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El "Libro de los Testamentos" de la catedral de Oviedo, encargado por un ambicioso obispo, Pelayo de Oviedo, contenía una serie de documentos regios con escenas alusivas a estos monarcas y al comitente. Sus imágenes presentan coincidencias iconográficas con algunos detalles de la decoración del panteón leonés, aunque, como indica Yarza, "mantenían ciertos vínculos con la tradición anterior". En esta escena podemos observar, en la parte inferior de la composición, al rey Ordoño I entregando su testamento a la reina Tarasia (según aparece en la inscripción superior) acompañados respectivamente de una sirvienta y un soldado, la sirvienta con un cáliz y la Hostia en la mano, símbolo de la piedad de ambos monarcas. En la zona superior de la imagen aparece Cristo en el centro ante un altar, en el que se aprecia la cruz en el centro y la alfa y la omega a cada lado (principio y fin de todas las cosas). La figura principal se acompaña de sendos personajes que ofrendan un cáliz y unas escrituras. Estas tres figuras se disponen bajo arquerías de medio punto.
contexto
LIBRO DÉCIMO De los vicios y virtudes de está gente indiana, y de los miembros de todo el cuerpo, interiores y esteriores, y de las enfermedades y medicinas contrarias, y de las naciones que a está tierra han venido a poblar Prólogo Si bien se considera la predicación evangélica y apostólica, hallarse ha muy claro que la predicación de los católicos predicadores ha de ser vicios y virtudes, persuadiendo lo uno y disuadiendo lo otro. Y lo más continuo ha de ser el persuadirlos las virtudes teologales y disuadirlos los vicios a ellas contrarias. Y de esto hay mucha materia en los seis libros primeros de está historia y en la postilla. sobre las epístolas y evangelios de los domingos de todo el año que hize. Y muy más resolutamente en la doctrina cristiana que los doze primeros predicadores predicaron a está gente indiana, la cual yo como testigo de vista copilé en está lengua mexicana. Y para dar mayor oportunidad y ayuda a los predicadores de está nueva iglesia, en este volumen, he tractado de las virtudes morales según la inteligencia y práctica y lenguaje que la misma gente tiene de ellas. No llevo en este tractado la orden que otros escriptores han llevado en tratar está materia, más llevo la orden de las personas, dignidades, y oficio y tractos, que entre está gente hay, poniendo la bondad de cada persona, y luego su maldad con copia de nombres, sustantivos, adjectivos y verbos, donde hay gran abundancia de lenguaje muy proprio y muy común entre ellos. Contiénense también por el mismo estilo en este volumen todas las partes del cuerpo, interiores y esteriores, muy por menudo. Y tras esto las más de las enfermedades y las medicinas contrarias, y junto a esto casi todas las generaciones que a está tierra han venido a poblar. Comiença el décimo libro de la General Historia, en que se trata de los vicios y virtudes, ansí espirituales como corporales de toda manera de personas
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Hay que pensar que para la ingente tarea pictórica que suponía la iluminación de los códices alfonsíes, el monarca hubo de recurrir a los artistas locales y foráneos. Si no es posible explicar la vasta empresa pictórica del rey Sabio como una mera prolongación de la miniatura castellana anterior, tampoco es una simple derivación de artistas extranjeros aquí traídos, y ello por dos razones. Por la profunda originalidad de los textos iluminados y por la calidad, a veces muy elevada y otras no tanto, de las miniaturas, que en todo caso presentan una serie de aspectos comunes.
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El Libro de Ajedrez forma parte de la cultura hermética promovida por Alfonso X, cultura ésta que levantaba críticas de la Iglesia, que consideraba casi pagano dicho juego.
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El Libro de Ajedrez forma parte de la cultura hermética promovida por Alfonso X, como se deduce de una miniatura del juego de ajedrez por astronomía en donde aparece el rey Sabio convertido en el planeta sol frente a seis contrincantes que simbolizan otros planetas. Cultura ésta que levantaba críticas de la Iglesia, que consideraba casi pagano dicho juego (San Luis rey de Francia lo prohibió en 1254), en abierta contradicción con las opiniones islámicas que veían en él un espejo de príncipes. En pro de la doctrina eclesiástica Jacobo de Cessolis, dominico, escribió con gran éxito el "Liber de moribus hominum et officis nobilium", ajedrez moralizado que casi nada se ocupa del juego sino que muestra las virtudes y vicios de la sociedad a través de un paralelismo entre las piezas de ajedrez y los representantes de la nobleza y el pueblo.
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Miniatura del Libro del ajedrez, dados y tablas de Alfonso X el Sabio.
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El Libro de Ajedrez forma parte de la cultura hermética promovida por Alfonso X, cultura ésta que levantaba críticas de la Iglesia, que consideraba casi pagano dicho juego (San Luis rey de Francia lo prohibió en 1254), en abierta contradicción con las opiniones islámicas que veían en él un espejo de príncipes. En pro de la doctrina eclesiástica Jacobo de Cessolis, dominico, escribió con gran éxito el "Liber de moribus hominum et officis nobilium", ajedrez moralizado que casi nada se ocupa del juego sino que muestra las virtudes y vicios de la sociedad a través de un paralelismo entre las piezas de ajedrez y los representantes de la nobleza y el pueblo.
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El Libro de Ajedrez forma parte de la cultura hermética promovida por Alfonso X, cultura ésta que levantaba críticas de la Iglesia, que consideraba casi pagano dicho juego (San Luis rey de Francia lo prohibió en 1254), en abierta contradicción con las opiniones islámicas que veían en él un espejo de príncipes. En pro de la doctrina eclesiástica Jacobo de Cessolis, dominico, escribió con gran éxito el "Liber de moribus hominum et officis nobilium", ajedrez moralizado que casi nada se ocupa del juego sino que muestra las virtudes y vicios de la sociedad a través de un paralelismo entre las piezas de ajedrez y los representantes de la nobleza y el pueblo.