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A continuación describiremos, de oeste a este, las principales de la cincuentena de cuevas con arte paleolítico de la España cantábrica. También indicaremos su atribución estilístico-cronológica según los autores de sus monografías y según los sistemas de Breuil y de Leroi-Gourhan. Recuérdese que éste es uno de los tres grandes núcleos del arte franco-cantábrico. La cueva más occidental de esta región es la de la Peña de Candamo (San Román de Candamo, Asturias), en el valle del Nalón. Fue estudiada por E. Hernández-Pacheco en 1919. Contiene unas sesenta y cinco figuras, seis de las cuales están en un curioso camarín (bisonte muy perdido, dos cabezas de caballo, un caballo, una yegua de abultado vientre y un protomo de toro) y otras formando un complicado panel de grabados y algunas pinturas. En él destacan la bella representación de un ciervo herido por venablos y la de un uro de dos metros de longitud. Breuil vio en el arte de la Peña de Candamo la casi totalidad de sus secuencias cronológico-estilísticas. Para Leroi-Gourhan todo el conjunto pertenece a su Estilo III. En el curso medio del mismo río Nalón se han encontrado en los últimos años una serie de santuarios abiertos en abrigos o pequeñas cuevas. Todo el grupo está en curso de estudio por J. Fortea y sus colaboradores. Las cavidades más importantes son el abrigo de La Viña (Manzaneda) y la cueva de La Lluera (Priorio), con numerosas figuras grabadas con temas animalísticos y abstractos, que en la primera recubrían en parte los estratos arqueológicos. En La Viña se encontraron tres perfiles recortados (caballos) que cuentan entre las mejores piezas del arte mueble español (Solutrense o posterior). Otros lugares menores de la misma zona son la cueva del Conde (Tuñón), Los Murciélagos (Manzaneda), Godulfo (Berció), Entrefoces (Foz de Morcín) y la de Entrecuevas (Las Segadas) con varios signos rojos. Hacia el este, después de una zona vacía, se encuentra otro núcleo de arte paleolítico en el valle del río Sella, principalmente cerca de su desembocadura. En él lo más importante es el sistema cárstico que encierra las cuevas de Tito Bustillo, La Lloseta y la Cuevona (Ribadesella). La gran caverna de Tito Bustillo o El Ramu fue descubierta en 1968. Ha sido objeto de estudios de M. Berenguer, A. Beltrán, A. Moure y R. de Balbín. La forma una gran galería de más de 800 metros en forma de Y con varios divertículos. En ella merece ser destacado su gran panel de caballos y renos bicromos, pero también sus dispersos grabados y pinturas, y el santuario con signos sexuales femeninos, todo ello del Estilo IV, lo que se confirma por las fechas de C14 del yacimiento (entre 13.450 y 12.300; Magdaleniense superior). De las excavaciones allí realizadas proceden diversas piezas de arte mueble. Cuevas con arte paleolítico en la misma área de Ribadesella son Les Pedroses, con cinco ciervos y un probable caballo, en tinta plana y todos ellos acéfalos; y la de San Antonio, con un caballo de color negro. Más hacia el interior se halla la del Buxu (Gangas de Onís), con nueve caballos, nueve ciervos, tres cabras, un bisonte, un gamo y varios signos cuadrangulares característicos, finamente grabados o de color negro. La Paloma (Soto de Regueras) es una cavidad en cuya excavación se hallaron diversos objetos de arte mueble. En la zona de Llanes se hallan las cuevas de Quintanal, Balmori, Coberizas y Cueto de Lledías, entre otras menores. La decoración -principalmente bisontes- de la del Cueto de Lledías es posiblemente falsa. La de Herrerías presenta una serie de signos cerrados o planos de color rojo, en forma de reja. En el valle del Cares se encuentran las cuevas de Llonín (Peñamellera Alta), Coimbre (Alíes) y La Loja (Panes). El santuario de Llonín ha sido estudiado por M. Berenguer y P. Casado. Contiene un complicado panel con pinturas y grabados, en algunos casos con interesantes superposiciones. En la cueva de Coimbre puede verse un grabado de un bisonte muy realista. En la de La Loja, publicada en "Les cavernes de la region cantabrique" y posteriormente por J. M. Gómez Tabanera, hay un panel de grabados con cinco bóvidos y un caballo. La cueva del Pindal (Pimiango) está situada en la zona litoral, inmediatamente encima de un bello acantilado costero. Fue descubierta en 1908 por H. Alcalde del Río y publicada en "Les cavernes de la region cantabrique", a base de los calcos de Breuil. Posteriormente fue revisada por F. Jordá y M. Berenguer, con algunos hallazgos complementarios. Se trata de una cavidad de 350 metros de longitud, de tipo galería ancha. Las figuras se encuentran casi todas en el muro de la derecha y ocupan unos 15 metros del mismo. En total hay unas cuarenta representaciones en color rojo o grabadas. En el panel principal de dicha cueva del Pindal hay una decena de bisontes, tres caballos y una cierva (el tema bisonte + caballo + cierva es el mismo del plafón de Altamira). Los signos son del tipo de los de Niaux y La Cullalvera: claviforme, óvalos, bastoncillos y puntos. La asociación de signos masculinos y femeninos parece bastante clara: a cada uno de los animales corresponde una pareja claviforme + puntos, herida + puntos, o claviforme + bastoncillos. El segundo panel comporta un bisonte, una cabeza de caballo, un signo claviforme y una serie de bastoncillos alineados. Debajo del bisonte hay un extraño pez que es como una combinación de salmón y atún. Cerca se encuentra el a veces llamado mamut romántico, por haberse pensado que la mancha de su interior representaba el corazón (y que no es un Elephas antiquus). Hay otras figuras en la pared izquierda de la cueva, pero son borrosas y parecen corresponder a un conjunto incompleto. Todos los paralelos llevan a una atribución del Pindal al Estilo IV antiguo -por ejemplo, Niaux y Trois-Fréres- que confirma la presencia del pez -como en Pech Merle, Niaux, Mas-d'Azil y Le Portel-, o sea al Magdaleniense medio. En la parte oriental de Cantabria hay varias cuevas con arte: Micolón (Riclones), con signos, un oso y un par de équidos; Chufín (Riclones), que contiene dos santuarios, uno en el exterior con grabados sencillos, y otro interior con grabados finos y raspados y con pinturas rojas; La Meaza (Ruiseñada), con un gran signo abstracto; Las Aguas (Novales), que contiene dos siluetas de bisonte; y La Clotilde de Santa Isabel, en cuya galería axial hay una decena de grabados digitales que representan una cabeza de felino, bóvidos y un signo. La cueva de La Fuente del Salín (Val de San Vicente) es el más reciente de los descubrimientos de arte paleolítico de la cornisa cantábrica. Contiene más de una docena de improntas de manos, positivas y negativas, junto con algunas manchas y puntuaciones. En el valle del Pas está la cueva de Santián; en el de Mierea, la de Salitre; y en la zona litoral de Santander, las de Pendo y El Juyo. Tanto por ser la primera cueva con arte paleolítico descubierta como por la importancia de sus figuras, entre las cuevas santanderinas hay que subrayar la de Altamira (Santillana del Mar) que por su importancia estudiaremos aparte. A Altamira le sigue en interés el núcleo troglodítico del Monte del Castillo, en el pueblo de Puente Viesgo, en la orilla izquierda del río Pas. La cueva del Castillo, descubierta en 1903 por H. Alcalde del Río -publicada en "Les cavernes de la region cantabrique"-, fue objeto de importantes excavaciones dirigidas por Obermaier y Breuil (estudiadas por V. Cabrera). De las mismas procede un buen lote de arte mueble, en su mayor parte estudiado por M. Almagro Basch, incluida la serie de los omóplatos grabados pertenecientes al MagdaIeniense superior con arpones. Las paredes de la cavidad contienen unas 150 figuras zoomorfas, un centenar de manos y otro centenar de signos. Destacan un panel bastante deteriorado con bisontes polícromos de estilo altamirense, las bellas ciervas grabadas con técnica de raspado, el gran macho cabrío grabado, etcétera. Se hallan en galerías paralelas y en niveles distintos, unidos por una vasta zona de hundimientos. Indudablemente en El Castillo hay muchas cosas diversas. El abate Breuil, en 1912, realizó el primer análisis topográfico de los diferentes temas: manos, signos, figuras negras, etcétera. El trabajo de Leroi-Gourhan confirmó la hipótesis de Breuil acerca de la existencia de dos grandes períodos en El Castillo. El más antiguo sería del Estilo III, con manos negativas, bisontes sencillos y signos plenos. Estos configuran un espacio muy particular en el llamado rincón de los tectiformes, comparable al de La Pasiega. Otro santuario se repite más hacia el interior y termina con líneas de grandes puntos y un pequeño mamut. Una parte de estos puntos está en indudable relación con banderas estalagmíticas que sirvieron como litofono. Antes se encuentra la gran columna estalactítica con su hombre-bisonte. En ella -como para las máscaras y otras figuras- se han utilizado los relieves naturales. En el mismo Monte del Castillo se hallan las galerías de la cueva de La Pasiega, descubierta en 1911 por H. Obermaier, P. Wernert y H. Alcalde del Río, de la que realizó los calcos el abate Breuil y se publicó en 1913 con el título de "La Pasiega á Puente Viesgo". En su forma actual, con dos entradas artificiales, se pueden visitar las galerías B y C, accediéndose desde la primera a la galería A, todo ello con un complicado recorrido. El número total de representaciones es de unas 250, cuyo inventario aproximado es el siguiente: 46 caballos, 17 bisontes, 65 cérvidos, 12 cápridos, 14 uros, 2 manos, 2 antropomorfos, 13 indeterminados y más de 80 signos. Entre todas estas representaciones destacan una figura fantástica semihumana, un bello grupo de 20 signos en un lugar muy escondido y otro que parece una inscripción. Como corresponde a la intrincada topografía y a las varias entradas antiguas, en La Pasiega se pueden identificar varios santuarios. Estos son del Estilo III, aunque de un carácter menos arcaico que Lascaux (Solutrense evolucionado al final del Magdaleniense antiguo) y del Estilo IV antiguo del período de los claviformes. La tercera cueva del Monte del Castillo es la de Las Monedas, descubierta por iniciativa de A. García Lorenzo en 1952 y publicada por E. Ripoll en 1972. Su nombre se debe a un pequeño lote de monedas del siglo XVI, perdido allí por un ignoto explorador que recorrió la vasta cavidad en aquel tiempo. En una pequeña sala, no lejos de la entrada de esta caverna, hay 35 siluetas zoomorfas -entre ellas algunos renos, los primeros en ser identificados en el arte paleolítico español- y diversos signos, todo en color negro y sin ninguna presencia de grabados. Leroi-Gourhan interpretó el santuario de Las Monedas como un tipo característico de su Estilo IV reciente, con la ventaja de no haber sufrido sobrecargas ulteriores, siendo el único testimonio español del último período de las cuevas santuarios. Nosotros lo atribuimos a los artistas del Magdaleniense IV/V, o sea, cronológicamente, hacia los años 12000 a 10000 a. C., en números redondos. Los caballos y los bisontes se parecen a los de Niaux, Le Portel, Trois-Fréres y El Pindal. Todo lo cual no puede apoyarse en la arqueología pues las excavaciones en la primera sala no dieron ningún resultado (más tarde se encontró en ella un escondrijo con materiales de la Edad del Bronce, hoy en el Museo de Prehistoria de Santander). Por último, la cueva de Las Chimeneas, en el mismo conjunto de Puente Viesgo que venimos describiendo, fue descubierta en 1953 por A. García Lorenzo, J. Carballo y F. Puente, realizando los calcos M. A. García-Guinea. Las monografías son obra de J. González Echegaray en 1963 y 1974. Su nombre es debido a las simas por las que, desde una cueva en un nivel superior -actual entrada-, se alcanzó la cueva pintada y grabada. La entrada original todavía permanece colmatada por derrubios y formaciones calcáreas. La cueva contiene unas 40 figuras que van desde toscos grabados sobre la roca descompuesta -¿un mamut?- hasta grabados finos y una serie de bellas siluetas de ciervos de color negro y de un gran realismo pintados en un estrecho divertículo de la cavidad. Las astas, cornamentas, orejas, así como el uso de la perspectiva torcida, al igual que un ciervo con las patas rígidas y separadas hacia adelante y hacia atrás, son características del Estilo III. La también santanderina cueva de Hornos de la Peña (San Felices de Buelna, valle del río Besaya), poseía asimismo dos tipos de santuario. Del exterior queda sólo la parte trasera de un caballo fuertemente inciso, que es casi igual a otro caballo grabado sobre hueso que fue hallado en el nivel auriñacense durante las excavaciones practicadas en la entrada. En el interior hay una cuarentena de complicados grabados. El santuario exterior sería del Estilo II y el interior del Estilo IV. Otro núcleo de arte santanderino se encuentra en los alrededores de la población de Ramales de la Victoria, en la zona limítrofe entre Santander y Vizcaya. La cueva principal es la de Covalanas, en cuyas inmediaciones está la de La Haza. Ambas fueron descubiertas en 1903 por L. Sierra y H. Alcalde del Río, y luego publicadas en "Les cavernes de la region cantabrique". Covalanas tiene dos galerías de unos 100 metros de longitud. La de la derecha contiene unas 27 figuras, de ellas 18 ciervas -seis formando una probable escena-, dos caballos, dos toros -uno es seguramente un reno-, cuatro signos y un indeterminado. Las siluetas de los animales están trazadas a base de puntos, siendo esta cueva la más característica de esta técnica de tamponado que corresponde al Estilo IV. En La Haza hay siete figuras de color rojo: tres caballos, dos carniceros, una cierva borrosa y un indeterminado. En el mismo círculo rocoso de Ramales se encuentra la enorme caverna de La Cullalvera. En ella, a 700 metros de la entrada, se encuentran dos grupos de claviformes en rojo y en negro, y, a 1.200 metros, las siluetas lineales en negro de dos caballos, imágenes que son, con mucho, las más alejadas de la entrada entre todas las cuevas españolas con arte. También en la parte oriental de Cantabria hay otras cavidades menores con muestras de arte como Peña del Cuco (Castro Urdiales), La Lastrilla y La Hoz. No lejos de Ramales, en el desfiladero de Translaviña, hay varias cavidades. En su parte santanderina se abren las cuevas de Sotarriza y Covanegra. En su parte vizcaína se halla la cueva de La Venta de la Perra (Molinar de Carranza), que contiene cinco figuras de caballos y oso, profundamente grabadas y a la luz del día. En la provincia de Vizcaya destaca la caverna de Santimamiñe (Cortézubi) que fue publicada por T. de Aranzadi, J.M. de Barandiarán y E. de Eguren en 1925. El santuario, con sus representaciones de color negro y grabadas, tiene unos 20 metros de longitud y constituye una especie de camarín al que se accede por una cascada estalagmítica de 4/5 metros de altura. Este acceso debía ser antiguamente difícil. Más hacia el fondo de la caverna hay alguna figura suelta. El santuario propiamente dicho contiene treinta y ocho representaciones, que, aproximadamente, desde la entrada hacia el interior son: cinco bisontes, dos caballos y una cabeza de uro (o sea la conocida composición bisonte + caballo + toro); sigue el panel principal, a la izquierda, con siete bisontes, dos de ellos en posición vertical, más un bastoncillo y un pequeño rectángulo; y más al fondo un oso, la parte trasera de un cérvido o cáprido, una cabeza de ciervo y una cabeza de cabra, cerca de los cuales hay otros tres bisontes verticales. Las figuras pintadas son todas de color negro. El conjunto pertenece al Estilo IV antiguo y tiene un cierto parecido con el "Salón noir" de Niaux. Los bisontes tienen semejanzas con los de Altamira, Le Portel y el mismo Niaux. En cambio en los caballos no se representó la M ventral. Hay un único signo de forma rectangular y vacío, análogo a alguno de La Pasiega. La cueva de La Arenaza (San Pedro de Galdames) tiene unas pocas pinturas -entre ellas un toro y una cierva- realizadas con la misma técnica de tamponado utilizada en Covalanas. En la provincia de Guipúzcoa se hallan las cuevas de Altxerri (Aya, cerca de Orio) y Ekaín (Deva). La primera fue descubierta en 1962. La zona decorada está situada a un centenar de metros de la entrada y tiene, a su vez, una cincuentena de metros de longitud. Fue publicada primero por J. M. de Barandiarán y sus colaboradores y luego fue objeto de una monografía de J. Altuna y J. M. Apellaniz (1976). El conjunto de las representaciones ha sido dividido por estos autores en VII sectores topográficos. Con frecuencia se prepararon las superficies para los grabados o las pinturas. En el sector I hay unos cincuenta grabados: dos renos, tres carniceros (¿zorros?), cuatro peces (platijas), un antropomorfo y un signo formado por doce pequeños círculos, además de varios bisontes y cápridos. En el sector II hay dieciséis animales: seis bisontes pintados o grabados, tres cabras y un uro, así como algunos indeterminados. En el III hay un solo bisonte y un signo. El grupo IV comprende siete bisontes, un caballo, un indeterminado y varias manchas negras alineadas. En el sector V hay seis bisontes, dos caballos y tres cabras que representan la conocida fórmula de caballo + bisonte + cabra. Los sectores VI y VII repiten el tema del caballo/bisonte, y a ellos se suman cuatro renos en el VI y uno en el VII. Como en otras cuevas cantábricas es notable la presencia del reno. Algunas figuras están en posición vertical. Todo el conjunto pertenece al Estilo IV (Magdaleniense avanzado) de Leroi-Gourhan. La cueva de Ekaín fue encontrada en 1969 y estudiada inmediatamente por J. M. de Barandiarán y J. Altuna. Por sus pinturas en rojo y negro, algunas bicromas, combinadas con grabados, es una importante cavidad con arte rupestre paleolítico. Así, por ejemplo, sus tres paneles principales, según Leroi-Gourhan, contienen el conjunto de caballos más perfecto de todo el arte cuaternario. El santuario empieza a unos cuarenta metros de la entrada. El inventario mínimo de las figuras es el siguiente: veintiocho caballos, nueve bisontes, dos ciervos, tres peces, tres cabras, dos osos (uno de ellos acéfalo), dos indeterminados y diversos signos. Hay que observar que mientras que en otras cuevas el bisonte ocupa los lugares importantes y el caballo los marginales, en Ekaín ocurre lo contrario. Además, algunos animales están en posición vertical. Corresponde el conjunto al mejor Estilo IV, incluido el doble trazo de las grupas, los modelados del interior del cuerpo, entre ellos la M ventral, etc. Según el mismo autor: aproximadamente contemporáneas de las de Niaux y Altamira, las figuras de Ekaín representan una de las cimas del período clásico del arte franco-cantábrico. En la misma zona de Deva están las cuevas de Urtiaga y Ermitia, con algunos hallazgos de arte mueble. La más oriental de las cuevas cantábricas, ya en la proximidad de los Pirineos occidentales, es la de Alquerdi o Berroberría (Urdax), que contiene seis grabados incompletos, restos de un santuario externo que debió ser mucho más amplio.
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En la región de La Gironde, en los bajos cursos del Garona y el Dordoña, hay tres cuevas con arte: Saint Germain de la Riviére (algunos grabados), Mitrot (varios signos grabados) y Pair-non-Pair. Esta última, en el término de Prignac-etMarcamps, es importante por su decoración grabada muy antigua dentro de las series del arte parietal paleolítico (Perigordiense antiguo). Se trata de una cavidad no muy grande -unos 15 metros-, aunque hay que tener en cuenta algunos hundimientos modernos. Fue descubierta, excavada y estudiada por F. Daleau, que vio las figuras en 1883, pero no empezó a copiarlas hasta 1896. En los años treinta del siglo XX, H. Breuil copió la casi totalidad de los grabados con la ayuda de M. E. Boyle. La decoración se distribuye en siete paneles y actualmente está siendo revisada por A. Roussot. En el panel número 2 se encuentra el llamado agnus dei, que en realidad no es tal, debiéndose la confusión a la difícil lectura de los trazos superpuestos. El conjunto pertenece a los comienzos del estilo II de Leroi-Gourhan. En el departamento de Lot hay otra importante concentración de una veintena de cuevas con arte, entre las que citaremos las de Marcenac (Cabrerets), ciervo y cáprido grabados, un caballo y un bisonte en color negro; Grotte des Fieux (Miers), en un bloque de la sala principal, gribouillis en el que se distinguen dos o tres figuras zoomorfas, al lado un litofono; Grotte du Moulin (Saint-Cirq-Lapopie), con cinco figuras, cuatro de ellas bisontes de color negro; Grotte des Merveilles (Rocamadour); Le Pergousset (Saint-Géry); La Bigourdane (Saint-Géry); Sainte Eulalie (Espagnac); varios paneles con grabados; y Les Escabasses (Themines). Pero son más notables las de Pech-Merle y Cougnac. Pech-Merle es la cueva más importante del Quercy, en la confluencia de los ríos Lot y Célé. Fue descubierta por A. David y H. Dutertre en 1922 y en su estudio intervino ampliamente el abate A. Lemozi, autor de la monografía "La grotte-temple du Pech-Merle: un nouveau sanctuaire préhistorique" (París, 1929). En 1949, David descubrió la galería de Le Combel. Desde 1974, J. Lorblanchet ha dedicado muchos estudios a esta caverna. Forma un complicado recorrido de dos kilómetros de longitud. En una de las galerías se encontraron las huellas de los pasos de una adolescente de unos 12 años. Se obtuvieron dos fechas de C 14, 11.380 ± 390 y 12.000 ± 800, que son sin duda demasiado bajas y han sido discutidas. En realidad el arte de Pech-Merle hay que situarlo entre 20.000 y 15.000. La fauna representada comprende 21 mamuts, 12 bisontes, 7 caballos, 6 uros, 6 cérvidos, 2 cápridos, 1 oso, 1 felino y 3 animales fantásticos (llamados los antílopes de Le Combel). Hay, además, 12 figuras humanas -cuatro realistas y ocho muy esquemáticas-, y unos cuantos paneles de "macaroni". En Le Combel hay signos cuadrangulares y una serie de estalactitas convertidas en senos femeninos por la adición de puntos rojos. Esta decoración pertenece al estilo III arcaico, al igual que el famoso panel de los caballos punteados, o tordos. También son de destacar las llamadas mujeres bisontes, estilizaciones que van acompañadas de líneas de puntos y de un mamut, y el hombre herido, muy parecido a los de la vecina cueva de Cougnac. Singular importancia dentro del arte paleolítico tiene el gran friso negro, en el que hay una primera composición toro + caballo + mamut +signos, una segunda composición bisonte + caballo + mamut, así como una serie de parejas bisonte + mamut. El llamado plafón raspado es un magnífico gribouillis, con mamuts y mujeres-bisontes. La cueva de Cougnac (Payrignac) fue descubierta en 1952 y publicada por L. Méroc y J. Mazet el año siguiente. Comprende tres galerías, la principal de 100 metros de longitud. El repertorio, establecido por M. Lorblanchet, da las siguientes cantidades: 274 signos, 22 animales (8 cápridos, 7 cérvidos, 6 mamuts y 1 caballo, 4 humanos, una mano y uno no identificado. Hay un solo grabado y las figuras son de color negro o rojo, con superposiciones. Los signos son muy variados y van desde las formas más complicadas a los bastoncillos y las puntuaciones. Entre los cérvidos figuran al menos tres megaceros con sus grandes cornamentas. Los mamuts están representados de forma estilizada. Hay que recordar, asimismo, las dos figuras humanas acribilladas de flechas. Se han señalado paralelos de Cougnac en Le Portel, Lascaux y Le Gabillou. Por tanto, el conjunto pertenecería al final del Estilo III de Leroi-Gourhan, o sea al comienzo del Magdaleniense. Entre este grupo del Lot y la concentración de los Pirineos centrales, hay tres cuevas no lejos de Montauban: Mayriere Superieure (Bruniquel), Le Travers de Janoye y La Magdelaine de Albis, estos dos en Penne. La Magdelaine contiene dos grabados -un caballo y un bisonte- y dos bajorrelieves que representan dos mujeres recostadas.
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Ya en las inmediaciones de Les Eyzies tenemos los abrigos de Laugerie Basse, Laugerie Haute, Le Poisson, Oreille d'Enfer y La Ferrassie (Savignac), muy importantes como yacimientos arqueológicos y en los que se hallaron algunos bloques grabados o pintados. En el Abri du Poisson existe el bajorrelieve de un magnífico salmón (figura que se intentó arrancar). Pero, desde el punto de vista artístico, son más importantes en esta zona las cuevas de Les Combarelles, La Mouthe y Font de Gaume. La doble caverna de Les Combarelles se halla en el pequeño valle del mismo nombre, en la orilla izquierda del río Beune. En 1901 se descubrieron los grabados que publicaron Capitan, Breuil y Peyrony, primero en varios trabajos menores y luego en una gran monografía, "Les Combarelles aux Eyzies (Dordogne)", de la serie aparecida bajo los auspicios del Príncipe de Mónaco (París, 1924). Desde 1978 ha sido objeto de una profunda revisión por Cl. Barriére. Es una caverna en la que predominan ampliamente los grabados, aunque hay algunas pinturas muy desvanecidas. En la galería I hay las siguientes representaciones: 116 équidos, 37 bisontes, 7 uros, 14 renos, 13 mamuts, 9 cápridos, 9 cérvidos, 5 felinos, entre 1 y 4 cánidos, entre 1 y 3 rinocerontes, 1 zorro, 1 pez, 1 serpiente, 1 mano, 4 signos, 39 antropomorfos, 4 símbolos sexuales, y numerosas figuras dudosas. Son en total unas 300 figuras. En la galería 11 hay: seis bisontes, cinco caballos, un reno, un saiga y cinco o seis figuras dudosas, con un total de una veintena de figuras. Todo el conjunto ha sido atribuido al Magdaleniense medio y reciente (Estilos III-IV). La cueva de Font de Gaume está a un kilómetro de Les Eyzies, en el risco del mismo nombre en el que se levantan algunas casas. La cavidad tiene 120 metros de longitud, con tres galerías laterales. Fue descubierta por D. Peyrony en 1901, pocos días después de la exploración de Les Combarelles. Los autores de la bella monografía, "La caverne de Font de Gaume aux Eyzies" (Mónaco, 1910), fueron Capitan, Breuil y Peyrony. Posteriormente se han encontrado algunas otras figuras que aquellos no vieron. El inventario actual de representaciones de esta cueva es el siguiente: 82 bisontes, 45 caballos, 29 mamuts, 18 renos o cérvidos, 8 bóvidos, 5 cápridos, 2 rinocerontes, 1 felino (y otro dudoso), 1 oso, 1 lobo, 1, humano, 4 manos negativas, 23 tectiformes y 5 ó 6 signos diversos, o sea, en total, unas 225 figuras. Son notables las representaciones del "Cabinet des Bisons", las combinaciones de mamut + tectiforme, los bisontes bicromos, la pareja de renos, etc. Para el abate Breuil, la caverna de Font de Gaume parece haber sido frecuentada durante toda la edad del reno y el conjunto de sus obras pintadas o grabadas pertenece a épocas muy diversas (o sea desde el Auriñaciense al Magdaleniense superior). Por su parte, Leroi-Gourhan ve en Font de Gaume un conjunto más homogéneo y que ciertas superposiciones no serían tales sino la asociación de conjuntos coherentes sobre el tema bisonte + caballo + mamut, pudiéndose clasificar todo el arte de esta cavidad en los Estilos III y IV. También muy cerca de Les Eyzies, a dos kilómetros, se halla la cueva de La Mouthe, junto a la aldea del mismo nombre. Está formada por una galería axial de 182 metros, con varios divertículos y pequeñas salas. En los últimos años del siglo XIX la cavidad y sus obras de arte fueron estudiados por E. Rivière. El abate Breuil le prestó amplia atención de 1924 a 1928, pero los resultados de su trabajo no se dieron a conocer hasta 1952 en su libro "Quatre cents siécles d´art pariétal". Posteriormente se han encontrado algunas nuevas figuras. El conjunto se reparte en cinco espacios: Sala de los Toros (figuras profundamente incisas, cuatro toros, un équido, algunas subrayadas con color rojo), Sala de los Bisontes (con 21 figuras, casi todas grabadas: bisontes, bóvidos, cápridos, etc.), Sala de la Cabaña (llamada así por un gran signo rectangular, grabado y pintado; rinoceronte, cápridos, renos, mamuts), Sala de los Renos (con dos grandes ejemplares de este animal, en color negro). Dos puntos rojos marcan el final del santuario. Numerosas superposiciones, líneas sueltas y raspados hacen a veces difícil la lectura de las figuras de esta cueva. El total de representaciones bien identificadas es de 57. Los diferentes grupos corresponden a los estilos III y IV. Con las cavidades de las cercanías de Les Eyzies, que acabamos de describir sucintamente, forman grupo las de La Croze á Gontran, Cournazac, Saint-Cirq (con una curiosa figura humana itifálica) y Bara-Bahau, estas dos últimas en el término de Bugue. Otro grupo se halla más al suroeste de Les Eyzies, con cuevas como Roc de Vézac, Le Pigeonnier y Grande Grotte de Saint Front, entre otras, casi todas ellas en el término de Domme.
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El territorio platense se había interiorizado al Paraguay pero volvió a repoblarse mediante tres corrientes pobladoras. La primera, partió del propio Paraguay hacia la boca del Río de la Plata, que asentó colonos en el litoral y fundó nuevamente Buenos Aires. La segunda, salió del Perú y Chile y dio origen a la gobernación de Tucumán. La tercera, partió de Chile y pobló el corregimiento de Cuyo (Mendoza). Al dividirse, en 1617, la gobernación del Paraguay en las dos del Guayrá o Paraguay propiamente dicho y en la del Río de la Plata, resultaron cuatro unidades administrativas: las tres gobernaciones de Paraguay, Río de la Plata y Tucumán, y el corregimiento de Cuyo. Paraguay fue el primer gran centro de colonización regional. Los españoles encontraron allí alimentos abundantes, indios para servicio personal y seguridad interior, aparte de proximidad hacia la mítica Sierra de la Plata. El gobierno platense se asentó en Asunción y la población creció gracias al mestizaje con los indios carios, que aceptaron fácilmente a los dominadores. Asunción se llamó el "Paraíso de Mahoma", dado que cada español tenía tres o cuatro mujeres. Su economía agrícola fue pronto notable, pues a los cultivos autóctonos se sumaron pronto la caña y el arroz venidos de Brasil. También llegó de Brasil el ganado vacuno, que se reprodujo muy bien. Su primitivo papel de centro comercial entre el Río de la Plata y el Alto Perú fue suplantado por Tucumán, quedando marginado del flujo argentífero y del de las mercancías europeas. En el siglo XVII, estaba ya en decadencia y los portugueses lo hicieron objeto de sus depredaciones. Tras los gobiernos de Irala y Cabeza de Vaca, referidos anteriormente, fue administrado nuevamente por Irala hasta su muerte ocurrida en 1556. Sus sucesores realizaron algunas fundaciones como Ciudad Real (1557) y Santa Cruz de la Sierra (1561). Ante la decadencia de Asunción, el gobernador Ortiz de Vergara promovió un éxodo poblacional hacia Santa Cruz de la Sierra y Juan de Garay dirigió otro hacia la boca del Río de la Plata, del que resultó el asentamiento de Santa Fe (1573). La criollización del territorio era ya evidente a comienzos del XVII, cuando se nombró gobernador a Hernandarias de Saavedra y Obispo a su medio hermano Hernando de Trejo. Hernandarias hizo una nueva legislación para el trabajo indígena (1603), y numerosas expediciones: a Patagonia para buscar la ciudad de los Césares (1604) y a Uruguay y Brasil para contener a los portugueses. En 1617, se dividió la región ríoplatense en dos gobernaciones: la del Guayrá, que comprendía las ciudades de Asunción, Santiago de Jerez, Villa Rica y Ciudad Real, y la del Río de la Plata. Los franciscanos hicieron algunas misiones entre los guaraníes, creando en 1612 la provincia, pero los que verdaderamente crearon las misiones paraguayas fueron los jesuitas. En 1609 empezaron a fundarlas entre los guaycurúes y guaraníes. En 1611, el visitador Francisco de Alfaro declaró libres de encomiendas los indios convertidos por los jesuitas y dio sus famosas Ordenanzas. Los indios se asentaron en las reducciones de la Compañía y trabajaron comunitaria e individualmente bajo un régimen teocrático dirigido por dichos religiosos. Los bandeirantes de Sao Paulo atacaron sus misiones para capturar indios como esclavos. En 1629 cayeron sobre San Antonio y en 1631 destruyeron 11 de los 13 asentamientos. Los jesuitas se mantuvieron en Itatín y en la zona del Tape y Uruguay y enviaron coadjutores que habían sido soldados. Compraron armas y entrenaron militarmente a los indios. En 1639 derrotaron a una gran bandeira que asaltó las misiones en Caazapá Guazú. En 1641 vencieron a los bandeirantes en la batalla de Mbororé. En 1700 había 30 establecimientos misioneros de los jesuitas. Los portugueses reaccionaron ante esta defensa creando, en 1680, la Colonia del Sacramento en la Banda Oriental. Tucumán surgió como una gobernación trasandina en la ruta del Alto Perú a Chile y al Río de la Plata. El Pacificador Lagasca mandó colonizarlo a Núñez de Prado, tanto por su importancia estratégica (entonces ruta a Chile), como para desalojar al Perú de aventureros. Núñez de Prado salió de Potosí con 70 soldados en 1549 y al año siguiente fundó la ciudad del Barco, donde se erigiría San Miguel de Tucumán en 1565. La posterior penetración de Villagra por aquella ruta para reforzar a Valdivia hizo, no obstante, que Tucumán se vinculara a Chile, propósito que Valdivia puso de manifiesto cuando ordenó a Francisco de Aguirre gobernar la región. La dominación chilena se ratificó con la fundación de Santiago del Estero (1553). Aguirre repartió indios y asentó la colonia. Hurtado de Mendoza envió luego desde Santiago a Juan Pérez de Zurita (1557) que amplió el dominio, fundando los ciudades de Londres, Córdoba del Calchaquí y Cañete. Además, visitó y apaciguó los indios. Un posterior alzamiento indígena obligó a despoblar Londres y Cañete. En 1563, el Consejo de Indias estableció formalmente la gobernación de Tucumán, dependiente en lo jurídico de Charcas y en todo lo demás del virreinato del Perú. El Virrey Toledo apoyó la colonización de Tucumán dentro de su política de dotar a la minería potosina de una infraestructura agropecuaria y ordenó al gobernador Cabrera de Tucumán que fundara una ciudad en el valle de Salta. Surgió así Córdoba de Nueva Andalucía (1573), poblamiento que robustecieron sus sucesores Abreu y Gonzalo de Lerma. Este último fundó Salta en 1582. Ramírez de Velasco completó el proceso con la creación de La Rioja (1591), Madrid de las Juntas (1592) y Jujuy (1593). El reparto de encomiendas, el cultivo de algodón y el fomento de la ganadería consolidaron la colonia. Tucumán enviaba tejidos burdos y ganado bovino y mular al Potosí, convirtiéndose en un paraíso para el contrabando durante el siglo XVII. En 1622, se estableció su aduana seca, cargándose el 50% al precio de las mercancías y prohibiéndose el tráfico de metales preciosos. La gobernación llegó a tener ocho poblaciones con dos mil blancos y 15.000 indios. El decrecimiento de la demografía indígena frenó luego la producción pañera y los levantamientos de los calchaquíes (1630-36) amenazaron seriamente a San Miguel, Salta y Jujuy. En Tucumán y Cuyo, los 264.058 indios encomendados y 335 encomenderos que existían en 1607, disminuyeron en 1673 a 12.994 indios y 172 encomenderos. También perturbó su economía el levantamiento del falso inca Pedro de Bohorques (1657-59), que reprimió el gobernador Alonso de Mercado. Santiago del Estero y San Miguel de Tucumán fueron trasladados y en 1683 se fundó Catamarca. En 1696, se trasladó el obispado de Santiago del Estero a Córdoba, capital indiscutible de la región, donde los jesuitas habían fundado su Colegio Máximo y Seminario (1610) y la Universidad (1614). Ese mismo año se pasó la aduana seca a Jujuy. A fines del siglo XVII, Tucumán tenía 20.000 cabezas de ganado mular y 70.000 de vacuno. Cuyo nació a la sombra de Chile, pese a estar al otro lado de los Andes. Villagra pasó por su territorio cuando fue a reforzar a Valdivia y éste mandó a Francisco de Aguirre para que se posesionara del mismo y fundase en tierra de los indios huarpes, pero no pudo hacerlo por tener que regresar rápidamente a Chile tras la noticia del desastre de Tucapel. El gobernador García Hurtado de Mendoza dio el mismo encargo a Pedro de Castillo en 1560, que tuvo más éxito y fundó, en 1561, la ciudad de Mendoza. Hizo Cabildo y repartió tierras y 30 encomiendas. Posteriormente Juan Jufré, enviado por el gobernador Francisco de Villagra, cambió de sitio a Mendoza y erigió San Juan de la Frontera (1562). A esta ciudad se añadió la de San Luis (1594), establecida por Luis Jufré (hijo del anterior) cumpliendo órdenes del gobernador de Chile. Estas tres ciudades fueron base de la colonización del corregimiento chileno, cuya cabecera era Mendoza. El Río de la Plata volvió a poblarse por motivos económicos (necesidad de dotar de un puerto a Paraguay y Tucumán). La fundación de Santa Fe (1573) por Juan de Garay sobre el río Paraná fue el avance de esta penetración, que culminó en 1580 cuando Garay, por orden del Adelantado Torres de Vera, procedió a refundar Buenos Aires -se bautizó como Santísima Trinidad- con colonos asunceños (10 españoles, 55 mestizos y 1 mujer). Se erigió Cabildo y se repartieron tierras. Tras la muerte de Garay, se fundaron Concepción (1585) y Corrientes (1588) en la ruta entre Asunción y Buenos Aires. Pronto empezó a configurarse el Río de la Plata como la boca (ilegal) de salida de la plata del Potosí. En 1617, se dividió la región rioplatense, como dijimos. La Gobernación del Río de la Plata comprendió las ciudades de Buenos Aires, Concepción, Corrientes y Santa Fe. En 1620 tuvo obispado. La zona prosperó mucho gracias al contrabando con Brasil durante la unión de las dos Coronas y en 1602 se autorizó el comercio entre ambos territorios. En 1618 se pretendió aminorar el contrabando mediante el comercio directo con Sevilla, que podría hacerse en dos naves anuales, pero en 1622 se estableció la aduana seca de Córdoba, que asfixió la economía bonaerense. Pese a todo, Buenos Aires aumentó de unos mil habitantes en 1620 a unos 5.000 en 1680, y las encomiendas de 15 en 1639 a 26 en 1673. En 1663 se creó la Audiencia de Buenos Aires, que se extinguió en 1671. Durante el siglo XVII, se despobló Concepción por la presión de los indios, trasladándose sus vecinos a Corrientes. El Gobernador Garro de Buenos Aires expulsó a los portugueses de su recién creada colonia del Sacramento (1680), pero la Corona ordenó devolverla en 1681.
contexto
La Reina de Saba Ya tenemos a doña Isabel Barreto como gobernadora de la colonia de Santa Cruz, adelantada de las islas de Poniente, marquesa, etc. Tenemos en ella a la primera mujer que ostentará tales títulos, si exceptuamos, claro está, el de marquesa. De carácter varonil, autoritaria, indómita, impondrá su voluntad despótica a todos los que están bajo su mando, sobre todo en el peligroso viaje hacia Manila. La flamante gobernadora sabe que su colonización ha fracasado. Ahora, no intenta atajar la recogida de firmas que va recibiendo el vicario para salir de la isla. Dicha recogida no encontrará facilidades, por temor a correr la misma suerte que el Maese de Campo y sus compañeros. Finalmente, la gobernadora autoriza la información solicitada por el vicario, que tiene lugar el 30 de octubre40. En ella declara Quirós que interesa abandonar la isla de Santa Cruz, ya que había fallecido el adelantado, y le había perdido la nao Almirante; el segundo testigo, un marinero, declara lo mismo que el piloto mayor, y añade que para regresar a Perú directamente se necesitaban más marineros de los que había; en parecidos términos son las declaraciones del condestable, del contramaestre y de tres marineros más. Lorenzo Barreto, que había quedado como capitán general de la expedición, se adhiere a la información, proponiendo la salida de la malsana isla. Pero no llegará a verla, pues también él, como el vicario, morirán en los próximos días. La muerte de su hermano mayor es la gota que colma el vaso, y así, el 14 de noviembre propuso la gobernadora que quería salir de aquella isla, a buscar la de San Cristóbal, por ver si en ella se encontraba la Almiranta. El acuerdo y parecer de todos fue unánime en salir lo más rápidamente posible de la isla. Como el galeón San Gerónimo estaba muy necesitado de aparejos y de marinería, Quirós aconsejó a la adelantada que se abandonaran la fragata y la galeota, y así se aprovecharían sus jarcias y velamen para la capitana, amén del mal estado de varios navíos. Pero sus propietarios se negaron a aceptar el criterio del piloto mayor, pretendiendo salvar aquellos navíos carcomidos por la broma. Terrible error que pagarían con sus vidas, pues esas naves, dos en total, serían tragadas por el Pacífico en su demanda de las islas Filipinas. El 18 de noviembre salían de la trágica bahía Graciosa en la isla de Santa Cruz. El temor era mucho, pero todo era preferible antes que seguir en aquel pudridero. En los últimos días se había enterrado a cuarenta y siete personas. Como no se localizase la isla de San Cristóbal, ni menos la nao Almiranta, y fuimos dos días y no vimos nada, y a petición de toda la gente, que daba voces que los llevábamos a perder, mandóme hiciese el camino a Manila. Dos rutas se planteaban a Quirós: aunque lo lógico hubiera sido hacer y remontar la Nueva Guinea, las dudas sobre su exacta localización, como habían comprobado al no hallar las Salomón, determinó al piloto mayor a elegir la más larga pero también más conocida, que consistía en buscar las ladronas, donde se encontraba la isla de Guam, conocida desde Magallanes, y desde allí bajar a las Filipinas por ruta harto desconocida. Así emprendieron el rumbo Nornorueste, y el 10 de diciembre alcanzan la línea ecuatorial. La galeota, que a duras penas les seguía, aquella noche desapareció para no ser vista más. La navegación era cada vez más trabajosa, a causa del mal estado de los navíos, y las restricciones en el abastecimiento paulatinamente se endurecen, sobre todo en lo tocante al agua. Y aquí viene lo más chocante. Doña Isabel de Barreto, muy poseída de todos sus cargos, y con gran estupor de todos, hacia gran consumo de ella: Era muy larga la gobernadora en gastarla, y, en lavar con ella la ropa, y para este efecto le envió a pedir una botija41. Como el piloto mayor no se la diese, la adelantada a punto estuvo de declarar rebelde a Quirós, y expedita, mandó quitar las llaves al despensero para entregarlas a un criado suyo. Como se comprenderá, tales hechos no pasaron inadvertidos y provocaron la ira general contra la Barreto. No debemos extrañarnos que pronto en los corrillos se comentara la conveniencia de nombrar por general a un varón, dados los caprichos tan impertinentes de mujer tan orgullosa. En la noche del 20 de diciembre desaparece la fragata mandada por Diego de Vera. Hay una acusación de Quirós contra la Adelantada, porque ésta no consintió en el trasbordo de su tripulación a la Capitana. El día 3 de enero llegan a la isla de Guam, donde son bien recibidos por los naturales, pero no pueden abastecerse de refresco, pues el batel se encuentra sin aparejos. Sin cartas, y gobernando por noticias, Fernández de Quirós enfiló la nave hacia las Filipinas, primera tierra de los cristianos en aquellas apartadas altitudes. El 14 de enero avistan tierra, y ante la primera embocadura de una bahía, una gran parte de los tripulantes, y entre ellos la adelantada, creen haber llegado a Manila. Quirós pasa adelante buscando una rada tranquila, pero para mayor complicación el navío se le desarbola. Doña Isabel, cada día más histérica, se derrumba creyendo llegado el último día de su vida. Finalmente, arreglan el aparejo y encuentran una bahía en la isla de Mindanao. Los naturales se les acercan temerosos de que sean ingleses y les hacen sabedores de las últimas noticias que corren por las Filipinas. El nuevo gobernador de Manila es don Luis Pérez das Mariñas, y existe el temor de que el archipiélago sea invadido por una armada japonesa. Es tan lastimoso el estado de la San Gerónimo, que Quirós aconseja abandonarla y desembarcar las cosas de valor. Doña Isabel no acepta las razones y dicta un auto de procesamiento contra Quirós, por motín, por no cumplir sus órdenes. Tan tirana se pone, que dicta un bando prohibiendo el abandono del navío, bajo pena de muerte, sin su permiso. Y hubiera ahorcado a un soldado que se atrevió a marchar a un pueblecito en busca de comida si no interviene el piloto mayor. El 29 de enero reemprenden la navegación, llegando al puerto de Cavite el 11 de febrero de 1596. Pasan tres días infructuosamente, intentando embocar en la bahía. La llegada al puerto de Cavite fue realmente emocionante. Sabedoras las autoridades de Manila de la llegada de los expedicionarios al archipiélago, se les esperaba con gran curiosidad. No sólo estaban las más altas autoridades, sino toda la gente del mar y otras personas de la ciudad vinieron a ver la nao por cosa de ver, así por sus necesidades como por venir del Perú y traer, como se decía, la Reina de Saba, de las islas Salomón. La entrada de doña Isabel Barreto fue espectacular. Entró de noche y fue recibida con aparato de hachas y bien hospedada. El viaje y su popularidad concluirían poco tiempo después, pero antes, aprovechando el hechizo de su leyenda, doña Isabel lograba que cayese enamorado y rápidamente la desposase don Fernando de Castro, sobrino del gobernador de Manila, Pérez das Marinas, que recientemente había sido nombrado general de la nao de Acapulco, encargada de las comunicaciones entre las Filipinas y el Virreinato de Nueva España. A partir de entonces el protagonismo de la Barreto pasará a un segundo plano, por la representación que de sus derechos hace su segundo marido. El 10 de agosto de 1597, la pareja se embarcó en el San Gerónimo, ya reparado, y llegaron a Acapulco el 11 de diciembre, solicitando desde México, continuar los descubrimientos de Mendaña. En 1598 regresó don Fernando a Filipinas, quedando en México su mujer, que para entonces ya había sido madre. A la vuelta del marido pasaron a Perú, para hacerse cargo de la encomienda que tenía Mendaña en Guánuco. En 1602 socilitaban licencia de ocho años para pasar a España, e intentar reanudar los viajes a las islas Salomón. Un año después, sabedores de que a Pedro Fernández de Quirós le iban a conceder autorización para nuevos descubrimientos, protestaron airadamente, diciendo que no se habían pagado los 130.000 pesos de las deudas que contrajo el adelantado Mendaña. Solicitaron, bien encomiendas de indios, o pensiones sobre ellos, que durasen por dos vidas, con que también pudieran remediar a sus hijos, caso de faltarles sus padres. Finalmente, el 29 de diciembre de 1608, en carta fechada desde Lima, volvieron a protestar contra las pretensiones de Quirós de hacer otros viajes, pues iba contra los derechos de la adelantada. Por último, sabemos que la pareja y sus hijos, en 1609, embarcaron para la Península y al parecer crearon un mayorazgo en Galicia, aunque Justo Zaragoza afirma que esto no ha podido ser probado42.
obra
Considerado como uno de los mejores entre los realizados por Velázquez, este retrato de la reina Mariana de Austria, segunda esposa de Felipe IV, se suele fechar hacia 1652-53. Viste la soberana traje de color negro y plata, adornado con lazos rojos en las muñecas y en la peluca. Ese mismo color también aparece en el tocado de plumas, el cortinaje, el tapete de la mesa y el sillón sobre el que apoya su mano derecha, sillón al que Mariana tiene derecho por su categoría de reina. El reloj dorado en forma de torre que vemos detrás de ella subraya dicha categoría real y marca la exactitud en el cumplimiento de sus deberes.La postura de la modelo y la pincelada suelta empleada por el maestro son características de esta etapa velazqueña, obteniéndose un retrato sencillo pero a la vez elegante y majestuoso. El rostro excesivamente maquillado, en el que centra su atención el pintor, marca el gesto triste que acompañaría a esta mujer durante toda su vida, al no sentirse cómoda en la corte española, cuya rígida etiqueta era difícil de soportar para las soberanas. El lienzo formaba pareja con el retrato de Felipe IV con un león a los pies, también en el Museo del Prado.
contexto
Mientras el Reino Unido experimentaba estas tensiones, provocadas por las exigencias de los radicales y de algunos reformistas sociales, se había producido la muerte de Guillermo IV (junio de 1837) y el acceso al trono de su sobrina Victoria, de dieciocho años, que reinaría hasta 1901. El vizconde Melbourne, que presidía el gobierno liberal, fue ratificado en el poder y se convirtió en mentor de la nueva soberana.El acceso de la nueva reina significaba, por otra parte, que se disolvía la unión dinástica entre el Reino Unido y Hannover, ya que en el reino alemán regía la ley Sálica. El nuevo monarca sería el duque de Cumberland, tío de Victoria.Ésta, que se había criado en un relativo aislamiento, contó en los inicios de su reinado con el asesoramiento de su tío, Leopoldo de Sajonia-Coburgo, rey de los belgas que le proporcionó al barón Stockmar como consejero, a la vez que la reina mejoraba su conocimiento de la práctica constitucional con los consejos de Melbourne.La boda, en 1840, de la joven reina con el príncipe Alberto de Sajonia-Coburgo dio consistencia a la institución monárquica, aparte de que la nueva soberana dio pronto muestras de un carácter resuelto aunque prudente. Aunque sus funciones estuvieran muy limitadas, siempre quiso estar bien informada de un gobierno que se ejercía en su nombre. A partir de 1861, con la muerte del príncipe Alberto, sus apariciones públicas se redujeron notablemente, lo que llegó a plantear una grave preocupación entre los líderes políticos. Los nueve hijos fruto del matrimonio permitieron a Victoria emparentar con las grandes casas dinásticas europeas (el futuro emperador de Alemania, Guillermo II, sería nieto suyo, y una nieta suya estaría casada con el zar Nicolás II) lo que proporcionó una notable trascendencia diplomática a sus relaciones familiares.