La capital del barroco cordobés, cuna de personajes ilustres como Niceto Alcalá-Zamora o José Álvarez Cubero, se levanta en una fértil planicie, al pie las Sierras Subbéticas. Tan privilegiado lugar presenta ocupación desde muy antiguo, habiéndose encontrado evidencias de poblamiento durante el Paleolítico Medio, más concretamente del Musteriense. La idoneidad del lugar para la ocupación humana hace que también se asienten en él tanto los pueblos ibéricos como los romanos. Sin embargo, la localidad tendrá que esperar a la época musulmana para experimentar un fuerte desarrollo. Así, la primera referencia escrita sobre la villa la proporciona Ibn Al-Jatib, quien informa de que tropas egipcias que llegaron a la península con Abul-Jattar acabaron por asentarse en el año 746 en Bago, como así era llamado Priego por aquel entonces. Hacia el año 863, la población de Bago o Baguh -pues es varía la grafía que encuentran los estudiosos- es citada como una de las que participa en las campañas del emir Muhammad I, formando entre sus tropas muchos de sus pobladores. Mediado ese mismo siglo, la cora o provincia de Priego tendrá un papel relevante durante el convulso final de la centuria, en el que se suceden disputas y luchas en el seno del emirato cordobés. Así, en 889 Ibn Mastana, quien se nombró a sí mismo señor de Priego y de Luque, eligió la primera localidad como centro de sus operaciones. Ibn Mastana fue uno de los seguidores principales de la revuelta comandad por el muladí Ibn Hafsun. Durante la etapa califal, y después de haber sufrido diversas conquistas y destrucciones, Priego gozó de una cierta prosperidad. Sin embargo, cuando aquél desapareció, la población fue incluida primero en el reino zirí granadino y más tarde dominada por almorávides y almohades, sucesivamente. Aprovechando la debilidad de los musulmanes, la llamada Reconquista cristiana avanza, y Priego ha de ser fuertemente fortificada. A pesar de ello, los cristianos, dirigidos por el rey castellano Fernando III el Santo, logran tomar la villa en el año 1225. Tras la conquista cristiana, Priego es dada en encomienda a la Orden de Calatrava, con el encargo de defenderla de los previsibles intentos musulmanes de reconquista, dada su situación fronteriza. A pesar de ello, todavía volvería la población a manos musulmanas, pasando a pertenecer al reino nazarí de Granada. Poco habría de durar esta situación, pues en 1341 Alfonso XI la conquista de manera definitiva, reparando su muralla y favoreciendo su repoblación mediante la exención de ciertos tributos. A partir de 1370 Priego pasa a formar parte del patrimonio de la Casa de Aguilar, de la mano de su señor Gonzalo Fernández de Córdoba, gracias a una concesión de Enrique II. Don Pedro, su descendiente, será el primer titular del Marquesado de Priego, por nombramiento de los Reyes Católicos en 1502. A partir de entonces comienza una etapa de desarrollo para la villa. Las calles y plazas se adornan con nuevas edificaciones, tanto civiles como religiosas. Así, con construidas la Casa del Cabildo, la cárcel, el Pósito y las Carnicerías Reales. Además se construye la iglesia de San Esteban, hoy de San Francisco, y se vuelve a levantar la ermita de San Nicasio. En el siglo XVII, Priego experimenta en sus carnes la decadencia de la Monarquía hispánica que caracteriza a los Austrias menores. La crisis económica se ve incrementada tras la expulsión de los moriscos, que en número de 3.000 poblaban el barrio de la Puerta Granada. Muestra de la crisis es que los vecinos son obligados a pagar un impuesto, la alcabala, del que hasta entonces estaban exentos. Para evitarlo, entre todos llegan a un acuerdo con al Corona para comprar las alcabalas por la cantidad de 130.000 ducados, trato que rubrica Felipe III y que confirma Felipe IV en 1617. Por si fuera poco, dos epidemias de peste merman la población en 1650 y 1680. El siglo XVIII es una etapa de relativo bienestar económico, gracias especialmente a la industria de la seda. La centuria había comenzado con la participación de la villa en la Guerra de Sucesión y en la defensa de Gibraltar y, en 1711, había pasado a depender de la casa de Medinaceli. La pujante industria textil permitió en las primeras décadas del siglo decorar a sus iglesias y ermitas con obras y elementos del más puro estilo barroco, hasta el punto que la localidad se convirtió, desde el punto de vista artístico, en una villa con un barroco único, dada su originalidad. Yesos y maderas policromadas adornan ahora iglesias y palacios de nueva creación, trabajando en Priego autores como Hurtado Izquierdo, Pedrajas o Santaella. El virtuosismo del barroco cordobés alcanza entonces un punto culminante, sin parangón en la escena artística europea. Sin embargo, poco habrá de durar la bonanza económica. Las elevadas tasas, el descenso de la producción de seda y la competencia de tejidos como el algodón acaban por instalar la tan temida crisis. La situación se prolonga durante la centuria siguiente, el XIX, en la que se produce la desaparición de los gremios y se agrava debido a la convulsa situación política, con acontecimientos como la invasión napoleónica y las luchas entre liberales y conservadores. No obstante, a finales del siglo la población ha experimentado cierta recuperación, habiendo crecido el número de vecinos y la producción agrícola. Así las cosas, Alfonso XII le otorga el título de ciudad, lo que da fe de la importancia alcanzada. En las primeras décadas del siglo XX Priego llega a los 17.000 habitantes y empieza a aparecer en ella un cierto desarrollo industrial ligado, cómo no, al sector textil. Actualmente la localidad cuenta una pujante economía, basada en la agricultura, la industria y el turismo, industria esta última que se apoya en su impresionante patrimonio monumental.
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En medio de un circo montañoso que sombrea su huerta, Priego se alza como capital del barroco cordobés, lo que justifica por sí solo la visita. Numerosos hallazgos prehistóricos, ibéricos y romanos dan fe de la antigüedad del lugar. Con el tiempo, desempeñará un importante papel en la historia andalusí, hasta que Fernando III se apodera de ella en 1225. Priego fue uno de los principales centros de producción de seda, lo que fomentó el desarrollo artístico en la villa para convertirse en la capital del barroco cordobés. Los hitos monumentales del Sagrario de la Asunción, la Aurora y la Fuente del Rey la convierten en parada obligada para los amantes del arte. Además, es cuna de personajes ilustres como Niceto Alcalá-Zamora, presidente de la II República española, o el escultor José Alvarez Cubero.
Personaje
Militar
Intervino durante los primeros años de la Segunda Guerra Mundial como comandante de la U-Boot. Por iniciativa de Doenitz se lanzó al asalto de la base de la Royal Navy británica en Scapa Flow (Escocia). Prien culminó esta operación, que se saldó con el hundimiento de buque "Royal Oak" y la muerte de más de ochocientos hombres, con gran éxito. Su actuación en esta misión elevó sus cotas de popularidad. En marzo de 1941 el U-47 era alcanzado y se hundía con Prien a bordo.
lugar
Ciudad construida en las faldas del Micala, en la costa de Jonia, se desconoce sin embargo el lugar que ocupaba la Priene arcaica, recibiendo un nuevo emplazamiento en el siglo IV y continuando durante las dos centurias siguientes su construcción. La ciudad fue levantada sobre cuatro terraplenes escalonados de 300 metros, siendo protegida por un muro reforzado por bastiones y 16 torres. El plano urbano se ajusta al esquema hipodámico, pues templos, edificios civiles y viviendas se integran en bloques regulares. La acrópolis se construyó separada, circundada por un muro con diez torres. El ágora ocupa el centro de la ciudad, extendiéndose a lo largo de dos manzanas. Estructuras notables son el bouleuterion y el pritáneo, integradas ambas en un bloque, así como los gimnasios, el estadio o el teatro. Las casas tienen una construcción sólida, presentando tipologías diferentes, si bien predominan las viviendas con patio central. El suministro de agua estaba asegurado por un sistema de conducción de agua y almacenamiento en cisternas. Sus principales santuarios eran el templo de Atenea, deidad principal de la ciudad, levantado por Piteo, responsable también del Mausoleo de Halicarnaso. Otros edificios religiosos son el santuario de Zeus Olympios; el santuario de Deméter y Core, en la cuarta y más alta terraza; el santuario de Alejandro Magno, que restauró el templo de Atenea, y el altar de los dioses egipcios, situado en el sector oriental de la ciudad.
contexto
Pero quizá el caso más curioso e instructivo de las contradicciones de una ciudad en el siglo IV a. C. lo constituya la pequeña pólis de Priene. Merece la pena acercarse a ella con cierto detalle, y por ello comenzaremos por recordar que, abandonando el emplazamiento primitivo de la urbe por haberse cegado sus puertos, los ciudadanos decidieron construir una nueva Priene hacia el 350 a. C., ayudados por Atenas; y a la hora de planearla se empeñaron, sin mucha imaginación, en aplicar el sistema tradicional de las colonias. En realidad, ya el propio esquema teórico mostraba sus estrechas limitaciones cuando se eligió el emplazamiento: al ser éste un terreno inclinado, todas las calles N.-S., en algún tramo de su recorrido, necesitan escaleras, siendo por tanto inútiles para el tráfico rodado. Pero tan grave inconveniente para el movimiento interno de la ciudad no es un defecto aislado. Además, nos encontramos con que las puertas de las murallas no se hallan a ambos extremos de una misma calle, sino que enlazan con vías paralelas, pero diferentes y difíciles de enlazar entre sí: se trata de mantener la idea clásica según la cual la ciudad es centro de su territorio, nunca lugar de paso; algo que los esquemas comerciales en ascenso empezaban a poner fuertemente en duda. Y algo parecido cabe decir de la ya paradójica acrópolis, gigantesca y casi aislada de la ciudad: en una época en que los ejércitos son más de mercenarios que de ciudadanos, incluso hay leyes que prohíben a los jefes de guarnición descender de su fortín, para evitar golpes de Estado: la fortaleza es ya más un enemigo potencial que un lugar de refugio. Con tales incongruencias de base, sólo se comprende la pervivencia de Priene hasta fines del mundo antiguo si se tiene en cuenta que nunca creció, y que jamás alcanzaría más allá de 10.000 habitantes; con esta limitación, todas las incomodidades podían soportarse. Para irse poniendo al día lo más posible, bastó que, siglo a siglo, se fuesen incorporando a su caserío las novedades urbanísticas y arquitectónicas que en todas partes se desarrollaban paralelamente. Así, aparte de los templos tradicionales (entre ellos, el ya comentado de Atenea que proyectó Piteo y cuya terminación hubo de financiar Alejandro), vemos cómo se levanta en el siglo III a. C. un templo a los dioses egipcios, fruto de la difusión comercial helenística. Pero sobre todo aparecen edificios concretos destinados a funciones determinadas: es el caso, por ejemplo, del bouleutérion o ekklesiastérion (sede del consejo o de la asamblea de ciudadanos que gobernaba la ciudad), sala cubierta y con gradas muy típica del helenismo. También merece una mención el teatro, con gradas de piedra y escena arquitectónica compleja, de las que aparecen a fines del siglo III a. C.; y no cabe olvidar el gimnasio situado junto al estadio: este tipo de edificio, escuela para niños a la vez que lugar para ejercitar el cuerpo, con su patio porticado para competiciones y su sala para lavarse tras los ejercicios, es el verdadero símbolo de la cultura griega en todo el mundo helenizado. Junto a estos edificios, interesa ver, en el entramado de la ciudad, cómo se imponen los espacios y ambientes nuevos, rompiendo con la tradición clásica; en este sentido, quizá lo más claro sea el desarrollo urbanístico de la zona del ágora: pórticos y columnatas rodean la plaza, llevándose el comercio a las salas construidas bajo sus soportales; y mientras tanto el área central se llena hasta lo inverosímil de estatuas, bancos de piedra y monumentos varios, convirtiéndose en simple lugar de encuentro y en prestigioso escaparate de la ciudad y sus habitantes. Decididamente, el ágora ha pasado a ser un espacio decorativo, y sus funciones antiguas se han descentralizado por completo. Priene muestra a la vez las causas de la crisis del urbanismo clásico y las soluciones parciales que podían adoptarse cuando ya la planta de una urbe estaba trazada. Pero cabía un planteamiento del urbanismo más radical, que rompiese con la tradición para ajustarse decididamente a los nuevos tiempos. Y ese nuevo urbanismo debió de discutirse e iniciarse con Alejandro. En efecto, se trataba de un momento óptimo para tal tipo de disquisiciones: el conquistador, en sus larguísimas campañas, fundaba una colonia tras otra; cabía por tanto hacer todo tipo de ensayos, incluso teniendo en cuenta elementos tan desconocidos en la Grecia clásica como los palacios de reyes y gobernadores.
fuente
Su torreta con forma de púlpito y la ametralladora que llevaba montada provocó que se le bautizara con el nombre de "Priest" (traducido como cura). Su diseño se remonta a los semiorugas norteamericanos sobre los que se montaban obuses. Sin embargo, para que se amoldara a las dificultades del terreno se le adaptaron cadenas. Gran parte de la producción fue destinada al ejército británico de acuerdo con el programa "Préstamo y arriendo". La primera vez que aparecieron sobre el campo de combate fue en 1942 en la segunda batalla de El Alamein. Satisfechos con los servicios prestados el ejército inglés pidió 5.500 unidades. Uno de los inconvenientes que planteaba este modelo era el tamaño del obús, cuyo calibre era distinto al estándar británico. Esta circunstancia hizo necesario importar los proyectiles. En lo que se refiere al resto de sus prestaciones era tan fiable que se continuó utilizando como transporte, una vez concluida la guerra.
Personaje
Político
Comenzó a trabajar en "El Liberal" como taquígrafo y luego se convertiría en su director. Como representante del PSOE, ocupó el cargo de diputado en 1918. A lo largo de estos años se convirtió en uno de los personajes más acaudalados de su tiempo. Durante la dictadura de Primo de Rivera, se negó a colaborar. Fue uno de los firmantes del Pacto de San Sebastián y detentó la cartera de Hacienda y Obras Públicas desde la II República.Fue traficante de armas y uno de los participantes del alzamiento que tuvo lugar en octubre de 1934 y terminó en fracaso. Esta circunstancia le obligó a abandonar España. A su regreso mantuvo algunos enfrentamientos políticos con Largo Caballero, poco antes de que estallara la Guerra Civil. Mientras se desarrolló el conflicto fue ministro de Marina y Aire con Largo Caballero y con Negrín de Defensa. En 1938 tuvo que exiliarse a México, debido a las diferencias surgidas con el PCE.Al terminar la guerra, desde el exilio, creó una Junta de Ayuda a los Republicanos Españoles y la Junta Española de Liberación, con sede en México.Escritos de su autoría como "Discursos en América", "Palabras al viento" o "Cartas a un escultor: pequeños detalles de grandes sucesos", conforman su aportación literaria.