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En esta popular escena pintada por Cabral Bejarano nos presenta al padrino echando las monedas a los críos que se pelean por ellas, en la zona de la izquierda de la composición; uno de ellos se retira llorando en primer plano mientras otros señalan el barullo e incluso están dispuestos a tirar piedras, éstos situados en la zona derecha del conjunto. En un segundo plano se nos muestra la carroza de la familia que acaba de bautizar al niño, apareciendo en un tercer plano los invitados y en el fondo la iglesia de San Marcos y algunas casas de la ciudad. El dibujo empleado por Cabral es minucioso pero un tanto duro mientras que el colorido es brillante, aunque peque de convencional. Resulta interesante el estudio lumínico del atardecer, resultando una obra interesante, especialmente por su valor de testimonio de la vida cotidiana en Sevilla durante la segunda mitad del siglo XIX.
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En octubre de 1876 Renoir alquila un nuevo estudio en París, en la rue Saint-Georges. Su primera obra en este nuevo taller será Salida del conservatorio, que finalizará al año siguiente. Se trata de una de las múltiples escenas de la vida cotidiana pintadas por Renoir, un auténtico especialista en esta temática como también se puede comprobar en Le Moulin de la Galette o Los paraguas. En esta ocasión nos encontramos con el flirteo de dos hombres -uno más joven y el otro barbado- con dos jovencitas a la salida del conservatorio, uno de los lugares favoritos en el París decimonónico para tener encuentros amorosos. Para la muchacha de la izquierda, que tiene la partitura en la mano, posó Nini López, una de las modelos del pintor en ese momento. Dos notas definen esta escena: la cotidianeidad y la expresividad de los rostros, especialmente los de las jóvenes que se ven flirteadas por el apuesto mozo. Las tonalidades grises dominan el conjunto, plasmando la austera vestimenta de la época, recién finalizada la Guerra Franco-Prusiana de 1870. Las pinceladas son rápidas y empastadas, enlazando con el estilo impresionista, pero observamos que Renoir emplea una acertada dosis de dibujo para dotar de presencia volumétrica a cada una de las figuras. Otro elemento característico del impresionismo es la sensación atmosférica, que provoca la distorsión de las figuras del fondo al utilizar una clásica perspectiva que dispone los personajes en planos que se alejan en profundidad.
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Pocos artistas han realizado tantas imágenes dedicadas a los asuntos íntimos femeninos como Degas. Esto ha llevado a acusarle de misógino o de reprimido sexual. Sin embargo, estas imágenes no dejan de ser testimonios de la vida cotidiana, con ciertas dosis de erotismo, en las que la figura femenina desnuda se convierte en protagonista absoluta, igual que ocurría en buena parte de las obras de Rubens.