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La elección entre el camino de la Virtud y el Vicio será uno de los temas más representados por los artistas hasta el siglo XX -Romero de Torres, por ejemplo-. Veronés emplea a dos figuras femeninas muy explícitas; a la izquierda, una típica cortesana veneciana, con ricos ropajes y amplio escote, sentada junto al lecho decorado con un bello cortinaje de brocados, sería la clara representación del Vicio. En la derecha, cubierta con gruesos paños que impiden ver sus tobillos, símbolo de decencia en el Renacimiento, se encuentra la representación de la Virtud. Viste de rojo, a la moda veneciana que tanto gustaba representar al maestro en sus lienzos. Su elección es acertada ya que sigue a la Virtud, quien mira al Vicio con gesto de victoria. Al fondo observamos unas construcciones clásicas, otra de las aficiones del pintor. El empleo de la luz y el color demuestran que Veronés es un miembro de la Escuela veneciana, junto a Tiziano y Tintoretto. Su maestría a la hora de iluminar lo que le interesa hace de su obra una de las más atractivas del Cinquecento.
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Por desgracia no todos los retratos de Tiziano están identificados, conservándose algunos de ellos anónimos como este soberbio lienzo identificado como Joven inglés debido a la elegancia de su pose. Se trata de un retrato de medio cuerpo, en el que la figura se recorta ante un fondo neutro, recibiendo un potente foco de luz procedente de la izquierda que resalta el rostro y las manos. Los puños, el cuello y la cadena de gruesos eslabones son los únicos elementos de la indumentaria que se aprecian, convirtiéndose en secundarios ante la fuerza de la expresión del personaje. Su gesto y sus inteligentes ojos azules captan toda nuestra atención, demostrando la capacidad del artista para representar en sus retratos la psicología de su modelo. Incluso la pose, colocándose la mano izquierda tras el cuerpo y sujetando con fuerza los guantes con la derecha, refuerzan la expresividad del protagonista. Sin duda, Tiziano revolucionó la manera de realizar retratos, siguiendo la estela iniciada por Giorgione y superándola.
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Los dos meses de estancia en Marruecos durante el año 1860 provocarán un cambio fundamental en la pintura de Fortuny abriéndose a la temática oriental y al luminismo. Surgen así obras de gran belleza como Corriendo la pólvora o esta joven judía que contemplamos, narrando en la mayor parte de sus composiciones asuntos cotidianos. La joven viste de blanco, preparada para su boda, engalanada con ricas joyas que no eluden nuestra atención hacia sus grandes ojos llenos de tristeza ya que su matrimonio será de conveniencia. La técnica preciosista y minuciosa de Fortuny con un exquisito dibujo y una sorprendente calidad detallística se impone al estilo nazareno de sus primeros trabajos como se aprecia en las joyas o el busto de la joven. Los seguros y firmes trazos los podemos advertir en las líneas del vestido o la mano enguantada. La brillante luz norteafricana baña el cuerpo de la joven para acentuar su aspecto exótico resultando una excelente muestra del arte del pintor catalán.
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Debido a sus grandes dimensiones y a su abocetamiento posiblemente nos encontremos ante una obra inacabada con uno de los temas favoritos de Degas: las jóvenes en el baño. Existe cierta similitud con los grabados de estas fechas - véase Joven saliendo de la bañera o El lavabo - e incluso con los pasteles concluidos como Después del baño. La joven se dispone a secarse ante una ventana por la que penetra una fuerte luz. Junto a ella se encuentra el barreño de metal y los diferentes elementos que acompañan a todas las escenas: las ropas y la toalla. Desgraciadamente, no podemos apreciar las tonalidades que hubiera empleado, resultando quizá una de sus mejores obras.
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Los críticos atacaron duramente a Degas por estas escenas; incluso muchas de las modelos se negaban a posar en actitudes tan personales. Por eso el espectador tiene la impresión de convertirse en un "voyeur" cuando contempla estas escenas en las que no hay nada de pornografía y sí mucho de erotismo.