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A diferencia del Restaurante Carrel en Arles donde la escena transcurre por la noche, en esta ocasión nos encontramos en el mismo lugar pero en un momento distinto del día, cuando la luz natural ilumina la estancia, obteniendo una mayor frialdad que con las luces nocturnas. La escena es igual pero la alegría cromática y lumínica de su compañera la hacen más atractiva. Al mostrar la variación de un mismo lugar en diferentes momentos, Van Gogh se acerca a Monet y Pissarro interesados en ofrecer las variaciones de un elemento dependiendo de la iluminación empleada.
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Verdadera sinfonía monocromática, compuesta de ocres, blancos y grises, la panorámica de San Odulfo muestra con claridad el carácter casi abstracto de la obra de P. J. Saenredam, compuesta sobre cálculos proporcionales y perspectivos a los que aplicaba su visión del natural. Su rigurosa y matemática arquitectura y su límpida atmósfera espacial son fruto de su proceso diseñador previo, posterior reflexión y precisión ejecutiva final. Y, sin embargo, todos sus cuadros respiran una mágica poesía, nacida del esencialismo geométrico y lumínico de su técnica pictórica.
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Interior de una prisión es - junto a Corral de locos - una de las escenas más dramáticas entre las pintadas por Goya durante la convalecencia de su enfermedad en 1792. Posiblemente visitó en alguna ocasión una institución penitenciaria, mostrándonos el pésimo estado en el que se encontraban los reclusos, dentro de la ideología ilustrada de humanizar la Justicia. Bajo un amplio arco se sitúan los presos atados con cadenas y grilletes; tumbados, sentados o de pie esperan el paso del tiempo y la finalización de su reclusión. Una fuerte luz blanca domina el fondo de la composición, contrastando con las tinieblas de primer plano. La pintura ha sido aplicada con toques quebrados, interesándose por las sensaciones y los ambientes más que por detalles o expresiones.