RELACIÓN DE MÉRITOS Y SERVICIOS DEL CONQUISTADOR BERNARDINO VÁZQUEZ DE TAPIA VÁZQUEZ DE TAPIA Y SU OBRA Su autor Bernardino Vázquez de Tapia, persona prominente y rica según Bernal Díaz del Castillo1, nació al declinar el siglo XV2 en la localidad toledana de Oropesa. Sus padres, Pedro Sánchez Vázquez y Marina Alfonsa de Balboa, fallecieron tempranamente, encomendando la tutela del niño a unos poderosos parientes3. Pasó a América con Pedrarias Dávila y sirvió cerca de tres años en Castilla del Oro. Tras abandonar Panamá, Vázquez de Tapia tomó parte en la pacificación de Cuba, obteniendo una importante encomienda como recompensa por sus servicios. Veterano de la expedición de Grijalva (1518), tomó parte en la conquista de México. Finalizada la Conquista, que le reportó considerables beneficios económicos, Bernardino Vázquez de Tapia se convirtió en uno de los pilares de la nueva sociedad novohispana y, como suele suceder en casos semejantes, pronto se interesó por la vida pública. Regidor del Ayuntamiento de la Ciudad de México en 1524, ocupó la alcaldía en tres ocasiones4. En 1552 se le nombró alférez real y regidor decano del Ayuntamiento5. Su carrera política se caracterizó por los continuos enfrentamientos que sostuvo con Hernán Cortés y Antonio de Mendoza, máximos responsables de la Nueva España. Desconocemos la fecha de su fallecimiento; sólo sabemos que éste se debió a causas naturales. La relación Los factores que motivaron el escrito de Vázquez fueron de índole puramente administrativa. Es un hecho comprobado que la política europea del emperador Carlos tuvo desfavorables consecuencias para la economía de las Indias, que se vieron obligadas a financiar las continuas guerras que el césar libraba en el viejo continente. Cuando los recursos comenzaron a disminuir, la Corona planeó una seria reforma económica que se materializó el 20 de noviembre de 1542. Ese año, coincidiendo con una grave crisis militar, que se prolongaba desde 1539, Carlos firmó en Barcelona las famosísimas Nuevas leyes, que suponían el fin de las encomiendas6, pues se estipulaba que tales latifundios se declararían vacantes y regresarían al erario público apenas falleciese el titular. La nacionalización levantó una oleada de protestas que culminaron con la sublevación de Gonzalo Pizarro en el Perú. Sin embargo, la ira popular no llegó a tales extremos en Nueva España, pues el virrey Mendoza, hombre dialogante y comprensivo, aceptó diferir el cumplimiento de las ordenanzas hasta que el emperador resolviese la apelación preparada por los munícipes de la Ciudad de México; apelación que incluía infinidad de relaciones de méritos y servicios. El Consejo de Indias, asustado por el rumbo de los acontecimientos, derogó la polémica disposición el 20 de octubre de 15457. De lo arriba expuesto se deduce que nos encontramos ante un documento oficial escrito entre 1542 y 1546. Quiere ello decir que la relación carece de sentido histórico y, consecuentemente, no merece el calificativo de Crónica de la conquista de México que le ha aplicado algún exégeta. La obra, redactada con el plúmbeo lenguaje de los leguleyos, carece de datos etnográficos, presenta una cronología confusa e incorrecta y, sobre todo, prescinde de cualquier descripción. El ego predomina sobre el acontecimiento, y la acción no es sino un mero escenario, un telón de fondo que ensalza y agiganta la figura de un encomendero celoso de sus derechos. Ediciones Según los datos que obran en mi poder, la crónica de Bernardino Vázquez de Tapia fue publicada por primera vez en 1939. Su editor, el académico Manuel Romero de Terreros, completó el valioso documento con un apéndice que incluía la Cédula de concesión de escudo de armas, la ficha correspondiente al toledano inserta en el Diccionario autobiográfico de conquistadores, y el pasaje que Bartolomé Dorantes de Carranza dedicara al regidor en su pintoresca Sumaria relación8. En 1953, la editorial Porrúa reeditó el texto de Romero, ampliando el corpus documental con los testimonios prestados por Bernardino Vázquez en los juicios de residencia incoados contra Hernán Cortés y Pedro de Alvarado9. Dos décadas después, la Universidad Nacional Autónoma de México patrocinó una nueva edición a cargo de Jorge Gurría Lacroix10. Criterio editorial La presente edición reproduce la efectuada por don Manuel Romero en 1939, aunque se han introducido ligeras modificaciones con objeto de adecuar el texto al carácter colectivo del volumen. Los cambios se limitan a la modernización de aquellos arcaísmos cuya transcripción podría confundir al lector y a las contracciones, que se destraban por sistema. Asimismo me he tomado la libertad de incluir entre corchetes la palabra o palabras necesarias para la cabal comprensión de determinadas frases. Sin embargo, respeto la división del original dado su carácter jurídico. Por lo que respecta a los vocablos nahua, conservo la grafía utilizada por Vázquez de Tapia, quien --dicho sea al paso-- transcribe los fonemas mexicanos de forma similar a Bernal Díaz del Castillo. Cabe añadir que el regidor es bastante menos anárquico que su antiguo conmilitón, pues jamás altera los topónimos que emplea por primera vez, salvo en un par de ocasiones que troca Temistitlan por Tenuxtitlan y Guaquichula por Guaquechula.
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Relación de Michoacán RELACION DE LAS CERIMONIAS Y RICTOS Y POBLACION Y GOBERNACION DE LOS INDIOS DE LA PROVINCIA DE MECHUACAN, HECHA AL ILUSTRISIMO SEÑOR DON ANTONIO DE MENDOZA, VIRREY Y GOBERNADOR DESTA NUEVA ESPAÑA POR SU MAJESTAD. PROLOGO Es un dicho muy común que dice: que naturalmente desean todos saber, y para adquirir esta ciencia se consumen muchos años revolviendo libros, y quemándose las cejas y andando muchas provincias, y deprendiendo muchas lenguas por inquirir y saber, como hicieron muchos gentiles, como lo relata y cuenta más por extenso el bienaventurado Sant Hierónimo en el prólogo de la Biblia. Vínome pues un deseo natural como a los otros, de querer investigar entre estos nuevos cristianos, qué era la vida que tenían en su infidelidad, qué era su creencia, cuáles eran sus costumbres y su gobernación, de dónde vinieron, y muchas veces lo pensé entre mí de preguntallo y inquirillo, y no me hallaba idóneo para ello, ni había medios para venir al fin y intento que yo deseaba; lo uno por la dificultad grande que era, en que esta gente no tenía libros; lo otro de carescer de personas antiguas y que desto tenían noticia; lo otro por el trabajo grande que era y desasosiego que traen estas cosas consigo, porque los religiosos tenemos otro intento, que es plantar la fe de Cristo y pulir y adornar esta gente con nuevas costumbres y tornallos a fundir si posible fuese, para hacellos hombres de razón después de Dios. Ya yo tenía perdida la esperanza deste mi deseo, si no fuera animado por las palabras de Vuestra Señoría Ilultrísima que viniendo la primera vez a visitar esta provincia de Mechuacan, me dijo dos o tres veces, que por qué no sacaba algo de la gobernación desta gente. Después que vi a Vuestra Señoría inclinado a lo mismo que yo, concebí en mí, que Vuestra Ilustrísimama Señoría daría favor a mi deseo, y por hacelle algún servicio, aunque balbuciendo de poner la mano para escrebir algo por relación de los más viejos y antiguos desta provincia, por mostrar a Vuestra Señoría, como en dechado, las costumbres desta gente de Mechuacan para que Vuestra Señoría las favorezca rigiéndolos por lo bueno que en su tiempo tenían, y apartándoles lo malo que tenían y apenas se verá, en toda esta escriptura, una virtud moral, mas cerimonias y idolatrías y borracheras y muertes y guerras. Yo no he hallado otra virtud, entre esta gente, si no es la liberalidad; que, en su tiempo, los señores tenían por afrenta ser escasos; y digo, que apenas hay otra virtud entre ellos, porque aun nombre propio para ninguna de las virtudes tienen, donde paresce que no las obraban, porque para decir castidad, se ha de decir por rodeo en su lengua, y así de otras virtudes como es templanza, caridad, justicia, que aunque tengan algunos nombres, no las entienden, como carescía esta gente de libros. Y en muchas cosas acertaran, si se rigieran según el dictamen de la razón; mas como la tienen todos tan afoscada con sus idolatrías y vicios, casi por yerro hacían alguna buena obra. Y permite Nuestro Señor que como les provee de religiosos, que dejando en Castilla sus enterramientos y sosiego espiritual, les inspira que pasen a estas partes y se abajen, no solamente a predicalles según su capacidad, mas aun de enseñarles las primeras letras, y no solamente esto, mas aun abajarse a su poquedad de ellos y hacerse a todos todas las cosas, como dice el apóstol San Pablo de sí; ansí les provee cada día quien les muestre las virtudes morales, como proveyó en Vuestra Ilustrísima Señoría para la administración y gobernación y regimiento desde Nuevo Mundo; y esto digo, sin saber de aplacer a los oídos, porque no conviene a religiosos tener tal intento, y lo que es notorio a todos, y la verdad no se ha de encubrir, porque Vuestra Señoría paresce ser electo de Dios para la gobernación desta tierra, para tener a todos en paz, para mantener a todos en justicia, para oír a chicos y grandes, para desagraviar a los agraviados; y bien está la prueba clara, pues el aposento de Vuestra Señoria, está patente a chicos y a grandes, y todos se llegan con tanta confianza a la presencia de Vuestra Señoría, que quitando sus recreaciones y pasatiempos de señor, da audiencia todo el día hasta la noche, a unos y a otros, que aun hasta los religiosos estamos casi admirados de la constancia de Vuestra Señoría y podemos decir de Vuestra Señoría, que hace más en sustentar y conservar lo conquistado, que fue en conquistallo de nuevo, porque en lo primero fue trabajo de algunos días, y en esto, trabajo de muchos años: en el primero se alaba la animosidad del corazón, en Vuestra Señoria se alaba la benignidad para con todos, el gran talento que Vuestra Señoría tiene para regir, la prudencia en todas las cosas, la afabilidad para con todos, no perdiendo la autoridad y gravedad que el oficio requiere, el celo para que se plante en esta gente nuestra religión cristiana, por lo cual permite Nuestro Señor que corresponda esta gente con amor y temor y reverencia que todos tienen a Vuestra Señoría en esta provincia y en todas las otras desta Nueva España, que aun solas las palabras de Vuestra Señoría tienen por mandamientos, viendo cómo Vuestra Señoría los trata, y cómo los conserva y tiene a todos en tanta paz y tranquilidad. Lo cual no así tan fácilmente se hacía en su infidelidad, porque por la menor desobediencia que tenían a sus señores, les costaban las vidas y eran sacrificados, y lo que no podían acabar con tanta rigurosidad que les fuesen obedientes, alcanza ahora Vuestra Señoría Ilustrísima con tanta mansedumbre, por lo cual es de dar gracias a Nuestro Señor y admirarnos del gran ánimo de Vuestra Señoría, el cual el Espíritu Santo alumbra y reparte sus dones, tan a la clara y palpablemente, que chicos y grandes lo sienten. Pues Ilustrísimo Señor, esta escritura y relación presentan a Vuestra Señoría los viejos desta cibdad de Mechuacan, y yo también en su nombre, no como autor, sino como intérprete dellos, en la cual Vuestra S[eñorí[a verá que las sentencias van sacadas al propio de su estilo de hablar, y yo pienso de ser notado mucho en esto, mas como fiel intérprete no he querido mudar de su manera de decir, por no corromper sus sentencias.; y en toda esta interpretación, he guardado esto, sino ha sido algunas sentencias y muy pocas que quedarían faltas y diminutas si no se añadiese algo, y otras sentencias van declaradas, porque las entiendan mejor los lectores, como es esta manera de decir: no cuche he pu hucarixacan, que quiere decir en nuestro romance, al pie de la letra: no tenemos cabezas con nosotros; y no lo toman ellos en el sentido que nosotros, mas entendían en su tiempo, cuando estaban en alguna aflicción, o pensaban ser cautivados de sus enemigos, y que les cortarían las cabezas, y las pondrían en unos varales, juzgábanse que ya las tenían cortadas, y por eso decían, que no tenían cabezas consigo. En la manera del rodar las sentencias hay que notar que no llevan tantos vocables equívocos en tanta abundancia como en nuestra lengua. A esto digo que yo sirvo de intéprete de estos viejos, y haga cuenta que ellos lo cuentan a Vuestra Señoría Ilustrísima y lectores, dando relación de su vida y cerimonias y gobernación y tierra. Illustrísimo Señor, Vuestra Señoría me dijo que escribiese de la esta provincia, yo porque aprovechase a los religiosos que entienden en su conversión, saqué también dónde vinieron sus dioses más principales y las fiestas que les hacían, lo cual puse en la primera parte; en la segunda parte puse cómo poblaron y conquistaron esta provincia los antepasados del Cazonci, y en la tercera la gobernación que tenían entre sí, hasta que vinieron los españoles a esta provincia y hace fin en la muerte del Cazonci (hay dos medias líneas borradas). Vuestra Sseñoría haga pues enmendar y corregir y favorezca esta escritura, pues se empezó en su nombre y por su mandamiento, porque esta lengua y estilo parezca bien a los letores y no echen al rincón lo que con mucho trabajo se tradujo en la nuestra castellana. Lo que aviso más a los lectores, que usen los interrogantes que llevare esta escriptura y relación, y se hagan a la manera de hablar desta gente, si quieren entender su manera de decir, porque por la mayor parte hablan por interrogante, en lo que hablan por negación.
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RELACIÓN DEL DESCUBRIMIENTO DEL RÍO DE LAS AMAZONAS, HOY S. FRANCISCO DEL QUITO, Y DECLARACIÓN DEL MAPA DONDE ESTÁ PINTADO La ciudad de S. Francisco del Quito en los reinos del Perú, no sólo famosa por su sitio y por edificada sobre montes en la más alta cordillera que corre por todo este nuevo orbe, sino también por cabeza de su provincia y asiento de la real Audiencia, es hoy, por elección del cielo, de las más felices ciudades del mundo. Nueva Menfis que Dios ha elegido por metrópoli de un dilatado imperio, por el que se ha descubierto en las vastísimas regiones del río de las Amazonas; por tenerlo a su jurisdicción y gobierno de esta ciudad famosa, hoy llave de la nueva Cristiandad, es la que asigna ministros evangélicos que llevan la fe de Cristo por aquellas extendidas provincias, sujetando a las llaves de S. Pedro más almas que las que hasta ahora conocen a Dios en la América; es la que ha de dar capitanes valientes que sujeten todas estas provincias, y los gobernadores que las rijan. Prueba de su fidelidad y de que, señora, ha de sujetar a todas las naciones ahora descubiertas, es que corriendo el río Grande de las Amazonas más de 2.500 leguas, no se avecinda tanto a ninguna ciudad de las Indias, cuyos muros llegará a besar a no impedirlo las ásperas montañas. Pero llegarán cerca; el embarcadero principal del río dista de la ciudad de Quito ocho días de camino, corta distancia en regiones tan extendidas. Bien se pueden gloriar Babilonia de sus muros, Nínive de su grandeza, Athenas de sus letras, Constantinopla de su imperio, que Quito las vence por llave de la Cristiandad y por conquistadora del Mundo. A esta ciudad, pues, pertenece el descubrimiento del río grande de que ahora hablamos. El de las Amazonas, hoy S. Francisco del Quito, corre de Oriente a Poniente, esto es, como dice el navegante, Leste a Oeste. Desde la provincia de los Quijos, en el reino de Quito, hasta desaguar en el mar del Norte, hace siempre su curso vecino a la Equinoccial, a la banda del Sur, por dos grados, 3, 4, 5, 6 y dos tercios, en la mayor altura. Tiene de largo de la dicha provincia de los Quijos hasta la mar, donde desagua por una boca, 1.600 leguas castellanas; esto es, por la orilla que se acerca a la Equinoccial, porque por la contraria orilla serán más las leguas, por tener más vueltas y senos el río, que todo él camina culebreando por tan luengo espacio; y así, en el mapa que va con esta Relación, se atiende por longitud por la orilla que está vecina a la Equinoccial. La longitud deste río desde su nacimiento hasta llegar (a lo) descubierto de la provincia de los Quijos se ignora. Hay quien piensa que es su origen en las provincias del Cuzco y sierras dél; otros dicen que cerca del Potosí. La causa de esta variedad es, porque a sus principios es muy ganchoso y dividido en diferentes brazos y no se conoce el principio a el cual se agregan los otros ríos; y si tiene su origen o principio en el Cuzco o Potosí, será toda su longitud desde su nacimiento a su ocaso de más de 2.500 leguas. De latitud o ancho es muy vario en lo descubierto, porque por unas partes se explaya una legua, por otras dos, por otras tres, y por la boca, cuando llega a desaguar en el mar, pagándole tributo, parece que quiere disimular su vasallaje y no conocerse inferior al mar y se convierte en un nuevo Océano, explayándose 84 leguas. El mayor estrecho donde este río recoge sus aguas es de media legua, en altura de dos grados y dos tercios, lugar que sin duda previno la Providencia divina, estrechando este dilatado mar (llamémosle así), y dando nombre a la congregación de sus aguas, de río; disimulo que usó, para que en su angostura se pudiese fabricar una fortaleza en sitio que impida el paso a cualquiera armada enemiga, aunque venga muy poderosa. Dista esta angostura 300 leguas del mar donde desagua el río, y desde la boca se puede dar aviso al fuerte (si allí se fabricase) con canoas y embarcaciones pequeñas, de la venida de los enemigos, en 10 ó 12 días. La profundidad del río es grande, como se verá en el mapa por los números que están señalados dentro del río. Por partes no se halla fondo desde la boca, cuando desagua en el mar, subiendo hasta el río Negro, distancia de casi 600 leguas. Lo más bajo es de 40 brazas, número que señala el mapa hasta este río Negro, no porque en todas partes tenga 40 brazas de fondo, sino porque son muchas más, y señálanse en éstos para significar su profundidad y para dar a entender que el más bajo será de 40 brazas; y así, por toda esta distancia pueden navegar navíos de enemigos, deseosos de descubrirle; navegación a que no impide la angostura del río, pues, como habemos dicho, está muy explayado y participa de las brisas del mar. Después que el río Negro se le ha juntado, baja mucho el de las Amazonas, subiendo al Oriente, y tiene de fondo las brazas que señalan los números del río. Todo este río está poblado de islas, unas grandes, pequeñas otras, tantas en número, que no se pueden contar; de suerte que no se navega distancia de una legua sin encontrar con islas. El mapa las señala con unas Oes verdes. Las mayores islas de este río son 4 ó 5 leguas de largo, otras de 3, otras de 2, otras de 1 y otras muy pequeñas; y a estas baña el río, cuando crece a las avenidas, por grandes que sean. Estas islas grandes habitan indios en diferentes poblaciones y aldeas; las pequeñas cultivan aprovechándose de ellas para sembrar yucas y maíz en grande cantidad; y para que con las avenidas y crecientes no se pierda el fruto y el trabajo de la sementera, usan de la traza siguiente. -Cavan en la tierra unos silos o cuevas muy profundas y allí echan la yuca y la tapan muy bien, cuando las aguas bañan la isla; y después que se retiran y se descubre la tierra la sacan y comen, porque no se ha podrido con la humedad. Siempre la necesidad fue invencionera, y así si enseñó a la hormiga a fabricar trojes en las entrañas de la tierra, para guardar su grano y el alimento, ¿qué mucho diese traza al indio bárbaro para que previniese su daño y guardase su sustento?, pues es cierto que la Providencia divina más cuida de los hombres que de los pájaros. Desaguan en este famoso río en la distancia dicha de las 1.600 leguas otros muchos ríos y muy caudalosos, los que llegan a tributarle en sus corrientes en las primeras 300 leguas; subiendo hasta el fin de las 1.600 descubiertas, son también sin número los ríos en desaguar. Los principales señala el mapa con sus nombres en las dos orillas del río. Los más caudalosos son tres, dos a la banda del Sur; al uno llaman el río de la Madera por la mucha que trae de ordinario, y tiene la boca al desaguar legua y media; al otro llaman Tunguragua y tiene de boca una legua. A la banda del Norte está un río muy grande con legua y media de boca y las aguas tan negras, que se distinguen de otras, efecto que dio nombre al río llamándole Negro. El piloto mayor, de quien después hablaremos, que navegó dos o tres días por este río Negro, dice que según la noticia que pudo tener de algunos indios, nace este río de unas sierras vecinas al Nuevo Reyno de Granada y que en su origen se divide en dos brazos; el uno de ellos con el nombre de río Negro desagua después de largo curso en el de las Amazonas, el otro viene a desaguar en el mar del Norte a vista de la isla de la Trinidad, y piensan que este río es el famoso río Orinoco. Los demás ríos, que perdiendo sus nombres mueren en el de las Amazonas, son comunes y casi iguales; cuyos nombres señala el mapa en las bocas de los ríos; y la distancia que hay de río a río señala a la orilla de los ríos, cuando desaguan en el río grande. Este es el famoso río de las Amazonas, que corre y baña las más fértiles y pobladas tierras que tiene el imperio del Perú, y sin usar de hipérboles, lo podemos calificar por el mayor y más célebre río del Orbe. Porque si el Ganges riega toda la India y por caudaloso oscurece el mar cuando desagua en él, haciéndole que se llame Sinu Gangetico y por otro nombre golfo de Bengala; si el Éufrates, por río caudaloso de la Siria y parte de la Persia, es las delicias de aquellos reinos; si el Nilo riega la mayor parte de África, fecundándola con sus corrientes, el río de las Amazonas riega más extendidos reinos, fecunda más vegas, sustenta más hombres, aumenta con sus aguas a más caudalosos océanos; sólo le falta para vencerlos en felicidad, tener su origen en el Paraíso, como de aquellos ríos afirman gravísimos doctores que lo tuvieron. Del Ganges dicen las historias que desaguan en él treinta famosos ríos y que tiene arenas de oro: innumerables ríos desaguan en el de las Amazonas, arenas de oro tiene, tierras riega que atesoran innumerables riquezas. El Éufrates se llama así a letificando, como notó San Ambrosio, porque con sus corrientes alegra los campos, de suerte que los riega este año asegura abundante cosecha para el que viene. Del río de las Amazonas afirman los que le han descubierto, que sus campos parecen paraísos y sus islas jardines, y que si ayuda el arte a la fecundidad del suelo, serán entretenidos paraísos y sus islas jardines. La felicidad de la tierra que riega el Nilo celebra Lucano en estos versos: Terra suis contenta bonis, non indiga mercis-Aut Jovis; in solo tanta est fiducia Nilo!. No necesitan las provincias vecinas del río de las Amazonas de los extraños bienes; el río es abundante de pesca, los montes de caza, los aires de aves, los árboles de frutas, los campos de mieses, la tierra de minas, como después veremos. Este nuevo Ganges, pues, este alegre Éufrates, este fecundo Nilo, es el que Dios ha descubierto en este siglo para gloria de la Corona de España y para bien de infinitas almas. La causa de su descubrimiento fue la siguiente. Muchas veces inquietó el deseo de descubrirle así por el mar como por los reinos de Quito y nunca llegaron los deseos a navegarlo todo; porque, aunque muchos, no llegaron a cumplir sus deseos. Finalmente, el celo de la salud de las almas pudo más que la cudicia del oro. Arrojándose el río abajo algunos religiosos en compañía de soldados españoles, cuyo caudillo era el capitán Juan de Palacios, llegaron a la provincia de los Encabellados, numerosa mucho, donde se alojaron, deseosos los religiosos de su conversión y los españoles de ayudarles. De allí, por justas causas, se volvieron a Quito algunos de los religiosos, otros quedaron con los españoles, y en cierto encuentro que los indios tuvieron con ellos, mataron al capitán Juan de Palacios. Hallándose sin caudillo, desampararon la provincia soldados y religiosos dividiéndose en dos cuadrillas. Algunos de los religiosos y parte de los soldados se volvieron a Quito; otros seis soldados con dos religiosos legos, llamados Fr. Andrés de Toledo y Fr. Domingo de Brieva, en una canoa se dejaron llevar de la corriente río abajo, no con otro intento, a lo que pienso, más que llevados del divino impulso y obligados de la falta de mantenimiento. Echaron de ver que Dios favorecía este viaje, porque los ayudó en algunos sucesos milagrosos. El primero fue, que, dudando cuál orilla del río seguirían, echaron suertes con muchos Sanctos escritos en papel y salió por dos veces san Joseph a mano derecha, que cae a la banda del Sur. El segundo fue, que abriéndoseles la canoa, embarcación pequeña y vieja, Fr. Domingo, religioso de conocida virtud, la tocó con la mano invocando el favor divino y la dio sana, de suerte que pudieron navegar en ella. El tercero, que llegando al fuerte de portugueses, de que después hablaremos, libres de innumerables peligros, la canoa se hundió en la orilla de la mar sin ser más de provecho, como quien dice, hasta allí fue útil, y que pues ya los dejaba en tierra de cristianos y con otras embarcaciones, ella, como inútil, se iba a pique. El cuarto, que entrando en tierras de innumerables bárbaros y muchos dellos caribes, no les hicieron mal, mas antes les dieron sustento para su viaje. El quinto, afirman los soldados de Fr. Domingo, llevado de los indios a que visitase sus enfermos, invocaba sobre ellos el dulcísimo nombre de Jesús y con el contacto de sus manos los daba sanos. No dudo yo que Dios hiciese estos milagros; lo que se extrañará es, que a vista de aquellos infieles no les hiciera argumento, a mi ver, claro, que Dios quiere dilatar su fe entre aquellas gentes. Llegaron después de muchos días de navegación los religiosos y soldados al Gran Pará, población de portugueses, y de allí pasaron al Marañón, cabeza del gobierno, y lo que resultó de su llegada fue, que el gobernador portugués de aquellas provincias envió una armada de 47 canoas, con general, soldados y muchos indios, al descubrimiento cierto del río, los cuales llegaron a Quito, como después diremos. A la boca del río de las Amazonas, a la orilla que cae a la parte del Sur, en medio grado de altura hay una población de portugueses que llaman la ciudad del Gran Pará. Tiene esta ciudad para su defensa un castillo fabricado sobre un peñol, a la boca del río que hace cara al mar, y una ensenada delante en figura de media herradura. Tiene el fuerte parapetos que caen al río y a la ensenada, cubiertos de teja hasta la retirada de las piezas, para la defensa de las cureñas en que están encavalgadas veinte piezas de artillería, las dos de hasta 30 libras de bala, 18 de a 8, de a 10 y 12 libras de bala; y en la plaza de armas, aunque pequeña, casa de vivienda para el capitán y otra casa separada para la munición, labrada de piedra. Está labrado todo el fuerte con muralla de terrapleno sobre cimientos de cantería y con foso, y en la puerta no hay puente levadizo, pero tiene reducto de dos puertas con troneras. Hay dificultad en la entrada de los navíos en este puerto y ordinariamente esperan marea para no tocar en los arrecifes que arroja la punta de la ensenada. Subiendo el río arriba 40 leguas, hay otra población pequeña de portugueses a la banda del Sur, que llaman Conmutá, la cual no tiene defensa ni fuerte. Más arriba, cien leguas dél está el castillo de los portugueses adonde llegaron los dos religiosos y seis soldados que dijimos bajaban derrotados por el río; está fabricada la dicha fortaleza en un lugar alto, a la orilla del río, con plataforma y en ella cuatro piezas de artillería de hierro colado, la una de 4 y la otra de 5 y la otra de 7 y la otra de 8 libras de bala, puestas en carretones de madera bajos encarados al río, con parapetos hasta los pechos. Luego se sigue la plaza de armas y una casa de munición, en donde vive el condestable de la artillería; y todo el dicho sitio está cercado de muralla con cimientos de piedra. Por la parte de afuera tiene foso y en la entrada puente levadiza de madera; de manera que, levantando la puente, está bien defendido el dicho fuerte. Fuera dél viven los soldados portugueses y los indios amigos, y allí cerca del fuerte hay otras poblaciones de indios subjetos a los soldados. Hasta este castillo ha llegado algunas veces el enemigo holandés y se hace fuerte en la orilla contraria, que cae a la banda del Norte; y, cuando los soldados portugueses los han visto alojados, han dado sobre ellos más de diez veces en diferentes años y los han vencido y quitado los fuertes que habían fabricado y aprisionado a los que quedaron vivos; de suerte que en ocasión llegaron a tener cautivos en su poder más de 1.600 holandeses; y entre los despojos cogieron una nao grande con 20 piezas de artillería, en donde venía el gran piloto Matamatigo, que por orden de los gobernadores de las islas rebeldes venía a descubrir de propósito este río y llegó con su nao hasta la provincia de los Trapajosos, que dista 200 leguas del Gran Pará. Desde el Gran Pará, corriendo la costa del mar a la banda del Sur por el rumbo de Leste Sueste, distante 130 leguas, hay una ciudad llamada S. Luis del Marañón en una isla que está en la boca del río Marañón, que desagua en el mar. Es este paraje de altura de dos grados y dos tercios, al Sur. Esta ciudad es metrópoli de todas las poblaciones que tiene el portugués en estas partes, en donde asiste el gobernador. Hay en la ciudad del Marañón tres conventos de religiosos, de San Francisco uno, otro de Ntra. Sra. del Carmen y otro de la Compañía de Jesús. En la ciudad del Gran Pará hay dos conventos, uno de frailes Franciscos y otro de Carmelitas. En todo este gobierno y sus poblaciones no hay más de seis clérigos sacerdotes, que administran los sacramentos por operarios para tan copiosa mies. ¿Cómo es posible que puedan los ministros del Evangelio, celosos de la salvación de las almas, tolerar tal desamparo? En todas las doctrinas y pueblos son los religiosos los curas. Hará tres años que salió del Gran Pará para España un Padre de la Compañía, llamado Luis Figueira, hombre grave y anciano, el cual fue a informar al rey del estado destas provincias y particularmente de algunas islas que están en el río de las Amazonas, para que se acudan con ministros evangélicos que enseñen la fe a los naturales dellas, que son casi infinitos, y con menos que con muchos ministros no se puede acudir a todos. Tenía este Padre orden de S. M. que le informara del estado de las provincias, y así fue a hacerlo personalmente. En estas poblaciones de portugueses hay pocas mujeres que sean de su calidad; si vinieren de España, serían bien recibidas. Los indios que están reducidos en las tierras que poseen los portugueses y los que son amigos y pueden, convertidos, recibir la fe católica, son más de un millón. Hablan diferentes lenguas y entienden todos una general que corre toda la costa de Brasil; y esta lengua entienden también muchas naciones de indios del río de las Amazonas, subiendo por el río más de 400 leguas. La ciudad del Marañón fue primero fundación de franceses, a los cuales venció y echó de aquel punto Jerónimo de Alburquerque y después Gaspar de Sosa. Los dos entraron en la ciudad y mataron 600 hombres al enemigo y lo despojaron; y vinieron al Brasil, porque supieron que el enemigo estaba poblado en aquel paraje y desde allí infestaba las costas del Brasil, haciendo presas de importancia; y desde este tiempo no ha vuelto el enemigo a poseer la tierra. Había en la isla del Marañón, que tiene 18 leguas de box, más de setenta aldeas de indios y en cada una más de 300 de pelea, cuando el portugués la entró. Algunos años después vinieron los portugueses conquistando los indios de la costa hasta el paraje adonde solían venir navíos de holandeses y franceses, pero no tenían poblaciones, y así le fue fácil al portugués edificar ciudad en la boca del río de las Amazonas. De parte de los indios hubo contradicción y con ellos tuvieron encuentros y batallas los portugueses con muerte de muchos soldados y de gran número de indios. Desde la fundación del Gran Pará hasta hoy, que habrá 18 años, están aquellas provincias por de la Corona de Portugal. Con la llegada de los dos religiosos de S. Francisco y los seis soldados y noticias que dieron del río que habían navegado, determinó el gobernador enviar gente práctica que lo descubriese todo y llegase hasta la ciudad de Quito. Para esto nombró por general de este descubrimiento a Pedro Texeira, el cual en 47 canoas de mucho porte y con 70 soldados portugueses y 1.200 indios de boga y guerra, que con las mujeres y muchachos de servicio serían por todos 2.500 personas, partieron del Gran Pará en descubrimiento del río a principio de agosto del año de 1637. Duró la navegación hasta llegar a Quito tanto tiempo, porque venían con grande espacio descubriendo los ríos y marcando los puertos. El dicho piloto mayor, que tiene medidas todas las jornadas y distancias, dice que se podría navegar el río, subiendo por él, en dos meses. Todo este río de las Amazonas, en las islas, en las orillas y en la tierra adentro, está poblado de indios y tantos en número, que para significar su multitud, dijo el piloto mayor de esta armada, Benito de Acosta, hombre práctico en estos descubrimientos, que navegó el río y todos los que en él entran hasta llegar a Quito, marcando la tierra y advirtiendo sus propiedades, que son tantos y tan sin número los indios, que si desde el aire dejaran caer una aguja, ha de dar en cabeza de indio y no en el suelo. Tanta es (su) numerosidad, que no pudiendo caber en tierra firme, los arrojan a las islas. Y no sólo el río de las Amazonas está tan poblado de gente, sino también los ríos que en él desaguan, por los cuales navegó el dicho piloto tres y cuatro días y dice que cada uno de estos ríos es un reino muy poblado y el río grande un mundo entero mayor que lo descubierto hasta ahora en toda la América. De suerte que tiene por cierto que son más los indios de estos ríos que todo el restante de las Indias descubierto; porque las provincias no tienen número y la tierra adentro está tan poblada como las orillas; de suerte que si todos los sacerdotes que hoy hay en las Indias se ocupasen en la labor de tan extendida viña, estuvieran bien ocupados y faltaran ministros. Hasta ahora no hay otros cristianos en estos ríos sino son los pocos que los portugueses han convertido en el Marañón y en el Gran Pará y en las demás sus poblaciones. A muchos destos doctrinan los Padres de la Compañía, que andan en perpetuas misiones, visitándolos, convirtiéndolos, baptizándolos, porque de otro modo no pueden acudir con todos ni estar en puesto fijo, por la falta que hay de operarios; y sin aquestos puestos que visitan, tienen algunas doctrinas propias suyas. Preguntado Fray Domingo, religioso de quien arriba hablamos, si en el Pará y tierras que había visto halló muchos cristianos, respondió: Desengáñense, no hay cristianos en este gran mundo descubierto sino son los que doctrinan los benditos Padres de la Compañía de Jesús. Todo este copioso rebaño está sin pastor, vendido a sus vicios y subjeto al Demonio, condenándose cada día infinitas almas por falta de obreros evangélicos, dejando el campo libre a Lucifer, para que reine en tan vastas provincias y sea adorado de aquellos miserables que viven en tinieblas y sombra de la muerte, sin que haya quien los alumbre con la luz del santo Evangelio. Las naciones que habitan en el río principal y sus adjuntos, son muchas y de diferentes costumbres; las más no son belicosas, algunas tienen valor, pero ninguna de ellas es muy brava ni fiera; esto se entiende en lo descubierto, porque no hay noticia de las demás naciones que habitan la tierra firme. Todos son idólatras que adoran dioses falsos; no tienen ritos ni cerimonias para venerarlos, ni templos de sus ídolos, ni sacerdotes. A los hechiceros temen, a quienes consultan, y éstos al Demonio, de quien reciben oráculos y con embustes engañan a los miserables indios. Casi todas estas naciones andan desnudas, los hombres en todo el cuerpo, las mujeres de la cintura para arriba; lo restante tapan con unas como pampanillas. Los indios Omaguas visten camisetas y mantas de algodón pintadas con pincel y de diversos colores, azul, amarillo, anaranjado, verde y colorado, muy finos, de donde se colije que hay madera o yerbas. En las orillas del río de las Amazonas, espacio de treinta leguas, uno de los seis soldados que bajaron el río con los dos religiosos de S. Francisco sabía hablar la lengua de los Omaguas, y así, encontrando con indias en una canoa, les puso unas gargantillas de avalorio y otros dijes y les dijo en su lengua que no les haría mal, porque no era gente de guerra, que les dijesen a sus maridos que les trujesen comida, y ellas les respondieron que ya habían oído decir que los hombres barbados no les hacían mal, que ellas irían a hacer que les trujesen comida; y fueron y brevemente vinieron adonde estaba este soldado con sus compañeros, más de quinientos indios hombres y mujeres cargados de maíz, yucas y tortugas. Estos indios dijeron al soldado que los entendía, que en la banda del Norte, adonde ellos iban una vez cada año, había unas mujeres y se estaban con ellas dos meses, y si de las juntas habían parido hijos, se los traían consigo, y las hijas quedaban con sus madres; y que eran unas mujeres que no tenían más de un pecho, muy grandes de cuerpo, y que decían que los hombres barbados eran sus parientes, que se los llevasen allá. A estas indias llaman comúnmente las Amazonas. Estos mismos soldados y dos religiosos, cuando bajaron el río, llegaron a unas muy dilatadas provincias, cuyos habitadores llaman los portugueses los Estrapajosos. Estos agasajaron a los religiosos y soldados y por señas les dijeron que fuesen con ellos por un río arriba, en cuya orilla hallaron una población grande. Entráronlos en una casa muy grande con maderas labradas, con galdas, con mantas de algodón entretejidas en ellas hilos de diversos colores, en donde pusieron una hamaca para cada uno de los huéspedes, de palmito, labrada con diferentes colores, y les dieron de comer cazave y pescado. En esta población vieron los soldados calaveras de hombres, arcabuces, pistolas y camisas de lienzo; y avisando desto después a los portugueses, les dijeron que aquellos indios habían muerto algunos holandeses que llegaron hasta aquellas provincias, cuyas eran aquellas calaveras y armas. Unas naciones con otras tienen continuas guerras. Usan de flechas, dardos y otras armas semejantes a éstas. Los Omaguas juegan bien del dardo, porque son muy diestros en este género de arma. Los Trapajosos usan de flechas y veneno tan fino y eficaz, que no tiene contrayerba. Muchas destas naciones o las más son caribes, muy aficionadas a carne humana, y así se comen a los que cautivan en la guerra, y ésta es causa principal de sus guerras; y también pelean por quitarse las tierras los unos a los otros. Muchas veces, en el tiempo que duró la navegación de la armadilla, ni viniesen portugueses a ella, vinieron gran suma de indios a ella, con canoas pequeñas, mostrándose afables con los portugueses, porque, aunque a los principios temían, por la novedad de la gente, que no habían visto otra vez, a quienes ellos llamaban hijos del sol, después que comunicaban con los soldados y recibían dellos algunos dijes como cuchillos, anzuelos y muchas veces pedazos de paño roto, que colgaban al cuello como reliquia, les traían después refresco de maíz, yuca, camotes, plátanos, cañas dulces y mucho pescado, todo esto en abundancia y liberalmente, sin pedir paga. Nunca acometieron los indios en el río ni fuera dél a los españoles, y si alguna vez saltaban en tierra los soldados y se entraban por la montaña distancia de una legua a descubrir la tierra, iban delante indios amigos, a quienes acometían los de la tierra, pero en llegando los soldados, huían enemigos, y después, llamados, venían de paz y ofrecían sustento con liberalidad. Las orillas todas destos ríos están pobladas todas de árboles tan altos, que suben a las nubes. Es llana la tierra al principio, y después se van levantando unas sierras muy altas; por partes se descubre a los campos con valle o sabana, sin árboles, y algunos matorrales. Todo lo que anduvo por la tierra adentro el piloto mayor en diferentes partes del río, es montaña limpia de matorrales y poblada de muy buenos árboles; éstos son altos y gruesos. Hay mucha diferencia de maderas de que se pueden fabricar navíos en cualquier parte en la distancia toda deste río. Las especies de árboles son muchas, cedros, ceibos y otros de grandísimo grueso. Hay en algunas orillas palo de campeche, granadillo y palo colorado que parece brasil y gran cantidad de zarzaparrilla. Hay muchas resinas en los árboles, en tanta abundancia, que con ella brean las canoas y se pueden brear muchos navíos. La fábrica de las naos se facilita con estas montañas, así por la grande abundancia de maderas y brea, como por el mucho algodón que se coge y teje y tener muy grande abundancia de pencas, de que se hace la pita, y árboles de palmas, de que se puede hacer jarcia tan fuerte como de cáñamo. De los árboles, por ser muy gruesos, se labran con facilidad canoas. En las provincias de Marañón y Pará se fabrican de gran porte. El modo de labrarlas es en la forma siguiente: cortan el tronco del árbol dándole el largo que quieren y el ancho todo del tronco, y después de haberle chaportado las ramas, le van socavando por de dentro, dejándole de boca media vara; por allí lo desentrañan, y luego llenan el hueco de agua caliente y lo cercan de fuera con fuego, con lo cual el madero se ablanda de manera, que poniéndole dentro unos palos, le van abriendo todo lo que quieren y dejan el plano grueso cuatro o seis dedos y los costados dos y tres; de suerte que vienen a tener estas canoas de ancho, las más angostas, dos varas, y las más ordinarias nueve palmos. Y después que se les ha dado todo el ancho que quieren, quitan el agua y el fuego y se vuelve a enderezar el madero. Algunas embarcaciones destas son capaces de cien hombres. Entre los árboles deste río hay uno que llaman los portugueses burapiniona, de tanta estima como el palo del brasil; madera muy galana, porque toda ella está ondeada, como camelote de aguas, con ondas negras, de que se labran canoas y escritorios muy curiosos. Tienen los indios mucha carne de monte, como son dantas, venados, puercos monteses, ycoteas, pacas, conejos y otros animales comestibles. Hay en la montaña gran suma de monas de diferentes maneras, algunas tan grandes, que muerta una, no la pudo cargar un negro. En el Marañón hay algunos caballos y yeguas; espérase multipliquen estos ganados de suerte que llenen los campos, según son de fértiles. Del Brasil trujeron los portugueses al principio de las fundaciones cabras y puercos, de que hay gran cantidad; trujeron también un carnero y una oveja, y aunque la oveja parió, no crió el cordero, porque con el vicio de la tierra estaba tan gorda, que no le dio leche y le dejó morir; y así no multiplicaron. Hay muchas aves en la montaña y árboles del río, regaladas, para el sustento humano, como son pavas del monte, paujíes y perdices tan grandes como gallinas, en grande abundancia; algunas matan flechándolas, otras, levantándolas de sus puestos, vienen revoleando a caer en el río y allí cogen a manos. En el Pará y Marañón hay muchas gallinas de España. Todas estas provincias son abundantes de mantenimientos y capaces de que si en ellas se sembrasen las semillas de España, se darían con abundancia. Las frutas son muchas y diferentes; todas las que son propias de Indias mejores y más regaladas que en otras partes. En algunas provincias hay caña dulce muy alta y muy gruesa y por todo el río infinidad de cacao, tanto que se pueden cargar naos; de tabaco hay mucho, y beneficiado es muy bueno. Todas las provincias vecinas a este río son de tal temple, que ni hay calor que enfade ni frío que fatigue, ni variedad que sea molesta, sino una primavera continua. A las mañanas hace algún frío y todo el año es uniforme, por que no varían los tiempos por estas tierras. Debajo de la línea los días son iguales. Los campos que no están con sementeras, producen flores y los más llevan gran cantidad de batatas sin beneficio de la tierra, sino que de suyo las produce. La montaña por partes es espesa y abierta, y todo el río están entoldadas sus orillas de árboles y palmares, que rinden cocos en abundancia. De las palmas hacen los indios vino regalado. Frutas silvestres hay muchas por la mañana y a la orilla del río, y en los troncos de los árboles se coge gran cantidad de miel de abejas. La cera es prieta, y beneficiada, terná color amarilla. En el Marañón y Pará no se gasta otra para misas. Hállase miel en todo el río, que es regalo para el que navegare. Todos los años son apacibles y la tierra un retrato de la que Dios prometió a su pueblo, y a tener los ganados de Judea, dijéramos que la regaban arroyos de leche y miel. Afirmó el piloto mayor, que por muchas alabanzas que digan del río y sus provincias, son más los bienes que hay en ellas, y si el arte ayudara a la naturaleza, pudieran labrarse jardines en donde ni la diversidad de temples ni las inclemencias de los tiempos pudieran ofender a los hombres. En la provincia llamada Culimán, vecina a los Omaguas, que corre más de 200 leguas, es cierto hay oro y mucho; colíjese de que los indios traen planchas de oro colgadas en las orejas y narices, de las cuales rescataron algunas los portugueses en cantidad de más de 50 ducados de los que llegaban a la playa, porque no entraron la tierra adentro; y preguntándoles que de dónde sacaban aquel oro, respondieron que de unas sierras allí vecinas, en donde lo había en tanta abundancia, que si con los picos que traían las manos cavasen la tierra, sacarían lo que quisiesen. El mismo color de la tierra de esta provincia y otras indica que es tierra de oro. Entre las demás planchas, hallaron una que traía un indio en las orejas pendiente de un hilo de oro muy fino y muy bien labrado, cuya labor no la pudo hacer sino quien supiese del arte de platero. No se pudo saber su artífice, por no haber lengua que preguntase a los indios; presúmese hay por aquellas provincias algunos naturales que llaman plateros. Hallaron también los soldados en algunas partes plata y señales de ella y mucho cobre, y se presume ser tierra de muy ricos minerales y que, como está en poder de bárbaros, no se aprovechan de su riqueza. Por todas partes corre este famoso río manso y ledo, de suerte que todo es navegable, sin corriente que impida a las embarcaciones; y por más que se estrechen las aguas, nunca el río olvida su mansedumbre, antes más bien por la parte más angosta, que es el de media legua, en donde van las aguas de innumerables ríos encanaladas, es la corriente más mansa, sin que haya ni sumidero de las aguas ni olaje que asombre: ordinaria condición de ríos grandes, que mientras más fondo tienen, más disimulan el ruido, seguros de su riqueza y caudal, de que hacen vana ostentación los arroyos pequeños, pues desde que se despeñan de las montañas las fuentecillas, bajan dando voces y avisando que tienen caudal de agua. Admira ver la grandeza deste río, que, como rey de los otros, jamás quiere descomponerse y antes guarda su magestad con pasos graves; si ya no es que decimos, que no alterarse las olas, no hervir las aguas, ni rifar los ríos cuando se encuentran este grande de las Amazonas ni cuando se estrechan en la angostura, lo hacen para convidar a los ministros evangélicos, facilitándoles el paso, para que lo naveguen y visiten sus provincias, ofreciendo llevarlos sobre sus hombros con toda seguridad y regalarlos con toda la fecundidad de sus campos. En todas las orillas de este gran río tienen sus poblaciones los indios, unas grandes, pequeñas otros; de ordinario viven apartados en diferentes rancherías. Una población hallaron los portugueses tan grande por una y otra banda del río, que navegando todo un día a vista suya y comenzando la navegación tres horas antes del día hasta que se puso el sol, no pudieron dar fin a los edificios ni hallar lugar en que alojarse que no estuviese ocupado con casas y unas continuadas con otras. Los que descubrieron la longitud de esta población no pudieron saber si era muy ancha; el piloto dice que le pareció angosta. Las casas y edificios de todos los indios son de madera, labradas con curiosidad y cubiertas de palmas; ninguna hay de piedra ni cubierta de teja. Por dentro están limpias y con aseo; no tienen alhajas sino son las que dijimos de los de la provincia de los Trapajosos. Alrededor de estos galpones vieron los portugueses muchas calaveras de hombres; sospecharon serían de gente que habían muerto y comido. Las hamacas donde duermen son de hojas de árboles o de pajas. El piloto mayor, principal descubridor deste río, dice conviene mucho que S. M. mande edificar un fuerte en el lugar y estrecho señalado y ponga en él presidio para impedir el paso al enemigo holandés, para que no suba por el río y se apodere de sus provincias; que como la embarcación es fácil, apacible el río, los mantenimientos abundantes y los indios poco belicosos, será fácil al enemigo navegar este río y aprovecharse de las riquezas y frutos de la tierra. Esta fortaleza servirá de custodia material de tan extendidas provincias. A la espiritual custodia convida Dios, por Isaías, a los ministros evangélicos, para que cultiven su viña, para que la guarden y la defiendan: Ite (dice, capítulo 18), angeli veloces, ad gentem convulsam et dilaceratam, ad populum terribilem, ad gente expelinea. Por los ángeles cierto es que de ordinario se entienden en las divinas letras los apóstoles y ministros del Evangelio; la frase ad gentem expectantem seu lineae, lineae admite el siguiente sentido, "Ángeles míos, -dice Dios a los operarios de su viña- que cultiváis el campo de mi iglesia y, misioneros del Evangelio, lo lleváis por remotas provincias, apresurad los pasos, acelerad los vuelos ad gentem expectantem seu linea, line; esto es, como explica Mendoza, ad gentem super quam est (?) Linea, ut destrua. Visitad veloces la gente que está en el extremo peligro de su salud, condenada sin duda a eternos castigos, si no los socorren los ministros evangélicos." O querrá decir: "Id veloces, ángeles míos, a las innumerables provincias sobre las cuales tengo yo echados mis cordeles para edificar una nueva Iglesia; libradla de la infidelidad con que vive y fabricad en ella el edificio de la fe; id a la gente que vive debajo de la Línea y para visitar sus provincias se pasa muchas veces la Equinoccial; id ad gentem convulsam et dilaceratam, a una gente miserable, entregada a las manos de sus vicios, a quien destroncan sus pasiones; ad gentem expectantem, a las naciones que aguardan nuestro socorro." ¿Quién, según esto, no ejecutará el orden de Dios que intima su profeta? ¿A quién no enternecerán los suspiros de la gente que aguarda? ¿Quién, si tiene celo de la gloria Divina, consentirá que el Demonio cause tan miserable destrozo en las almas? ¿Quién no apresurará los vuelos como ángel, que para socorrer a la gente que vive debajo de la Línea quiere Dios que sean veloces los pasos: ite, angeli veloces?Y para que no haya rémoras que retarden los de los ministros, todo lo hace fácil Dios, porque los infieles están aguardando abiertas las puertas para recibirlos; la embarcación del río los convida con su facilidad, las aguas con su pescado, la tierra con sus regalos y el temple con su apacibilidad. Y pues Dios con tanto afecto exhorta a esta misión, confío en su Divina Magestad que han de venir infinitos misioneros que saquen de la sombra de la muerte estas almas y las lleven al cielo, haciendo oficio de ángeles.
contexto
Que hizo el General, y los Pilotos Anton Páblos y Hernando Lamero, En el batel Nuestra Señora de Guia. Por el Golfo De La Sanctisima-Trenidad En el nombre de Dios Nuestro Señor y de su Madre Sancta Maria Señora Nuestra, Pedro Sarmiento salió en el batel de la Almiranta, llevando consigo á Anton Páblos, Piloto de la Capitana, y á Hernando Lamero, Piloto-Mayor de la Almiranta, y diez Marineros y Soldados con arcabuces y rodelas y espadas y comida para cuatro dias, del Puerto de Nuestra Señora del Rosario miércoles veinte y cinco de Noviembre de 1579 á las diez horas del dia, para descubrir las Canales que parecían por no poner en peligro los Navíos, y para dalles Puerto seguro y descubrir el Estrecho. Saliendo de los Arrecifes del Puerto del Rosario fuimos por el Golfo adentro arrimados á la Costa de la mano derecha, la qual está arrumbada por la forma siguiente. Desde el Puerto del Rosario demora una Punta que llamamos la Candelaria tres quartos de legua de Lesteoeste quarta de Nordeste -sudueste, y en medio desta distancia hai un Ancon que entra por la tierra adentro Noroeste-sueste quarta de Norte-sur. Tiene á la boca veinte y tres Isléos, y hace dos bocas grandes; y aunque hai otros, no cuelan. Desde la Punta de la Candelaria vuelve la Costa al Leste quarta al Sueste como quinientos pasos, y al cabo hace un Puerto grande que tiene la entrada de Norte-sur. Hanse de arrimar á la Costa del Noroeste, que hai veinte brazas de fondo limpio, y vuelve el Puerto sobre la quarta del Sudueste. Es tierra amogotada y alta á la redonda; tiene un morro alto de la banda al Sur de frente de la Punta. Llaméle Puerto del Morro. Desde el Puerto, ó Surgidero del morro vuelve la Costa al Lesueste un tercio de legua hasta un morro gordo. Del morro gordo vuelve la Costa al Sueste un sextno de legua. Desde allí vuelve la Costa al Sueste quarta al Sur dos leguas hasta un monte agudo que llamamos Pan-de-Azucar, y en medio desta distancia hai un Ancon que entra Nornordeste-susudueste. Desde el Pan-de-Azucar vuelve la Costa al Sur media legua hasta un morro redondo, y en medio está un Ancon que entra la vuelta de Sudueste. Llamóse el Ancon del Sudueste. Tiene á la boca veinte y dos brazas, caxcajal: puédese surgir junto á una Isleta redonda á la banda del Noroeste della, que está acopada de árboles. Es menester aforrar quatro ó cinco brazas de cable: y á la entrada deste brazo sobre la mano derecha está una caldereta de mar muerto donde puede estar un Navío surto á quatro amarras, la proa en tierra. En este brazo embió Pedro Sarmiento á Lamero á un monte alto á descubrir las Canales, y desde lo alto descubrió gran número de islas chicas y grandes, y Canales; y el Piloto Anton Páblos guió a la Caldereta, adonde por ser ya noche hicimos dormida, y llamamos la Dormida-de-Anton-Páblos. Aquí se tomó Posesion en Nombre de Su Magestad y se puso Cruz en un árbol. Aquí hallamos alojamiento y comedero de gente de la tierra. Desde la Punta del Brazo del Sudueste vuelve la Costa al Sur quarta al Sueste hasta un morro alto y pelado una legua, y la boca del Ancon del Sudueste demora con la boca del Brazo del Norte Norte-sur quarta de Nordeste-sudueste. Salimos de la caldereta Juéves 26 de Noviembre y fuimos a reconocer la Canal-Grande, y caminamos al Leste la vuelta de unas Isletas, que están media legua de la Caldereta (digo de la boca del Brazo del Sudueste): y la Canal-Madre se corre Nornoroeste-sueste, y en medio della sondamos, y con ciento veinte brazas no se tomó fondo: y en la Canal que está entre las Isletas hai quarenta brazas de fondo arena, y cerquita de las Isletas hai veinte y tres brazas, y rnui junto á las Isletas hai quince brazas. El fondo no es limpio. Al Leste media legua entre las Isletas se tomó fondo 15. brazas: Comedero. Aforra el cable, y puedes surgirá necesidad de una Isletilla destas la de mas al Leste. A la tierra alta sale una restinga que corre Norte-sur. Parecen sobre agua tres puntas de Arrecifes della; y en la Canal, que está dos ahustes del Arrecife, hai quatro brazas de agua Norte-sur con el Arrecife. La salida es de Leste-oeste, y por la Canal de sotavento de la parte del Sur arrimado á la Isla por media canal hai doce brazas. Es roca. Desta Canal una legua al Leste en medio de la Canal-Madre está una Isleta, que llamamos la isla-de-En-medio; la qual demora con la boca de la entrada del Golfo-de-laTrenidad, que desde aquí se parece clara Noroeste-sueste quarta de Leste-oeste. Esta Isleta De-En-medio tiene Baxa sobre agua á la parte del Sudueste como un ahuste de distancia. Hai ocho brazas de fondo entre la Baxa y la isla. Puédese pasar por aquí arrimándose mas á la isla que á la Baxa. Desta Baxa sale una restinga Norte-sur con muchas hierbas, y en abrigándose del noroeste con la Isla un ahuste hai quince brazas, arena parda, blanca y negra gordilla. Desde esta Isleta De-En-medio está la Tierra-Grande de la mano derecha tres quartos de legua Nornoroeste-susueste á una Punta-Delgada, que se llamó así por serlo: y estando tanto adelante como la Punta-Delgada se cierra la Boca del Noroeste por donde entramos del mar bravo, y se descubre otro Golfo que prosigue desta mesma Canal-Madre, que corre á media Canal Nordeste-sueste y en él se descubrieron una andana de islas que se corren unas por otras noroeste-sueste quarta de Lesteoeste. De la Punta-Delgada á otra Punta, una legua Nordeste sudueste cuarta de norte-sur. En medio de la Canal en este parage está un Isléo redondo, y al Oeste deste Isléo están otros quatro; y en medio desta Canal hai quarenta brazas: cascajal, comedero y conchas. Aquí vimos páxaros en bandadas que hasta aquí no los habíamos visto: y llegados á los baxos hai veinte y quatro brazas: comedero. En esta distancia hai dos morros altos, y al Sueste del morro del Sur hai una Ensenadilla ó Anconadilla. Puédeste arrimar á la tierra sin miedo, porque no hai mas de lo que parece. Sondóse la primera vez en diez brazas medio cable de tierra; y un cable mas adelante hai treinta brazas un ahuste de tierra, estando Nornoroeste-susueste con el morro alto. Prois en tierra, porque va creciendo el fondo de golpe. Es cascajal. Desde esta Punta hai otra Punta Nordeste-sudueste quarta de Norte-sur tres leguas. Llamóse Punta del Brazo-Ancho; y para salir della han de gobernar al Susudueste: y en este camino y distancia hai dos grandes bocas de Canales; y aunque hai fondo en cincuenta, y treinta, y veinte brazas cerca de tierra, es sucio. Al Sur de la Punta del Brazo-Ancho cerca della hai quince brazas de buen fondo; y cable y medio, 34 brazas: cascajal. Es reparo, aunque acantilado, de mucho fondo. Desde la Punta del Brazo-Ancho parece otra Punta que fué nombrada la Galeotilla, por su figura que hace Nordeste-sudueste quarta de Norte-sur quatro leguas. Desde la Punta de la Galeotilla está otra Punta que llamamos Hocico de Caiman tres leguas Nordeste-sudueste quarta de Norte-sur: toma de la media partida. Una legua de Hocico de Caiman al Sudueste hai buen Surgidero 12 brazas, arena. Y al Norte de Hocico de Caiman hai un Puerto, razonable fondo, catorce brazas, y doce, y ocho, y siete brazas. Tiene esta Punta una Baxa cerca de tierra, que revienta la mar en ella. De Hocico de Caiman descubrimos otra Punta, media legua al Sudueste; y al Noroeste della hace un Puerto que tiene una Playa bermeja de arena, buen fondo de arena, siete y ocho y nueve brazas. Tiene entrada por el Nordeste entre una Isleta montosa y la Tierra-Grande de la mano derecha por quatro brazas de baxa mar; pero no te fies de entrar con Navío grande por allí, porque es angosta la entrada y sale mucho un placel de la Isleta montosa, y dentro está seguro de todos vientos. Aquí hicimos noche viérnes veinte y siete de Noviembre. Llamóse Puerto Bermejo de la Concepcion de Nuestra Señora. Desde este Puerto pareció un torno de mar escombrado. Esta mesma tarde que aquí saltamos en tierra, el Capitan tomó Posesion por Vuestra Magestad y sus Herederos y Subcesores, y puso Cruz alta en un árbol; y luego con dos Soldados y el Piloto Lamero subió la tierra adentro en una Loma alta á explorar la Canal y marcar los caminos de todas partes, y Abras de adelante, que así se hacía todas las veces que era posible, y nos era de mucho provecho para caminar adelante y para la precisa descripcion de la tierra. Y desde este alto descubrió Pedro Sarmiento toda la Canal Madre que iba la vuelta del Sudueste seis leguas hasta salir á la Mar brava, la qual vimos y juzgamos claramente, de que recibimos alegría, porque temían mucho que estábamos ensenados; y sobre esto había en la Almiranta algunas diferencias de gente grosera. Y otro brazo iba la vuelta del Oesnoroeste, que parecía partir la tierra donde estábamos. Solo Pedro Sarmiento se certificó ser la Mar la que parecía, que Piloto ni Marineros no se determinaban en ello. Y marcado y tanteado todo, nos volvimos á la dormida bien mojados y fatigados de un pedazo de montaña que atravesamos á la ida y á la vuelta, rnui cerrada. En esta Playa hallamos mucha huella de gente fresca y dos puñales, ó harpones de gueso con sus presas en las empuñaduras. Tiene este Puerto un arroyato grande de buena agua dulce, que sale á la mar deste Puerto. Y la salida y entrada deste Puerto no es la que arriba dixe para Naos, sinó por el Leste. Tiene una Canal por siete brazas: hanse de allegar mas á la Isla, porque si se allegan á la Tierra-Gránde hay poco fondo, ménos de tres brazas, y mas afuera 20 brazas buen fondo. Sábado siguiente 28 de Noviembre salimos deste Puerto-Bermejo, y siguiendo la costa de mano derecha como hasta allí habíamos hecho; y luego en saliendo descubrimos una Punta pequeña que demora con este Puerto Nordestesudueste tres leguas. Nombrámosla Punta de la Anunciada; y enmedio de este camino y distancia va una Canal y Brazo de una legua y media de boca, que va la vuelta del Oesnoroeste. Llamámosle el Brazo del Oeste, porque mas toma de la quarta sobre el Oeste; y va atravesando la tierra que parece pasar á la mar brava por aquella derrota. Atravesamos este Brazo, y llegamos á la Punta de la Anunciada, y allí marcamos la Costa y Abras que pudimos ver. Y porque se nos acababa la comida, y los Navíos quedaban en peligro por quedar con solo un batel que no podía acudir á ambos si les viniese alguna refriega á un tiempo, no pasamos mas adelante, y dimos la vuelta para sacallos de aquel Puerto que no era bueno, y trahellos á éste seguro que habíamos descubierto de la Concepcion de Nuestra Señora, para mejor poder despues desde allí descubrir mas adelante, porque por tierra de tan ásperos tiempos, como esta, y de no sabidos Puertos no conviene sacar los Navíos de un Puerto sin tener primero descubierto otro donde llevarlos por camino sondado y visto, siendo posible. Toda esta tierra, quanto podimos juzgar de una y de otra parte, es áspera y montosa cerca de la mar y los altos peladeros de peñascos y limos de herbazales fofos. Conocimos algunos árboles de los de España, Cipreses, Sabinas, Acebos, Arrayan, Carrascas; hierbas: Apio y Berros; y aunque estos árboles están verdes y mojados, arden bien, que son resinosos, especialmente la Sabina y Cipreses. La masa de la tierra, lo que vimos, no nos pareció bien cerca de la mar; porque no hai migajon de terrial, sinó de la demasiada humidad hai sobre las peñas un moho tan grueso y corpulento que es bastante á criar en sí y sustentar los árboles que se crian en aquellas montañas; y estos céspedes deste moho es esponjoso, que pisando sobre él se hunde pié y pierna, y algunas veces el hombre hasta la cinta: y hombre hubo que se hundió hasta los brazos, y por esta causa son trabajosísimas de andar estas montañas; y también por ser espesisímas, tanto que algunas veces nos era forzoso caminar por las puntas y copas de los árboles, y podíamos sustentar por estar los unos árboles con los otros fuertemente trabados y entretexidos, y teníamos esto por menos trabajoso que andar por el suelo: y qualquiera destos caunos era mortal, lo qual hacíamos por escusar despeñaderos. Las aves marinas que vimos son patos negros, á que otros llaman cuervos-marinos, y otros pardos reales, grandes y chicos; gaviotas; rabos de-juncos, que así se llaman porque tienen en la cola sola una pluma mui larga y delgada encarnada, que quando vuelan parece aquella pluma un junco ó palo delgado; por lo qual los Españoles les pusieron este nombre quando se descubrieron las Indias. Rabi-horcados, que son como milanos, y tienen la cola partida; cuyo unto es mui medicinal; y viéronse una manera de patos pardos y bermejos sin pluma, que no vuelan, sinó á vuela pié corren, y por el agua no se pueden levantar sinó á vuela pié, dano con los alones á manera de remo. Huyen por el agua con mucha velocidad, y dexan un rastro por el agua como un batel cundo boga. Huyen tanto que un buen batel á la vela á popa no los alcanzara con buen viento. Hai en la montaña pasaros chicos negros como todos, y pardos como zorzales; cantores, buharros grandes, cernícalos y gavinales. Esto vimos, otras cosas debe haber; pero de paso y en poco tiempo no se puede ver mucho destas cosas. Debe de haber antas y venados: no los vimos, sinó el rastro y guesos grandes. Pescados no vimos sinó cabrillas coloradas, buen pexe; botes grandes. Marisco, vimos grandísima abundancia de mijillones, y en los que están en las peñas fuera del agua hai muchas perlas menudas, y muchas del las son pardas, y tambien las hai blancas, y en algunas partes hallamos tantas perlas en los mijillones, que nos pesaba porque no las podíamos comer, porque era como comer guijarrillos; porque quando ibamos á descubrir, mucho más deseábamos comer que riquezas, porque muchas veces nos faltaba, porque por aprovechar el tiempo, y por descubrir una punta y otra punta, tasábamos la comida de quatro dias para diez dias; y entónces procurábamos suplillo con marisco, y las perlas nos lo impedían. Aquí se veía bien en quan poco se estiman las riquezas que no son manjar quando hai hambre, y quan poco son de provecho, y quanto fueron mas cuerdos los antiguos que las riquezas que por tales estimaban eran ganados mansos y mieses cultivadas, por lo qual vinieron muchas Naciones Estrangeras á España. En este tiempo llueve mucho en esta tierra y vienta norte y noroeste y oeste tempestuosísimo; y quando quiere acabar la tempestad de norte y venir la travesía, graniza con gran refriega y hace frio intenso, y con el norte hace mas templado: y quando llueve todos los montes son una mar y todas las playas un rio que entra en el mar. Este dicho sábado 28. de Noviembre que llegamos á la Punta-de-la-Anunciada volvimos á hacer noche al Puerto- Bermejo: y este dia Anton Páblos subió á lo alto, que aún estaba incrédulo de que era la Mar la que parecía, siéndolo ciertamente. Desde Puerto-Bermejo partimos otro dia domingo para los Navíos y Puerto del Rosario; y porque la comida nos faltaba ya, y no podíamos ir á la vela, como á la venida, por ser el viento contrario, se animaron los Marineros, y con tanto ánimo bogaron que caminaron á fuerza de brazos tres dias otro tanto como habíamos navegado á la vela en otros tres dias. Pasaron y sufrieron todos mucho trabajo, porque tras poco comer, todos los dias había tempestad de viento y agua y se mojaban y calaban muchas veces, y se les enjugaba la ropa en el cuerpo porque no tenían que mudarse, porque no se sufría ni podía llevarse, porque ni convenía ni cabía en el batel mas que la gente y comidilla: y padecióse mucho frio que se tullia la gente, y para remedio no se tenía otro sinó remar con gran furia y fuerza; y el que no remaba pade- cía trabajo. Desto y con estos pasos plugó á Nuestro Señor Dios que llegamos al Puerto de Nuestra-Señora-del-Rosario mártes primero de Diciembre de 1579. años, habiendo an- dado de ida y vuelta mas de sesenta leguas descubriendo y sondando Puertos y Canales, Caletas, Ancones, Baxos, Res- tingas, puniéndoles nombres, y en derrota y altura: todo lo qual iba descubriendo, pintando y escribiendo el General en público ante los que allí iban, Anton Páblos y Hernando Lamero, Pilotos. La otra Costa del Leste no la navegamos esta vez; pero vímosla de manera que la pudimos marcar y arrumbar para ponella en Carta: y lo que della marcamos es lo siguiente. Desde la Punta de la Galeotilla en la otra Costa del Leste demora una Boca al Leste quarta al Sueste quatro leguas. Tiene de Abra una legua. Llamóse Canal de San-Andres. Desde la Canal de San-Andres torna la Costa al Norte dos leguas hasta otra Boca y Canal que entra por la tierra adentro la vuelta del Nordeste: yal Oeste della cerca en la Canal- Madre en medio della está un Isléo pequeño. De la Punta del Brazo-Ancho la vuelta del Sueste, quarta al Sur, está una Canal que llamamos Abra de Tres-Cerros, porque loS tiene ,grandes á la entrada. De la mesma Punta del Brazo-Ancho al Nordeste quarta al Leste (toma de la media partida dos leguas y media de travesía) demora el Brazo-Ancho: Tiene tres leguas de boca: entra la tierra dentro la vuelta del Nordeste hasta una Cordillera nevada grande y continuada de la Tierra-firme: y desde la Costa del Brazo-Ancho torna la Costa al Noroeste haciendo muchas islas y Canales que, no se pueden contar ni, en mucho tiempo. Aviso que aunque á la ida fuí puniendo la Costa del Oeste y mano derecha seguida, no es toda una Costa asida ni seguida, sinó la tierra es quebrada y horadada toda: y cada Canal hace gran número de Islas, y despedazan toda la tierra: y de la otra banda hace lo mesmo hasta la Cordillera nevada, la qual se parece desde el Rosario y por toda esta Canal-Madre. Y por esto Pedro Sarmiento nombró á esta tierra Arcipiélago del Virréi Don Francisco de Toledo, porque por su mandado se hizo esta Armada y la embió á descubrir estas Tierras. E llegados que fuimos al Puerto de Nuestra Señora del Rosario, y se dió parte á los Compañeros que habían quedado en los Navíos de la bondad de la Gran Canal, y como salía al Mar bravo, y el buen Puerto que se dexaba descubierto. Regocijándonse mucho porque de todo lo dicho estaban desconfiados, y sobre todos el Almirante, y aun mas el Sargento-Mayor Pascual Xuarez, que era el que acobardaba a todos en este punto, diciendo que estábamos ensenados y que no era posible sinó que nos habíamos de perder; pero con esta llegada todos se quietaron, y alegraron aquellos que deseaban ir adelante, Porque los que deseaban volverse decían que el General los engañaba por llevallos adelante, y que si Él se quería ahogar, Ellos no estaban desesperados, y se querían volver á Chile. Miércoles siguiente 2 de Diciembre embió Pedro Sarmiento al Piloto Hernando Alonso con ambos bateles esquipados á echar resiegas para buscar y sacar las anclas perdidas en el Puerto-Primero, que hasta este dia no había sido posible hacerse por no haber estado los bateles juntos; mas aunque anduvo hasta mediodía no las pudo hallar, y por esta causa no nos fuimos este dia á Puerto-Bermejo. Juéves 3. de Diciembre, ántes que amaneciese, vino tanto norte y nordeste que pensamos perecer sobre las amarras surtos; que aunque el Puerto era bueno, las refriegas de sobretierra, y lo que resultaba y desembocaba por el boqueron era cosa furiosísima: y la Almiranta quebró el cable del prois que tenía en tierra: y fue garrando sobre tierra y estuvo el corredor de popa sobre las peñas de la Costa, que milagrosamente Dios la guardó. Aferró el ancha que venía garrando, y con mucha diligencia se le embió el batel de la Capitana con un ancla y dos cables, con lo qual se volvió á amarrar y sacar de aquel trabajo y peligro. Y como el viento perseveraba en su furia, que cierto era grande, temió el Almirante, y no osó estar en el Navío, y desamparandolo como mal Capitan, se fué á tierra con algunos soldados y en tierra hizo un toldo, y allí se estuvo esa noche y dia siguiente viérnes. Este dia, como el viento no cesaba, ántes era mayor, reventó otro cable á la Almiranta que se cortó en una roca porque el fondo allí era sucio: y visto desde la Capitana el peligro de la Almiranta, Pedro Sarmiento fué allá, y llevó consigo al Piloto Hernando Alonso y Marineros, los quales ayudaron á amarrar y ancorar seguramente la Nao con el ayuda de Dios. Y echando ménos al Almirante, y sabiendo lo que había hecho, embió con el batel por Él y por los Soldados que con Él estaban, y reprehendióle con moderacion, porque no era tiempo de mas. Ningun descargo dió, sino su poca constancia, y los Soldados se escusaron con El, diciendo que Él los había llevado; y quedando segura la Nao se volvió Pedro Sarmiento á la Capitana. Y sábado 5. del mes llovió todo el dia tanto que los montes todos eran un diluvio general: y la obscuridad fué tanta que por cada cosa destas fué imposible salir este dia deste Puerto. Domingo 6. de Diciembre amaneció algo claro y bonanza, por lo qual nos levamos, y hicimos vela, y por refriegas que nos dieron no pudimos salir del Puerto, y así nos fué forzoso dar fondo y atoarnos para repararnos; y así no podimos salir este dia por ser tarde, y estuvimonos surtos á la boca de los Arrecifes para con la primera clara salir, porque aquí no hai seguridad de una sola hora sinó la que acaso viniere. De esa se ha de gozar súbitamente, so pena de no hacer nada y de estarse siempre aislados, ó perderse, que todo es quasi uno. El lúnes siguiente 7 del mes amaneció bonanza, y luego el Capitan mandó levarse y hacer vela. Salió primero la Almiranta porque estaba mas á la boca del Arrecife, y luego la Capitana. Fuimos á popa la vuelta del Sueste, que así se corre esta Canal. A las diez horas abrió el dia y hizo claro, y Pedro Sarmiento fue todo el dia en el castillo de popa con Aguja, volviendo á marcar y ratificar la Carta que en el Primer Descubriento había hecho: y como íbamos á media Canal y con dia claro y desde alto, pudo bien determinar ambas Costas é islas forañas, Baxas, y Arrecifes, y Bocas de Canales, y añadió algunas cosas que no pudo bien determinar el viage del batel, por nieblas y cerrazones que tuvo entonces; y así lo descubrio precisa y puntualmente todo lo que se pudo ver. En la Isla de En-medio tomó el General el altura en cincuenta grados y un tercio entre la Boca del Brazo-Ancho y la Isla de En-medio; y desde allí comenzamos á caminar por el Brazo del Sudueste, que se nombró el Brazo de la Concepcion, porque en su víspera lo navegamos; y á la oracion venimos á surgir á la boca del Puerto Bermejo de la banda del Sur, y por ser el fondo acantilado garraron las anclas y perdieron fondo; pero con la buena diligencia de los Pilotos y Marineros echaron toas dentro del Puerto, y por ellas nos fuimos atoando y metiendo dentro: y la Almiranta, yendo entrando, tocó en un banco de arena y dió dos golpes, pero no se hizo daño; y como iba aviada con la toa, salió. ¡Gloria á Dios que la libró! Luego esta mesma noche ventó norte, aunque no mucho, porque llovió pesadamente toda la noche, que es lo que quita mucha fuerza al viento. El mártes 8 del mes, dia de la Concepcion de Nuestra Señora la Madre de Dios sanctísima, amaneció tan cerrado por todas partes la Tierra y Mar y con tanta tempestad de agua y viento norte que no fué posible entender en cosa de navegacion, sinó estarnos quedos en las Naos, porque de ningun efecto era el trabajar sinó morir mala muerte sin provecho alguno. Llegados en este Puerto se determinó salir segunda vez a descubrir con el batel, y entre tanto que se iba á esto se hiciese el Bergantin que trahíamos labrado y abatido en la Capitana; y luego se sacó en la playa la madera y se armó la madera de cuento, y se armó la fragua, y se hicieron ramadas para poder trabajar, y se puso guarda de Soldados para que estuviese con los Oficiales. Y esto jisí dispuesto, determino Pedro Sarmiento salir á descubrir, dexando en su lugar al Almirante para que mirase por los Navíos y gente, y para acabar el Bergantin.
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Relación del tañer y cuántas vezes tañían en el templo entre noche y día, que era como tañer a las horas Todos los días del mundo ofrecían sangre y incienso al sol, luego en saliendo por la mañana. Ofrecíanle sangre de las orejas y sangre de codornizes, a las cuales arrancándolas la cabeça, corriendo sangre, las alçavan hazia el sol, como ofreciéndole aquella sangre. Y haziendo esto, dezían: "Ya ha salido el sol, que se llama Tonámetl Xiuhpiltontli Cuauhtleoánitl. No sabemos cómo cumplira su camino, ni sabemos si acontecerá algún infortunio a la gente". Y luego endereçavan sus palabras al mismo sol, diziendo: "Señor nuestro, haze prósperamente vuestro oficio". Esto se hazía cada día a la salida del sol. Ofrecíanle incienso cuatro vezes cada día y cinco vezes de noche: una vez a la salida del sol, otra vez a la hora de la tercia, otra vez a la hora del mediodía, la cuarta vez a la puesta del sol; de noche le ofrecían encienso: la primera vez cuando ya era bien de noche, la segunda vez cuando ya todos se querían echar a dormir, la tercera vez cuando començavan a tañer para levantarse a maitines, la cuarta vez un poco después de medianoche, la quinta vez un poco antes que rumpiesse el alva. Y cuando a la prima noche ofrecían incienso, saludavan a la noche diziendo: "El señor de la noche ya ha salido, que se llama Yoaltecutli; no sabemos cómo hará su oficio o su curso". La fiesta de este Yoaltecutli caía y se celebrava en el signo que se llama nahui ollin, a dozientos y tres días de la cuenta del tonalámatl. Cuatro días ayunavan ante de esta fiesta, y el mediodía de esta fiesta tocavan los caracoles y pitos y trompetas, etc. Y passavan mimbres por las lenguas, ofreciéndole aquella sangre, y hasta los niños que estavan en las cunas los sacavan sangre de las orejas para ofrecer, y todos chicos y grandes ofrecían sangre de las orejas en aquella hora. Esto hazían sin dezir nada, y hazíanlo delante la imagen del sol, que estava en un cu que se llamava Cuauhxicalco, pintada o esculpida como agora se pinta el sol, como una cara humana y con rayos que salen de ella como una rueda. Y en la fiesta del sol, siempre cada año, matavan muchos esclavos y captivos a su honra en sus cúes, y dezían que todos los que morían en la guerra ivan a la casa del sol a reposar. Relación de los exercicios o trabaxos que havía en el templo Un sátrapa de los del templo tenía cuidado de doctrinar y enseñar a los que trabaxavan y servían en el templo, los cuales doctrinados los entregava a los sacerdotes para que hiziessen sus oficios que havían deprendido. También éste los disciplinava para que biviessen bien y no fuessen traviesos. Este mismo tenía cargo de hazer barrer los lugares del templo a estos muchachos que criava. Este mismo tenía cuidado de velar en que no faltasse fuego en los fugones del templo. Ciertos mancebos que por su voto y devoción hazían penitencia en el templo tenían cargo de velar de noche para que ninguna cosa mala se hiziesse en el templo. Los muchachos medianos que se criavan en el monasterio, que se llamava calmécac, tenían cuidado de ir por la leña que se gastava en el templo, al monte. Los muchachos novicios en el monasterio tenían cargo de traer puntas de maguey, las que eran menester en el templo. Tenían cargo de traer ramos de laurel, los que eran necessarios para el templo, los mancebos que se llamavan tlamacazque, que bivían en el templo. Tenían cargo de tañer los caracoles y pitos y trompetas, los muchachos y mancebos que se criavan en el calmécac, que era monasterio. Tenían cargo los moçuelos pequeños que se criavan en el calmécac, que eran como sacristanejos, de hazer la tinta con que se teñían los sacerdotes del templo cada día, en amaneciendo, todo el cuerpo de negro; hazíanla en una canoa que para esto tenían. Hazían de noche esta tinta, y a la mañana se teñían con ella todos los sacerdotes o sátrapas.
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Portada de la "Relación en las fiestas organizadas por la ciudad de Sevilla a los mártires del Japón" de Ana Caro Mallen.
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Situación de la necrópolis respesto al poblado en Tiermes, Numancia y Uxaca.
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RELACIÓN HISTÓRICA DE LA VIDA Y APOSTÓLICAS TAREAS DEL V. P. FRAY JUNÍPERO SERRA De la Regular Observancia de N. S. P. S. Francisco de la Provincia de Mallorca; Doctor, y ex Catedrático de Prima de Sagrada Teología en la Universidad Lulliana de dicha Isla; Comisario del Santo Oficio en toda la Nueva España, e Islas adyacentes; Predicador Apostólico del Colegio de Misioneros Apostólicos de Propaganda Fide de San Fernando de México; Presidente y Fundador de las Misiones, y nuevos Establecimientos de la Nueva y Septentrional California y Monterrey. CAPITULO 1 Nacimiento, Patria y Padres del V. P. Junípero: Toma el santo hábito, y ejercicios que tuvo en la Provincia antes de pretender salir para la América El infatigable Operario de la Viña del Señor el V. P. Fr. Junípero Serra dio principio a su laboriosa vida el día 24 de Noviembre del año de 1713 naciendo a la una de la mañana en la Villa de Petra de la Isla de Mallorca: Fueron sus Padres Antonio Serra, y Margarita Ferrer, humildes Labradores, honrados, devotos, y de ejemplares costumbres. Como si tuvieran anticipada noticia de lo mucho que el hijo que les acababa de nacer se había de afanar a su tiempo para bautizar Gentiles, se afanaron los devotos Padres, para que se bautizase el mismo día que nació. Pusiéronle por nombre Miguel José, los que Conservó en la confirmación, que recibió el 26 de Mayo de 1715 en la misma Parroquia de dicha Villa en que había sido bautizado. Instruyéronlo los devotos Padres desde Niño en los rudimentos de la Fe, y en el Santo temor de Dios, inclinándolo desde luego que empezó a andar, a frecuentar la iglesia y Convento de San Bernardino, que en dicha Villa tiene aquella Santa Provincia, de cuyos Religiosos era el Padre muy querido: y en cuanto llevó al Niño Miguel al Convento, robó a todos el afecto. Aprendió en dicho Convento la Latinidad, de que salió perfectamente instruido, y al mismo tiempo se habilitó en el canto llano, por la costumbre que tenía el Religioso Maestro de Gramática, de llevar los días festivos a sus Discípulos al Coro a cantar con la Comunidad. De este santo ejercicio y devotas conversaciones que oía a sus devotos Padres, nacieron en su corazón muy temprano unos fervorosos deseos de tomar el santo hábito de N. S. P. San Francisco, sintiendo la falta de edad para ello. Conociendo sus devotos Padres la vocacion del Hijo, en cuanto tuvo edad lo llevaron a la Ciudad de Palma, Capital de aquel Reino, a fin de que se aplicase a los estudios mayores; y para que no olvidase la doctrina y buenas costumbres que desde Niño le habían enseñado, lo encomendaron a un devoto Sacerdote Beneficiado de la Catedral, quien viendo la aplicación del muchacho en el estudio de la Filosofía, que empezó a cursar en el Convento de N. P. S. Francisco, y la vocación de ser Religioso, lo enseñó a rezar el Oficio Divino, haciéndole rezar en su compañía, dejándole lo demás del tiempo para el estudio. A poco tiempo de estar en la Ciudad, que se le aumentaron los deseos de ser Religioso, se presentó a nuestro muy R. P. Fr. Antonio Perelló, Ministro Provincial que era segunda vez de dicha Provincia, pidiéndole el santo hábito. Dilatósele algún tiempo considerándolo muy muchacho; pero informado de que ya tenía edad cumplida, no obstante de pequeña estatura, y enfermizo, lo admitió y tomo el hábito en el Convento de Jesús extramuros de la Ciudad, el día 14 de Septiembre de 1730, siendo de edad de 16 años, nueve meses y veinte y un días. En el año del Noviciado aprovechó en el ejercicio de las virtudes, aplicándose a imponerse en todo lo perteneciente a nuestra Seráfica Regla, y preceptos en ella contenidos, para cuando llegase el tiempo de la Profesión tener perfecto conocimiento de lo mucho que había de prometer a Dios en la Profesión. Para animarse para ella leía en los Libros místicos y devotos las mayores cosas que Dios, y N. S. P. S. Francisco nos prometen, si guardamos lo que en la Profesión prometemos. Los Libros que más leía y que le llevaban la atención, eran las Crónicas de Ntrâ. Seráfica Religión regocijándose en la vida de tantos Santos y Venerables como en ellas se cuentan, leyendo sus Vidas con tanta atención y ternura, que parecía le habían quedado impresas en su memoria, de modo que refería la Vida y ejemplares hechos de cualquiera de ellos, como si los acabase de leer, quedando admirados cuantos lo oíamos hablar de este asunto, y de la Seráfica Historia; y cuando le llegaba noticia de la Beatificación de algún venerable se llenaba corazón de gozo, y refería su vida, como si la acabase de leer en la Crónica. De este devoto ejercicio de la leyenda de las vidas de los Santos le nacieron desde Novicio unos vivos deseos de imitarlos en cuanto le fuese posible, causando dicha leyenda lo mismo que causó en San Ignacio de Loyola: y lo que principalmente consiguió de dicha devota leyenda fue un gran deseo de imitar a los Santos y Venerables que se habían empleado en la conversión de las almas, principalmente de los Gentiles y Bárbaros, deseando imitarlos hasta en dar la vida y derramar su sangre como ellos lo habían practicado: así lo oí de boca de dicho mi venerado Padre, que hablándome de su llamamiento para dejar su Patria y venir a las Indias, me dijo con ternura de corazón y lágrimas en los ojos: "No ha sido otro el motivo, que revivir en mi corazón aquellos grandes deseos que tuve desde Novicio leyendo las Vidas de los Santos, los que se me habían amortiguado con la distracción de los estudios; pero demos muchas gracias a Dios que empieza a cumplir mis deseos, y pidámosle sea para mayor gloria suya, y conversión de las almas." Cumplido el año de la Aprobación profesó en dicho Convento de Jesús el día 15 de Septiembre de 1731, tomando el nombre de Junípero por la devoción que tenía a aquel Santo Compañero de N. S. P. S. Francisco, cuyas santas sencilleces, y gracias de la gracia celebraba y refería con devoción y ternura. Fue tanto el júbilo y alegría que le causó la Profesión, que en toda su vida no lo olvidó; sino que renovaba los Votos y Profesión todos los años, no sólo el día de la Profesión de N. S. P. S. Francisco, sino también siempre que asistía a la Profesión de algún Novicio. Y siempre que se acordaba del gozo que tuvo en su Profesión, y que hablaba de ella, prorrumpía en estas palabras: Venerunt mihi omnia bona pariter cum illa: Viniéronme por la Profesión todos los bienes: "Yo, decía, en el Noviciado estuve casi siempre enfermizo, y tan pequeño de cuerpo, que no alcanzaba al Facistol, ni podía ayudar a los Connovicios en los quehaceres precisos del Noviciado, por cuyo motivo sólo me empleaba el Padre Maestro en ayudar las Misas todas las mañanas; pero con la Profesión logré la salud y fuerzas, y conseguí el crecer hasta la estatura mediana; todo lo atribuyo a la Profesión, de la que doy infinitas gracias a Dios." En cuanto profesó nuestro Fr. Junípero lo mudó la obediencia al Convento principal de la Ciudad a estudiar los Cursos de Filosofía y Teología, y de tal manera aprovechó, que antes de ordenarse de Sacerdote, ni tener tiempo para ello, ya lo eligió la Provincia Lector de Filosofía para el mismo Convento, en donde leyó los tres años con grande aplauso, logrando tener más de sesenta Discípulos entre Religiosos y Seculares, que aunque no todos siguieron el Curso, los más prosiguieron los tres años, y lo concluyeron muchos de los Seculares borlados ya en dicha facultad, obteniendo por la Universidad Luliana el grado de Doctores. Antes del año de concluída la Filosofía, obtuvo el R. P. Lector Junípero el grado de Doctor de Sagrada Teología por la dicha Universidad, en la regentó la Cátedra de Prima del Subtil Maestro, hasta la salida de la Provincia, y en ella se desempeñó con grande fama de docto y profundo a satisfacción así de la Provincia, como de la Universidad, y en la dicha facultad sacó a muchos de sus Discípulos borlados de Doctores. Las precisas ocupaciones de la Cátedra literaria, no le impedían para emplearse en la del Espíritu Santo, encomendándole los Sermones Panegíricos de los principales asuntos, y grandes festividades; y siempre fue el desempeño, con aplauso de los hombres más doctos que lo oían. El último Panegírico que predicó fue encomendado de la Universidad, en la solemnísima Fiesta que el 25 de Enero celebra a su Patrón, y Compatriota el Iluminado Dr. el Beato Raimundo Lulio, a que asiste la Universidad formada, y los hombres más doctos de la Ciudad; y como S. R. pensaba sería el último (como lo fue en su Patria,) parece que echó el resto de su habilidad para crédito de la Provincia, dejando a todos admirados. Oí en cuanto acabó el Sermón a un jubilado ex Catedrático de mucha fama, de Cátedra y Púlpito, y nada apasionado al Predicador, esta expresión: digno es este Sermón de que se imprima con letras de oro. Pero estaba ya bien lejos de recibir tan honrosas expresiones, pues sólo pensaba cómo salir a emplear sus talentos en la conversión de los Gentiles, para lo que estaba entonces esperando por instantes la Patente, como luego veremos. No era menor el crédito en que estaba para Sermones Morales. Buscábanlo de las Villas más principales para que les fuese a predicar la Cuaresma, en lo que se ocupaba todos los años dejando sustituto para la Cátedra; y se iba por las Cuaresmas a emplear en la conversión de los pecadores, que con su fervoroso celo, grande habilidad, inventivas, y sonora voz con que Dios lo había dotado, despertaba a los pecadores del pesado sueño del pecado, y se convertían a Dios a pesar del mortal enemigo; quien claro lo dio a entender en la Villa de Selva. Predicaba la Cuaresma en dicha Villa el año de 1747, y estando en lo más fervoroso de uno de los Sermones, se levantó una Mujer del auditorio, que estaba obsesa (como después supo por el Señor Rector o Cura) y encarándose muy furiosa con el fervoroso Padre, llena de cólera dijo en alta voz que oyó el auditorio: Grita, grita, que por esto no acabarás la Cuaresma. Estuvo tan lejos de aflojar en el fervor de sus Sermones, ni de dar crédito al dicho del demonio, o de la mujer endemoniada, que antes bien creyó lo contrario; pues ofreciéndosele a S. R. el escribirme aquellos días, me puso esta: cláusula "Gracias a Dios gozo de salud, y espero así acabar la Cuaresma, porque el Padre de la mentira ha publicado que no la acabaré; y como no sabe decir verdad, espero concluirla sin novedad en la salud;" así sucedió, y regresado al Convento, preguntándole sobre dicha cláusula, me refirió lo que llevo expresado.