En la ciudad de la Ascensión (que es en el río del Paraguay, de la provincia del Río de la Plata, 3 días del mes de marzo, año del nascimiento de Nuestro Salvador Jesucristo de 1545 años, en presencia de mí, el escribano público, y testigos de yuso escrito, estando dentro de la iglesia y monasterio de Nuestra Señora de la Merced, de rendención de captivos, paresció presente el capitán Hernando de Ribera, conquistados en esta provincia, y dijo: Que por cuanto al tiempo que el señor Alvar Núñez Cabeza de Vaca, gobernador y adelantado y capitán general de esta provincia del Río de la Plata por Su Majestad, estando en el puerto de los Reyes por donde la entró a descubrir en el año pasado de 1543, le envió y fue por su mandado con un bergantín y cierta gente a descubrir por un río arriba que llaman Igatu, que es un brazo de dos ríos muy grandes, caudalosos, el uno de los cuales se llama Yacarcati y el otro Yaiva, según que por relación de los indios naturales vienen por entre las poblaciones de la tierra adentro; y que habiendo llegado a los pueblos de los indios que se llaman los xarayes, por la relación que de ello hobo, dejando el bergantín en el puerto a buen recaudo, se entró con cuarenta hombres por la tierra adentro a la ver y descubrir por vista de ojos. E yendo caminando por muchos pueblos de indios, hobo y tomó de los indios naturales de los dichos pueblos y de otros que de más lejos le vinieron a ver y hablar larga y copiosa relación, la cual él examinó y procuró examinar y particularizar para saber de ellos la verdad, como hombre que sabe la lengua cario, por cuya interpretación y declaración comunicó y platicó con las dichas generaciones y se informó de la dicha tierra; y porque al dicho tiempo él llevó en su compañía a Juan Valderas, escribano de Su Majestad, el cual escribió y asentó algunas cosas del dicho descubrimiento; pero que la verdad de las cosas, riquezas y poblaciones y diversidades de gentes de la dicha tierra no las quiso decir al dicho Juan Valderas para que las asentase por su mano en la dicha relación, ni clara y abiertamente las supo ni entendió, ni él las ha dicho ni declarado, porque al dicho tiempo fue y era su intención de las comunicar y decir al dicho señor gobernador, para que luego entrase personalmente a conquistar la tierra, porque así convenía al servicio de Dios y de Su Majestad; y que habiendo entrado por la tierra ciertas jornadas, por carta y mandamiento del señor gobernador se volvió al puerto de los Reyes y a causa de hallarle enfermo a él y a toda la gente no tuvo lugar de le poder informar del descubrimiento, y darle la relación que de los naturales había habido; y dende a pocos días, constreñido por necesidad de la enfermedad, por que la gente no se le muriese se vino a esta ciudad y puerto de la Ascensión, en la cual, estando enfermo, dende a pocos días que fue llegado, los oficiales de Su Majestad le prendieron (como es a todos notorio), por manera qne no le pudo manifestar la relación; y porque agora al presente los oficiales de Su Majestad van con el señor gobernador a los reinos de España, y porque podría ser que en el entretanto a él le suscediese algún caso de muerte o ausencia, o ir a otras partes donde no pudiese ser habido , por donde se perdiese la relación y avisos de la entrada y descubrimiento, que Su Majestad sería muy deservido, y al señor gobernador le vernía mucho daño y pérdida, todo lo cual sería a su culpa y cargo; por tanto, y por el descargo de su conciencia, y por cumplir con el servicio de Dios y de Su Majestad, y del señor gobernador en su nombre, ahora ante mí el escribano quiere hacer y hacía relación del dicho su descubrimiento para dar aviso a Su Majestad de él y de la información y relación que hobo de los indios naturales, y que podía y requería a mí el dicho escribano la tomase y recibiese, la cual dicha relación hizo en la forma siguiente: Dijo y declaró el dicho capitán Hernando de Ribera que a 20 días del mes de diciembre del año pasado de 1543 años partió del puerto de los Reyes en el bergantín nombrado el Golondrino, con cincuenta y dos hombres, por mandado del señor gobernador, y fue navegando por el río del Igatu, que es brazo de los dichos dos ríos Yacareati y Yaiva; este brazo es muy grande y caudaloso, y a las seis jornadas entró en la madre de estos dos ríos, según relación de los indios naturales por do fue tocando; estos dos ríos señalaron que vienen por la tierra adentro, y este río que se dice Yaiva, debe proceder de las sierras de Santa Marta; es río muy grande y poderoso, mayor que el río Yacareati; del cual, según las señales que los indios dan, viene de las sierras del Perú, y entre el un río y el otro hay gran distancia de tierra y pueblos de infinitas gentes, según los naturales dijeron, y vienen a juntarse estos dos ríos Yaiva y Yacareati en tierra de los indios que se dicen perobazaes, y allí se toman a dividir y a setenta leguas el río abajo se tornan a juntar y habiendo navegado diecisiete jornadas por el dicho río pasó por tierra de los indios perobazaes, y llegó a otra tierra que se llaman los indios xarayes, gentes labradores de grandes mantenimientos y criadores de patos y gallinas y otras aves, pesquerías y cazas; gente de razón, y obedescen a su principal. Llegado a esta generación de los indios xarayes, estando en un pueblo de ellos de hasta mil casas, adonde su principal se llama Camire, el cual le hizo buen recebimiento, del cual se informó de las poblaciones de la tierra adentro; y por la relación que aquí le dieron, dejando el bergantín con doce hombres de guarda y con una guía que llevó de los dichos xarayes, pasó adelante y caminó tres jornadas hasta llegar a los pueblos y tierra de una generación de indios que se dicen urtueses, la cual es buena gente y labradores, a la manera de los xarayes; y de aquí fue caminando por tierra toda poblada, hasta ponerse en 15 grados menos dos tercios, yendo la vía del Oeste. Estando en estos pueblos de los urtueses y aburuñes, vinieron allí otros muchos indios principales de otros pueblos más adentro comareanos a hablar con él y traelle plumas, a manera de las del Perú,, y planchas de metal chafalonia, de los cuales se informó, y tuvo plática y aviso de cada uno particularmente de las poblaciones y gentes de adelante; a los dichos indios, en conformidad, sin discrepar, le dijeron que a diez jornadas de allí, a la banda del Oesnorueste, habitaban y tenían muy grandes pueblos unas mujeres que tenían mucho metal blanco y amarillo, y que los asientos y servicios de sus casas eran todos del dicho metal y tenían por su principal una,mujer de la misma generación, y que es gente de guerra y temida de la generación de los indios; y que antes de llegar a la generación de las dichas mujeres estaba una generación de los indios (que es gente muy pequeña), con los cuales, y con la generación de éstos que le informaron, pelean las dichas mujeres y les hacen guerra, y que en cierto tiempo del año se juntan con estos indios comarcanos y tienen con ellos su comunicación carnal; y si las que quedan preñadas paren hijas, tiénenselas consigo, y los hijos los crían hasta que dejan de mamar, y los envían a sus padres; y de aquella parte de los pueblos de las dichas mujeres habían muy grandes poblaciones y gente de indios que confinan con las dichas mujeres, que lo habían dicho sin preguntárselo; a lo que le señalaron, está parte de un lago de agua muy grande, que los indios nombraron la casa del Sol; dicen que allí se encierra el Sol; por manera que entre las espaldas de Santa Marta y el dicho lago habitan las dichas mujeres, a la banda del Oesnorueste; y que delante de las poblaciones que están pasados los pueblos de las mujeres hay otras muy grandes poblaciones de gentes, los cuales son negros, y a lo que señalaron, tienen barbas como aguileñas, a manera de moros. Fueron preguntados cómo sabían que eran negros. Dijeron que porque los habían visto sus padres y se lo decían otras generaciones comarcanas a la dicha tierra, y que eran gente que andaban vestidos, y las casas y pueblos los tienen de piedra y tierra, y son muy grandes, y que es gente que poseen mucho metal blanco y amarillo, en tanta cantidad, que no se sirven con otras cosas en sus casas de vasijas y ollas y tinajas muy grandes y todo lo demás; y preguntó a los dichos indios a qué parte demoraban los pueblos y habitación de la dicha gente negra, y señalaron que demoraban al Norueste, y que si querían ir allá en quince jornadas llegarían a las poblaciones vecinas y comarcanas a los pueblos de los dichos negros; y a lo que le paresce, según y la parte donde señaló, los dichos pueblos están en 12 grados a la banda del Norueste, entre las sierras de Santa Marta y del Marañón, y que es gente guerrera y pelean con arcos y flechas; ansimismo señalaron los dichos indios que del Oesnorueste hasta el Norueste, cuarta al Norte, hay otras muchas poblaciones y muy grandes de indios; hay pueblos tan grandes, que en un día no pueden atravesar de un cabo a otro, y que toda es gente que posee mucho metal blanco y amarillo, y con ello se sirven en sus casas, y que toda es gente vestida; y para ir allí podían ir muy presto, y todo por tierra muy poblada. Y que asimismo por la banda del Oeste había un lago de agua muy grande, y que no se parescía tierra de la una banda a la otra; y a la ribera del dicho lago había muy grandes poblaciones, que tenían las casas de tierra y que era buena gente, vestida y muy rica, y que tenían mucho metal y criaban mucho ganado de ovejas muy grandes, con las cuales se sirven en sus rozas y labranzas, y las,cargas, y les preguntó si las dichas poblaciones de los dichos indios si estaban muy lejos; y que le respondieron que hasta ir ellos era toda tierra poblada de muchas gentes, y que en poco tiempo podía llegar a ellas, y entre las dichas poblaciones hay otra gente de cristianos, y había grandes desiertos de arenales y no había agua. Fueron preguntados cómo sabían que había cristianos de aquella banda de las dichas poblaciones, y dijeron que en los tiempos pasados los indios comarcanos de las dichas poblaciones habían oído decir a los naturales de los dichos pueblos que, yendo los de su generación por los dichos desiertos, habían visto venir mucha gente vestida, blanca, con barbas, y traían unos animales (según señalaron eran caballos), diciendo que venían en ellos caballeros, y que a causa de no haber agua los habían visto volver, y que se habían muerto muchos de ellos; y que los indios de las dichas poblaciones creían que venía la dicha gente de aquella banda de los desiertos; y que asimismo le señalaron que a la banda del Oeste, cuarta al Sudeste, había muy grandes montañas y despoblado, y que los indios lo habían probado a pasar, por la noticia que de ello tenían que había gentes de aquella banda, y que no habían podido pasar, porque se morían de hambre y sed. Fueron preguntados cómo sabían los susodichos. Dijeron que entre todos los indios de toda esta tierra se comunicaban y sabían que era muy cierto, porque habían visto y comunicado con ellos, y que habían visto los dichos cristianos y caballos que venían por los dichos desiertos, y que a la caída de las dichas tierras, a la parte del Sudueste, había muy grandes poblaciones y gente rica de mucho metal, y que los indios que decían lo susodicho decían que tenían ansimesmo noticia que en la otra banda en el agua salada, andaban navíos muy grandes. Fue preguntado si en las dichas poblaciones hay entre las gentes de ellos principales hombres que los mandan. Dijeron que cada generación y población tiene solamente uno de la mesma generación, a quien todos obedescen; declaró que para saber la verdad de los dichos indios y saber si discrepaban en su declaración en todo un día y una noche a cada uno por sí les preguntó por diversas vías la dicha declaración; en la cual, tornándola a decir y declarar sin variar ni discrepar, se conformaron. La cual relación de suso contenida el capitán Hernando de Ribera dijo y declaró haberle tomado y rescebido con toda claridad y fidelidad y lealtad, y sin engaño, fraude ni cautela; y porque a la dicha su relación se pueda dar y de toda fe y crédito, y no se pueda poner ni ponga ninguna duda en ello ni en parte de ello, dijo que juraba, y juró por Dios y por Santa María y por las palabras de los santos cuatro Evangelios, donde corporalmente puso su mano derecha en un libro misal, que al presente en sus manos tenía el reverendo padre Francisco González de Paniagua, abierto por parte do estaban escritos los santos Evangelios, y por la señal de la cruz, a tal como esta t, donde asimismo puso su mano derecha, que la relación, según de la forma y manera que la tiene dicha y declarada y de suso se contiene, le fue dada dicha y denunciada y declarada por los dichos indios principales de la dicha tierra y de otros hombres ancianos, a los cuales con toda diligencia examinó e interrogó, para saber de ellos verdad y claridad de las cosas de la tierra adentro; y que habida la dicha relación, asimismo le vinieron a ver otros indios de otros pueblos, principalmente de un pueblo muy grande que se dice Uretabere, y de una jornada de él se volvió; que de todos los dichos indios asimismo tomó aviso, y que todos se conformaron con la dicha relación clara y abiertamente; y so cargo del dicho juramento, declaró que en ello ni en parte de ello no hobo ni hay cosa ninguna acrescentada ni fingida, salvo solamente la verdad de todo lo que le fue dicho e informado sin fraude ni cautela. Otrosí dijo y declaró que le informaron los dichos indios que el río de Yacareati tiene un salto que hace unas grandes sierras, y que lo que dicho tiene es la verdad; y que si ansí es, Dios le ayude, y si es al contrario, Dios se lo demande mal y caramente en este mundo al cuerpo, y en el otro al ánima, donde más ha de durar. A la confisión del dicho juramento dijo: "Si juro, amén", y pidió y requirió a mí el dicho escribano se lo diese así por fe y testimonio al dicho señor gobernador, para en guarda de su derecho, siendo presentes por testigos el dicho reverendo padre Paniagua, Sebastián de Valdivieso, camarero del dicho señor gobernador, y Gaspar, de Hortigosa, y Juan de Hoces, vecinos de la ciudad de Córdoba, los cuales todos lo firmaron así de sus nombres.-Francisco González Paniagua.--Sebastián de Valdivieso--Juan de Hoces. Hernando de Ribera.--Gaspar de Hortigosa.--Pasé ante mí, Pero Hernández, escribano.
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Relación de la sangre que se derramava a honra del demonio, en el templo y fuera Derramavan sangre en los cúes de día y de noche, matando hombres y mugeres en los cúes delante de las estatuas de los demonios, como arriba queda dicho en muchos lugares. Derramavan también sangre delante de los demonios por su devoción en días señalados, y hazían de esta manera: si querían derramar sangre de la lengua passávanla con una punta de navaja y por el agujero que hazían passavan muchas pajas gruesas de heno, según la devoción de cada uno; algunos atávanlas unas con las otras y tirávanlas como quien tira un cordel, passándolas por el agujero de la lengua; otros, cada uno por sí, sacavan cantidad de ellas y dexávanlas allí, ensangrentadas, delante del demonio o en los caminos o en los calpulcos. Lo mismo hazían de los braços y de las piernas. Derramavan también sangre los sátrapas fuera de los cúes, por essas montañas o cuevas, por su devoción de noche. Hazían de esta manera: que tomavan cañas verdes y puntas de maguey, y después de haverlas ensangrentado con la sangre que sacavan de sus piernas de cabe las espinillas, ivan de noche desnudos a los montes donde tenían devoción, y ansí ensangrentadas las dexavan allí sobre un lechuelo de hojas de cañas que les hazían. Y esto hazían en cuatro o cinco partes, según la devoción de cada uno. Derramavan también sangre los hombres cinco días antes que llegasse la fiesta principal que se hazía de veinte en veinte días por su devoción. Hazían unas cortaduras en las orejas de donde sacavan sangre, y con aquella sangre untavan los rostros, haziendo unas rayas de sangre por ellos. Las mugeres hazían como un corro y los hombres hazían una raya derecha desde la ceja hasta la quixada. Las mugeres tenían devoción también de ofrecer esta sangre por espacio de ochenta días; cortávanse de tres en tres días, o de cuatro en cuatro días, todo este tiempo. Ofrecían también sangre de aves delante de los demonios por su devoción, especialmente delante de Uitzilopuchtli; y en sus fiestas compravan codornizes vivas y arrancavan las cabeças delante del diablo, y la sangre derramávase allí y el cuerpo arrojávanle en tierra, y allí andava reboleando hasta que se moría; unos descabesçavan una, otros dos, otros tres, según su devoción. Cuando matavan algún esclavo o captivo, el dueño de él coxía la sangre en una xícara y echava un papel blanco dentro, y después iva por todas las estatuas de los diablos y untávales la boca con el papel ensangrentado. Otros mojavan un palo en la sangre y tocavan la boca de la estatua con la misma sangre. Relación de otros servicios que se hazía a los demonios en el templo y fuera Los que se escapavan de alguna enfermedad por consejo de algún astrólogo escogían algún día bien afortunado, y en este día, dentro de su casa, quemava en el hogar de su casa muchos papeles en que el astrólogo havía pintado con ulli las imágines de aquellos dioses que se conjecturava que le havían ayudado para salir de la enfermedad. El astrólogo los dava al que ofrecía, diziéndole el dios que allí iva pintado, y el otro echava el papel en el fuego. Y después de quemados todos los papeles, tomavan la ceniza y enterrávanla en el patio de la casa; a esto llamavan nextlaoaliztli. Algunos por su devoción ofrecían sangre en los cúes en las vigilias de las fiestas, y para que su ofrenda fuesse más acepta ivan a buscar laurel silvestre, que ellos llaman acxóyatl, que se cría mucho por essos montes, y traído ensangrentavan con sangre de las piernas dos puntas de maguey en el calpulco, y de allí las llevavan al cu y hazían un lechuelo de los ramillos tiernos del laurel, y ponían sobre él las puntas de maguey ensangrentadas, ofreciéndolas aquel dios a quien tenían devoción; y a esto llamavan acxoyatemaliztli. Cuando havían de ir a alguna guerra, primero todos los soldados ivan por leña a las montañas, la que se gastava en los cúes, y hazían rimeros de ellas en los monesterios de los sátrapas, y de allí tomavan para gastarla, que se quemava mucha entre noche y día en los patios de los cúes, en unos fugones altos que para esto estavan hechos en los mismos patios. Y en los otros tiempos los ministros de los cúes y los que moravan en el calmécac tenían cargo de traer esta leña; a esto llamaban teucuauhquetzaliztli. También a honra de los dioses que tenían en sus casas tenían gran cuidado de barrer la casa y el patio y la portada cada día, luego de mañana. Y el señor o la señora de la casa tenían cargo de compeler a todos los de su casa para que hiziessen esto cada día. Y después de hecho esto, incensavan y ofrecían a las imágines que tenían en sus casas, y esto cada día; a esto llamavan tiachpanaliztli. Tenían gran vigilancia de noche los sátrapas y ministros de los cúes de velar para que no faltasse de arder el fuego en los fugones del patio, y para despertar a los que havían de tañer a las horas que havían de incensar y ofrecer delante de los ídolos; y a esto llamavan toçoaliztli. Tenían los populares por costumbre de hazer penitencia muchos días entre año; y esta penitencia era que se abstenían de xabonarse la cabeça y de los baños, y de dormir con muger y la muger con el hombre, los días que hazían esta penitencia, y no se abstenían de comer ni ayunavan; a esto llamavan neçaoaliztli. Relación de ciertas cerimonias que se hazía a honra del demonio Cuando hazían una fiesta que llamavan atamalcualiztli, que era de ocho en ocho años, unos indios que se llamaban maçatéca tragavan unas culebras vivas por valentía, y andavan bailando y tragándolas poco a poco, y después que les havían tragado, dávanles mantas por su valentía. También estos mismos tragavan unas ranas bibas en la misma fiesta. Otra cerimonia hazían en la fiesta de etzalcualiztli; los mancebos tomavan avecillas y atávanlas en unos ramos con hilos, y andavan con ellos en la processión de esta fiesta, y las aves andavan rebolando alrededor del ramo. Usavan también hazer procesión en muchas de sus fiestas, y traían en andas las imágines de los ídolos, algunas vezes alrededor de los cúes, y otras vezes por lugares más lexos, y acudía todo el pueblo a estas procesiones. También usavan bailar las mugeres juntamente con los hombres en las grandes fiestas. Hazían un juego los mancebos a honra de la diosa llamada Toci cuando matavan su imagen. Ponían un lebrillo con pluma y con greda y arremetían todos los mancebos, y tomavan cada uno un puñado de ello y echavan a huir unos tras otros. Y como havían tomado los mancebos la greda y la pluma, aquel mancebo que traía vestido el pellejo de la diosa Toci, con otros mancebos que estavan con él, echavan a correr tras los que havían tomado greda y ívanlos apedreando. Y la gente que mirava apedreava a los unos o a los otros, y algunos de ellos caían apedreados. Hazían una cerimonia a los niños y niñas tomándolos con las manos cabe las orejas y levantándoles en alto; esto hazían para que cresciesse, en la fiesta que se llamava izcalli, que se hazía a honra del fuego. Relación de otras cerimonias que también se hazían a honra del demonio Hazían una superstición para remediar los niños enfermiços, que los atavan al cuello unas cuerdas de algodón floxo, y colgávanle una pellita de copal en la cuerda que tenía al cuello. También les ponían unas cuerdas de lo mismo atadas a las muñecas y otras a la garganta de los pies; atávaselas algún astrólogo en signo particular, y traíalas el número de los días que le mandava el astrólogo, y después el mismo astrólogo se las quitava y las quemava en el calpulco. Esto hazían cuatro vezes por la salud de los niños. Usavan otra superstición, que se emplumavan el pecho y las espaldas, en la parte contraria del pecho con pluma de diversas colores, y en las muñecas ponían unas plumas como axorcas, una blanca, otra amarilla y otra colorada, y en las gargantas de los pies hazían lo mismo. Esta pluma pegava con resina de pino que llaman ocótzotl. Esto hazían en la fiesta de teutleco, porque no les hiziessen mal el dios Acolmiztli. Esta cerimonia que aquí se dize o superstición pilquixtiliztli se hazía de cuatro en cuatro años en la fiesta de izcalli. Este espectáculo de tlauauanaliztli se hazía en la fiesta de tlacaxipeoaliztli; allí está a la larga escripto. Esto teupan onoliztli está dicho en la fiesta de etzalcualiztli. Esta superstición o cerimonia çacapan nemanaliztli se puso en la fiesta de tlacaxipeoaliztli. Esta cerimonia tlazcazitiliztli hazían a reverencia del sol y a reverencia del fuego cuando alguno acabava su casa nueva o cuando reinava el signo del sol, que sacavan sangre de las orejas y la rescebían en la uña del dedo que está cabe el pulgar o en el de medio, y lo arrojavan hazia el fuego como quien da papirote, y también hazia el sol de la misma manera; esto llamavan tlazcaltiliztli. Esto tlatzmolintemaliztli ya queda dicho atrás, que es lo mismo de acxoyatemaliztli. Esta cerimonia neçacapechtemaliztli hazían cuando passavan delante de algún ídolo; arrancavan una manada de heno y esparzíanla delante de la imagen del ídolo, haziendo reverencia o acatamiento. Esta misma cerimonia hazían otras vezes por vía de voto o cerimonia. Todas las noches, un poco antes de la medianoche, los ministros de los ídolos que tenían cargo de esto tlatlapitzaliztli tocavan los caracoles y trompetas y cornetas, y luego se levantavan todos a ofrecer sangre y encienso a los ídolos en los cúes y en todas las casas particulares. En llegando la medianoche, los ministros que llamavan cuacuacuiltin tañían los atabales para que despertassen, y los que no despertavan aquella hora castigávanlos, echando sobre ellos agua o rescoldo del fuego. Agujerávanse las orejas para poner orejeras, y también los beços para poner los beçotes. Esto hazían a honra del diablo; y llamávanlo nenacazxapotlaliztli y netenxapotlaliztli.
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INTRODUCCIÓN El siglo XVI es un tiempo de agudos contrastes. Gentes e ideas de muy diversa condición se entremezclan por los cuatro rumbos del planeta dando lugar a desconcertantes situaciones rayanas con los dominios de la fantasía. El modo de vida acuñado en Europa a lo largo de más de mil años, producto singular de una dilatada secuencia de acontecimientos históricos, alcanza su mayor difusión a bordo de los navíos de las potencias sureñas. Portugal y España, al amparo del arbitraje papal y de acuerdo con el tratado de Tordesillas, han dividido la tierra en áreas de influencia y se aprestan a tomar posesión de lo que les pertenece. Sin embargo, ni las bulas de Alejandro VI --Inter caetera y Eximiae devotionis, de mayo de 1493--, ni las negociaciones de los diplomáticos de Juan II y de los Reyes Católicos, son factores determinantes del incontenible proceso de expansión colonialista. Ya en la Edad Media se habían fundado numerosas comunidades cristianas entre Bizancio y China, y el estridente movimiento económico y religioso conocido bajo el nombre de las Cruzadas fue sólo la culminación de una tendencia mantenida tercamente desde la caída del Imperio romano de Occidente. Franceses, italianos y aragoneses habían sido los protagonistas de la penetración hacia Oriente, pero desde 1415 los portugueses pusieron pie firme en el norte de África, impulsando continuas expediciones por las costas y el interior del continente; treinta años después llegaron al Senegal, y en 1488 Bartolomé Díaz logró doblar el cabo de Buena Esperanza. La llegada de los europeos a América era cuestión de oportunidad. Mucho se ha especulado sobre los antecedentes del famoso viaje de Colón, los sueños de Enrique el Navegante, las cavilaciones de Toscanelli, las derrotas a poniente hasta las Azores, todo ello presagio de una empresa madura y necesaria: la ruta occidental. Europa, en fin, pues los ingleses, neerlandeses y franceses no eran ajenos a la fiebre nómada, desbordaba sus angostos límites lanzándose al conocimiento y conquista del orbe. Mas en la mente de los aventureros que surcaban ignorados horizontes reinaba la confusión, porque en lo tocante a su experiencia del medio natural tropezaban con extraordinarios accidentes geográficos, atravesaban océanos que eran todavía patrimonio de terribles y antiguas leyendas, veían animales y plantas ausentes del registro de la memoria y de los catálogos elaborados por los sabios; y en el plano moral, aquellos hombres vigorosos, implacables ante sus enemigos, se hallaban ofuscados preguntándose qué comportamiento resultaba adecuado en casos y circunstancias absolutamente nuevos, y cuál era el temple de los seres que habitaban el misterioso paisaje, y, por ende, el tratamiento que se merecían. Sobre la guía del Evangelio, cuya exégesis ocupaba las horas de los más venerables doctores, estaban las interpretaciones particulares impuestas por el azar, la extensa doctrina de las jerarquías eclesiásticas, los intereses encontrados de unos y otros --cuya dimensión material no desmerecía para nada de la espiritual--, la política general de la Corona, y, desde luego, el resquicio de la propia intuición de conquistadores o colonos, repletos a veces de esa fina sabiduría popular tan útil para salir con bien de los problemas complicados. De cualquier manera, la pericia acumulada a través del contacto con pueblos de infieles era magra e insatisfactoria para conducir los pasos de quienes irrumpían con celeridad en el espacio y en el aliento de decenas de culturas anónimas, cada una peculiar y distinta, con instituciones, costumbres, valores, realizaciones tangibles y creencias de un exotismo fuera de parangón. Era imprescindible poner orden en tal desconcierto, pensar y escribir una antropología original que contemplara el fenómeno de la diversidad, ajustar las leyes de la paz y de la guerra a los momentos sucesivos de la invasión de los diferentes territorios, discernir prontamente las posibles cualidades humanas de las poblaciones descubiertas o sojuzgadas, resolver infinitos rompecabezas sociales, políticos, teológicos, desde la calificación de los mestizos a la conveniencia de enseñar el Evangelio a los salvajes. Había que inventar o construir urgentemente una nueva visión del mundo, y eso mientras el mundo mismo era recorrido y entregaba sus secretos, imponiéndose con la fuerza de los hechos acabados e irreparables, obligando a modificar día a día sus tenues y huidizos confines ante la percepción y sensibilidad estrechas de las gentes recién salidas de las tinieblas medievales. Otras características, compañeras del arrojo y la codicia, adornaban a los intrépitos descubridores. Muchos habían guerreado fuera de su patria y mostraban interés por los usos insólitos que presenciaban, algunos habían cursado estudios en renombradas universidades de la época o eran doctos en los saberes de religión; la curiosidad y el afán de dar cuenta y razón de las cosas o los fenómenos era en ocasiones herencia legítima de los ideales renacentistas, enriquecidos en la Península Ibérica con la trascendental aportación de los pensadores musulmanes y judíos. No cabe duda de que un análisis pormenorizado de la mentalidad de esas personas, de los motivos que les impulsaron a abandonar su país de nacimiento para afrontar las inciertas peripecias de un viaje a lo desconocido, de la llave que explica sus ambiciones, su conducta y su abundante producción literaria, debería incluir la transformaciones sociales y económicas con que se abre la Edad Moderna, la importancia y las metas de la joven clase burguesa, el auge del mercantilismo, el rechazo de las relaciones de tipo feudal y los flamantes modelos de organización política, la humanización de las ciencias y las artes, los avances tecnológicos; es decir, un amplio panorama de la historia europea de los siglos precedentes. Pero no podemos aquí abordar tan compleja materia, ni siquiera espigar ciertos casos ejemplares entre los españoles que pasaron a América; basta para nuestro propósito actual advertir la dificultad de comprender la obra de los colonizadores y escritores del siglo XVI sin arrancar de los sucesos que tenían lugar en el lado oriental del Atlántico, y consignar, en última instancia, que de sus acciones se desprenden virtudes o defectos propios del tiempo que les había tocado vivir. Según veremos más adelante, de igual manera resulta ridículo censurar hoy a fray Diego de Landa por lo que se nos antoja un excesivo celo represor, como elevar sus indagaciones, plasmadas en la Relación de las cosas de Yucatán, a la categoría de portento único y excelso. Por lo demás, la colonización ibérica del continente americano, polifacética y cuajada de conflictos, posee en conjunto un nimbo peculiar, el que aflora desde la suma de los sueños personales de sus héroes; nobles y villanos, bachilleres y rufianes, hombres de milicia y oscuros funcionarios, santos y pecadores, todo el que avistaba por vez primera la borrosa silueta de las costas del Nuevo Mundo, todo el que disponía su hacienda para una jornada al corazón de la tierra misteriosa, era dueño de un proyecto de utopía, y este ansia de vivir lo fabuloso convirtió en iguales a Juan Zumárraga y Bartolomé de Las Casas, a Lope de Aguirre y Francisco Vázquez de Coronado, tiñendo de humanismo las hazañas y los crímenes de una empresa inconmensurable.
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Relación de las diferencias de ministros que servían a los dioses Este mexícatl teuhoatzin era como patriarca elegido por los dos sumus pontífices, el cual tenía cargo de otros sacerdotes menores que eran como obispos. Y tenía cargo de que todas las cosas concernientes al culto divino, en todos los pueblos y provincias, se hiziessen con toda diligencia y perfeción, según las leyes y costumbres de los antiguos pontífices y sacerdotes, mayormente en la criança de los mancebos que se criavan en los monesterios que se llamavan calmécac. Este disponía todas las cosas que havían de hazer en todas las provincias subjetas a México, tocantes a la cultura de los dioses. Tenía también cargo de castigar a todos los sacerdotes, de quien tenía cargo, si en algo pecavan. Los ornamentos de este sátrapa eran una xaqueta de tela y un incensario de los que ellos usavan, y una talega en que llevava copal para incensar. Havía otro coadjutor de éste que se llamava Uitznáoac teuhoatzin, que entendía en el mismo negocio. Havía otro coadjutor de los arriba dichos que se llamava tepan teuhoatzin, el cual en particular tenía cargo de la buena criança y del buen regimiento de los que se criavan en los monesterios, que se llamavan calmécac, por todas las provincias subjetas a México. Este Umetochtzin era como maestro de todos los cantores que tenían cargo de cantar en los cúes; tenía cuenta que todos viniessen a hazer sus oficios a los cúes. Hazían cierta cerimonia con el vino que llamavan teuuctli al tiempo que havían de hazer sus oficios. De esta cerimonia era el principal Pahtécatl; éste tenía cuidado de los vasos en que bevían los cantores, de traerlos, y darlos, y recogerlos y de henchirlos de aquel vino que llamavan teuuctli o macuiluctli. Y ponía dozientas y tres cañas, de las cuales sola una agujerada, y cuando las tomavan, el que acertava con aquella bevía el solo, y no más. Esto se hazía después del oficio de haver cantado. Este epcoacuacuiltzin tenía cargo de las fiestas del calendario y de todas las cerimonias que se havían de hazer en ellas, para que en nada huviesse falta; era como maestro de cerimonias. Este Molonco teuhoa tenía cargo de aprestar todas las cosas necessarias, como son papel y copal, etc., para cuando havían de sacrificar o ofrecer delante de los dioses en la fiesta de chicunauécali. Este Cinteutzin tenía el mismo cargo de aprestar todas las cosas necessarias para cuando se hazía la fiesta de Xilonen. Este Atempan teuhoatzin tenía cargo de proveer de plumas blancas como algodón que crían las aves junto a la carne, y otras cosas que eran necessarias para cuando se hazía la fiesta de la madre de los dioses. Y tenía cargo de juntar los mancebos, que se llamavan cuecuextéca, para que ayunassen en aquel barrio de Atenpan. Este tlapixcatzin era como chantre, que tenía cuidado de enseñar y regir y emendar el canto que se havía de cantar a honra de sus dioses en todas las fiestas. Este tzaputlateuhoatzin tenía cargo de aprestar todas las cosas necessarias para la fiesta de la diosa Tzapotlatena, como son papel, y copal, y ulli y una yerva olorosa con que inciensan a los ídolos. Este tecammateuhoa tenía cargo de aprestar las teas para hazer hachones, y también almagre y tinta, y cotaras y unas xaquetas y caracolitos mariscos, lo cual todo era necessario para la fiesta del dios del fuego. Este tezcatzóncatl tenía cargo de aprestar todo lo arriba dicho para cuando se hazía la fiesta del dios del vino, en el mes que se llamava tepeílhuitl. Este Umetochtli Yiauhqueme tenía cargo de aprestar todo lo arriba dicho para cuando se hazía la fiesta del dios del vino que se llamava Umetochtli, en el mes de tepeílhuitl. Este Umetochtli Tomíyauh tenía también cargo de aprestar todo lo arriba dicho para cuando se hazía la fiesta del dios del vino que se llamava Umetochtli Tomíyauh, en el mes arriba dicho. Este Acaloa Umetochtli tenía cargo de aprestar todo lo arriba dicho que era menester para la fiesta del dios Acalhoa Umetochtli. Este Cuatlapanqui Umetochtli tenía cargo de aprestar todo lo arriba dicho para la fiesta del dios del vino llamado Cuatlapanqui. Este Tlilhoa Umetochtli tenía cargo de aprestar todo lo arriba dicho para cuando se hazía la fiesta del dios del vino que se llamava Tlilhoa Umetochtli, en el mes de tepeílhuitl. Este Umetochtli Pahtécatl tenía cargo de procurar el vino que se llamava macuiluctli o teuuctli, lo cual se gastava en la fiesta de panquetzaliztli. Este Umetochtli Napatecutli tenía cargo de aprestar lo necessario para la fiesta de tepeílhuitl. Este Umetochtli Papáztac tenía cargo de aprestar el vino que se llamava tiçauctli, que se havía de gastar en la casa del señor y en la fiesta de toçoztli, donde bevían vino hombres y mugeres, y niños y niñas. Este Umetochtli tenía cargo de hazer lo mismo que arriba se dixo en la fiesta de atlcaoalo. Esta muger, que se llamava cioacuacuilli, tenía cargo de proveer de todo lo que se havía de ofrecer en la fiesta de la diosa Toci, como son flores y cañas de humo, y todo lo demás que ofrecían las mugeres en la fiesta de esta diosa Toci. Esta muger, llamada cioacuacuilli Iztaccíhoatl, tenía cargo en el cu llamado Atenchicalcan de los que barrían y de los que ponían fuego; y también los que hazían voto de hazer algún servicio en este cu a ella acudían. Este Ixcoçauhqui Tzonmolco teuhoa tenía cargo de hazer traer la leña que se havía de gastar en el monasterio que se llamava Tzonmolco Calmécac; traían esta leña los mancebos y poníanla en el monesterio ya dicho. Este tlaçolcuacuilli guardava el cu que se llamava Mecatlan; andava vestido con las vestiduras de los sacerdotes, como arriba se dixo, que era un xicolli o xaqueta, y un calabaço lleno de pícietl. Tenía gran cuidado en que ninguno entrasse ni se llegasse a este cu sino con gran reverencia, y que en él no huviesse ninguna suziedad. Y si alguno cerca de este cu se urinava, luego le prendían y le castigavan. Este Tecpantzinco teuhoa tenía cargo de guardar en el cu que se llamava Tecpantzinco, para que ninguna irreverencia allí se hiziesse, y procurava las ofrendas que se havían de hazer en este cu. Este epcoacuacuilli tepictoton tenía cargo de hazer y componer los cantares que de nuevo eran menester, ansí para los cúes como para las casas particulares. Este Ixtlilco teuhoa tenía cargo del cu de Ixtlilton y de procurar las ofrendas que ofrecían cuando los niños o niñas començaban a hablar, que los llevavan a este cu y hazían ciertas cerimonias cuando los niños nuevamente començaban a hablar. Este Atícpac teuhoatzin Xochipilli tenía cargo del cu que se llamava Atícpac y procurava lo que era necessario para cuando matavan allí una muger y la desollavan a honra de una diosa que se llamava Aticpaccalqui Cíoatl. Y también se vestía el pellejo de aquella muger, y cuando se iva por las calles con él llevava una codorniz viva, asida con los dientes. Este Atlixeliuhqui teuhoa Opuchtli tenía cargo de aprestar todas las cosas necessarias para cuando sacrificavan matando la imagen de Opuchtli en la fiesta de tepeílhuitl. Este Xipe Yopico teuhoa tenía cargo de aprestar todas las cosas necessarias para cuando matavan la imagen de Tequitzin en este cu Yopico. Este Pochtlan teuhoa Yiacatecutli tenía cargo de aprestar todas las cosas necessarias para cuando sacrificavan la imagen de Yiacatecutli en el cu llamado Pochtlan. Este Chiconquiáuitl Pochtlan era coadjutor del arriba dicho para el mesmo efecto que arriba se dixo. Este Izquitlan teuhoatzin tenía cargo de proveer de xaquetas, que llamavan xicolli, que es un ornamento de los sátrapas, y caracolillos mariscos y cotaras para ornamentos; y también recogía la miel de los magueyes, que era la primera que se cogía del maguey, para hazer vino para los sátrapas. Este Tzapotla teuhoatzin tenía cargo de proveer de papel y de copal, y incensarios y todo lo demás que era menester para los que morían o matavan en la fiesta de tepeílhuitl. Este Chalchiuhtliicue acatonalcuacuilli tenía cargo de proveer de las ofrendas que eran necessarias para los que matavan en la fiesta de Chalchiuhtliicue, como era copal, ulli, etc. Este Acolnaoácatl Acolmiztli tenía cargo de proveer de todo lo que era necessario para cuando el señor o rey havía de ayunar en la fiesta de Tláloc, y en el ayuno del sol, y en el ayuno de quecholli, que son ayunos muy solemnes; proveía de los vestuarios y cotaras, etc., que el señor havía de usar en estos ayunos. Este Tullan teuhoa tenía cargo de proveer de papel y copal y ulli para cuando havían de matar a la imagen de Tultécatl, al cual matavan en el fin del mes que se llamava quecholli, o en el principio del mes que se llamava tepeílhuitl.
contexto
Relación de los edificios del gran templo de México Era el patio de este templo muy grande: tendría hasta doszientas bragas en cuadro; era todo enlosado. Tenía dentro en sí muchos edificios y muchas torres; de estas torres unas eran más altas que otras, y cada una de ellas era dedicada a un dios. La principal torre de todas estava en el medio y era más alta que todas; era dedicada al dios Uitzilopuchtli o Tlacauepan Cuexcotzin. Esta torre estava dividida en lo alto de manera que parecía ser dos, y assí tenía dos capillas o altares en lo alto, cubiertas cada una con su chapitel, y en la cumbre tenía cada una de ella sus insigneas o divisas distinctas. En la una de ellas y más principal estava la estatua de Uitzilopuchtli, que también la llamavan Ilhuícatl Xoxouhqui; en la otra estatua la imagen del dios Tláloc. Delante de cada una de éstas estava una piedra redonda a manera de taxón que llamavan téchcatl, donde matavan los que sacrificavan a honra de aquel dios; y desde la piedra hasta abaxo estava un regaxal de sangre de los que matavan en él, y assí estava en todas las otras torres. Estas torres tenían la cara hazia el occidente, y subían por gradas bien estrechas y derechas de baxo hasta arriba a todas estas torres. El segundo cu principal era de los dioses del agua que se llamavan tlaloques; llamávase este cu Epcóatl. En este cu y a honra de este dios o de estos dioses ayunavan y hazían penitencia cuatro días ante de su fiesta, y acabando el ayuno ivan a castigar a los ministros de estos ídolos que havían hecho algún defecto en el servicio de ellos por todo el año. Castigávanlos en unas ciénagas de lodo y agua, cambolléndolos debaxo del agua y del lodo. Hecho este castigo, los castigados se lavavan, y luego hazían areito y traían en las manos cañas de maíz como bordones; también los populares bailavan por essas calles. Llamávase esta fiesta "la fiesta de maçamorra que se llama etzalli". Y acabada esta fiesta de los tlaloques, matavan captivos a honra de estos dioses. El tercero cu se llamava Macuilcalli o Macuilquiáuitl. En este cu matavan a las espías de los contrarios que prendían cuando estavan en la guerra o contra los de Uexotzinco o contra los de Tlaxcalla, etc. Y a los que venían a espiar la ciudad de México, en conociéndolos, luego los prendían y los llevavan a este cu, y allí los desmembravan, cortándolos miembro por miembro. El cuarto edificio se llamava Teccizcalli. En esta casa estavan muchas estatuas de los dioses. En esta casa se recogía el señor del pueblo o ciudad las fiestas grandes, y allí ayunava y hazía penitencia cuatro días. Y incensavan a todas las estatuas que allí estavan y también allí matavan captivos a honra de aquellas estatuas. El quinto edificio se llamava Poyauhtla. Allí ayunavan los mayores sátrapas, que eran dos: el uno se llamava Tótec tlamacazqui; el otro se llamava Tlalocan tlenamácac. Ayunavan y hazían penitencia cuatro días y incensavan a las estatuas que allí estavan. Esto hazían cada año cuatro días en la fiesta de etzalcualiztli; y también allí matavan captivos a honra de aquellas estatuas. El sexto edificio se llamava Mixcoapan Tzompantli. Este era un edificio en que espectavan las cabeças de los que matavan a honra del dios Mixcóatl. Eran unos maderos que estavan hincados, de altura de dos estados, y estavan agujerados a trechos, y por aquellos agujeros estavan passadas unas hastas o varales del grosor de hastas de lança, o poco más, y eran siete o ocho; en éstas espectavan las cabeças de los que matavan a honra de aquel dios. Estavan las caras bueltas hazia el mediodía. El séptimo edificio o cu se llamava Tlaxicco. En este cu matavan cada día un captivo a honra del dios del infierno; matávanle en el mes que se llamava títitl. Después que le havía muerto el sátrapa que llamavan Tlillan tlenamácac ponía fuego y incensava delante la estatua; y esto se hazía de noche. El octavo edificio se llamava Cuauhxicalco. Era un oratorio donde el señor se recogía a hazer penitencia y ayunar cuando se hazia un ayuno que se llamava netonatiuhçaoalo. Ayunavan cuatro días por honra del sol; este ayuno se hazía de dozientos en dozientos y tres días. Y aquí matavan cuatro captivos que se llamavan chachanme, y otros dos captivos que llamavan la imagen del sol y de la luna, con otros muchos captivos a la postre de todos. El nono edificio se llamava Tochinco. Era un cu baxo, el cual era cuadrado, que tenía gradas por todas cuatro partes. En éste matavan cada año la imagen de Umetochtli, cuando reinava este signo; era esta imagen un captivo compuesto con los ornamentos del dios del vino, que se llamava Umetochtli. El dézimo edificio se llamava Teutlalpan, que quiere dezir "tierra fragosa". Era un bosquecillo cercado de cuatro paredes, como un corral, en el cual estavan riscos hechos a mano, y en ellos plantados arbustos que se hazen en tierra fragosa, como son magueyes pequeñuelos y otros que se llaman tzioactli; en este bosquecillo hazían procesión cada año en el mes llamado quecholli, y hecha la procesión, luego se partían para ladera de la sierra que se llama Çacatépec, y allí caçavan y hazíanlas las otras cosas como está dicho en la historia de este mes. El ondézimo edificio se llamava Tlilapan, que quiere dezir "agua negra". Era una fuente, como alberque, y por estar el agua profunda parescía negra. En esta fuente se bañavan los sátrapas, de noche, los días que ayunavan en aparejo de las fiestas que eran cuatro días en cada mes; éstos eran como vigilia de la fiesta. En haviéndose bañado, incensavan en el cu de Mixcóatl, y acabando de incensar allí ivan a su monesterio. El duodézimo edificio se llamava Tlillancalmécac. Era un oratorio hecho a honra de la diosa Cioacóatl; en este edificio habitavan tres sátrapas que servían a esta diosa, la cual visiblemente les aparescía y residía en aquel lugar, y de allí salía visiblemente para ir a donde quería. Cierto es que era el demonio en forma de aquella muger. El tredézimo edificio se llamava Mexico Calmécac. Este era monesterio donde moravan los sátrapas y ministros que servían al cu de Tláloc cada día. El cuartodézimo edificio se llamava Coacalco. Este era una sala enrexada, como cárcel; en ella tenían encerrados a todos los dioses de los pueblos que havían tomado por guerra; teníanlos allí como captivos. El quintodézimo edificio se llamava Cuauhxicalco. Este edificio era un cu pequeño, redondo, de anchura de tres braças o cerca, de altura de braça y media. No tenía cobertura ninguna; en éste incensava el sátrapa de Titlacaoa cada día; incensava hazia las cuatro partes del mundo. También a este edificio subía aquel mancebo que se criava por espacio de un año para matarle en la fiesta del dios Titlacaoan; allí tañía con su flauta de noche o de día cuando quería venir, y acabando de tañer, incensava hazia las cuatro partes del mundo, y luego se iva para su aposento. El dezimosexto edificio se llama Cuauhxicalco segundo. Este edificio era como el ya dicho; delante de él levantavan un árbol, que se llamava xócotl, compuesto con muchos papeles, y encima de este cu o momuztli bailava un chocarrero vestido como el animalejo que se llama techálotl, que es "ardilla". El dezimoséptimo edificio se llamava Teccalco. Este era un cu donde cada año echavan vivos, en un gran montón de fuego, muchos captivos en la fiesta que se llamava teutleco, y hazían los sátrapas aquella cerimonia que se llama amatlauitzoa, como se dixo en la misma fiesta de teutleco. El dezimoctavo edificio se llamava Tzompantli. Eran unos maderos hincados, tres o cuatro, por los cuales estavan passadas unas hastas como de lança, en las cuales estavan espetadas por las sienes las cabeças de los que matavan en el cu. El dezimonono edificio se llamava Uitznáoac Teucalli. En este cu matavan las imágines de los dioses que llamavan centzonuitznáoa, a honra de Uitzilopuchtli, y también matavan muchos captivos; esto se hazía cada año, en la fiesta de panquetzaliztli. El vigéssimo edificio se llamava Tezcacalco. Era un oratorio donde estavan las estatuas que se llamavan omacame; en este lugar matavan algunos captivos, aunque no cada año. El vigessimoprimo edificio se llamava Tlacochcalco Acatl Yiacapan. En esta casa guardavan gran cantidad de dardos para la guerra; era como casa de armas. En este lugar matavan algunos captivos; matávanlos de noche; no tenían tiempo señalado para matarlos, sino cuando querían. El vigessimosegundo se llamava Teccizcalco. Este era un oratorio donde estavan unas estatuas del dios llamado Umácatl y de otros dioses; en este oratorio, por devoción, matavan algunos captivos; no tenían días señalados. El vigessimotercio edificio se llamava Uitztepeoalco. Era un corral o cercado de cuatro paredes, donde los ministros de los ídolos arrojavan las puntas de maguey después que con ellas se havían punçado, y también allí arrojavan unas cañas verdes después que las havían ensangrentado y ofrecídolas a los dioses. El vigessimocuarto edificio se llamava Uitznáoac Calmécac. Este era un monesterio donde habitavan los ministros de los ídolos que servían en el cu del dios Uitznáoac, incensando y haziendo los otros servicios que acostumbravan cada día. El vigessimoquinto edificio se llamava otro Cuauhxicalco. Era de la manera del otro que queda dicho atrás; delante de este cu estava un tzompantli, que es donde espectavan las cabeças de los muertos, y encima del cu estava una estatua del dios que llamavan Umácatl hecho de madero. Y allí matavan algunos esclavos, la sangre de los cuales davan a gustar aquella estatua, untándole la boca con ella. El vigessimosexto edificio se llamava Macuilcipactli Iteupan. Este era una gran cu hecho a honra de aquel Macuilcipactli; aquí matavan captivos de noche en su mismo signo cipactli. El vigessimoséptimo edificio se llamava Tetlanman Calmécac. Era un monesterio que se llamava Tetlanma; en él moravan sátrapas y ministros del cu dedicado a la diosa Chantico; allí servían de noche y de día. El vigessimoctavo edificio se llamava Iztaccintéutl Iteupan. Este era un cu dedicado a la diosa llamada Cintéutl; en este cu matavan a los leprosos captivos, y no comían su carne; matávanlos en el ayuno del sol que arriba se dixo. El vigessimonono edificio se llamava Tetlanma. Este era un cu dedicado a una diosa que se llamava Cuaxólotl Chantico; aquí matavan esclavos por devoción, reinante el signo que se llamava ce xúchitl. El trigéssimo edificio se llamava Chicomécatl Iteupan. Este era un cu dedicado al dios Chicomécatl; en éste matavan algunos captivos de noche cuando començava a reinar el signo llamado ce xúchitl. El trigessimoprimo edificio se llamava Tezcaapan. Era una fuente, como alberque, en que se bañavan los que hazían penitencia por voto. Acostumbravan muchos a hazer voto de hazer penitencia ciertos meses o un año, sirviendo a los cúes o dioses a quien tenían devoción; éstos se lavavan de noche en esta fuente. El trigessimosegundo edificio se llamava Tezcatlachco. Este era un juego de pelota que estava entre los cúes; en él matavan por devoción algunos captivos cuando reinava el signo que llamavan omácatl. El trigessimotercio edificio se llamava Tzompantli. Era donde espetavan las cabeças de los muertos que allí matavan captivos a honra de los dioses llamados omacame; este sacrificio se hazía cada dozientos y dos días. El trigessimocuarto edificio se llamava Tlamatzinco. Este era cu dedicado al dios Tlamatzíncatl, a cuya honra en él matavan esclavos cada año, al fin de la fiesta que se llamava quecholli. El trigessimoquinto edificio se llamava Tlamatzinco Calmécac. Este era un monesterio donde moravan los sacerdotes o sátrapas que servían en el cu arriba dicho. El trigessimosexto edificio se llamava Cuauhxicalco. Este era un cu pequeño y ancho, y algo cóncavo o hondo, donde se quemavan los papeles que ofrecían por algún voto que havían hecho; y también allí se quemava la culebra de que arriba se dio relación en la fiesta de panquetzaliztli. El trigessimoséptimo edificio se llamava Mixcoateupan. Este era un cu dedicado al Mixcóatl, donde se hazían aquellas cerimonias de que se dio relación en la fiesta de quecholli tlami. El trigessimoctavo edificio se llamava Netlatiloya. Era un cu al pie del cual estava una cueva donde ascondían los pellejos de los desollados, como está en la relación de tlacaxipeoaliztli. El trigessimonono edificio se llamava Teutlachco. Este era un juego de pelota que estava en el mesmo templo. Aquí matavan unos captivos que llamavan amapanme en la fiesta de panquetzaliztli; allí se dio relación de estos amapanme. El cuadragéssimo edificio se llamava Ilhuicatitlan. Este era una coluna gruessa y alta donde estava pintada la estrella o luzero de la mañana, y sobre el chapitel de esta coluna estava un chapitel hecho de paja; delante de esta coluna y de esta estrella matavan captivos cada año al tiempo que parecía nuevamente esta estrella. El cuadragessimoprimo llamavan Ueitzompantli. Era el edificio que estava delante del cu de Uitzilopuchtli, donde espetavan las cabeças de los captivos que allí matavan a reverencia de este edificio cada año en la fiesta de panquetzaliztli. El cuadragessimosegundo se llamava Mecatlan. Esta era una casa en la cual se enseñavan a tañer las trompetas los ministros de los ídolos. El cuadragessimotercio se llamava Cinteupan. Este era un cu dedicado a la diosa Chicomecóatl; en éste matavan una muger que dezían que era imagen de esta diosa dicha, y la desollavan; de esto se dio relación en la fiesta de ochpaniztli. El cuadragessimocuarto edificio se llamava Centzontotochtin Inteupan. Este era cu dedicado a los dioses del vino; aquí matavan tres captivos a honra de estos dioses del vino: al uno llamavan Tepuztécatl, y al otro Totoltécatl, y al otro Papáztac. Los que aquí matavan, de día murían, no de noche; esto hazían cada año en la fiesta de tepeílhuitl. El cuadragessimoquinto edificio se llamava Cinteupan. Era un cu donde estava la estatua del dios de los maizales, y allí matavan cada año a su imagen y con otros captivos, como se dixo en su fiesta. El cuadragessimosexto edificio se llamava Netotiloyan. Era un lugar o parte del patio donde bailavan los captivos y esclavos un poco antes que los matassen, y con ellos también bailava la imagen del signo chicunauécatl. Y matávanlos a la medianoche en la fiesta de xilomaniztli o. en la fiesta de atlcaoalo; esto se hazía cada año. El cuadragessimoséptimo edificio se llamava Chililico. Era un cu donde matavan los esclavos en el signo de chicunauécatl; matávanlos a la medianoche; solo los señores davan los esclavos que aquí murían; esto se hazía en la fiesta de atlcaoalo. El cuadragessimoctavo edificio se llamava Cooaapan. Esta era una fuente donde se bañava el sátrapa que ministrava en el cu, que llamavan Coatlan, y ninguno otro allí se bañava sino sólo él. El cuadragessimonono edificio se llamava Puchtlan. Era un monesterio donde estavan los ministros y sátrapas que ministravan en el cu donde estava la estatua de Yiacatecutli, del dios de los mercaderes; ministravan allí de día y de noche. El quincagéssimo edificio se llamava Atlauhco. Este era un monesterio donde moravan los sátrapas y ministros que ministravan en el cu de Uitzilihncuátec, una diosa, de día y de noche. El quincagessimoprimo edificio se llamava Yopico. Este era un cu donde cada año matavan muchos esclavos y captivos; matávanlos de día en la fiesta de tlacaxipeoaliztli. El quincagessimosegundo edificio se llamava Yiacatecutli Iteupan. Era el cu del dios de los mercaderes; allí matavan la imagen de este dios cada año en la fiesta de títitl. El quincagessimotercio edificio se llamava Uitzilincuátec Iteupan. Era un cu donde matavan la imagen de esta diosa cada año en la fiesta de títitl; era muger la que matavan. El quincagessimocuarto edificio se llamava Yopico Calmécac. En este monesterio o oratorio matavan muchos captivos cada año en la fiesta de tlacaxipeoaliztli. El quincagessimoquinto edificio llamavan Yopico Tzompantli. En este edificio espetavan las cabeças de los que matavan en la fiesta de tlacaxipeoaliztli. El quincagessimosexto edificio se llamava Tzompantli. Era donde espetavan las cabeças de los que matavan en la fiesta de Yiacatecutli, dios de los mercaderes, en el primero día de la fiesta de xócotl uetzi. El quincagessimoséptimo edificio se llamava Macuilmalinal Iteupan. Era un cu donde estavan dos estatuas: una de Macuilmalinal y otra de Toplantlacaqui; y en este signo hazían fiesta en este cu cada doscientos y tres días, y también hazían fiesta a honra del signo que se llamava xuchílhuitl. El quincagessimoctavo edificio se llamava Atícpac. Era un oratorio donde hazían fiesta y ofrecían a las diosas que llamavan cioapipilti; hazían fiesta en el signo que llamavan chicomecoatonalli. El quincagessimonono llamavan Netlatiloyan. Esta era una cueva donde ascondían los pellejos de los muertos que desollavan cada año en la fiesta de ochpaniztli. Al sexagéssimo edificio llamavan Atlauhco. Este era un oratorio donde honravan a la diosa que se llamava Cioatéutl; y cada año matavan a su honra una muger que dezían que era su imagen; matávanla en el cu que se llama Coatlan, que estava cerca de este oratorio; esto hazían cada año en la fiesta de ochpaniztli. El sexagessimoprimo edificio se llamava Tzonmolco Calmécac. Este era un monesterio donde moravan sátrapas del dios Xiuhtecutli; y aquí sacavan fuego nuevo cada año en la fiesta oauhquiltamalcualiztli, y de aquí sacavan el fuego nuevo cuanto quiera que el señor havía de incensar delante de los dioses. El sexagessimosegundo edificio se llamava Temalácatl. Era una piedra como rueda de molino grande y estava agujerada en el medio como piedra de molino. Sobre esta piedra ponían los esclavos y acuchillávanse con ellos; estavan atados por el medio del cuerpo de tal manera que pudían llegar hasta la circunferencia de la piedra, y davan las armas con que peleassen. Era éste un espectáculo muy frecuente y donde concorría gente de todas las comarcas a verle. Un sátrapa vestido de un pellejo de oso o cuetlachtli era allí el padrino de los captivos que allí matavan, que los llevava a la piedra y los atava allí, y los dava las armas y los llorava entretanto que peleavan; y cuando caía lo entregava al que le havía de sacar el coraçón, que era otro sátrapa vestido con otro pellejo, que se llamava yooallaoan. Esta relación queda escrita a la larga en la fiesta de tlacaxipeoaliztli. El sexagessimotercio edificio se llamava Nappatecutli Iteupan. Este era un cu dedicado al dios Nappatecutli, en el cual matavan la imagen de este dios, que era un captivo vestido con los ornamentos de este dios; matávanle a la medianoche cada año en la fiesta de tepeílhuitl. El sexagessimocuarto edificio se llamava Tzonmolco. Este era un cu dedicado al dios del fuego llamado Xiuhtecutli; éste es un cu en que matavan cuatro esclavos como imágines de este dios, adornados con los ornamentos del mismo, aunque de diversas colores. Al primero llamavan Xoxouhqui Xiuhtecutli, al segundo llamavan Coçauhqui Xiuhtecutli, al tercero llamavan Iztac Xiuhtecutli, al cuarto llamavan Tlatlauhqui Xiuhtecutli. También matavan otros muchos captivos en este lugar y en este día, a los cuales llamavan ihuipanéca temimilólca. Abaxo de las gradas de este cu estava una placeta a la cual subían también por gradas; en esta placeta matavan dos mugeres, y llamavan a la una Nancotlaceuhqui; de la otra no se pone nombre. En acabando de matar los que havían de morir, hazían luego un areito muy solemne, según que se dixo a la larga en la fiesta de Xiuhtecutli. El sexagessimoquinto edificio se llamava Coatlan. Este era un cu donde matavan captivos a honra de aquellos dioses que llamavan cenizonuitznáoa, y también todas las vezes que sacavan fuego nuevo, y también cuando la fiesta de quecholli. El saxagessimosexto edificio se llamava Xuchicalco. Este era un cu edificado a honra del dios Cintéutl, y también a honra del dios Tlatlauhqui Cintéutl, y también de la diosa Atlatonan. Y cuando matavan una muger, que era imagen de esta diosa, desollávanla, y uno de los sátrapas vestía su cuero. Esto se hazía de noche, luego de mañana andava bailando con el cuero vestido de aquella que havía muerto; esto se hazía cada año en la fiesta de ochpaniztli. El sexagessimoséptimo edificio se llamava Yopicalco, y también Eoacalco. Esta era una casa donde se aposentavan los señores y principales que venían de lexos a visitar este templo, especialmente los de la provincia de Anáoac. El sexagessimoctavo edificio se llamava Tozpálatl. Esta era una fuente muy preciada que manava en el mesmo lugar; de aquí tomavan agua los sátrapas de los ídolos, y cuando se hazía la fiesta de Uitzilopuchtli y otras fiestas, la gente popular bevía en esta fuente con gran devoción. El sexagessimonono edificio se llamava Tlacochcalco Cuauhquiyáoac. Esta era una casa; en esta casa estava una imagen del dios Macuiltótec. Aquí, a honra de este dios, matavan captivos en la fiesta de panquetzaliztli. El septuagessimo edificio se llamava Tulnáoac. Esta era una casa donde matavan captivos, cuando començava a reinar el signo que se llamava ce miquiztli, a honra de Tezcatlipuca. El septuagessimoprimo edificio se llamava Tilocan. Era una casa donde cozían la masa para hazer imagen a Uitzilopuchtli cuando se hazía la fiesta. El septuagessimosegundo edificio se llamava Itepéyoc. Esta era una casa donde hazían de masa la imagen de Uitzilopuchtli los sátrapas. El septuagessimotercio edificio se llamava Uitznáoac Calpulli. Era una casa donde hazían la imagen de otro dios, compañero de Uitzilopuchtli, que se llamava Tlacauepan Cuexcotzin. El septuagessimocuarto edificio se llamava Atempan. Era una casa donde juntavan los niños que havían de matar, y también los leprosos que llamavan xixioti, que también los matavan. Después de haverlos juntado en este lugar, los traían en processión en unas andas. Hecho esto, llevávanlos a los lugares donde los havían de matar. El septuagessimoquinto edificio se llamava Tezcacóac Tlacochcalco. Era una casa donde estavan muchos dardos y muchas saetas depusitadas para el tiempo de la guerra. Aquí matavan esclavos por su devoción algunos años. El septuagessimosexto edificio se llamava Acatl Yiacapan Ueicalpulli. Esta era una casa donde juntavan los esclavos que havían de matar a honra de los tlaloques, y después de muertos, luego los hazían pedaços y los cozían. En esta misma casa echavan en las ollas flores de calabaça; después de cozidos, comíanlos los señores y principales; la gente popular no comían de ellos. El septuagessimoséptimo edificio se llamava Techielli. Era un cu pequeño; en éste ofrecían cañas que llamavan acxóyatl. El septuagessimoctavo edificio se llamava Calpulli. Estas eran unas casas pequeñas de que estava cercado todo el patio de la parte de dentro. A estas casillas llamavan calpulli; a estas casas se recoxían a ayunar y hazer penitencia cuatro días todos los principales y oficiales de la república las vigilias de las fiestas que caían de veinte en veinte días, de manera que hazían de vigilia cuatro días. En este ayuno unos comían a la medianoche y otros al mediodía.
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Relación de los mexicanos de las cosas que se ofrecían en el templo Ofrecían muchas cosas en las casas que llaman calpulli, que eran como iglesias de los barrios donde se juntavan todos los de aquel barrio, ansí a ofrecer como a otras cerimonias muchas que allí se hazían. Ofrecían comida y mantas, y aves y maçorcas de maíz, y chían y frixoles y flores; esto ofrecían las mugeres o donzellas por casar, pero en los oratorios de sus casas no ofrecían sino comida delante de las imágines de los dioses que allí tenían. Esto hazían cada día, luego de mañanita, y la señora de la casa tenía cuidado cada mañana de despertar a todos los de su casa para que fuessen a ofrecer delante de los dioses de su oratorio. Ofrecían encienso en los cúes los sátrapas de noche y de día a ciertas horas; incensavan con unos incensarios hechos de barro cozido que tenían, a manera de caço, de un caço mediano, con su astil del grosor de una vara de medir o poco menos, largo como un codo o poco más, hueco, y de dentro tenía unas pedreçuelas por sonajas. El vaso era labrado como incensario con unos labores que agujeravan el mismo vaso desde el medio abaxo; cogían con él brasas del fugón, y luego echavan copal sobre las brasas, y luego ivan delante de la estatua del demonio y levantavan el incensario hazia las cuatro partes del mundo, como ofreciendo aquel incienso a las cuatro partes del mundo, y también incensavan a la estatua; hecho esto, tornavan las brasas al fugón. Esto mismo hazían todos los del pueblo en sus casas una vez a la mañana y otra a la noche, incensando a las estatuas que tenían en sus oratorios o en los patios de sus casas; y los padres y las madres compelían a sus hijos que hiziessen lo mismo cada mañana y cada noche. Del ofrenda del incienso o copal usavan estos mexicanos y todos los de Nueva España de una goma blanca que llaman copalli, que también agora se usa mucho para incensar a sus dioses; no usavan del incienso, aunque lo hay en esta tierra. De este encienso o copal usavan los sátrapas en el templo, y toda la otra gente en sus casas como se dixo arriba. Y también lo usavan los juezes cuando havían de exercitar algún acto de su oficio; antes que le començassen echavan copal en el fuego en reverencia de sus dioses, y demandándoles ayuda. También hazían esto mismo los cantores de los areites, que cuando havían de començar a cantar primero echavan copal en el fuego a honra de sus dioses, y demandándoles ayuda. Usavan una cerimonia generalmente en toda esta tierra, hombres y mugeres, niños y niñas, que cuando entravan en algún lugar donde havía imágines de los ídolos, una o muchas, luego tocavan en la tierra con el dedo y luego le llegavan a la boca o a la lengua. A esto llamavan "comer tierra"; hazíanlo en reverencia de sus dioses, y todos los que salían de sus casas, aunque no saliessen del pueblo, bolviendo a su casa, hazían lo mismo, y por los caminos cuando passavan delante algún cu o oratorio hazían lo mismo. Y en lugar de juramento usavan esto mismo, que para afirmar que dezían verdad hazían esta cerimonia, y los que querían satisfazer del que hablava si dezía verdad, demandávanle que hiziesse esta cerimonia, y luego le creían como juramento. Hazían otra cerimonia comunmente que llamavan tlatlaçaliztli, que quiere dezir "arrojamiento", y era que nadie comiesse sin que primeramente arrojasse al fuego un bocadillo de lo que havía de comer. Tenían otra cerimonia también común, que nadie havía de bever pulcre sin que primero derramasse un poco a la orilla del hogar; y cuando quiera que encetavan alguna tinaja de pulcre, primero echavan en un lebrillo cantidad de ello, y ponían un lebrillo cerca del fuego y de allí tomavan con un vaso y derramavan al canto del hogar a cuatro partes un vaso de aquel pulcre. Y hecho esto, bevían los combidados, y ante de esto nadie usava bever. Esto llamavan tlatoyaoaliztli; quiere dezir "libacio" o "gustamiento".
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Relación de los votos y juramentos Usavan a hazer voto a los ídolos de servirlos con algunos sacrificios y ofrendas cuando alguno de sus hijos o de su casa caía en enfermedades o caía de su estado y se lisiava. Esto hazían no a uno solo, pero a dos o tres de sus ídolos, para que le ayudassen en aquella necessidad. Tenían también costumbre de hazer juramento de cumplir alguna cosa a que se obligavan, y aquel a quien se obligavan les demandava que hiziessen juramento para estar seguro de su palabra. Y el juramento que hazía era esta forma: "¡Por vida del sol y de nuestra señora la tierra, que no haré falta en lo que tengo dicho, y para mayor seguridad como esta tierra!" Y luego tocava con los dedos en la tierra y llegávalos a la boca y lamíalos; y ansí comía tierra haziendo juramento. Cuando por alguna necessidad alguno demandava a su dios ayuda, hazía voto y juramento de hazer tal cosa por su servicio y cumplíalo. Relación de los cantares que se dezían a honra de los dioses en los templo y fuera de ellos Costumbre muy antigua es de nuestro adversario el diablo buscar ascondrijos para hazer sus negocios conforme a lo del Sancto Evangelio que dize: "Quien haze mal, aborrece la luz". Conforme a esto, este nuestro enemigo en esta tierra plantó un bosque o arcabuco lleno de muy espesas breñas para hazer sus negocios desde él, y para absconderse en él, para no ser hallado como hazen las bestias fieras y las muy ponçuñosas serpientes. Este bosque o arcabuco breñoso son los cantares que en esta tierra él urdió que se hiziessen y usasen en su servicio, y como su culto divino y psalmus de su loor, ansí en los templos como fuera de ellos, los cuales llevan tanto artificio que dizen lo que quieren y apregonan lo que él manda, y entiéndenlos solamente aquellos a quien él los endereça. Es cosa muy averiguada que la cueva, bosque y arcabuco donde el día de hoy este maldito adversario se absconde son los cantares y psalmus que tiene compuestos, y se le cantan, sin poderse entender lo que en ello se trata, más de aquellos que son naturales y acostumbrados a este lenguaje, de manera que seguramente se canta todo lo que él quiere, sea guerra o paz, loor suyo o contumelia de Jesucristo, sin que de los demás se pueda entender. Relación que habla de la mugeres que servían en el templo Havía también en los templos mugeres que desde pequeñuelas se criavan allí, y era la causa porque por su devoción sus madres, siendo muy chiquillas, las prometían al servicio del templo, y siendo de veinte o cuarenta días las presentavan al que tenía cargo de éste, que le llamavan cuacuilli, que era como cura. Y llevavan escobas para barrer y un incensario de barro, y incienso que se llama copalli blanco; todo esto presentavan al cuacuilli o cara. Hecho esto, el cuacuilli encargava mucho a la madre que tuviesse mucho cuidado de criar a su hija, y también de que de veinte en veinte días tuviesse cuidado de llevar al calpulco o perrocha de su barrio aquella misma ofrenda de escobas y copal, y leña para quemar en los fugones de la iglesia. Aquella niña desque llegava a edad de discreción, informada de su madre cerca del voto que havía hecho, ella misma se iva al templo, donde estavan las otras donzellas, y llevava su ofrenda consigo, que era un incensario de barro y copal. Desde este tiempo hasta que era casadera siempre estava en el templo debaxo del regimiento de las matronas que criavan a las donzellas; y cuando, ya siendo de edad, la demandava alguno para se casar con ella, en estando concertados los parientes y los principales del barrio para que se hiziesse el casamiento, aprestavan la ofrenda que havían de llevar que era codornizes, y encienso, y flores, y cañas de humo y un incensario de barro, y también aparejavan comida. Luego tomavan a la moça y la llevavan delante de los sátrapas al mismo templo, y tendían una manta grande de algodón blanco, y sobre ella se ponía toda la ofrenda que llevavan, y también una manta que se llama tlacacuachtli, en la cual estavan texidas muchas cabeças de personas. Y hechos sus razonamientos de la una parte a la otra, los padres de la moça llevavan a su hija. Fin del apéndiz del Segundo Libro.
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RELACIÓN DE LUIS VAEZ DE TORRES A FELIPE III DESDE MANILA, A 12 DE JULIO DE 1607 Por hallarme en esta Ciudad de Manila acabo de año y medio de haber navegado y descubierto las tierras y mar por la parte Meridional inconita; y porque en esta Real Audiencia de Manila no me han querido hasta agora dar despacho para haber de acabar el viaje como V.M. lo manda, y porque yo estaba con esperanzas de ser el primero que a V.M. había de hacer relación de los descubierto con los restantes, y como estoy detenido y no saber si en esta Ciudad de Manila me han de despachar quise enviar persona a dar cuenta a V.M. que es Fray Joan de Merlo de la Orden de San Francisco, uno de los tres Relixiosos que a mi cargo traje, cuya relación dará a V.M. como persona que se halló en todo; la qual de mi parte es la siguiente: Salimos del Puerto del Callao de la Ciudad de los Reyes del Perú a veinte y uno de Diciembre con dos Navíos y una Lancha, por el año seiscientos y cinco por cabo dellos el Capitán Pero Fernández de Quirós y yo por su Almirante; y en muy buen comitiva a la venta de sudeste caminamos por este Camino ochocientas leguas y en altura de veinte y seis grados, parecióle a nuestro Cabo no pasar de aquí por ciertos movimientos que hacía el tiempo, al qual yo di firmado de mi nombre que no era cosa acertada bajar de allí hasta no llegar a 30 grados y más, si el tiempo nos dejase: no valió mi parecer, porque los dichos 26 grados bajamos luego por el rumbo del Oes-norueste, fuimos por este camino hasta 24 grados y medio; en este paraje hallamos una isleta rasa como de dos leguas de largo despoblada y sin fondo de poder surgir las Naos: de aquí salimos gobernando al Oeste quarta al Norueste hasta 24 grados: en este paraje hallamos otra Isla despoblada y sin surgidero; tendría como diez leguas de circunferencia, pusímosla por nombre San Valerio: de aquí salimos gobernando al Oeste quarta al Norueste un día; y luego al Oesnorueste hasta llegar a 21 grados y un tercio. En este paraje hallamos otra Isleta rasa y sin fondo, despoblada, repartida en pedazos: pasamos adelante por el mismo rumbo, y andadas 25 leguas hallamos quatro Islas trianguladas de 5 ó 6 leguas cada una, rasas, despobladas y sin fondo; pusímoslas por nombre las Vírgenes, aquí nos noresteaba la aguja, de aquí salimos gobernando al Norueste hasta 19 grados. En este paraje vimos unas Isleta a la banda de este, apartada de nosotros como tres leguas, era parecida con las de atrás. Pusímosla por nombre Santa Polonia, bajando por aquí medio grado vimos una isla rasa con una punta al Sureste llena de palmas estaba en 18 grados y medio, llegamos a ella, no tenía surgidero, vimos gente en la playa; fueron las barcas a tierra y llegados que fueron no pudieron desembarcar por la mucha mar y penas, llamábanle los Indios de tierra, echarme dos Españoles a nado, a los que les recibieron muy bien, echando las armas en tierra los abrazaron y besaron en el carrillo. Con esta amistad vino un principal dellos a hablar a bordo de la Capitanía, y una mujer vieja, a los quales vistieron y regalaron, y los volvieron a echar en tierra luego, porque estaban con gran temor: en pago del beneficio enviaron un mazo de cabellos y unas malas plumas y unas cáscaras de ostiones de perlas labradas; todo esto eran galas suyas, gente muy salvaje, amulatada, y corpulenta. Las armas que usan son unas lanzas muy largas y muy gruesas. Por no podernos saltar en tierra, ni haber surgidero pasamos adelante gobernando al oesnorueste fuimos por este rumbo dando vista a tierra desta Isla, no pudimos llegar a ella fuera del principio, por el viento contrario y recio y con muchos aguaceros: era toda ella muy rasa que a partes la lavaba el agua. Deste paraje de 16 grados y medio fuimos gobernando al Norueste quarta a el Norte hasta 10 grados y 3 quartos, en este paraje vimos una Isla que se entendía ser la de San Martín y de Sant Bernardo, por estar en pedazos, más no lo era por lo que después vimos: no hallamos surgidero en ella, aunque fueron las Barcas a tierra por ver si había agua, que tenían falta de ella, y no la hallaron, sólo hallaron unos cocos aunque pequeños. Visto por nuestro Cabo que nos faltaba el agua, acordó que fuésemos a la Isla de Santa Cruz a donde había estado con el Adelantado Álvaro de Avendaño, diciendo que a1llí nos proveeríamos de agua y leña, y se determinaría lo que más nos conviniese al servicio de V.M. Andaba en este tiempo la gente de la Capitanía alborotada y con designio de irse derechos a Manila; por esta causa menvió al Piloto mayor preso a mi nao sin hacelle causa ni a otros, siendo de mi bien importunado los castigase o me los dejase castigar, pues tenían el nombre de traidores, y no lo quiso hacer; por donde le sucedió lo que V.M. tendrá sabido, pues le hicieron volver del camino, como adelante se dirá, y el lo habrá dicho en esa Real Corte de V.M. Salimos desta isla arriba dicha al Oeste quarta al Norueste, aquí hallamos en este Meridiano que el Aguja nordesteaba muy cerca de una quarta, llegamos por este camino hasta 10 grados largos, en este paraje hallamos una Isla rasa de cinco o seis leguas avegadiza y sin fondo, era poblada y la gente y armas era hechura como las de atrás; pero diferentes embarcaciones llegaron cerca de las Naos hablándonos, y tomando lo que les dábamos pidiendo más y hurtando lo que estaba colgado de las Naos, tirándonos de lanzas, pareciéndoles no les podríamos hacer daño, visto que no había donde surgir por la falta que había de agua, me mandó nuestro Cabo a tierra con las dos Barcas y cincuenta hombres: llegado que fue a tierra, me resistieron la entrada sin jamás querer la paz; por donde me obligaron a escaramucear con ellos: después de habellos hecho algún daño, salieron tres dellos a darma la paz, cantando con ramos en las manos y uno con un mechón encendido y de rodillas, recibíles bien, y abracéles, y luego les vestí por ser a los principales, y preguntándoles por el agua no me la quisieron mostrar, haciendo que no entendían, teniendo los tres principales conmigo mandé al Sargento con doce hombres buscase el agua y habiendo dado con ella le salieron otra vez y les envistieron y hirieron a un español: viendo su traición les envestí y desbaraté sin otro daño alguno, quedando la tierra por mía corrí el pueblo sin hallar más de solo Ostiones secos y algún pescado y muchos cocos de que la tierra estaba bien provista: no hallé aves ni animales, más de solo perrillos: hallé muchas embarcaciones tapadas, conque ellos suelen navegar a otras Islas con velas Latinas hechas de paxa muy curiosas y de la misma tela andan vestidas las mujeres de camiseta y saya y los hombres no más de la cintura y vergüenzas. De aquí salimos en las Barcas cargadas de agua, con la mucha mar se nos anegaron con mucho riesgo de nuestras vidas, y ansí hubimos de pasar adelante sin llevar agua desta Isla, poniéndole por nombre de la Matanza. Salimos gobernando por este paralelo treinta y dos días: en todo este camino hallamos que había muy grandes corrientes y muchas bascoridades de madera y culebras y mucha pajerería. Todo esto eran señales que demostraban haber tierra de una banda y de otra: no la osábamos de buscar por no salir de la altura de la isla de Santa Cruz; porque nos parecía estar siempre serca, y era razón si ella estuviera donde la habían señalado la primera vez que la descubrieron, mas estaba muy más adelante, como por la relación se verá, así antes de llegar a ella como 60 leguas y 1940 en la Ciudad de Lima, hallamos una isleta como de seis leguas muy alta y toda a la redonda de muy buen fondo y otras Isletas serca della a cuyo abrigo estuvieron las Naos surtas: yo salí con las dos Barcas y siencuenta hombres a reconocer la gente della, y aún tiro descopeta apartado de la Isla, hallé un pueblo sercado de muralla con solo una entrada sin puertas estando serca con las dos barcas con intención de envestilles, porque no querían por señas dar la paz: al fin salió de dentro el principal, el agual al pescuezo y un bastón en la mano y sin temor se vino a las Barcas derecho; al qual recibí bien y por señas que muy bien nos entendíamos, me dixo que su gente tenía gran temor de los Arcabuces y que así me rogaba no saltase en tierra, que ellos me darían el agua y leña dándole vasijas; yo le dije que era fuerza estar cinco días en tierra para descansar: Visto que no podía más, aquietó su gente que andaba muy alborotada, y fue de suerte que de su parte ni de la nuestra se tiró: salté en el Fuerte muy a mi salvo y haciendo alto les hice rendir las Armas, y les mandé sacasen de sus casas su atillo, que todo no valía nada, y se pasasen con él a la Isla a otros pueblos que allí estaban: agradeciéronmelo mucho, quedó siempre allí conmigo el principal, apellidaron luego la tierra, todos me vienieron a dar la paz y asistir conmigo todos los principales haciendo a su gente que nos hiciere el agua y leña, y la llevasen a bordo de las Naos: gastamos en esto seis días: era la gente desta Isla de muy buena conversación: entendíamonos muy bien deseosos de aprender nuestra lengua y enseñarnos la suya: eran muy grandes Cosarios, todos muy buen poblados de barba, muy grandes flecheros y Dardos, arrojadizos: sus embarcaciones muy grandes podían andar mucho camino: diéronnos noticia de más de cuarenta Islas grandes y pequeñas, y todas pobladas, nombrándolas por sus nombres, diciéndonos que peleaban con muchas dellas. También nos dieron noticia de la Isla de Santa Cruz, y de lo que allí pasó a el Adelantado Álvaro de Avendaño: es la gente desta Isla de cuerpos ordinarios, había entre ellos gente blanca y bermejos: otros Indios naturales color como los de las Indias y otros negros atecados y mulatados, usan es (ilegible), sus comidas son algunos Iñames y Pescado: tienen muchos cocos: tienen puercos y gallinas: llamábase esta Isla Taomoco y el nombre del principal della se decía Tomay: despedíme dellos, habiéndole cogido quatro Indios de que ellos no quedaron muy gustosos, y como aquí hicimos agua y leña, no tuvimos necesidad de ir a la Isla de Santa Cruz, que como digo estaba por este paralelo sesenta leguas adelante: así salimos de aquí gobernando al sureste hasta doce grados y medio, a donde hallamos una isla del tamaño de la de Taomaco y de la misma gente: llamábase Chuempia: no había en toda ella más de un pequeño surgidero y pasando de largo llegué a tierra en un votequi con sólo dos hombres; saliéronme a dar la paz, y con ella me presentaron una cáscara de palo que parecía ser un lienzo muy fino de quatro baras de largo y tres palmos de ancho de que ellos se visten: con esto me despedí dellos: de aquí salimos gobernando a el Sur, diónos un muy recio viento del Norte que nos obligó a echar de mar entravés dos días: acabo dellos hubo pareceres, que por ser Invierno no se pasase a más altura de catorce grados en que al presente nos hallamos, aunque mi parecer fue siempre bien contrario; acordóse que buscáramos las islas nombradas por los Indios de Taomaco, por donde salimos desde paraje gobernando a Sueste y a un día de camino descubrimos un volcán muy alto y grueso de más de tres leguas de circunferencia muy poblado de Arboleda y gente negra bien poblados de barba: al poniente y a la vista deste volcán, cantidad de ocho leguas estaba una isla no muy alta, muy agradable a la vista: había en ella pocos surgideros y muy pegada a la tierra, estaba muy poblada de gente negra: aquí se cogieron dos en unas embarcaciones a los quales vistieron y regalaron, y a el otro día se echaron en tierra: en pago desto dieron un flechazo a un español, aunque es verdad que no fue en el mismo Puerto, pero un tiro descopeta más adelante: es gente que en viendo la casa no la perdona. A la vista desta Isla y a la redonda della, había muchas Islas muy altas y muy grandes, y a la parte del Sur que por serlo tan grande fuimos a ella poniéndole por nombre a esta donde nos hicieron el hombre, Santa María: saliendo della al sur hacia esta isla muy grande que viamos descubrimos en ella una muy gran Bahía muy poblada y muy fértil de Iñames, y muchas frutas, puercos y gallinas: es toda gente negra y desnuda, pelean con flechas, dardos y mazanas: no quisieron jamás paz con nosotros, aunque muchas veces nos hablamos y les regalé jarros por su voluntad, puse los pies en tierra queriéndome siempre defender y peleando siempre muy a nuestros salvo. Es esta Bahía muy fresca y de muchos Ríos y muy grandes: está en altura de quince grados y dos tercios: tenía de circunferencia veinte y sinco leguas: pusímosle por nombre la Bahía de San Phelipe y Santiago, y a la tierra del Espíritu Santo: aquí estubimos sinquenta días, tomamos posición en nombre de V.M. dentro de esta Bahía y de lo más abrigado della se nos salió la Capitana a la una hora después de media noche sin decírnoslo y sin hacer señas para que por ellas la entendíeramos: sucedió esto a once de junio, y aunque luego la siguiente mañana la salí a buscar haciendo las diferencias debidas, era imposible hallarles, pues ellos no iban por el camino ni voluntad derechas: así me hube de volver a la Bahía por ver si acaso volvían a ella: todo lo cual hice por más lealtad en esta Bahía y les aguardé quince días, acabo dellos saqué las órdenes de V.M. y llamando a Consexo juntamente con los oficiales del pasaxe, salió de acuerdo que las cumpliésemos, aunque contra voluntad de muchos; pudiera decir de los más, pero era diferente condición la mía que la del Capitán Pedro Fernández de Quirós. Finalmente salí de esta Bahía en cumplimiento de la orden aunque con intención de voquear esta isla, no me dio el tiempo lugar por las grandes corrientes, aunque corrí gran pedazo dello: en lo que vi desde muy grandes serranías tiene muchos puertos, aunque pequeños algunos dellos, por toda ella mucha agua de Ríos caudalosos: no tenía en este tiempo más de solo Pan y Agua, y en la mayor fuerza de Invierno, y mar y viento contrario y malas voluntades; todo esto no fue poderoso a estorvarme que no llegase a la altura de la cual pasé un grado, y fuera más si el tiempo me dexara, porque el Navío era bueno era justo hacerse desta manera; pues no son viajes que se hacen cada día, ni V.M. podía ser desengañado, entiéndase, ir haciendo esta derrota de altura. Por el rumbo Sudueste no hallé por ella señal de tierra, de aquí me volví al Norueste hasta once grados y medio; aquí di con el principio de la Nueva Guinea, cuya Costa va corriendo del este güeste, quarta del Norueste sueste: no la pude montar por la vanda de Leste, así la vine costeando al Oeste, y por la parte del Sur toda es tierra de la Nueva Guinea: está poblada de indios no muy blancos desnudos, aunque bien tapadas las vergüenzas con cáscaras de árboles a manera de lienzo muy pintado; pelean con dardos y rodelas y algunas mazas de piedra con mucha plumería muy galana: van de luengo de cota más Islas y pobladas: hay por toda la Costa muchos Puertos muy grandes, con muy grandes Ríos muchas llanadas: va por fuera destas Islas un Arrecife de Baxos, y entre ellos y la tierra firme van las Islas: hay canal por dentro: en estos puestos tomamos posición en nombre de V.M. cuya discrección va con esta: andadas 300 leguas de costa como tengo dicho y disminuido dos grados y medio que venimos a quedar en nueve, de aquí va empezando un placer de 3 brazas hasta 9 que prolonga la costa ciento y ochenta y tantas leguas, metímonos por el de luengo de Costa hasta siete grados y medio, y el remate del es de cinco: no pudimos pasar adelante por los muchos baxos y grandes corrientes que hay por todo él; así hubimos de salir la vuelta del Sudueste por el dicho fondo, hasta once grados, y va el Placet max baxo: había muy grandes Islas, y parecían más a la punta del Sur: estaban pobladas de gente negra muy corpulenta desnudos: tienen por armas unas Lanzas muy gruesas y largas muchas flechas y mazas de piedra muy disformes, ningunas de sus armas podíamos mandar: cogí por toda esta tierra veinte personas de diferentes naciones, para con ellos hader mejor relación a V.M. dan mucha noticia de otras gentes, aunque hasta agora no se dejan entender bien: andubimos por este Placet dos meses acabo dellos nos venimos a hallar en veinte y sinco brazas de fondo, y en sinco grados de altura, y diez leguas de la Costa y andadas 480 leguas aquí va la costa recogiendo al Nordeste: no me llegué a ella porque iba el Placet muy baxo, ansí fui corriendo al Norte y por 25 brazas hasta quatro grados que dimos en una costa que iba tan bien echada del este güeste, no le dimos fin a la banda de Leste, más de que entendemos de que se pega con la de atrás por llegar el Placet a ella, y por la mucha bonanza que hace: es poblada esta tierra de gente negra diferente a toda la demás: es gente más bien adornada, también usan de flechas y dardos, y unos Escudos muy grandes, y unos montantes de caña llenos de cal que despide de sí, conque a el pelear siegan a los contrarios: finalmente fuimos corriendo al Oesnorueste perlongando la Costa, hallando siempre esta gente, aunque salíamos en muchas partes: también en ella tomé posesión en nombre de V.M. aquí fue en esta tierra donde hallé el primer hierro y campanas de China, y otras cosas de allá, por donde más bien entendimos estar serca de las Malucas, y así fuimos prorrongando esta Costa cantidad de ciento y treinta leguas que vendrían a quedar el remate 50 leguas: antes de llegar a las islas Malucas hay infinidad de Islas por la banda del Sur y muy grandes, que por la necesidad de bastimentos no llegué a ellas, porque dudo que en 10 años se pueda ver las Costas de todas las Velas que vimos, hízose observación del Agua por toda esta tierra de la nueva Guinea hasta las Malucas, por todo esto fixa la Aguja que viene a caer en el Meridiano de las islas de los Ladrones con las Islas Filipinas: al remate desta tierra hallamos Moros vestidos, con artillería de servicio, como son falcones y berzos, arcabuces y armas blancas: éstos van conquistando esta gente que dicen de los Papues y les predican la Secta de Mahoma: tuvieron estos Moros con nosotros contratación, vendiéndonos gallinas y cabras y frutas y alguna pimienta y vizcocho que llama Sagu, que dura más de veinte años, aunque de todo fue poco, porque querían ropa nosotros no la teníamos, porque todo el rescate que nos dieron lo llevó la Capitana, y hasta las herramientas y medicinas y otras muchas cosas que callo por no tener remedio, pero sin ellas nos favoreció Nuestro Señor. Estos moros nos dieron nuevas de los sucesos de las Molucas, y aunque dicen que por toda esta tierra hay mucho oro y otras cosas buenas despecias, como es Pimienta y Nuez moscada. De aquí a las Malucas todas son Islas, y por la vanda del Sur también van muchas que se encuentran con las de Bandayan, donde los Holandeses tienen contratación: llegué por aquí a las Islas de Vachan, que son las primeras Malucas, a donde hallé un Teatino con obra de cien Cristianos en tierra de un Rey Moro amigo, el qual me pidió le reduciese una de las Islas de Ternate, la qual era de Moros revelados, que Don Pedro de Acuña le había hecho merced en nombre de V.M. la tuviese en tenencia; y habiendo yo ido de aquí a el Maese de Campo Joan Desquivel que gobernaba las Islas de Ternate de mi llegada, y si convenía dar este socorro a el Rey de Vachan; el qual me respondió haría muy gran servicio a V.M. si yo traía fuerza para ello: Con esto me determiné con quarenta hombres españoles, y con quatrocientos Moros del Rey de Vacha, con esto les hice la guerra en sólo quatro horas les desbaraté y gané la fuerza, y puse de posesión en ella a el Rey de Vachan en nombre de V.M. al qual di los juramentos acostumbrados, capitulando con él que jamás iría contra Christianos, y que sería siempre fiel vasallo de V.M. no hallé a esta gente tan valiente de ánimo como las de atrás, debiálo causar la mano poderosa que en tantos trabaxos y victorias como tuve, se me hizo siempre fácil, y con sólo perdidos en todas mis peregrinaciones de sólo un Español: No hago relación dellas a V.M. porque espero darla muy larga: puesto a el Rey de posesión me partí a Terrenate que era doce leguas desta Isla, a donde estaba Joan Desquivel de quien fui muy bien recibido, porque estaba muy apurado de gente, y los naturales de Terrenate revelados, a los quales fue de muy grande espanto ver socorro tan rodeado; y de allí a pocos días llegó el de Manila que era vien deseado por haber faltado la mitad de la gente que dexo Don Pedro de Acuña y de bastimentos lo estaba, porque como tengo dicho estaban los naturales de la Isla revelados: más con la gran prudencia del Maestre de Campo Joan Desquivel se van poniendo las cosas de las Islas muy bien, aunque hace mucha falta socorro de dineros. Aquí dejé el Patage y obra de veinte hombres por ser todo muy conveniente al servicio de V.M. De aquí me partí a la Ciudad de Manila, dende me dan tan mal despacho como tengo dicho, ni hasta agora que son dos meses pasados de comer a la gente, y así no se quando podré salir de aquí a dar cuenta a V.M. a quien Nuestro Señor guarde, prospere por Señor del Mundo. Fecha en Manila a 12 de julio de 1607 años = Criado de V.M. Luis Vaez de Torres.
contexto
RELACIÓN DE MÉRITOS Y SERVICIOS DEL CONQUISTADOR BERNARDINO VÁZQUEZ DE TAPIA VÁZQUEZ DE TAPIA Y SU OBRA Su autor Bernardino Vázquez de Tapia, persona prominente y rica según Bernal Díaz del Castillo1, nació al declinar el siglo XV2 en la localidad toledana de Oropesa. Sus padres, Pedro Sánchez Vázquez y Marina Alfonsa de Balboa, fallecieron tempranamente, encomendando la tutela del niño a unos poderosos parientes3. Pasó a América con Pedrarias Dávila y sirvió cerca de tres años en Castilla del Oro. Tras abandonar Panamá, Vázquez de Tapia tomó parte en la pacificación de Cuba, obteniendo una importante encomienda como recompensa por sus servicios. Veterano de la expedición de Grijalva (1518), tomó parte en la conquista de México. Finalizada la Conquista, que le reportó considerables beneficios económicos, Bernardino Vázquez de Tapia se convirtió en uno de los pilares de la nueva sociedad novohispana y, como suele suceder en casos semejantes, pronto se interesó por la vida pública. Regidor del Ayuntamiento de la Ciudad de México en 1524, ocupó la alcaldía en tres ocasiones4. En 1552 se le nombró alférez real y regidor decano del Ayuntamiento5. Su carrera política se caracterizó por los continuos enfrentamientos que sostuvo con Hernán Cortés y Antonio de Mendoza, máximos responsables de la Nueva España. Desconocemos la fecha de su fallecimiento; sólo sabemos que éste se debió a causas naturales. La relación Los factores que motivaron el escrito de Vázquez fueron de índole puramente administrativa. Es un hecho comprobado que la política europea del emperador Carlos tuvo desfavorables consecuencias para la economía de las Indias, que se vieron obligadas a financiar las continuas guerras que el césar libraba en el viejo continente. Cuando los recursos comenzaron a disminuir, la Corona planeó una seria reforma económica que se materializó el 20 de noviembre de 1542. Ese año, coincidiendo con una grave crisis militar, que se prolongaba desde 1539, Carlos firmó en Barcelona las famosísimas Nuevas leyes, que suponían el fin de las encomiendas6, pues se estipulaba que tales latifundios se declararían vacantes y regresarían al erario público apenas falleciese el titular. La nacionalización levantó una oleada de protestas que culminaron con la sublevación de Gonzalo Pizarro en el Perú. Sin embargo, la ira popular no llegó a tales extremos en Nueva España, pues el virrey Mendoza, hombre dialogante y comprensivo, aceptó diferir el cumplimiento de las ordenanzas hasta que el emperador resolviese la apelación preparada por los munícipes de la Ciudad de México; apelación que incluía infinidad de relaciones de méritos y servicios. El Consejo de Indias, asustado por el rumbo de los acontecimientos, derogó la polémica disposición el 20 de octubre de 15457. De lo arriba expuesto se deduce que nos encontramos ante un documento oficial escrito entre 1542 y 1546. Quiere ello decir que la relación carece de sentido histórico y, consecuentemente, no merece el calificativo de Crónica de la conquista de México que le ha aplicado algún exégeta. La obra, redactada con el plúmbeo lenguaje de los leguleyos, carece de datos etnográficos, presenta una cronología confusa e incorrecta y, sobre todo, prescinde de cualquier descripción. El ego predomina sobre el acontecimiento, y la acción no es sino un mero escenario, un telón de fondo que ensalza y agiganta la figura de un encomendero celoso de sus derechos. Ediciones Según los datos que obran en mi poder, la crónica de Bernardino Vázquez de Tapia fue publicada por primera vez en 1939. Su editor, el académico Manuel Romero de Terreros, completó el valioso documento con un apéndice que incluía la Cédula de concesión de escudo de armas, la ficha correspondiente al toledano inserta en el Diccionario autobiográfico de conquistadores, y el pasaje que Bartolomé Dorantes de Carranza dedicara al regidor en su pintoresca Sumaria relación8. En 1953, la editorial Porrúa reeditó el texto de Romero, ampliando el corpus documental con los testimonios prestados por Bernardino Vázquez en los juicios de residencia incoados contra Hernán Cortés y Pedro de Alvarado9. Dos décadas después, la Universidad Nacional Autónoma de México patrocinó una nueva edición a cargo de Jorge Gurría Lacroix10. Criterio editorial La presente edición reproduce la efectuada por don Manuel Romero en 1939, aunque se han introducido ligeras modificaciones con objeto de adecuar el texto al carácter colectivo del volumen. Los cambios se limitan a la modernización de aquellos arcaísmos cuya transcripción podría confundir al lector y a las contracciones, que se destraban por sistema. Asimismo me he tomado la libertad de incluir entre corchetes la palabra o palabras necesarias para la cabal comprensión de determinadas frases. Sin embargo, respeto la división del original dado su carácter jurídico. Por lo que respecta a los vocablos nahua, conservo la grafía utilizada por Vázquez de Tapia, quien --dicho sea al paso-- transcribe los fonemas mexicanos de forma similar a Bernal Díaz del Castillo. Cabe añadir que el regidor es bastante menos anárquico que su antiguo conmilitón, pues jamás altera los topónimos que emplea por primera vez, salvo en un par de ocasiones que troca Temistitlan por Tenuxtitlan y Guaquichula por Guaquechula.