Además de las campesinas con cofia, Vincent también retrató en este invierno de 1884-1885 a algunos hombres, preferentemente jóvenes con los que el pintor se relacionaba. El campesino se presenta en primer plano, fumando una pipa en la que apreciamos el tono rojizo del fuego en su interior. Los inteligentes ojos centran la atención del pintor, resbalando la luz por su rostro para resaltar el gesto, la expresión, el elemento más interesante de un retrato para el propio Vincent. Los fondos neutros recuerdan al Barroco pero la pincelada suelta, casi a base de manchas, sin apenas utilizar dibujos preparatorios, serán notas características de su manera de pintar, sin dejar de lado a la Escuela de La Haya que tanto influiría en estos años iniciales.
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Joven cantando y Cantante son dos dibujos previos realizados por Degas durante su estancia en Nueva Orleans para Ensayo de la canción, una obra protagonizada por miembros de su familia, en la que se parodia una riña. Estelle Muson sería esta figura - protagonista también posiblemente de Joven sentada y En el oculista - en la que destaca el elegante dibujo inspirado en Ingres.
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Retrato de una joven polinesia, llamada Tohotaua, realizado en 1902 en su estudio de Hivaoa a partir de una fotografía. Vemos a una bella joven sentada en una enorme silla, con un abanico blanco en la mano derecha, símbolo de distinción en la Polinesia. Muestra su pecho desnudo y un vestido blanco, aunque en la fotografía no aparecía desnuda. Los colores suaves y cálidos caracterizan esta bellísima escena, en la que recorta la figura de Tohotaua sobre un fondo neutro realizado en colores ocres y naranjas, destacando el colorido anaranjado del cabello y de la piel tostada de la joven, en contraste con el color blanco del vestido y del abanico.
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Esta joven con anteojos es una excelente muestra del interés de Degas en ofrecernos una visión de la vida moderna, uno de los postulados más reclamados por los impresionistas. Formaría parte de algún cuadro sobre carreras de caballos o la Opera, dos de los temas favoritos del maestro. La figura está captada con tremendo realismo, centrando la atención en las manos y la cabeza, mientras que las líneas de su vestido están sencillamente esbozadas. De esta forma adquiere un significativo volumen que demuestra las excelentes dotes como dibujante de Degas, aprendidas del gran Ingres.
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La presencia romana en Cartagena queda atestiguada en la rica colección de piezas que se han conservado, entre las que destaca esta excelente escultura de un joven con clámide, vestimenta griega de origen macedonio constituida por un pequeño manto dispuesto sobre el hombro izquierdo mientras que los extremos se unían con un broche sobre el derecho. La clámide era empleada por efebos y militares por su comodidad y sencillez. La escultura se atribuye a Hermes. Imagen cedida por el Museo Arqueológico Municipal de Cartagena.
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Muy similar al retrato de Armand Roulin con 17 años, este joven anónimo es otra muestra de la excelente capacidad de Van Gogh como retratista llegando a afirmar él mismo que prefería pintar los ojos de la gente que catedrales. Los ojos de este muchacho indican cierta tristeza, interesado el pintor en recoger la personalidad, el carácter de sus modelos. El busto se recorta sobre un fondo amarillo intenso realizado de manera plana siguiendo las estampas japonesas y el estilo que Gauguin emplea en estos momentos. Los contornos están marcados con una línea oscura, tomando una vez más el estilo de Paul como referencia. Quizá sea ésta una representación simbólica que recogería la tristeza de Vincent ante el agobio artístico al que le somete Gauguin, considerándose el maestro al que el holandés debe seguir fielmente. Van Gogh no es él mismo y quiere recuperar sus trabajos empastados, llenos de color y alegría que caracterizan el verano en Arles.
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Los retratos realizados por Tiziano en los primeros años de la década de 1510 están caracterizados por la presencia en primer plano de una balaustrada de piedra que sirve para separar el personaje del espectador. Siguiendo las novedades aportadas por Giorgione, el maestro de Cadore insufla vida a sus personajes a través de una serie de fórmulas como la inclinación de la cabeza, la mirada perdida en la lejanía o la posición de las manos, recursos procedentes de la pintura religiosa que perfectamente podemos apreciar en esta imagen. Sin embargo, Tiziano aporta una importante novedad: la captación psicológica del personaje, centrando su atención en los gestos y las expresiones gracias al empleo de un potente foco de luz que resalta tanto las manos como el rostro ante el fondo neutro y oscuro sobre el que se recorta la figura. Al colocar al joven en una posición en tres cuartos, aporta una mayor volumetría, extendiendo al cuerpo la fuerza expresiva de manos y rostro. El resultado es una obra llena de viveza, convirtiéndose pronto Tiziano en el retratista de los círculos más exclusivos de la élite social e intelectual.
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El autor de este grabado es desconocido pero nos han llegado abundantes obras de su mano, como la que ahora contemplamos. El tema es muy típico del arte alemán, la contraposición de la juventud y la belleza con la muerte, de aspecto horrible: podemos encontrarlo en las Tres Edades de Baldung Grien o en el Paseo amoroso de Alberto Durero, y en muchas más obras.La Edad Media había sido una época dura, con frecuentes epidemias de peste y una convivencia promiscua con la muerte y la enfermedad. De resultas, la piedad rigurosa de los alemanes, que llevó al florecimiento de la Reforma luterana, trataba el tema desde un punto de vista muy moralizante y cercano. Así, los temas amorosos o cortesanos se convertían en admoniciones frente a la presencia de la muerte en todos nuestros actos, algo así como una indicación de lo vano que resulta todo en este mundo ante la cercanía de la muerte.El artista que dibujó esta imagen siguió los tópicos clásicos alemanes, realizando un joven de belleza ideal, alto, bien vestido, con hermosos cabellos ondulados sobre la espalda y una sonrisa coqueta. A su lado, la muerte presta el contrapunto, descarnada, en descomposición, con un trapo cubriendo sus hombros y un áspid y un sapo a sus pies.