Situado en la pared derecha respecto al Juicio Final, entre Roboam-Abías y Aminabad, el luneto de Salmon-Booz-Obed nos muestra en la parte derecha al anciano rey Booz - considerándose su rostro como una caricatura de Julio II, el comitente de la decoración de la Sixtina - mientras que en la izquierda se halla el pequeño Obed dormido en brazos de su madre Rut, apreciándose el contraste entre la juventud y la decadencia, entre la quietud del grupo de la izquierda y la tensión de Booz que parece levantarse del asiento de piedra. Rut y Obed son dos figuras delicadas, de gran dulzura - relacionándose con la pintura de Rafael - destacando el escorzo de sus cuerpos para adecuarse al espacio y resaltar el recogimiento del momento, llegando la madre a cerrar sus ojos. El rostro de Booz contrasta con esa quietud, mostrándose como un hombre exaltado cuyas barbas se erizan colocándose en posición horizontal. Los colores son tremendamente acertados jugando con una gama cromática de tonalidades claras teniendo la luz un interesante papel al crear zonas de sombra, formando interesantes contrastes de colores.
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La localidad de Salobreña se asienta sobre unos terrenos ocupados desde muy antiguo. La Arqueología ha sacado a la luz restos pertenecientes a la cultura de El Argar, así como evidencias de ocupación fenicia, griega y romana. Sin duda, estos pueblos llegaron a sus costas atraídos por su situación estratégica, un valor que más tarde también sabrán apreciar los musulmanes. Éstos se asentarán en el lugar y lo llamarán Xalubania, levantando una fortaleza que defenderá a la población tanto de las incursiones cristianas como de las realizadas por otros pueblos musulmanes. Con el paso del tiempo, Xalubiana será una de las plazas fuertes del reino de Granada, y como tal será tenida por los distintos soberanos del reino nazarí. A finales del siglo XV, cuando los Reyes Católicos emprenden la conquista del último reino musulmán en la Península, Salobreña se convierte en un enclave codiciado, pues su dominio permitiría a los reconquistadores cercar la ciudad de Granada. En 1489, finalmente, Salobreña es conquistada por los cristianos, permaneciendo ya definitivamente en poder de éstos pese a algún que otro intento de reconquista musulmana. La caída de Granada, en 1492, acabará con esta etapa convulsa. A partir de entonces Salobreña comienza una existencia apacible, con sus habitantes dedicados fundamentalmente a la pesca y la agricultura. Con la llegada de la industrialización y los nuevos métodos de producción, Salobreña, como toda la región en la que se inscribe, ve crecer las plantaciones de caña de azúcar y surgir numerosos ingenios azucareros, que dan a la población un cierto periodo de auge. Las décadas centrales del siglo XX son, sin embargo, de decadencia, hasta que Salobreña reciba un nuevo impulso gracias al turismo, que ve en sus playas un lugar ideal de reposo y esparcimiento.
obra
Los especialistas no consiguen ponerse de acuerdo en el asunto iconográfico que trata este excelente lienzo. Algunos consideran que se trata de Salomé con la cabeza del Bautista en la bandeja de plata mientras otros consideran que se trataría de Judith con la cabeza de Holofernes. El significado del asunto variaría ya que Judith es una heroína que no dudó en ofrecerse al general enemigo para salvar a su pueblo mientras que Salomé es el instrumento de una venganza. La compañía de la sirvienta y la delicadeza de la figura femenina apuntan a identificar la escena como Judith.Las figuras se recortan ante un fondo neutro -de la misma manera que en el Concierto o Flora- mientras que un cielo se abre en la zona derecha de la composición. Una brillante luz dorada resalta la volumetría de las figuras y crea acertados juegos de claroscuro. Los rostros ovalados, el detallismo de las calidades en las telas y las tonalidades brillantes son un recuerdo de su maestro, Giovanni Bellini, mientras que los contrastes cromáticos entre verde, rojo y blanco son aportaciones características de la pintura de Tiziano. Los ritmos compositivos angulares de sus primeros trabajos serán sustituidos por otros curvilíneos con los que introduce mayor armonía. El rostro de la joven podía interpretarse con un retrato en la línea de otros trabajos de esta década, como Flora, Mujer mirándose al espejo o Venus Anadiomene, obras que tienen como temática fundamental la belleza femenina.
obra
El tema de la decapitación de San Juan Bautista es muy frecuente en la pintura del Barroco, así como la aparición junto al mártir de la causa de su muerte, la princesa Salomé. Sin embargo, no es tan usual la manera de presentar a los personajes: Salomé lleva la bandeja con la cabeza del santo, pero está con una expresión de vacío absoluto, ligeramente apartada del tema y sin dar muestras de repulsión, alegría o arrepentimiento. Simplemente está ausente de lo que ha ocurrido. Por contra, el verdugo no muestra la frialdad que exige su profesión, sino que mira con expresión concentrada y adusta la cabeza del muerto. En su mirada podemos encontrar reprobación. Pero además aparece un tercer personaje no identificado, una vieja que retuerce sus manos ante el asesinato consumado. Se ha creído que hace referencia al destino o a las parcas que cortan los hilos de la vida del hombre, pero nada es seguro. Caravaggio repite el modo de ejecución de gran parte de su pintura, con fondos extremadamente oscuros que se pierden, contra los que se recortan las figuras, muy iluminadas. Los modelos para los personajes también se pueden ver en otros cuadros: Salomé es la misma mujer que posa para la Madona del Rosario, y el verdugo es uno de los soldados que azotan a Cristo en la Flagelación.
obra
Todo el mundo conoce la historia de la princesa Salomé, despreciada por San Juan Bautista y que bailó para su padre, obteniendo como premio la cabeza del mártir. En el lienzo, Caravaggio recoge el momento en que Salomé presenta la bandeja con la cabeza al espectador, mientras el verdugo mira conmiserativamente los despojos. La postura de Salomé es muy poco convencional, apartada de la bandeja, pero no con asco o remordimiento, sino con una enigmática media sonrisa y mirada directa al espectador. Asimismo, es poco frecuente la aparición del tercer personaje, la anciana de rostro arrugado, que no se identifica con ningún personaje de la historia bíblica. La composición debió resultar exitosa para el autor puesto que la repitió en diversas ocasiones, siendo la más famosa de ellas la Salomé de la National Gallery de Londres.