traza a su alrededor una circunferencia de 40 m de diámetro a base de una empalizada de arenisca de 3,10 m de altura. Las cuatro toranas o accesos cardinales, totalmente cuajadas de decoración escultórica, se elevan más de 10 m. Su colosal masa arquitectónica presenta todos los elementos determinantes de una stupa: toranas, védika, medhi, anda, harmika, yashti y chatravali; si a todo ello sumamos el hecho de encontrarse in situ y bien conservada, a pesar de haber perdido su decoración pictórica, entenderemos que la Stupa n.° I de Sanchi se estudie como el modelo clásico, como la stupa-tipo del arte indio. Los bajorrelieves, dedicados a la vida ejemplar de Buda, abusan del detalle narrativo, cúmulo de datos, horror vacui, ley del marco y grupos isocefálicos; los altorrelieves, con una intención más decorativa, muestran símbolos y motivos principescos; mientras el bulto redondo se dedica a los soportes (basas y ménsulas) con temas de tradición popular adaptados al budismo, indicándonos que el triunfo del budismo se basa en la fuerza devocional del pueblo. Las toranas de Sanchi son uno de los mejores ejemplos de la riqueza plástica que India ofrece al arte mundial.
fuente
Ante el previsible ataque de los aliados en la costa francesa, los Mandos alemanes se afanaron, en especial Rommel, en la construcción de defensas y en la petición de piezas de artillería móvil como apoyo de la infantería. Uno de los vehículos más eficaces en la defensa de la costa normanda fue el Sturmpanzer IV, donde la naturaleza del terreno impidió a los aliados aprovechar la movilidad de su tanques Sherman y Churchill.
Personaje Religioso Político
Ordenado sacerdote en 1894, comenzó en seguida a interesarse por la participación de los católicos en la política. Alcalde de Caltagirone (1905) y secretario general de Acción Católica (1915-17), su proyecto cuajó en la creación del Partido Popular Italiano (1919), antecedente de la actual Democracia Cristiana. El partido obtuvo un éxito inmediato y el mismo año de su aparición consiguió 101 parlamentarios. No obstante, el ascenso del fascismo truncó las expectativas de los populistas, reacios a la colaboración con el socialismo. Sturzo se exilió en 1924 y residió en Londres y en Nueva York. A su vuelta a Italia, en 1946, fue designado senador vitalicio y se convirtió en el inspirador del Partido Democratacristiano. Aún así, permaneció alejado de la política activa.
contexto
Quizá por haber nacido en el siglo XVI El Greco pretendió ser un artista completo. Por fuentes de la época sabemos que, además de a la pintura, dedicó una parte de su actividad creadora a la arquitectura y a la escultura. Conocía la teoría arquitectónica, pues en su biblioteca poseía textos de Vitruvio, Alberti, Palladio, Vignola y Serlio, entre otros, y él mismo escribió un tratado de arquitectura como ya se ha dicho. Ignoramos si algún edificio llegó a construirse con sus planos, aunque su labor en este campo debió de centrarse principalmente en el diseño de retablos -Santo Domingo el Antiguo, Illescas, Hospital Tavera, etcétera-, concebidos generalmente siguiendo las estructuras del clasicismo veneciano y del manierismo. También proyectó, en 1587, unos arcos triunfales en la plaza de Zocodover para las fiestas en honor del traslado de la reliquia de Santa Leocadia a Toledo y el catafalco de la reina Margarita levantado en la catedral, en 1611. Menos relevante fue su dedicación a la escultura. Hoy existen algunas piezas consideradas de su mano y una serie de documentos que confirman esta actividad del artista, que en ocasiones realizó dibujos para las estatuas de sus retablos, pero para ser ejecutadas por otros. También solía hacer pequeñas figuras de barro que le servían de modelos para sus pinturas, siguiendo la costumbre veneciana, lo que prueba su conocimiento de esta técnica artística. Pero el Greco que hoy conocemos, admiramos y aún estudiamos fue esencialmente un pintor. Un pintor único y magistral que logró aunar en sus lienzos su personal temperamento artístico, los planteamientos estéticos de la época y las inquietudes del mundo en el que vivió. Siempre fue fiel a sí mismo. Sabía lo que quería y en lo que creía y de él mismo fundamentalmente extrajo su arte. Si éste puede definirse de alguna manera, en principio hay que calificarlo como original, subjetivo e intensamente imaginativo. Para él la pintura era una ciencia, una forma de conocimiento, pero nunca basada en la experiencia ni en la imitación de la naturaleza, sino en la visualización de un mundo ideado en la mente del artista. Era, en suma, una creación intelectual. Lo mismo pensaban los manieristas, pero ninguno de ellos fue capaz de alcanzar la arrebatada expresión, la lírica belleza y la sublime espectacularidad de sus obras, que no deben ser nunca entendidas como el resultado de una reacción emocional, sino como la consecuencia de una elaboración mental. Con su arte creó una realidad de orden superior, en la que lo conceptual primaba sobre lo formal. Por consiguiente, para comprender su pintura hay que saber que sus pinceles nunca plasmaron lo que sentía su corazón sino lo que ideaba su mente. Del Manierismo dependen el canon alargado de sus figuras, la anulación del espacio y sus extrañas asociaciones cromáticas. También siguiendo este estilo rompió con las normas de proporcionalidad y perspectiva tradicionales y buscó la conquista de la dificultad, ya que para los manieristas el arte más complejo era el más intelectual y por tanto el más valioso y apreciable. Sin embargo, todas estas características que forman parte de la estética esencial del Manierismo, estilo en el que puede incluirse al Greco, adquieren en su obra una dimensión distinta y una interpretación absolutamente personal que proporcionan a su pintura un carácter único y original, difícilmente explicable desde planteamientos artísticos genéricos. Efectivamente sus figuras son alargadas, pero él no busca con ello plasmar una apariencia refinada y antinaturalista, sino que trata de desmaterializar así los cuerpos para lograr la visualización de lo espiritual.