Uno de los géneros de mayor predicamento en la prosa española de la primera mitad del siglo XVI fue el de las misceláneas de divulgación científica e histórica. Grandes representantes de este tipo de literatura fueron fray Antonio de Guevara y Pedro Mexía. Las obras de Guevara más destacables son Marco Aurelio (Sevilla, 1528) y Relox de Príncipes (Valladolid, 1529), obra ésta que tuvo un enorme éxito editorial con traducciones a múltiples idiomas. La producción de Mexía, dejando aparte sus obras menores, se circunscribe a dos campos fundamentales: el histórico y el misceláneo de divulgación científica. En el primero hay que reseñar la Historia Imperial y Cesárea y la Historia del Emperador Carlos V. Dentro del campo divulgativo cabe resaltar la Silva de varia lección y los Coloquios o Diálogos. El éxito editorial europeo que alcanzaron sus obras, sólo comparable al conseguido por Guevara, fue extraordinario, y las influencias que ejerció, notorias. En varias ocasiones se ha señalado la ascendencia de Mexía sobre Cervantes y Mateo Alemán; también se han puesto de manifiesto las deudas de Montaigne, Lope de Vega, Marlowe y Shakespeare para con el humanista sevillano.
Busqueda de contenidos
contexto
El texto de mayor valor escrito en la época antigua pertenece a la V Dinastía. Se denominan Textos de las Pirámides destacando el llamado Himno Caníbal donde se nos describe la entrada del faraón en la morada de los dioses, devorando a todos los que encuentra con el fin adquirir fuerza espiritual para alcanzar la morada divina. Este Himno aparece en las tumbas de Unas y Teti, desapareciendo después posiblemente por tratarse de un texto demasiado bárbaro y sanguinario. La profunda crisis que se vive en el Primer Periodo Intermedio también se refleja en la literatura. Tenemos tres obras claves como son Las Admoniciones del sabio Ipuwer, donde se hace referencia al desorden económico y cósmico que se ha desencadenado sobre Egipto tras la desintegración del Antiguo Imperio, el Diálogo del hombre cansado con su alma, siguiendo el mismo tono pesimista del anterior, y el cuento del Campesino elocuente donde se narra como el faraón dilata una resolución debido a los bellos discursos pronunciados por un campesino al que se le había decomisado los productos que llevaba a vender al mercado. La época clásica de la literatura egipcia corresponde a las XI y XII Dinastías. Aparece un nuevo género literario llamado kemyt donde se procura la formación erudita de los escolares para que lleguen a ser buenos funcionarios. También son habituales las instrucciones para los herederos al trono como las de Merikare o Amenenhat. En el reinado de Sesostris I encontramos una de las obras maestras de la literatura egipcia, la Historia de Sinué, relato escrito como biografía donde se integran diferentes géneros. También destacan cuentos e historias imaginarias como El naufrago, considerado antecedente de Ulises o Simbad el Marino. La lírica arranca en las canciones de los arpistas como la famosa del rey Antef donde se expresa el goce de la vida y el abandono de la idea de la muerte y de la vida de ultratumba. La invasión de los hicsos y su toma del poder no nos proporciona una etapa de esplendor, situándose las historias que se cuentan en la época del rey Kheops. Será en el Imperio Nuevo cuando la literatura alcance su máximo desarrollo. Ahora responderá a una sensibilidad completamente nueva ya que en la sociedad egipcia se ha generado un proceso de modernización, abriéndose al amor, a lo inmediato y a la intimidad. Como consecuencia de esa modernización aparece la poesía amatoria. Los amantes se comunican de diferentes maneras, llamándose hermana y hermano en los textos. Esto ha provocado que algunos especialistas consideran que en Egipto era habitual el incesto, lo que ahora se descarta casi totalmente, excepción hecha de los faraones que sí casaban con sus hermanas. La amante se muestra al amado vestida con sus mejores galas y se alegra cuando el amado la encuentra. La voz del amado se convierte en algo necesario como la doncella que dice: "Oír tu voz es para mí dulce vino, vivo de oír tu voz". Uno de los temas más importantes de este género será el mal de amor, existiendo ya la figura del mensajero que intenta paliar el sufrimiento de los amantes. La colección de poesía amorosa más importante se encuentra en el Papiro Chester Beatty n.? 1 de época de Ramses V y guardado en el British Museum de Londres. La literatura fantástica también florece en el Imperio Nuevo como El cuento de los dos hermanos donde el acoso sexual de la mujer de uno de ellos al otro provoca una sucesión de prodigios como la animación de los árboles o la actuación de los dioses a cada momento. El cuento de La Verdad y la Mentira es algo más simbólico mientras que en La disputa de Horus y Seth se suceden todo tipo de aventuras por la herencia del trono de Osiris. El Príncipe predestinado cuenta las aventuras de un príncipe que escapa de todos los peligros que habían predicho los oráculos. Las desventuras de Wenamón indican la decadencia del Imperio Antiguo. La literatura sapiencial de la época culmina con las Instrucción de Amenemope, en parte copiada posteriormente en la Biblia, concretamente en el Libro de los Proverbios. En Egipto se desarrollará una abundante literatura religiosa que constituye uno de los ejes del pensamiento y de la conciencia egipcia. Quizá los textos más famosos son los que se recogen en el Libro de los Muertos, conjunto de plegarias destinados a asegurar al muerto la resurrección y un fácil acceso al otro mundo. Todo egipcio tiene la posibilidad de adquirir al menos una parte de los textos para que le ayude al transito al más allá. Los textos se escribían en papiros y se depositaban en una caja, en el sarcófago o entre las vendas de la momia. Los faraones querían perpetuar su memoria con poemas épicos que suscitaran la admiración hacia sus hechos y hazañas. Surge así la llamada Novela Real protagonizada por el monarca, narrándose las hazañas del rey como héroe del ejército en las campañas asiáticas y nubias. La culminación de este género se produce con el Poema de Pentaur donde se narra la guerra de Ramses II con los hititas.
contexto
No existe en el judaísmo una jerarquía como ocurre en el caso del cristianismo. El rabino es un laico más, cuya diferencia con respecto al resto de los fieles es su conocimiento de la Torá y la religión. Dentro de la sinagoga participa como en el culto como un fiel más. La liturgia puede ser dirigida por cualquier judío adulto. Es habitual que la comunidad nombre un recitador oficial (hazzan) para las plegarias de los sábados y festivos. El hazzan puede estar asistido por un coro de voces de hombre. Existe también la figura del lector de la Torá, un especialista capaz de leer el texto consonántico sin ayuda de los signos vocálicos y conocedor de las cantilaciones especiales de la recitación. Finalmente es normal que haya una especie de sacristán o sammas, personaje a sueldo que se encarga de mantener en perfecto estado y disposición los objetos litúrgicos. En las sinagogas americanas existen otros cargos como presidente, secretario, tesorero, etc., encargados de solventar los problemas materiales tanto de la sinagoga como de la comunidad.
obra
La mujer está presente a lo largo de la vida de Gauguin, tanto en sus cuadros como en su "modus vivendi". Por eso no es de extrañar que las protagonistas de esta obra sean tres mujeres en diferentes estadios del vestir: una de ellas tapada hasta la cabeza, otra semidesnuda y desnuda totalmente la que aparece de espaldas, dando la impresión de estar pegada al resto de la composición. Las tres mujeres se enmarcan en un idílico paisaje tropical de colorido irreal. Gauguin se interesa en esta ocasión por la perspectiva, creándola de manera acertada al situar una sucesión de árboles en profundidad junto a unas piedras y florecillas en primer plano, alejándose de la planitud de otras composiciones. Las figuras antiguas fascinaban a Gauguin por estas fechas por lo que la figura de la derecha parece sugerida por los frisos atenienses del Partenón que, junto a los de Borobudur en Java, fueron en numerosas ocasiones sus fuentes de inspiración.
contexto
Tradicionalmente la llamada a la oración (adan) ha sido realizada por el muecín (mu´addin) desde la torre de la mezquita o alminar, siendo encomendada esta misión a un ciego, para preservar la intimidad de las viviendas. Actualmente, esta misión se desempeña mediante altavoces, que difunden una grabación. En la llamada a la oración, entre los sunníes, se dice: "Dios es el más grande. Dios es el más grande. Doy testimonio de que no hay ningún otro dios que Dios. Doy testimonio de que Muhammad es el mensajero de Dios. Venid a la oración. Venid a la salvación. Dios es el más grande. Dios es el más grande. No hay ningún otro dios que Dios". Después se continúa con otras fórmulas de alabanza según criterio del convocante (los shiíes incluyen una alabanza a Alí). En la oración de la aurora la frase "venid a la salvación" es sustituida por "la oración es mejor que dormir".
contexto
En esos mismos momentos, De Gaulle marcha a Inglaterra. Desde allí lanzará, por los micrófonos de la BBC puestos a su disposición por Churchill, la legendaria llamada del 18 de junio, punto de partida de la actividad resistente a la vez que elemento fundacional de la ideología gaullista que él personificó. Según el mensaje, el general se considera depositario del honor y la soberanía nacionales, abandonados por unos poderes públicos entreguistas. De Gaulle va a hablar a partir de ese momento en nombre de Francia, y el Gobierno de Londres le reconocerá inmediatamente como cabeza del Comité Provisional de Resistencia. Más que un simple desastre militar, la catástrofe sufrida supone algo mucho más hondo, que llega a afectar a todos los ámbitos de la sociedad francesa. El armisticio es así para De Gaulle un crimen contra la patria. El general considera que, tras la muerte de cien mil soldados, Francia y los franceses son entregados al enemigo atados de pies y manos, mientras oficiales y soldados son mantenidos en cautividad. Con la patria y el Gobierno reducidos a la servidumbre no cabía un armisticio con honor. Por todo ello, De Gaulle hace una llamada a la esperanza en esas horas tan oscuras y apela a la resistencia de todos los que no hayan aceptado la solución impuesta. Francia -finaliza- ha perdido una batalla, pero no ha perdido la guerra. A pesar del ofrecimiento del Gobierno francés, los alemanes deciden hacer muestra de su fuerza material y siguen avanzando. El día 20 de junio, la misma ciudad de Burdeos es bombardeada como advertencia previa a la imposición de los términos del armisticio. Mientras, queda patente el hecho de que la llamada de De Gaulle no se ve respondida por ningún partido político y figura pública destacada. De hecho, se ha llegado a afirmar que, si en aquellos días se hubiera realizado un plebiscito libre acerca de la solicitud o no del armisticio, el mariscal Pétain hubiera obtenido una aplastante victoria. Entonces, casi nadie ponía en duda la buena fe y el patriotismo del mariscal, mientras que el desprestigio de los políticos republicanos era patente y notorio para todos los franceses.
obra
Posiblemente nos encontremos ante uno de los trabajos más atractivos entre los elaborados por Van Gogh en el mes de junio de 1888. Interesado por captar la cosecha en las huertas y los campos de los alrededores de Arles, recoge en este lienzo la intensidad de las diferentes tonalidades al aplicar una potente luz solar que crea sombras malvas en las montañas del fondo. De esta manera, Vincent enlaza con el Impresionismo, mostrando su fuerte personalidad especialmente en el color, el principal protagonista de la composición. Diversos tonos de amarillo organizan el espacio salpicado de notas verdes, rojas o azules, representando el campo en todo su esplendor. La pincelada es muy variada, encontrando superficies planas que recuerdan a la estampa japonesa - el espacio verdoso-amarillento - junto a pequeños toques que se acercan al Puntillismo. Su relación con la acuarela titulada Cosecha en la Provenza es muy estrecha, reforzando la influencia impresionista.
contexto
Con el respaldo que le proporcionaba la Constitución de Bayona, José I formó un gobierno en el que incluyó a Luis Mariano de Urquijo en la Secretaría de Estado, a Francisco Cabarrús en la Secretaría de Finanzas y a Gonzalo O'Farril en la de Guerra, tres destacados colaboradores españoles del nuevo régimen. Además, formaban parte también de este primer gabinete Azanza (Indias) y Mazarredo (Marina). El recién nombrado rey entró en Madrid el 9 de julio de 1808. Creía que iba a ser bien recibido por sus súbditos y que iba a ganarse su beneplácito, pero pronto se dio cuenta de que los españoles no sólo no iban a aceptarlo, sino que se mostrarían hostiles en su mayor parte. Por lo pronto iba a permanecer muy poco tiempo en Madrid, puesto que como resultado de la batalla de Bailén, tuvo que retirarse hacia el norte. Restablecido el dominio de las tropas napoleónicas, José Bonaparte hizo una nueva entrada en Madrid el 22 de enero de 1809, con mayor solemnidad si cabe que la primera vez. Después de pronunciar un breve discurso en la iglesia de San Isidro, presidió un Te Deum, y se retiró al Palacio Real entre salvas de artillería. Tenía entonces el rey José 41 años y era el mayor de los hijos de la familia Bonaparte. Era un hombre culto, con afición por la literatura y las artes, y a pesar de la propaganda patriótica que hacía todo lo posible por desprestigiarle, pintándolo como adicto al alcohol (Pepe Botella) y a los naipes, José no era un necio. Era generoso y amable y se esforzó por agradar a los españoles. Aunque carecía de inteligencia y de la capacidad de decisión de su hermano Napoleón, poseía dotes de buen soberano. Lo que ocurre es que las circunstancias en las que accedió al trono español hacían prácticamente imposible que pudiese desarrollar una labor de gobierno con resultados positivos. Que era un hombre bueno y bien intencionado, lo demostró con ocasión de la gran hambre que pasó la población de Madrid en 1811-1812, visitando los barrios más afectados de la capital y ayudando a los más pobres. Eso no calmó, sin embargo, la hostilidad de la mayor parte de los españoles, aunque éste no fue el único problema con el que tuvo que enfrentarse. Una de sus mayores dificultades consistió en preservar la independencia española frente a Napoleón. En varias ocasiones amenazó a su hermano con renunciar a la corona, pero en el fondo no quería, ni desagradar al Emperador, ni renunciar al prestigioso trono español. Así pues, continuó su reinado intentando resolver los muchos problemas que le asediaban.
contexto
Según las fuentes árabes de la época, a la vuelta de Ibn Qasi del Magreb llegó con él un destacamento militar enviado por Abd al-Mumin, primer califa almohade (1130-1163), al mando de Barraz ibn Muhammad al-Masufi, al que siguieron otros dos ejércitos. Estas primeras tropas, que llegaron en el verano de 1146, ocuparon las bases fronterizas de Tarifa y Algeciras, desde donde partió el proceso de ocupación del territorio. En primer lugar, se dirigieron al Algarve, donde previamente se les había reconocido, y después marcharon a Sevilla, ciudad que se erigió como capital del Imperio en al-Andalus.A partir de entonces, los almohades continuaron su proceso conquistador, aunque no instauraron un principio de acción coherente ni ordenado. Se limitaron, por el contrario, a recorrer y fijar guarniciones en los enclaves en los que contaban con partidarios. De esta forma, dominaron Sevilla en 1148, Córdoba en 1149, Málaga en 1153, Granada y otras ciudades vecinas hasta 1156, el Algarve en 1157-58, Almería en 1157, seguida de Baeza, Jaén, Ubeda y otras. Pero en algunas zonas los andalusíes se resistieron a la ocupación, como fue el caso de Levante y las Baleares, por lo que la unificación total nunca fue posible.Incluso en zonas ya ocupadas surgieron problemas, por ejemplo, en Sevilla, donde los hermanos del Madhi Ibn Tumart, el fundador del movimiento almohade, Abd al-Aziz e Isa, cometieron abusos desmedidos de negativas consecuencias para la nueva dinastía. La desconfianza creció no sólo en el ámbito sevillano sino que se extendió por las circunscripciones vecinas. De esta forma, algunos personajes adeptos en un principio volvieron la espalda a los nuevos dirigentes magrebíes. Este es el caso de Yusuf al-Bitruyi, señor de Niebla, a quien incluso habían intentado asesinar. Su ejemplo fue seguido de inmediato por Ibn Qasi, en Silves; por Alí ibn Isa ibn Maymun, en Cádiz, y por Muhammad ibn Hachcham, en Badajoz.Otros puntos como Jerez, Ronda y sus comarcas mantuvieron la obediencia. Por otra parte, Ibn Ganiya ocupó Algeciras, los habitantes de Ceuta se insubordinaron y la situación se agravó hasta el punto de que los hermanos del Mahdi volvieron a Marrakech y Abd al-Mumin envió para hacerse cargo de la situación a Yusuf ibn Sulayman, quien, de hecho, consiguió la sumisión de todos ellos.No hay que olvidar que la amenaza castellana oprimía insistentemente a la población andalusí, no sólo en lo político y territorial sino también moralmente. Alfonso VII de Castilla ayudó a Ibn Ganiya a tomar Córdoba, pero, a cambio, le obligó a ceder Baeza y Ubeda, penetrando así en el espacio enemigo. Jugadas de esta categoría ocurrían con frecuencia y, además, dicha presión política y territorial se traducía en exigencias económicas materializadas en el pago de tributos cada vez más cuantiosos.