LIBRO CUARTO De la astrología judiciaria o arte de adivinar que estos mexicanos usavan para saber cuáles días eran bien afortunados y cuáles mal afortunados, y qué condiciones tendrían los que nacían en los días atribuidos a los caracteres o signos que aquí se ponen, y parece cosa de nigromancia, que no de astrología CapÍtulo primero Del primero signo, llamado ce cipactli, y de la buena fortuna que tenían los que en él nacían, ansí hombres como mugeres, si no la perdían por su negligencia o floxura Aquí comiençan los caracteres de cada día que contavan por trezenas. Eran treze días en cda semana, y hazían un círculo de dozientos y sesenta días, y después tornavan al principio. El primer carácter se llama cipactli, que quiere dezir un "espadarte", que es pez que vive en la mar, y es principio de todos los caracteres que hazen y cuentan cada día hasta que hazen un círculo de dozientos y sesenta días, y comiença la cuenta de los días dando a cada carácter treze días, que se lima año de los caracteres. El primero día de los treze es de primero carácter que se llama cipactli; el segundo de otro carácter que se llama écatl, que quiere dezir " viento"; el tercero día es de otro carácter que se llama calli, que quiere dezir "casa"; el cuarto día es de otro carácter que se llama cuetzpalin, que quiere dezir "lagartija"; el quinto día es de otro carácter que se llama cóatl, que quiere dezir "culebra"; el sexto día es de otro carácter que se llama miquiztli, que quiere dezir "muerte"; el séptimo día es de otro carácter que se llama máçatl, que quiere dezir "ciervo"; el octavo día es de otro carácter que se llama tochtli, que quiere dezir "conejo"; el noveno día es de otro carácter que se llama atl, que quiere dezir "agua"; el décimo día es de otro carácter que se llama uçomatli, que quiere dezir "mona"; el undécimo día es de otro carácter que se llama itzcuintli, que quiere dezir "perro"; el duodécimo día es de otro carácter que se llama malinalli, que quiere dezir "heno"; el tredécimo día es de otro carácter que se llama ácatl, que quiere dezir "caña". Estos trezes días dezían que eran bien afortunados, que cualquiera que nacía en cualquiera de los trezes días, que si era hijo de principal, sería señor o senador y rico; y si es hijo de baxa suerte y de padres pobres, sería valiente y honrado y acatado de todos, y tendría qué comer, y si era hija la que nacía en cualquiera de los treze días, sería rica y tendría todo cuanto es menester para su casa, para gastar en comida y bevida, para hazer combite, para bailar y dançar en su casa, y dar comida y bevida a los pobres, viejos y huérfanos que no tienen qué comer y bever, y será todo próspero lo que hiziere por su trabajo para ganar la vida, y no se le perderá cosa ninguna del trabajo, y será hábil para vender todas las mercaderías y ganar todo cuanto pudiere. Y más, dezían que aunque en naciendo una criatura tuviesse carácter bien afortunado, si no hazía penitencia, y si no se castigava, y si no sufría los castigos que se le hazen y las palabras zelosas y ásperas que se le dan, y si es de mala criança, ni anda en camino derecho, pierde todo cuanto havía merecido por el buen signo en que nació. El mesmo se menosprecia y se ciega; aun si es amancebado pierde la buena fortuna que tenía, y ansí se empobreze y no tiene qué comer y bever, y tendrá gran trabajo en toda su vida, porque él mesmo buscó la mala ventura por su vellaquería, siendo desobediente y sobervio y descuidado, y en ninguna parte hallará contento, y siempre tendrá pobreza y mala ventura, y todos le menospreciarán y todos le tendrán en nada, y nadie le terná por amigo, y ándase solo, y nadie le quiere a bien, y en todo lugar le querrán mal, y todos le maldirán, y es odioso a todos y míranle con malos ojos por ser público pecador, y todos le maldizen por ser sobervio y vagamundo y por andar perdido y desobediente a lo que se mandava y aconsejava, y porque no cura de la buena criança. Y la criatura que nacía en buen signo dezían los padres y madres: "Nuestra criatura es bien afortunada y tiene buen signo, que se llama cipactli". Luego le baptizavan y le davan el nombre del signo, llamándole Cípac, o le davan otro nombre de los agüelos, etc. Y si les parecía, passavan el baptismo a otro día que fuesse de mejor fortuna dentro del mesmo signo. Y si la criatura que nacía era varón, cuando le baptizavan, hazíanle una rodela pequeña con cuatro saetillas y atavan a ellas el umbligo, y dávanlo todo junto a los hombres soldados para que lo llevassen al lugar de la pelea, y allí lo enterravan. Y si la criatura que nacía era muger, cuando le baptizavan, le ponían en el lebrillo todas las alhajas de muger con que hilan y texen, porque la vida de la muger es criarse en casa, y estar y vivir en ella; el umbligo enterrávanle junto al hogar. Y esta astrología o nigromancia fue tomada y hovo origen de una muger que se llama Oxocomo y de un hombre que se llama Cipactónal. Y los maestros de esta astrología o nigromancia que contavan estos signos, que se llamavan tonalpouhque, pintavan a esta muger Oxocomo y a este hombre Cipactónal y los ponían en medio de los libros donde estavan escritos todos los caracteres de cada día, porque dezían que eran señores de esta astrología o nigromancia, corno principales astrólogos, porque la inventaron y hizieron esta cuenta de todos los caracteres.
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LIBRO CUARTO DE LA HISTORIA DE LA FLORIDA DEL INCA Trata del combate del fuerte de Alibamo; la muerte de muchos españoles por falta de sal; cómo llegan a Chisca y pasan el Río Grande; indios y españoles hacen una solemne procesión para adorar la cruz, pidiendo a Dios mercedes; la cruel guerra y saco entre Capaha y Casquin; hallan los españoles invención para hacer sal; la fiereza de los tulas, en figuras y armas; un regalado invierno que los castellanos tuvieron en Utiangue. Contiene dieciséis capítulos CAPÍTULO I Salen los españoles del alojamiento Chicaza y combaten el fuerte de Alibamo El gobernador y sus capitanes, viendo que era ya pasado el mes de marzo y que era ya tiempo de pasar adelante en su descubrimiento, consultaron salir de aquel alojamiento y provincia de Chicaza, y la demás gente lo deseaba por verse fuera de aquella tierra donde tanta guerra y daño les habían hecho, y siempre de noche, que en todos los cuatro meses que allí estuvieron los españoles invernando, no faltaron los indios cuatro noches sin darles rebatos y arma continua. Con esta determinación común, salieron los nuestros de aquel puesto a los primeros de abril del año mil y quinientos y cuarenta y uno, y, habiendo caminado el primer día cuatro leguas de tierra llana, poblada de muchos pueblos pequeños de a quince y de veinte casas, pararon un cuarto de legua fuera de todo lo poblado, pareciéndoles que los indios de Chicaza, que tan molestos les habían sido en su tierra, viéndolos ya fuera de sus pueblos, les dejarían de perseguir. Mas ellos tenían otros pensamientos muy diferentes y ajenos de toda paz, como luego veremos. Como los españoles parasen para alojarse en aquel campo, enviaron por todas partes caballos que corriesen la tierra y viesen lo que había en circuito del alojamiento. Los cuales volvieron con aviso que cerca de allí había un fuerte hecho de madera, con gente de guerra muy escogida, que, al parecer, serían como cuatro mil hombres. El general, eligiendo cincuenta de a caballo, fue a reconocer el fuerte y, habiéndolo visto, volvió a los suyos y les dijo: "Caballeros, conviene, antes que la noche cierre, echemos del fuerte donde se han fortalecido, nuestros enemigos, los cuales, no contentos con la molestia y pesadumbre que tan porfiadamente en su tierra nos han dado, quieren, aunque estamos fuera de ella, molestarnos todavía por mostrar que no temen vuestras armas, pues las vienen a buscar fuera de sus términos. Por lo cual será bien que los castiguemos y que no queden esta noche donde están, porque, si allí los dejamos, saliendo por sus tercios en rueda, nos flecharán toda la noche sin dejarnos reposar." A todos pareció bien lo que el gobernador había dicho y así, dejando la tercia parte de la gente de infantes y caballos para guarda del real, fue toda la demás con el gobernador a combatir el fuerte llamado Alibamo, el cual era cuadrado, de cuatro lienzos iguales, hecho de maderos hincados, y cada lienzo de pared tenía cuatrocientos pasos de largo. Por de dentro en este cuadro había otros dos lienzos de madera que atravesaban el fuerte de una pared a otra. El lienzo de la frente tenía tres puertas pequeñas y tan bajas que no podía entrar hombre de a caballo por ellas. La una puerta estaba en medio del lienzo y las otras dos a los lados, junto a las esquinas. En derecho de estas tres puertas, había en cada lienzo otras tres, para que, si los españoles ganasen las primeras, se defendiesen en las del segundo lienzo, y en las del tercero y cuarto. Las puertas del postrer lienzo salían a un río que pasaba por las espaldas del fuerte. El río, aunque era angosto, era muy hondo y de barrancas muy altas, que con dificultad las podían subir y bajar a pie y de ninguna manera a caballo. Y éste fue el intento de los indios: hacer un fuerte donde pudiesen asegurarse de que los castellanos no les ofendiesen con los caballos entrando por las puertas o pasando el río, sino que peleasen a pie como ellos, porque a los infantes, como ya hemos dicho otras veces, no les habían temor alguno por parecerles que les eran iguales y aun superiores. Sobre el río tenían puentes hechas de madera, flacas y ruines, que con dificultad podían pasar por ellas. A los lados del fuerte no había puerta alguna. El gobernador, habiendo visto y considerado bien el fuerte, mandó que se apeasen cien caballeros de los más bien armados y, hechos tres escuadrones de a tres hombres por hilera, acometiesen el fuerte y que los infantes, que no iban tan bien armados de armas defensivas como los caballeros, fuesen en pos de ellos, y todos procurasen ganar las puertas. Así se ordenó en un punto. Al capitán Juan de Guzmán le cupo la una puerta, y al capitán Alonso Romo de Cardeñosa, la otra, y a Gonzalo Silvestre, la tercera, los cuales se pusieron en sus escuadrones en derecho de las puertas para las acometer. Los indios que hasta entonces habían estado encerrados en su fuerte, viendo los españoles apercibidos para los combatir, salieron cien hombres por cada puerta a escaramuzar con ellos. Traían grandes plumajes sobre las cabezas y, para parecer más feroces, venían todos ellos pintados a bandas las caras y los cuerpos, brazos y piernas, con tintas o betún de diversas colores, y con toda la gallardía que se puede imaginar arremetieron a los españoles. Y de las primeras flechas derribaron a Diego de Castro, natural de Badajoz, y a Pedro de Torres, natural de Burgos, ambos nobles y valientes, los cuales iban en la primera hilera, a los lados de Gonzalo Silvestre. A Diego de Castro hirieron encima de la rodilla, en el lagarto de la pierna derecha, con un arpón de pedernal a Pedro de Torres atravesaron una pierna por entre las dos canillas. Francisco de Reinoso, caballero natural de Astorga, viendo solo a Gonzalo Silvestre, que era su caudillo, se pasó de la segunda fila, donde iba, a la primera por no le dejar ir solo. En el segundo escuadrón, donde iba por capitán Juan de Guzmán, derribaron de otro flechazo con arpón de pedernal a otro caballero llamado Luis Bravo de Jerez, que iba al lado del capitán, y le hirieron en el lagarto del muslo. Al capitán Alonso Romo de Cardeñosa, que iba a combatir la tercera puerta, le quitaron de su lado uno de sus dos compañeros que había por nombre Francisco de Figueroa, muy noble en sangre y en virtud, natural de Zafra, el cual fue asimismo herido por el lagarto del muslo y también con arpón de pedernal, que estos indios, como gente plática en la guerra, tiraban a los españoles de los muslos abajo, que era lo que llevaban sin armas defensivas, y tirábanles con arpones de pedernal por poder hacer mayor daño porque, si no hiriesen de punta, cortasen de filo al pasar. Estos tres caballeros murieron poco después de la batalla, y todos en una hora, porque las heridas habían sido iguales. Causaron con su muerte mucha lástima, porque eran nobles, valientes y mozos, porque ninguno de ellos llegaba a los veinte y cinco años. Sin las heridas que hemos dicho, hubo otras muchas, porque los indios peleaban valentísimamente y tiraban a las piernas a sus enemigos. Lo cual, visto por los nuestros, dieron a una todos un alarido diciendo que cerrasen de golpe con los contrarios y no les diesen lugar a que gastasen sus flechas, con que tanto daño les hacían, y así los acometieron con toda furia y presteza y los llevaron retirando hasta las puertas del fuerte.
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LIBRO CUARTO CAPÍTULO I De tres géneros de mixtos que se han de tratar en esta historia Habiendo tratado en el libro precedente, de lo que toca a elementos y simples, lo que en materia de Indias nos ha ocurrido, en este presente trataremos de los compuestos y mixtos, cuanto al intento que llevamos pareciere convenir. Y aunque hay otros muchos géneros, a tres reduciremos esta materia, que son metales, plantas y animales. Los metales son como plantas encubiertas en las entrañas de la tierra, y tienen alguna semejanza en el modo de producirse, pues se ven también sus ramos y como tronco de donde salen, que son las vetas mayores y menores, que entre sí tienen notable trabazón y concierto, y en alguna manera parece que crecen los minerales al modo de plantas, no porque tengan verdadera vegetativa y vida interior, que esto es sólo de verdaderas plantas, sino porque de tal modo se producen en las entrañas de la tierra por virtud y eficacia del sol y de los otros planetas, que por discurso de tiempo largo se van acrecentando y cuasi propagando. Y así como los metales son como plantas ocultas de la tierra, así también podemos decir que las plantas son como animales fijos en un lugar, cuya vida se gobierna del alimento que la naturaleza les provee en su proprio nacimiento. Mas los animales exceden a las plantas, que como tienen ser más perfecto, tienen necesidad de alimento también más perfecto, y para buscalle les dio la naturaleza movimiento, y para conocelle y descubrille, sentido. De suerte que la tierra estéril y ruda es como materia y alimento de los metales; la tierra fértil y de más sazón es materia y alimento de plantas; las mismas plantas son alimento de animales, y las plantas y animales alimento de los hombres, sirviendo siempre la naturaleza inferior para sustento de la superior y la menos perfecta subordinándose a la más perfecta. De donde se entiende cuán lejos está el oro y la plata y lo demás, que los hombres ciegos de codicia estiman en tanto, de ser fin digno del hombre, pues están tantos grados más abajo que el hombre, y sólo al Creador y universal Hacedor de todo está sujeto y ordenado, como a proprio fin y descanso suyo, y todo lo demás no más de en cuanto le conduce y ayuda a conseguir este fin. Quien con esta filosofía mira las cosas creadas y discurre por ellas, puede sacar fruto de su conocimiento y consideración, sirviéndose de ellas para conocer y glorificar al autor de todas. Quien no pasa más adelante de entender sus propriedades y utilidades, o será curioso en el saber o codicioso en el adquirir, y al cabo le serán las criaturas lo que dice el sabio, que son a los pies de los insipientes y necios; conviene a saber: lazo y red en que cae y se enredan. Con el fin pues, y intento dicho, para que el Creador sea glorificado en sus criaturas, pretendo decir en este libro algo de lo mucho que hay digno de historia en Indias, cerca de los metales, y plantas y animales que son más propriamente de aquellas partes; y porque tratar esto exactamente sería obra muy grande y que requiere mayor conocimiento que el mío y mucha más desocupación de la que tengo, digo que solamente pienso tratar sucintamente algunas cosas, que por experiencia o por relación verdadera he considerado cerca de las tres cosas que he propuesto, dejando para otros más curiosos y diligentes la averiguación más larga de estas materias.
obra
En las últimas páginas del Libro de Ajedrez se representan -tras los juegos de Dados y Tablas que forman el conjunto tras el Ajedrez inicial- siete jugadores jugando a un juego de ajedrez por astronomía. Alfonso X aparece en lo alto, inconfundible por los escudos que le caracterizan en sus vestiduras, identificado con el astro Sol. Un personaje le abanica a él como únicamente corresponde a su rango. Los otros seis jugadores llevan los colores que permiten reconocer a los otros planetas. El tablero es un polígono de siete lados -uno por cada jugador- de acuerdo con los siete planetas. De fuera a dentro se suceden: Saturno en negro; Júpiter en verde; Marte en bermejo; Sol en amarillo; Venus en violeta; Mercurio de muchos colores; Luna, en blanco.