Busqueda de contenidos

obra
El escultor vallisoletano Pedro de Sierra procede de una familia de artistas. Trabajará con el grupo de escultores franceses de La Granja de San Ildefonso, asimilando su estilo influencias foráneas, como se pone de manifiesto en esta obra, inmersa en la estética rococó imperante en la Francia del siglo XVIII. La pieza presidía la sillería de coro del convento de San Francisco de Valladolid.
obra
Pacheco será el encargado de imponer las normas iconográficas en la Sevilla del siglo XVII debido a su excelente relación con el cabildo catedralicio gracias a su Academia Literaria, tertulia en la que participaban los más notables personajes sevillanos de su tiempo, que se reunían en su casa. La figura de la Inmaculada la repitió insistentemente durante unos quince años (1621-1635) existiendo apenas variaciones. Ésta que contemplamos aparece sola, sin el característico acompañamiento de querubines, apoyada sobre una media luna - aludiendo al triunfo sobre el Islam -, con túnica blanca (pureza) y manto azul (de eternidad). Sobre su cabeza porta una elegante corona dorada y doce estrellas rodean su bella efigie. Es representada casi como una niña, rubia, con la mirada baja y las manos juntas a la altura del pecho - siguiendo la visión de santa Brígida de Suecia -, envuelto su cuerpo en una aureola dorada que indica lo sobrenatural. Rodeada de nubes, en la zona baja podemos contemplar una ciudad - podría tratarse de una vista idealizada de Sevilla - abierta al mar donde navega una carabela. La dureza de la figura es característica de la obra de Pacheco, apreciándose una importante influencia de la pintura flamenca y ciertos rasgos manieristas. Los colores son intensos, especialmente el azul, creando un extraño efecto, casi místico, a través de la luz.
obra
Al haber sido ejecutada al mismo tiempo que la Inmaculada Langon, sus características son prácticamente las mismas. Lo único que distingue a ésta es su rostro, más agraciado y sonriente, así como los níveos brazos abiertos hacia Dios en lugar de recogidos en absorta oración. La Inmaculada Langon es una imagen de meditación mientras que la de Budapest es una imagen triunfal.
obra
Lienzo de Francisco Rizi firmado en 1651. Se encuentra en el Museo del Prado.
obra
Maella realiza en esta Inmaculada una síntesis entre los usos pictóricos del Siglo de Oro, es decir, del pleno Barroco Español, y los nuevos dictados estilísticos del Neoclasicismo, importados por el pintor de Carlos III, Antonio Rafael Mengs. El modelo que emplea para la Inmaculada es exactamente el mismo que habían empleado los artistas del siglo XVII, cien años antes. Recuerda en su composición las Inmaculadas deMurillo, de Velázquez, incluso alguna de Zurbarán. Sobre este modelo, agitado en movimiento, espléndido en color, Maella aplica los dictados de Mengs y su academicismo, sujetando la libertad de color y pincelada de los barrocos aldibujo estricto del maestro alemán.
obra
Alonso Cano realizó esta Inmaculada Concepción según los postulados de la estética barroca sevillana. El tema de la Inmaculada pone de manifiesto la inocencia y la virginidad de María al concebir a Jesús. Para destacar esta idea, la joven María suele representarse con una serie de características que el fiel conocía e identificaba. Eran, por ejemplo, la túnica blanca con el manto azul, las doce estrellas que coronan su cabeza, la media luna sobre la cual se apoya, etc. Estos rasgos fueron establecidos, especialmente, a través de escritos como los de Francisco Pacheco, el suegro de Velázquez, que luego otros pintores ejecutaban en sus obras. Cano ha utilizado para esta pintura sus dotes de escultor, puesto que la imagen tiene un aspecto muy tridimensional, con correctos volumen y sombreado, como si fuera una escultura de bulto redondo.
obra
Zurbarán varió escasamente una imagen que le había proporcionado fama y dinero, como es la Inmaculada Concepción. Mantuvo tanto la fisionomía como el ambiente, y apenas se diferencia de otras Inmaculadas a las cuales remitimos al lector.
obra
A lo largo de toda su carrera Gutiérrez de la Vega sintió una especial admiración por la pintura de Murillo como podemos comprobar en esta Inmaculada de clara concepción murillesca no sólo por la disposición de las figuras o el rostro infantil de la Virgen sino hasta en los rostros de los querubines o la colocación de los símbolos marianos, repitiendo el estilo vaporoso y el celaje y la luz dorada.
obra
El tema de la Inmaculada Concepción será muy tratado en el arte religioso europeo, especialmente en dos países de declarado catolicismo como Italia y España. Ribera ya había realizado una sensacional imagen de la Virgen María para el convento de las Agustinas de Monterrey en Salamanca y ahora repite el tema con algunas modificaciones. La Inmaculada aparece en el centro de la composición, con sus manos giradas hacia su izquierda, a la altura del hombro, vestida con túnica blanca y manto azul -siguiendo la visión de Santa Brígida de Suecia, tal y como había sugerido Pacheco- pisando la media luna como símbolo de dominio al infiel. A sus pies encontramos un grupo de angelitos que portan algunos atributos marianos: el espejo y la vara de olivo. En el fondo apreciamos un templete renacentista -con gran similitud al de San Pietro in Montorio de Roma, realizado por Bramante y sufragado por los Reyes Católicos- que indica las puertas del cielo, mientras que dos grupos de querubines en las esquinas superiores y la paloma del Espíritu Santo sobre la cabeza de María completan la composición. las luces doradas bañan el conjunto, resaltando las tonalidades blancas y azuladas y las carnaciones de los ángeles. Ribera ha abandonado en esta obra toda referencia a Caravaggio, incluso el naturalismo, para acercarse a un barroquismo pleno de influencia neoveneciana y vandyckiana en el que la luz y el color se convierten en los principales protagonistas.