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Colección de Carlos V, en el Prado en 1847. Memling se formó en el taller de Van der Weyden en Bruselas, y se estableció en Brujas. Practicó un estilo claro, simétrico, rico en matices y sumamente competente, que carece de la fuerza emotiva de su maestro y del exquisito detalle técnico de Jan van Eyck. Las composiciones de este tríptico siguen modelos establecidos por Van der Weyden, pero son más apagadas y menos monumentales.
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Existe cierta sintonía entre esta Presentación en el Templo del retablo de los Oddi y la famosa escena de los Desposorios de la Virgen, especialmente en los simétricos grupos que acompañan a la escena central y en la disposición arquitectónica clásica donde se desarrolla la escena. En el centro de la composición María y José acompañan a Simeón, cuya figura se recorta ante un fondo neutro, relacionándose las figuras gracias a las miradas que confluyen en la Virgen, principal protagonista a la que se dirige el Niño Jesús. Las monumentales figuras se disponen bajo los arcos y enmarcadas por las columnas, destacando los pesados y plegados vestidos en sintonía con la alta sociedad renacentista, como también hacía Ghirlandaio. Los brillantes colores y las expresiones más vivaces indican un significativo avance en la pintura de Rafael, incluyendo estudios de claroscuro aprendidos de Leonardo.
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La Presentación en el templo, junto con otras seis tablas de idénticas dimensiones, formaría parte de alguno de los cuatro retablos de que nos hablan las crónicas que Giotto realizó durante su estancia en la ciudad de Florencia. El centro argumental de la obra lo forma la estructura arquitectónica, de líneas muy estilizados, que cubre el argumento de la tabla. El edificio presenta una decoración de carácter gótico que realza más sus formas elegantes. El espacio no está bien conseguido, aunque existe un empeño por parte del artista en simular cierta profundidad, tanto en la decorativa alfombra del suelo, como en la disposición ligeramente oblicua del templete. Es también característico el gesto del Niño, con los brazos extendidos, que lo pone en relación con la Madre, que igualmente avanza los brazos para cogerle. Pero este detalle más o menos naturalista queda atenuado por la profusión del dorado de fondo que, aunque recorta perfectamente las figuras, hace perder verosimilitud a la pintura. Y es que, el último período del maestro italiano tiende hacia el estilo refinado y elegante del Gótico internacional.
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El papel desempañado por la civilización egipcia en la Antigüedad va a ser crucial. Egipto se convierte en un punto de referencia fundamental para posteriores culturas como la griega o la romana, manifestándose continuas influencias incluso durante la Edad Media. La figura del faraón se convierte en la columna vertebral de la civilización egipcia, al unificar en su persona las dos coronas: el Alto y el Bajo Egipto. Cabeza de la administración, el ejército y la diplomacia, el faraón dirigirá el país y planificará las construcciones que se realicen en su tiempo, en un afán de perpetuar su memoria a través de monumentales edificaciones. Pocos alcanzan en este afán constructivo a Ramsés II, el último rey que logró mantener el esplendor de Egipto como potencia durante el Imperio Nuevo. La vocación mediterránea de Egipto le llevará en múltiples ocasiones a ampliar sus fronteras a las zonas de Siria y Palestina, encontrándose con los diferentes imperios asentados en el Oriente Próximo, como Asiria, Mitanni y Hatti. Estas continuas luchas marcarán la marcha histórica de Mesopotamia, donde aparecen diversas civilizaciones que se van afianzando paulatinamente en su entorno, enfrentándose para conquistar la hegemonía respecto a sus vecinos. Será en esta zona de Asia, en el llamado Creciente Fértil, donde se produzca la revolución neolítica que permite superar el Paleolítico, convirtiéndose así en cuna de la civilización y de la cultura. En Mesopotamia y en Egipto se producirá también el paso de la aldea a la ciudad, dando pie a la creación del Estado. La aparición de la escritura y de la numeración, producto de esa evolución, marcarán el tránsito de la Prehistoria a la Historia, uno de los hitos fundamentales de la humanidad.