Lugar habitado desde al menos dos milenios antes de Cristo, parece ser que tuvo el nombre de Iruñea, lo que significaría "la ciudad". Ya desde muy antiguo aparecen referencias a la población, siendo citada por Estrabón como capital del territorio de los vascones.En tiempo de los romanos se produce un asentamiento de estos sobre el de los vascones, a cargo del general Cneo Pompeyo. Este, entre los años 75 y 74 a.C., construye una fortificación para asentar a sus legiones, en guerra contra las de Sertorio. Nace así la ciudad de Pompaelo o Pompailon -"ciudad de Pompeyo"- una urbe que prospera gracias a su posición privilegiada, en el cruce de caminos entre la Galia, el cantábrico y el Ebro.Arrasada por las invasiones bárbaras, tras ser reconstruida se convierte en sede episcopal bajo el dominio visigodo.La invasión musulmana hace de Pamplona una ciudad tributaria del poder musulmán. Los emires de Córdoba alternan etapas de confrontación con otras de paz, en los que la nobleza cristiana de Pamplona se ve obligada a pagar tributos. Nuevamente la ciudad es destruida, esta vez en el año 778, a cargo de Carlomagno. Este, que regresa de Zaragoza camino de Francia, destruye las murallas y saquea a sus habitantes.Presionada por musulmanes y francos, los pamploneses se decantan por una política de alianzas, que les permita mantener su independencia. Así, de la unión mediante matrimonio de un miembro de la dinastía vascona de los Iñigo y de otro los Banu Qasi de Tudela, nace el primer rey del reino de Pamplona, Iñigo Ximénez, también conocido como Iñigo Arista.A lo largo del siglo X se produce la expansión del primitivo reino de Pamplona. Uno de sus promotores es Sancho Garcés I, quien hace de Pamplona la capital permanente del reino. Esta expansión hace del reino de Pamplona un posible rival para el poder del califa de Córdoba, por lo que en el año 924 Abd al-Rahman III lanza un ataque que destruye nuevamente la ciudad.La destrucción de Pamplona hace que la antigua ciudad pase a ser una pequeña aldea, que se denominará Iruña y, más adelante, La Navarrería. Este núcleo primitivo permanecerá bajo control del obispo hasta que en 1319 sea transferido a la Corona. Con el tiempo, diversas repoblaciones promovidas por los monarcas y el hecho de que Pamplona se encuentre en el Camino de Santiago hacen que Pamplona crezca poco a poco, creándose nuevos núcleos de pobladores junto a la ciudad primitiva. Uno de estos núcleos, el de San Cernín, está formado sobre todo por comerciantes y artesanos. En 1129 el rey Alfonso I el Batallador le concede privilegios. Otro núcleo, el de San Nicolás, es también favorecido en 1189.Las relaciones entre los tres barrios son difíciles, dando lugar a frecuentes disputas, en de cuyas refriegas se llega a destruir el núcleo de la Navarrería, en 1276.La situación de enfrentamiento finaliza el 8 de septiembre de 1423, cuando el monarca Carlos III el Noble (Privilegio de la Unión) declara la integración para siempre de los tres núcleos en una sola población, sujetos a una misma jurisdicción.
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De la parte dedicada a las conversas es muy poco y está muy transformado lo que se conserva en los monasterios españoles. La separación de esta panda con el resto del claustro se hacía por medio del corredor de conversas. Resulta este espacio uno de los lugares más perturbadores del claustro medieval, generalmente un largo pasillo sin vanos, por el que circulaban las conversas en silencio para no molestar a las hermanas en el recogimiento de su clausura. El de Las Huelgas sigue manteniendo su largo y estrecho pasillo, que comunicaba con la iglesia, y por el lado sur accedería a su refectorio y letrinas. Encima de estas dependencias se ubicaría su dormitorio. Para concluir, en esta panda meridional se alzaba la Cilla o almacén. Solía ser una gran estancia dividida en dos naves por una fila de columnas sobre las que voltean arcos apuntados. Se trata de construcciones muy simples y funcionales. Un gran volumen paralelepípedo con cubierta de madera. Estas estructuras lígneas responden generalmente a una sabia y experimentada tradición popular que se remonta a la antigüedad más remota. Por desgracia, las restauraciones modernas han acabado con ellas, restando aún ejemplos tan interesantes como los de Las Huelgas y Cañas.
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La panda del refectorio es la que ha sufrido las mayores transformaciones en las abadías femeninas, para lograr una mayor funcionalidad en cada época. Así, el calefactorio es una pieza que no se conserva en ningún monasterio; en Cañas hay una puerta en arco de medio punto, hoy cegada, que indicaría el posible acceso a un espacio donde quizá estaría el hogar en el que se calentarían las monjas los días de invierno y podrían desleír la grasa para las sandalias. La comida la realizaban las religiosas en silencio, mientras que otra monja, desde el púlpito, leía textos piadosos. Las mesas del Refectorio se disponían junto a los muros y en el correspondiente al lado sur estaba el lugar de la abadesa, cuando comía con la comunidad, o el de la priora en su ausencia. Si el refectorio era lo suficientemente grande, se compartimentaba y en él también comían las conversas, aunque lo usual es que éstas tuviesen un refectorio propio en su respectiva panda o al otro lado de la cocina. La disposición de los refectorios era perpendicular al claustro, al igual que los de monjes, rompiendo así la tradición benedictina que lo situaba paralelo a la panda. El adoptar esta colocación facilitaba una mejor comunicación con el calefactorio y la cocina, que eran las estancias que lo flanqueaban. Incluso, si era necesario una ampliación, se podía alargar por el lado sur, sin nada que lo impidiera y sin alterar las dependencias anejas. El refectorio de Las Huelgas es el más parecido, por su monumentalidad, al de los de monjes. Aunque muy transformado, no en el espacio arquitectónico pero sí en la cubierta, ya que una bóveda de cañón con lunetos vino a sustituir a la primitiva armadura de madera con vigas policromadas. La Cocina se comunicaba con el refectorio. Han sufrido muchas alteraciones y las conservadas suelen ser muy tardías. Por lo general era una cocina común para monjas y conversas. Posiblemente las antiguas serían de hogar central, bajo la campana de una chimenea apeada en cuatro pilares. La principal innovación moderna sería la creación de un fogón adosado a un muro lateral. Era muy importante que la cocina tuviese un buen acceso a los almacenes y despensas, así como con el exterior de la clausura.
obra
El simbolismo onírico de Gustave Moreau se ha desbocado en este cuadro, con una estética deformada y llena de color que anticipa la pintura de fauvistas y surrealistas décadas después. En la escena, las figuras ya no están dibujadas. Los colores protagonizan el encuentro de los dos fatídicos personajes y traducen en sus tonos los sentimientos de desgarro y muerte que evoca la escena. La parca es la diosa que controla la vida de los seres humanos mediante hilos, cortándolos cuando han de morir. El Ángel de la Muerte es el que se lleva el alma de los hombres al morir. Ambos personajes están bajo un cielo negro, opresivo, con un fantástico sol rojo que parece una hoguera. La visión es onírica y fascinará años después a los surrealistas.
Personaje
Político
Hija de los duques de Parma, Eduardo III y Sofía Dorotea de Neoburgo, se casó con Felipe V en 1714. Mujer alta y bien formada, con buen aire y ojos de cierta espiritualidad, aunque la viruela le ha quitado muchos encantos; astuta, versada en idiomas, gustosa de la política y preocupada por todas las actividades artísticas e intelectuales -según nos la presentan los cronistas- consiguió imponer su voluntad al monarca español, realizando una intensa labor destinada a que sus hijos gobernaran en territorios italianos, lo que condicionó la política exterior del momento. Para ello no dudó en apartar a la princesa de los Ursinos, favorecer a Alberoni y Ripperdá o condicionar el primer y segundo pacto de Familia con Francia, animando a su esposo a no renunciar a la corona francesa. Tras duros envites consiguió sus objetivos ya que Carlos será rey de Nápoles y de España; Felipe recibirá los ducados de Parma y Módena; María Teresa se casará con el delfín francés; María Antonia será reina de Cerdeña; y Luis Antonio, conde de Chinchón, tras renunciar al capelo cardenalicio. El fallecimiento de su esposo le obligó a llevar una vida retirada en La Granja, regresando a Madrid para ocupar la regencia de su hijo Carlos entre agosto y diciembre de 1759. Se retira de nuevo a La Granja, falleciendo durante el verano de 1766 en Aranjuez.
contexto
Hasta ahora hemos encontrado a Silóe relacionado con la alta jerarquía eclesiástica y la monarquía. Burgos era una ciudad rica e importante entonces y en ella vivía multitud de mercaderes, comerciantes, etcétera, con negocios de gran envergadura que los relacionaban con Flandes, Inglaterra, la Hansa, el Imperio germano y los restantes reinos peninsulares. Se habían constituido desde fechas bastante antiguas en oligarquía de gobierno ciudadano. Algunas familias habían adquirido un fuerte poder y hábitos copiados de la aristocracia. Encargan su sepulcro en capilla propia, organizan su casa como una gran residencia, adoptan signos caballerescos, etcétera. Habitan ciertos barrios de la urbe en torno a parroquias. La de San Esteban viene siendo una de las más importantes, situada más arriba de la catedral, en la ladera de la colina que lleva el antiguo castillo. Aunque esta situación le hará perder relevancia a medida que la ciudad se desarrolla más cerca del río, no se ha llegado aún a ello. Aquí se reúnen casi todos los vecinos el 3 de octubre de 1493, con el fin de preparar lo que va a ser un encargo costoso y conveniente: el retablo mayor. Parece que en principio dudan en hacerlo de pintura sólo, y citan a Diego de la Cruz, o mixto de talla policromada y entonces aparece el nombre de Maestre Gil. Por fin se decantan a favor del segundo, si bien se ve que la policromía correrá a cargo del pintor antes citado, colaborador del escultor anteriormente. Se nombra una comisión que llevará todas las diligencias, incluidas las económicas, en la que está el párroco, Pedro Sánchez de Cebolleros (López Mata). El 1 de abril del año siguiente comprobamos que el encargo ha sido formalizado y que Gil, llamado por vez primera y última Gil de Urliones, lo está haciendo de acuerdo con una muestra que previamente había sido entregada por él y aceptada por los comisionados. Parece que las notables dimensiones exigidas obligaban a una ligera ampliación, comprendiendo tres paños de la cabecera. Aunque el nombre que se cita es el de Gil, se alude vivamente al dorado y pintura. También se habla del costo: ciento treinta y ocho mil maravedís. Cada mes había que entregarle siete mil y el resto cuando todo se hubiera terminado y asentado. Las cosas no debieron ir económicamente correctas. Hay pequeñas noticias, como la de que en enero de 1496 se habían reunido 3.066 maravedís de limosnas, pero en 1500, todo terminado, aún se hablaba del costo que había ascendido a 140.000 maravedís y sólo se habían satisfecho 100.000. Como el 25 de febrero se les pagan 45.000 maravedís, es de suponer que desearan cobrar algo más que se les debía desde hacía años, porque todo debió acabarse en 1496, aproximadamente. Por desgracia, en siglos posteriores se desmontó, sustituyéndose por otro anodino. ¿Se perdió totalmente? Lo usual en estos casos es que se vendiera completo o en partes a parroquias de la provincia. Por ello aún cabe creer que algún fragmento llegará a recuperarse. Piénsese, por ejemplo, en el relieve de la Sagrada Cena que se conserva en la iglesia parroquial de San Miguel de Cuzcurrita, en La Rioja, próximo a Gil de Silóe (Moya) y que se sabe que fue adquirido en 1726. En todo caso, los documentos hablan de un san Andrés situado en lugar privilegiado de la iglesia y que con casi seguridad es la espléndida talla que coronaba un retablo posterior hasta que fue descubierta en 1970. Se le pagaba por ello a maestre Gil en 1500, signo de que aún seguía vivo, y es muestra de estas obras complementarias antes aludidas a propósito de la Virgen de Miraflores.
obra
Esta obra muestra unos jugadores de cartas. En sus obras Balthus representa con gran frecuencia a jóvenes adolescentes. Una franja de luz atraviesa la intimidad de la habitación en donde se intuye el deseo. Balthus fue discípulo de Derain en los años 30, cuando este defendía el retorno al orden, a un realismo.