Parece ser que desde la década de los años 70 hasta 1380 fue maestro de obras de la seo de Lérida, donde ejecutó el Retablo mayor (hoy descompuesto en distintas piezas) También se piensa que fue el autor de los retablos de piedra de San Pedro, Santa Lucía y San Lorenzo en Lérida. Se sabe que colaboró, junto con Pere Aguilar en el sepulcro del rey Alfonso el benigno. Jaume Cascalls, su contemporáneo, parece que ejerció cierta influencia sobre este autor y viceversa.
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Su estancia en Chailly -donde tenía previsto realizar su gran composición Desayuno sobre la hierba- sirvió para realizar excelentes trabajos al aire libre como este roble que contemplamos. Monet continúa con la tradición académica al situar al protagonista en el centro de la composición pero su manera de trabajar es absolutamente vanguardista, interesándose por captar la luz directamente del natural, recogiendo las diferencias lumínicas de manera prodigiosa. Esto lo podemos contemplar en los contrastes entre luz y sombra que se aprecian en la escena, creando la sensación de profundidad gracias a este efecto. El color es aplicado de manera rápida y contundente, utilizando cortas pinceladas en algunas zonas -las hojas, el tronco- mientras que en otras partes del lienzo se aplica de forma rápida y fluida, sin interesarse por formas o contornos como se observa en el fondo. Resulta evidente que el maestro está siguiendo una línea marcada por el Impresionismo en la que la luz y el color se convierten en los verdaderos protagonistas de los cuadros.
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En el verano de 1865 Monet estará en el bosque de Fontainebleau, concretamente en Chailly, donde tenía previsto realizar su primera gran composición con figuras en el natural. El Desayuno sobre la hierba será el gran trabajo de este año pero también realizó algunos estudios paisajísticos como éste que contemplamos. Monet está manifestando desde hace tiempo su interés por la luz tomada del natural, trabajando a "plein-air" porque "todo lo que surge en el entorno inmediato posee una fuerza, una viveza y una intensidad imposibles de reproducir en el taller" en palabras de su buen amigo Boudin. El artista se interesa por la potencia de la luz solar que genera nuevas tonalidades y produce sombras coloreadas, estableciendo los principios del Impresionismo. Así la luz penetra entre el follaje de los árboles resaltando las tonalidades verdes y amarillas de las hojas y creando contrastes lumínicos en el suelo. El pintor recoge con sus pinceles una impresión, lo que más llama su atención, por lo que luces, sombras, colores y hasta temas son diferentes a lo que se ha hecho hasta este momento. La pincelada es rápida y certera, aplicando el color con toques seguros de pincel aunque las tonalidades empleadas sean aún algo oscuras en algunas zonas, poniendo las bases de la sinfonía de color de sus últimos trabajos.
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Entre 1828 y 1829 Caspar David Friedrich retomó un motivo que le había interesado durante toda su vida, el que había llevado al lienzo en 1822 en el Paisaje con un árbol solitario: el roble solo, constituido en centro de la composición, alzándose ante el paisaje circundante. El tratamiento de esta obra es muy similar a la de Roble en la nieve, casi una variación sobre la misma obra. El cuadro fue expuesto en Dresde, de donde pasó a Berlín y Königsberg. En 1843 pasó, como tantas otras obras, a propiedad de C. G. Carus. Para su ejecución, Friedrich empleó un dibujo de 1806, similar a otros estudios de robles. Como en la otra obra casi gemela, Friedrich sitúa un roble en el centro de la composición, ocupando todo el alto del lienzo, ante un pequeño charco producido por el deshielo de la nieve de sus ramas. Este mismo roble aparece como el imponente guardián del Túmulo megalítico en la nieve, de 1807, y en el célebre Cementerio de monasterio bajo la nieve, de 1817-19, destruido en 1945. La razón para estas reiteraciones en el motivo de debe al alto valor simbólico que este árbol poseía en el contexto del primer Romanticismo alemán, de tintes germánicos legendarios, paganos y ossiánicos. Su asociación con el invierno, en un marcado contraste de aislamiento, fue algo aprendido ya en sus tiempos de estudiante de Greifswald, de labios de su profesor J. Gottfried Quistorp, quien opinaba que "los grandes robles como éste son severos y de aspecto áspero por su propia naturaleza, en especial sin sus hojas. Así es también el invierno, con su manto compuesto de los más chillones y lóbregos colores contrastando, blanco y negro... Quien quiera reflejar el invierno en su fidedigna realidad no puede hacerlo suavemente, y menos en el primer plano, en que la perspectiva atmosférica no proporciona aún neblina".
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Entre 1828 y 1829, Friedrich realizó dos variaciones similares sobre el tema del árbol solitario: ésta de Colonia y Roble en la Nieve, de Berlín. Ambos presentan un roble solitario alzándose ante un paisaje circundante. También tienen en común el hallarse junto a un pequeño estanque y estar secándose en su parte superior. Se sitúan en un paisaje de invierno, bañado por la luz brumosa del atardecer. El roble es un árbol recurrente en la obra de Friedrich, aunque la mayoría de sus obras se basan en los estudios del natural ejecutados en 1806 y 1809 en sus viajes por Mecklenburgo y Brandemburgo. Si en los primeros años aparecen asociados con intención simbólica a túmulos y ruinas góticas, como en Túmulo megalítico en la nieve, en esta época ocupan individualizados el centro del motivo, son el tema en sí mismo. Reaparecido en 1942 en un castillo en Mecklenburgo, se desconocen las circunstancias de creación de la obra, así como su exposición y las reacciones suscitadas por una obra de tal severidad y austeridad. El significado alegórico no es claro. Como de costumbre, Friedrich trabaja en dos planos, el visual - que invita al espectador a disfrutar los elementos pictóricos sin necesidad de interpretar ningún mensaje - y el simbólico - subyacente a la minuciosa descripción del motivo natural. Sin embargo, dada su costumbre de hablar sólo a aquellas personas que comparten su mismo lenguaje metafísico, es decir, iniciados, el pintor procura ocultar la intención última del motivo, que queda abierto, susceptible de diversas lecturas.
acepcion
Clavija de metal dulce con cabeza en un extremo, que después de pasada por los taladros de las piezas que ha de asegurar, se remacha por el extremo opuesto.