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Igual que en Joven enjabonándose o El lavabo, Degas graba en estos años una delicada serie sobre figuras de jóvenes en el baño, escenas intimistas que después pasaría a pastel. Las posturas de las mujeres, habitualmente iluminadas por la luz que penetra por una ventana cubierta con unos visillos transparentes, provocan en el espectador cierta sensación de "voyeurismo" al no girar nunca la modelo el rostro.
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Este pastel es muy parecido a Saliendo del baño, grabado realizado unos años antes. La joven se agacha para coger una toalla situada sobre una silla. La luz procedente de la izquierda ilumina la estancia y resbala por la espalda desnuda de la protagonista, creándose un atractivo juego de luces y sombras coloreadas, muy típicas entre los impresionistas. La pincelada suelta con la que se ha aplicado el color contrasta con la delicadeza y seguridad del dibujo, resultando una estampa difícil de superar en la que el intimismo supera lo erótico.
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Las líneas siempre fueron la gran devoción de Ingres. Su pintura se basa en las líneas y las formas, continuando Degas con ese "modus operandi" a pesar de no comulgar con el academicismo del viejo maestro. Los temas de Edgard, aun siendo también desnudos, son más intimistas, reflejando el tiempo que le tocó vivir, no la imagen del mundo oriental con sus harenes. La sensual figura se escorza, recibiendo la iluminación en su espalda indicada a través de toques de color blanco.
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La manera de trabajar de muchos de los pasteles de Degas será la siguiente: realiza un monotipo que una vez impreso sobre papel va coloreando, dejando la base negra visible en algunas zonas. La experimentación técnica del pintor es casi tan importante como su producción pictórica, demostrando la ebullición constante de su creatividad. De nuevo nos encontramos con una escena de baño muy similar a Joven entrando a una bañera, destacando en ambas el intimismo de las figuras, cuyos rostros nunca vemos.
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Es una de las escenas de baño más delicadas de las pintadas por Degas, en la que aparece una joven sentada en el borde de su bañera mientras que se seca la nuca con una pequeña toalla blanca. Su ropa se coloca sobre el sillón de la derecha mientras al fondo se intuye la decoración de la pared. Las líneas verticales organizan una composición en la que la luz penetra por la izquierda y muestra con toda su sensualidad el cuerpo desnudo de la joven.
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Sentada en la bañera, la mujer se seca las piernas mientras que recibe la luz del sol que choca en su espalda. Tampoco nos deja ver su rostro, que queda en una zona de sombra. Los variados colores de la alfombra, la bañera y la funda del sillón otorgan mayor vivacidad a esta obra que a otras de sus compañeras - Joven desnuda tumbada, por ejemplo -.
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Similar a Bañista tomando el sol o Joven sentada secándose, Degas repetirá las mismas características en todas las imágenes de esta serie realizada entre 1885 y 1888: intimismo, interés por la iluminación y contraste entre la marcada línea y la rapidez de la aplicación del color.
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La figura semidesnuda de esta joven se relaciona con Susana, pudiendo tratarse de la continuación de la historia al presentar a la bella joven abatida por la injusta acusación de los ancianos. Las líneas de la silueta han sido marcadas para definir las formas y los volúmenes, resultando esta serie de miniaturas en marfil uno de los trabajos más atractivos y desconocidos de Goya.
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La figura que vemos en Mujer desnuda se cubre aquí con unas telas por debajo de la cintura para ocultar su sexo. Esta es la manera de trabajar que Degas había aprendido de Ingres y que será una pauta de trabajo a lo largo de toda su carrera.
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Desgraciadamente desconocemos la identidad de esta joven que podría ser la pareja del Hombre cortando su pluma ya que las medidas y las fechas son relativamente coincidentes. Los retratos de pareja serán muy frecuentes en la pintura barroca holandesa por lo que no sería rara esta posibilidad. La mujer se presenta sobre un fondo neutro tremendamente oscuro que va aclarándose a medida que se desciende, creando una ligera confusión entre el vestido y el fondo. Los puños blancos, la cofia y el cuello, elementos todos de encaje, sirven para iluminar el conjunto y resaltar la belleza y la posición social de la modelo. Su postura es muy atractiva al mostrarse sentada en un sillón, apoyando con fuerza su mano izquierda en el apoyabrazos. La potente iluminación procedente de la izquierda impacta en el rostro y en las manos de la dama, creando un soberbio juego de luces y sombras tomado del tenebrismo de Caravaggio, conocido por Rembrandt gracias a su estancia en el taller de Pieter Lastman.