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En Burgos destaca, por su tipología, iconografía y calidad estilística, el retablo conservado en la iglesia de San Lesmes. Es una obra relacionada con la iniciativa de los García de Salamanca, familia de ricos comerciantes que mantenían contactos con los antiguos Países Bajos. Una de las aspiraciones de estas familias, pertenecientes a la alta burguesía de las ciudades durante los siglos XV y XVI era la de tener una capilla funeraria propia, con lo que se equiparaban a la vieja nobleza y al alto clero, grupos sociales que venían disfrutando de este privilegio desde tiempos atrás. A la vez, con esta decisión, ponían de manifiesto sus aficiones y sensibilidad artística, pues su fundación privada, generalmente en la iglesia parroquial, era enriquecida con diversas obras de arte entre las que sobresalía el retablo.
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El retablo, de madera policromada, totalmente esculpido, ofrece una clara organización con una parte baja -banco o predela- presidida por la escena del Llanto sobre Cristo muerto que queda flanqueada, en las calles laterales, por las representaciones de los donantes, arrodillados en actitud de oración y acompañados por sus correspondientes patronos. Esta fórmula que, ya aparece en varios retablos burgaleses desde finales del siglo XV (como en los retablos del Árbol de Jesé o del obispo Acuña, en la catedral, y de la cartuja de Miraflores, ambos obras de Gil de Silóe, y en la iglesia de San Nicolás, relacionado con la actividad de los Colonia), diferencia al retablo de San Lesmes de otros ejemplos flamencos, donde los donantes son incorporados a una escena religiosa, pero no aparecen en compartimentos aislados.
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Se trata del Retablo Mayor de la Catedral de Gerona, realizado por Pedro Fernández. Está dedicado a Santa Elena, que aparece representada en la tabla central amenazada por la Crucifixión. Las demás escenas representan episodios de la vida de Elena y Constantino, mientras que en el luneto aparece la Virgen protectora de los fieles, y en la parte inferior el Ecce Homo acompañado de cuatro figuras de santos.
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La autoría del retablo de Santa Elena es atribuida a diversos artistas: Juan de Leví o Pedro Rubert, entre otros. La tipología del retablo responde a un esquema habitual en el Estilo Internacional: en la tabla central se representa la santa correspondiente y en los dos cuerpos laterales se muestran pequeñas escenas dedicadas a escenas relativas a la vida de la santa. El conjunto destaca por su variado cromatismo y la delicadeza de su ejecución.
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Todas las obras conocidas de Domenico Veneziano están relacionadas con Florencia, donde trabajó la mayor parte de su vida, posiblemente procedente de Venecia, como indica su apellido. Su obra maestra es el retablo de Santa Lucía de´ Magnoli, realizado para una iglesia florentina y que hoy está disperso en varios museos. En la tabla central que aquí observamos hay una Sagrada Conversación - reunión de santos con la Virgen en el mismo espacio pictórico, abandonándose los polípticos - considerada como una de las primeras que se ejecutaron. La Virgen María y el Niño ocupan el espacio central, acompañados de cuatro santos, dispuestos en profundidad para acentuar la perspectiva. Una arquería típicamente renacentista refuerza la sensación espacial, mientras que el fondo está ocupado por una serie de hornacinas totalmente clásicas. Sus figuras están dotadas de monumentalidad, recordando a Andrea del Castagno - en el siglo XVI circuló la noticia de que Veneziano fue asesinado por Castagno por celos profesionales, lo que no es cierto ya que Andrea falleció en 1457 mientras que Domenico murió en 1461 - pero la gran aportación de Veneziano es la iluminación y los efectos de la luz en el color, siendo maestro de Piero della Francesca en estos conceptos. En la minuciosidad de los detalles y en los rostros de gran expresividad hay una ligera influencia de la pintura flamenca.
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Para la Colegiata de Santa María del Campo en Burgos pintó Pedro Berruguete un retablo en colaboración con otro artista, de nombre desconocido. Desmontado en la actualidad, se conservan varios fragmentos entre los que destaca la Degollación del Bautista, con evidentes muestras de la estancia del pintor en Italia: la profundidad conseguida gracias a la disposición de baldosas bicromas, la arquitectura clasicista del fondo o las anatomías delos personajes, sin renunciar al detallismo de inspiración flamenca.
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En el cenobio franciscano de Palma de Mallorca se halló un retablo, desgraciadamente incompleto, dedicado a ilustrar la vida de santa Ursula. Podemos contemplar las escenas de la caravana marítima con las once mil vírgenes y su martirio en Colonia. El estilo tiene connotaciones con el foco barcelonés, fórmula pictórica que llegaría a Mallorca gracias a los repobladores del archipiélago tras su conquista por parte de Jaime I.
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El último tercio del siglo XIII es, con toda certeza, uno de los momentos más brillantes de la miniatura inglesa. Las circunstancias (guerras de religión, principalmente) no han ayudado a conservar lo que debió ser su equivalente en pintura sobre tabla y pintura mural. Sólo este mal conservado retablo de la abadía de Westminster, entre algunas obras muy contadas, sirve como testimonio de ello. Las figuras de canon largo, vestidas con túnicas; modeladas más con el color que con la línea, hecho que potencia su carácter etéreo, remiten directamente al lenguaje propio del miniaturista, en particular al que ilustró el Salterio Oscott.