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Ingres tenía 24 años cuando realizó este retrato a su padre, el también pintor Joseph Ingres. Ese año, el joven pintor se había autorretratado en un arrogante cuadro lleno de fuerza y belleza. El retrato de su padre es un homenaje al hombre que le introdujo en la pintura y la música, sus dos grandes pasiones a lo largo de su vida. El lienzo es una obra juvenil, más insegura en el dibujo que sus últimos retratos, lo cual favorece al retratado, pues le da cierta espontaneidad. El hombre está tomado de medio busto, vestido de oscuro sobre fondo negro, lo que hace que destaque poderosamente la cabeza, enmarcada por el blanquísimo cuello de la camisa. Este tipo de retratos concentrados en el rostro del modelo arrancan del Barroco y tendrán mucho éxito en el Romanticismo. Representan una vía de la cual Ingres se apartó rápidamente para dedicarse a un tipo de retrato más oficial y elegante.
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El compositor, pianista y profesor de piano Joseph Pembauer (1848-1923) era uno de los miembros más importantes de la "Sociedad Pembauer" cuyos miembros se reunían todos los jueves en la cervecería Löwenbräu. Para la decoración de esta sala pintó Klimt el retrato que contemplamos, enmarcado en un sensacional marco de madera pintada que posiblemente fue diseñado también por el propio Klimt. En ese marco se incluyen elementos antiguos como un tañedor de lira sobre una columna de orden jónico, así como un símbolo del oráculo de Delfos, convirtiéndose el marco en una parte importante del cuadro, manifestando el apego al historicismo clasicista imperante en la época gracias a Makart.Para la realización de esta obra Klimt se basó en fotografías, dotando de un significativo realismo a la figura del pianista, representado de medio cuerpo, con la cabeza girada hacia la izquierda, creando un contraposto que recuerda a las obras de Tiziano, de quien Klimt copió el retrato de Isabella d´Este. Tras el pianista observamos una lira realizada en tonos dorados, al igual que el año de la ejecución: 1890. El resultado es un retrato de una calidad difícilmente superable en el que Klimt no sólo se interesa por la captación fidedigna de los rasgos del personaje sino que nos presenta la personalidad de su modelo a la manera de los grandes retratistas clásicos.
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No serán muchas las amistades de Van Gogh en Arles; primero contactará con los Ginoux - sus caseros durante una temporada - para después entablar amistad con la familia del cartero Joseph Roulin al que realizará diversos retratos. Vincent dice del cartero que era "un hombre de rostro ancho y barbudo muy parecido a Sócrates" como podemos apreciar en este delicado dibujo realizado en el mes de agosto, cuando se relacionó con la familia. La seguridad de los trazos es significativa de la calidad como dibujante del holandés, trabajando en estas obras con líneas de diferentes formas y tamaños mientras que los lienzos están dominados por el color. La expresión de este testarudo cartero de ideología republicana queda de manifiesto con brillantez, siendo Van Gogh un perfecto pintor de retratos que apenas se prodigó por falta de modelos.
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En el mes de agosto de 1888 Vincent establece amistad con el cartero Joseph Roulin y su familia, realizando una serie de retratos donde se interesa por captar su "rostro ancho y barbudo muy parecido a Sócrates". El más famoso es el que Roulin aparece sentado pero aquí lo contemplamos de frente, en pie, recortando su enorme silueta sobre un fondo azul, creando una atractiva armonía con su uniforme. La mirada inteligente y dura del cartero está perfectamente interpretada, siendo la característica común de los retratos de Van Gogh el mostrar el alma del modelo. Existe un dibujo muy similar que podemos considerar preparatorio.
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Entre la serie de retratos que Vincent pintó a la familia Roulin en el invierno de 1888 no podía faltar el padre, siguiendo las obras elaboradas en el mes de agosto. En esta ocasión cambia el fondo empleando una tonalidad amarilla plana, en recuerdo de la estampa japonesa y por influencia de Gauguin. El rostro avispado del único amigo de Van Gogh en Arles está perfectamente representado, interesado como es su costumbre en captar la personalidad de sus modelos.
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Tomando como base los retratos de Roulin realizados en el verano anterior, Vincent realiza este retrato de su buen amigo Joseph con un fondo floreado, destacando por su aspecto decorativo inspirado en la estampa japonesa. Su similitud con el retrato de su esposa conocido como La Berceuse puede hacer pensar que formarían pareja, situándose entre las obras más curiosas salidas de los pinceles de Van Gogh. El gesto amable y bondadoso del cartero vuelve a estar presente, destacando sobre las flores del fondo, convirtiendo la expresión del modelo en la auténtica protagonista del lienzo..
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El grupo formado por Josías con su madre y su padre, el pérfido Amón, fue pintado por Miguel Ángel en sólo dos jornadas siendo una de las escenas más coloristas de la serie de triángulos donde se ubican a los antepasados de Cristo en la Sixtina, relacionándose con los lunetos en la temática. Amón viste un blusón amarillo y pantalones blancos mientras su esposa repite el color blanco en el manto y viste una túnica lila. Un paño verde cubre al pequeño Josías resultando una atractiva escena de carácter intimista. La figura del padre dormido en escorzo se compensa con la mujer, interesándose Buonarroti en acentuar las anatomías de sus figuras como observamos en el pequeño príncipe cuyos robustos brazos parecen de un adulto. La estructura triangular obligada por el espacio ha sido perfectamente adaptable para el maestro, organizando una composición original y casi manierista. Zorobael y sus padres es el triángulo que se sitúa frente a éste, quedando entre ambas escenas el Diluvio Universal.