A finales de 1890, Casas, junto con Santiago Rusiñol, inició su segunda y decisiva estancia en París, que se prolongó hasta 1892, salvo algunos meses que pasó entre Barcelona y Sitges. Los dos pintores compartieron un apartamento en el célebre "Moulin de la Galette", en Montmartre. Durante este período su entonces ya nada despreciable carrera artística iba a alcanzar el cenit. Su lenguaje artístico seguía en la línea del naturalismo que ya cultivaba anteriormente, pero en sus telas, que generalmente transcurren en el "Moulin de la Galette", se observa un cambio indudable en los temas y en las soluciones compositivas, que evidencia el conocimiento de la pintura francesa más avanzada. En las célebres exposiciones que, junto con Rusiñol y Clarasó, celebró en la Sala Parés presentó su producción parisina, que recibió de nuevo toda suerte de reproches. Sin embargo, en 1892 gana una tercera medalla con esta obra en la Exposición Internacional de Madrid.
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Santiago Rusiñol encarna la personalidad más compleja de todos los artistas catalanes de la segunda mitad del siglo XIX y principios del XX. Él es, sin duda, el artista total, siempre presente en las iniciativas artísticas de aquel período. Fue miembro fundador del grupo renovador "Els Quatre Gats". También fundó, en Sitges, el Cau Ferrat, un taller-museo que fue el escenario de las famosas Fiestas Modernistas, en las que se reunían los jóvenes artistas, escritores y músicos de la época. Las figuras, las cosas cotidianas y el paisaje urbano del barrio parisino donde residían eran sus temas habituales. Hacia el año 1894, la pintura de Santiago Rusiñol derivó hacia el simbolismo y, sobre todo, hacia la temática de los jardines, especialmente de Andalucía, Castilla y Cataluña, que le dieron una gran fama y éxito, con obras llenas de poesía, riqueza de colorido y luminosidad. Murió pintando los jardines de Aranjuez en 1931.
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Aunque Fortuny se interesó especialmente por la ejecución durante su estancia en Granada de paisajes como las Charcas entre zarzas o el Mercado y casas no pudo abandonar sus trabajos para el envío a su marchante francés Goupil. El pintor catalán se verá envuelto en un circuito comercial que le reporta pingües beneficios pero no le permite ninguna libertad creativa, llegando a saturar el ánimo del artista con trabajos refinados y preciosistas que tanto éxito alcanzaban en Europa y Estados Unidos. Esta imagen es una obra de "casacón" al igual que La vicaría o la Elección de la modelo, donde el dibujo preciosista y minucioso se adueña de la composición, dejando de lado la admiración por la luz natural y las atmósferas. Los detalles afloran en la pequeña tabla, destacando la tersura de la piel de la mujer de espaldas o los gestos y actitudes de los dos hombres, creándose un ambiente tabernario típico de España. El abocetado y aspecto inconcluso de algunas zonas contrasta con la definición de las figuras, siendo éste uno de los elementos más significativos de la pintura de Fortuny.
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El estilo refinado y detallista de Gerrit Dou tendrá un importante éxito en la Holanda del siglo XVII e incluso fuera de sus fronteras, ya que su fama llegó a las cortes de Cristina de Suecia, el archiduque Leopoldo Guillermo o Carlos II de Inglaterra. Su gran aportación serán las tonalidades brillantes como los azules de la falda y el mantel de la anciana o el morado de su chal, además del interés por los minuciosos bodegones, entusiasmándose con la descripción de los objetos por lo que se aleja de Rembrandt. Sin embargo, la iluminación está inspirada en su maestro, siguiendo muy de cerca a Caravaggio. Un potente foco de luz atraviesa el ventanal e ilumina parte de la estancia donde se ubica la anciana - muy similar a la que aparece en Anciana con abrigo de pieles - llegando hasta el tonel, la escoba y la tinaja de la derecha, resaltando toda su belleza. El fondo queda en penumbra, aunque se intuye la escalera y la lámpara, creando un sensacional juego de contrastes. Gracias a estas obras de Gerrit Dou podemos conocer un poco mejor la vida de nuestros antepasados..
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Uno de los lienzos más grandes pintados por Gauguin. Continuando bajo la estela de Degas, Paul mezcla en esta escena una serie de temas al representar en primer plano una naturaleza muerta mientras al fondo observamos una escena de la vida cotidiana en la que se muestra a Mette, la esposa del pintor, tocando el piano junto al propio Gauguin, dando a entender que su posición económica es desahogada y que poseen una vivienda confortable y alegre. Resulta curioso observar cómo el artista ha utilizado una perspectiva descentrada al colocar el luminoso jarrón de flores sobre la mesa, un biombo y la escena principal, empleando diferentes gradaciones lumínicas con una mayor iluminación en primer plano. El colorido se ha hecho algo más apagado si comparamos este lienzo con La niña sueña o Susana cosiendo, debiendo advertir que es un interior sin tanta iluminación. La obra fue propiedad de Mette Gauguin hasta 1917; en ella veía reflejada la próspera vida familiar en París, que muy pronto desapareció.
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Se suele considerar la Maison Tassel, construida entre 1892 y 1893 por Victor Horta en la rue de Turín de Bruselas, como la primera obra de arte total en el continente. Supone una global revisión de la organización espacial y un diálogo continuo entre la flexibilidad del hierro y la dureza de la piedra, característica que se evidencia en toda su obra. Como diría Benévolo, no se trata sólo de un nuevo vocabulario, sino de una nueva sintaxis, aunque la casa repita una tipología de edificio tradicional en Bruselas. Victor Horta había usado el hierro colado para la Maison Tassel, que posibilitará la prolongación en el espacio de los motivos decorativos aprendidos por él en Inglaterra. El hierro se muestra y añade expresión a lo que sólo era estructura. Los soportes metálicos se dejan vistos. De este modo varía la espacialidad que se hace así más abierta, más fluida. Lo ingrávido triunfa sobre lo compacto: la delgadez de los fustes-tallo de las columnas, su posterior desarrollo-ramificación, sus incursiones por el techo, el descenso-enredadera por la barandilla. El hierro, casi como un filamento orgánico, actúa como contrapunto a la rigidez e inactividad de la piedra. Horta estaba muy interesado por el mundo vegetal y la estructura de las plantas y por su lógica constructiva. Esto lo traslada a su decoración pero nunca reproduciendo o representando explícitamente, de forma naturalista, el mundo vegetal, sino guiándose por alusiones, sugerencias y evocaciones. Se inspira también en los motivos decorativos de las encuadernaciones inglesas y de los papeles pintados. El origen vegetal de las formas abstractas se podría rastrear hasta la decoración inglesa del círculo de Mackmurdo y la Ondina de Summer. A diferencia del gusto que éstos mantenían por la identidad y la repetición, las formas se individualizan y se desarrollan en libertad. Estas continúan tanto por los azulejos, el papel pintado de los papeles o los mosaicos del suelo. La línea belga crecía imparable.
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En este lienzo podemos apreciar todas las características de la obra de Villaamil: pincelada rápida, sensacionales estudios lumínicos y atmosféricos, empleo vibrante del color,... El dibujo es magnífico, definiendo todos los detalles a pesar de la soltura de ejecución, destacando la zona de los arcos. Resulta interesante la gran cantidad de figuras que ocupan la parte inferior de la tela, destacando la inmensidad de la construcción gótica. Pero lo más llamativo es el estudio de la luz que atraviesa los ventanales con sus vidrieras de colores e incide en la zona del altar.
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Partiendo del paisajismo británico, Jenaro Pérez Villaamil inicia un género que tendrá en la segunda mitad del siglo una gran preponderancia en el territorio hispano. Su técnica es muy empastada, nerviosa, y el colorido cálido, brillante, con una atmósfera vaporosa, produciendo ambientes de ensoñación, con arquitecturas medievales y personajillos populares, históricos u orientales.