Miembro de una noble familia toledana, a los 17 años tomó el hábito dominico en el Convento de San Esteban de Salamanca, perteneciente a la Orden de los Predicadores. Profesó en los conventos de Peñafiel y el de Santo Tomás de Avila, continuando sus estudios de teología en el Colegio de San Gregorio de Valladolid. Será nombrado vicario de la provincia dominicana de España y provincial de la misma, siendo elevado en 1518 a general de los dominicos, cargo en el que se mantuvo durante cinco años. En 1524 es propuesto por Carlos I para el obispado de Osma (Soria) cargo que mantendría hasta que en 1532 lo canjeó por el de Sigüenza, cuya remuneración era más alta. Siete años después alcanzó la diócesis arzobispal de Sevilla que ya mantuvo hasta el final de su vida. El cardenalato lo había obtenido en 1530 de manos de Clemente VII, durante su estancia en Bolonia para coronar emperador a Carlos V. La trayectoria política de García de Loaysa posiblemente será más brillante que la episcopal. En 1521 actuaría como mediador entre la Santa Junta Comunera y la Corona, después de ser acusado por el Consejo Real de Castilla de complaciente con la causa comunera, posiblemente por ser la Orden dominica la que más simpatizaba con los rebeldes. En 1523 pasará a desempeñar el influyente cargo de confesor de Carlos I y al año siguiente es nombrado presidente del Consejo de Indias, la primera persona que ocuparía este importante cargo. Desde este lugar se opondrá a todo tipo de humillación para con los indígenas, apoyando fervientemente la causa de Las Casas e interviniendo en la elaboración y promulgación de las Leyes Nuevas (1542-43) en las que se suprimía el régimen de encomienda. También participó en el litigio que los Colón había establecido con la Corona por las aplicaciones de las capitulaciones de Santa Fe, restringiendo en su sentencia los honores y privilegios de la familia del descubridor (1536). Desde 1526 era miembro del Consejo de Estado por lo que su participación en los asuntos de la época será fundamental. En 1530 es nombrado embajador en Roma, destino que él consideró como un destierro. A su regreso a España en 1535 formará parte del Consejo de Estado de doña Isabel, regente en aquellos momentos del país, y del Consejo de Carlos cuando éste regresó. Esta será la práctica habitual debido a los diversos viajes del emperador, permaneciendo Loaysa integrado de cualquier manera en la cúpula del Estado. Continuó su acumulación de nombramientos con el de comisario general del Consejo de Cruzada y en 1545 será nombrado Inquisidor General. Al año siguiente fallecerá.
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obra
Los etruscos sentían predilección por las fieras lactantes, por considerar quizá que en tal estado extreman ellas su agresividad. La Tumba de las Leonas de Tarquinia y otros sepulcros de la época dan muestras de esa predilección, como también lo hacen los símiles homéricos que para realzar el coraje de un guerrero lo comparan a la leona, la loba o la jabalina que han dejado a sus crías en el cubil. Igual cometido pudo tener la estatua de una loba -quizá esta misma- que se hallaba en el Comitium de Roma al pie de la ficus Ruminalis, la higuera consagrada a Júpiter, a cuyo pie habían sido expuestos Rómulo y Remo. La loba bastaba por sí sola para señalarla sacralidad del lugar y dispensarle protección. Pero en el año 295, cuando empieza a soplar sobre Roma la corriente renovadora del primer helenismo; los hermanos Ogulnios, los mismos que sustituyeron la vieja cuadriga del fastigium del Templo de Júpiter en el Capitolio por otra de aire más moderno, pusieron bajo las ubres de la Loba Ruminal las estatuas de los gemelos fundadores (Livio X, 23: lovemque in culmini cura quadrigis et ad ficum Ruminalem simulacra infantium conditorum urbis sub uberibus lupae posuerunt). Así pues, cuando ya no se entendía el sentido de las fieras arcaicas, la Loba quedó convertida por los Ogulnios en mater Romanorum. No se sabe cómo, los gemelos perecieron en el naufragio de la Antigüedad. Y durante todo el Medioevo, cuando la vio magister Gregorius a la puerta del Laterano, estuvo la Loba a la vista de otro público de gusto arcaico, que se estremecía de emoción ante las fieras, sin echar en falta el complemento idílico de Rómulo y Remo. Hubo de sobrevenir en el Renacimiento una nueva época de humanismo para que un escultor de entonces, quizá Antonio Pollaiuolo, volviese a ponerle unos gemelos lactantes, creando Con ello uno de los pastiches más famosos y mejor logrados de la historia del arte. Un lugar consagrado a Marte, a Apolo, o al Hades etrusco, las tres divinidades itálicas asociadas con el lobo, era el destino idóneo de esta Loba ancestral de los romanos, vigilante, amenazadora y firme en su actitud, obra de un gran artista de comienzos del siglo V. No parece haber estado nunca bajo la tierra, aunque sí haber sufrido efectos del fuego en sus patas traseras, pero no consecuencia necesariamente de haber sido alcanzada por un rayo. Dante la conoció y alude a ella en la "Divina Comedia". Como él, otros muchos escritores y artistas la han convertido en una de las estatuas de animales más célebres del mundo. Suele atribuirse al escultor del Apolo de Veyes, Vulca, o a su entorno.
Personaje
Escultor
Comenzó su labor como escultor en un taller de imaginería de Valladolid, consiguiendo una beca para ampliar sus estudios en la Escuela de San Fernando de Madrid, aunque renunció a ella para continuar sus estudios por su cuenta. En 1939 se instala en París, interesándose especialmente por la temática femenina. En sus trabajos resume en volúmenes esenciales la estela de Laurens y la orgánica, siendo la maternidad su asunto favorito.
Personaje
Político
Gobernador de Río de Janeiro, fundó la colonia del Sacramento en 1680 en la desembocadura del Río de la Plata. El objetivo respondía a la política portuguesa tendente a establecer el dominio sobre la región, en función de la indeterminación del Tratado de Tordesillas. Falleció en 1683 en Buenos Aires.
acepcion
Cada una de las partes, a manera de ondas, que sobresalen en el borde de una cosa.
contexto
El marco en el que se realizaron los frisos pictóricos de este arte son las paredes y, más raramente, las cornisas de abrigos o covachos rocosos abiertos por la naturaleza en diversos puntos de las serranías del tercio oriental peninsular, desde los Pirineos hasta la Penibética, aunque no faltan algunos conjuntos excepcionales localizados en las proximidades de la costa; aparecen en lugares iluminados por la luz solar, a diferencia de los frisos de arte rupestre cuaternario que, en la mayoría de las ocasiones, se encuentran en el interior de cavernas profundas en puntos donde es necesaria una iluminación provocada. Sin embargo, también existen algunas excepciones de manifestaciones levantinas realizadas en el interior de cuevas. La altitud de estos lugares es muy variable aunque generalmente oscila entre los 300 y los 1.000 metros y se encuentran en lugares bastante abruptos, próximos a barrancos donde, en los momentos en que se realizaron los frisos, existían corrientes de agua que, por una parte, permitían los asentamientos humanos y, por otra, servían de atracción a las especies cinegéticas de forma que estos parajes eran lugares idóneos para la actividad cazadora, de la que son un buen exponente los propios frisos pintados.Este círculo artístico recibe el nombre de la dispersión geográfica que alcanza y a la que ya hemos hecho referencia, la cual abarca desde la provincia de Huesca hasta la de Murcia, aunque muchos autores incluyen también dentro de él algunos conjuntos más meridionales, con representaciones estilísticamente próximas a las levantinas, pero integradas en conjuntos que globalmente encajan más en el denominado arte esquemático; un círculo que, en ocasiones, muestra muchos elementos comunes con el levantino por lo que resulta difícil acotar las respectivas delimitaciones.El número de estaciones con Arte levantino alcanza ya casi el centenar y medio con tres focos de máxima concentración en torno a la serranía de Albarracín (sur de Teruel y norte de Cuenca), la región del Maestrazgo y Bajo Ebro (sur de Tarragona y mitad norte de Castellón) y sur del País Valenciano (sur de Valencia, Alicante y área oriental de Murcia). Sin embargo, la constante ampliación del mapa de estaciones con pintura rupestre levantina está creando una trama más densa de yacimientos fuera de estas provincias.
Personaje
Pintor
Enmarcado en el gótico tardío supo imprimir en su obra una delicadeza especial. No obstante, fue un gran estudioso de la pintura flamenca desde que entra en contacto con la pintura de Robert Campin. En su obra rebosa el lirismo, expresado a través de una riqueza cromática y un detallismo exquisito. Una de sus creaciones más importantes es el tríptico del Altar de los patrones de la ciudad que pintó para la catedral de Colonia. En el Wallraf-Richartz Museum de esta misma ciudad se encuentra la Virgen del Rosal de enorme dulzura. Su obra y su estilo fue seguida durante mucho tiempo en la región renana y en Westfalia, provocando el interés de artistas como Durero.