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obra
Quizá sea ésta la obra más emblemática de las 80 imágenes realizadas por Vincent durante sus dos meses de estancia en el pueblo de Auvers-sur-Oise, al noroeste de París, donde había sido enviado por Theo, cansado de Arles. En esa estancia estuvo atendido por el doctor Gachet. Las luces nocturnas siempre llamaron la atención de Van Gogh, bien fuese la luz de las estrellas - Noche estrellada - bien la de la luz artificial - Terraza del café de Arles-. De nuevo recurre a la luz nocturna, teniendo como protagonista una pequeña iglesia gótica, que adquiere por el efecto lumínico una sorprendente sensación fantasmagórica. Como buen impresionista (no olvidemos que Van Gogh aprendió de Pissarro y se inició en este movimiento pictórico) se preocupa por captar la sombra de la construcción, apreciándose claramente tanto en el sendero como en el césped, al tomar un tono más oscuro. La pincelada del artista es cada vez más personal; si bien es cierto que partió del puntillismo de Seurat y la estampa japonesa, conseguirá alcanzar una libertad y una seguridad en el trazo incomparables. Esos pequeños toques de color, que se aprecian con facilidad en el lienzo y otorgan mayor ritmo a la composición, son únicos en el mundo. Por el contrario, las líneas de los contornos están muy marcadas, producto de la influencia del cloisonnismo de Bernard y Gauguin, y del deseo de Vincent por demostrar sus logros con el dibujo, su gran reto. La zona del cielo tiene mayor planitud, empleando una pincelada a base de espirales, destacando la intensidad del colorido. Precisamente los tonos que utiliza Van Gogh también son muy personales. Los malvas, verdes, amarillos y blancos caracterizaban buena parte de su producción, añadiendo pequeñas superficies de color naranja para aludir a los colores complementarios. La figura de la mujer que camina por el sendero proporciona mayor vitalidad y realismo a la escena, un conjunto insuperable.
monumento
La primitiva iglesia del convento jesuita de Barcelona fue construida en 1553, ocupando el actual ábside. En 1660 se solicita el permiso para ampliar el templo, si bien los trabajos finalizarán en 1732. En el año 1936 un espectacular incendio destruyó buena parte del edificio. Se trata de un templo de una sola nave, con capillas en ambos lados, separadas por arcos que sostienen las tribunas características del Barroco mediterráneo, tribunas destruidas por un incendio. La fachada que se abre a la calle del Carmen presenta dos cuerpos, el primero con relieves geométricos y el segundo con el paramento liso. La portada de acceso es más suntuosa, con tres cuerpos; en el inferior hallamos columnas salomónicas, pilastras en el central y un óculo en el tercero. Diversas estatuas adornan la fachada.
museo
Berzé-la-Ville era un priorato cluniacense próximo al monasterio, apenas a una decena de kilómetros. En su interior encontramos una de las decoraciones pictóricas más importantes del Románico francés. Realizada hacia 1109 con una técnica muy cuidada, sobre un espeso enlucido de base, se representaba en el interior del ábside una composición en tres niveles: arriba, Cristo en majestad; en el medio, escenas relativas a los martirios de san Blas y san Lorenzo o san Vicente; abajo, una serie de bustos de santos, en total, dieciséis figuras alrededor del Pantocrátor. Ademanes y caracterización de los rostros denuncian el conocimiento de obras bizantinas. Sin embargo, es posible, como creen algunos especialistas, que el pretendido bizantinismo no corresponda a una dependencia directa, sino a algo aprendido a través de modelos italianos; seguramente, dados los estrechos contactos existentes, con Montecasino; no faltando una coincidencia en los detalles ornamentales con la misma pintura romana coetánea. Con el tiempo, la pequeña iglesia fue convertida en granero y sus muros pintados de blanco. En 1887 el abad Jolivet, cura del pueblo y amante del arte románico, descubrió la cabeza de Cristo del ábside, lo que permitió descubrir la exquisita decoración interior que atrae hace Berzé-la-Ville a turistas de todo el mundo.
obra
Berzé-la-Ville era un priorato cluniacense próximo al monasterio, apenas a una decena de kilómetros. En su interior encontramos una de las decoraciones pictóricas más importantes del Románico francés. Realizada hacia 1109 con una técnica muy cuidada, sobre un espeso enlucido de base, se representaba en el interior del ábside una composición en tres niveles: arriba, Cristo en majestad; en el medio, escenas relativas a los martirios de san Blas y san Lorenzo o san Vicente; abajo, una serie de bustos de santos, en total, dieciséis figuras alrededor del Pantocrátor. Ademanes y caracterización de los rostros denuncian el conocimiento de obras bizantinas. Sin embargo, es posible, como creen algunos especialistas, que el pretendido bizantinismo no corresponda a una dependencia directa, sino a algo aprendido a través de modelos italianos; seguramente, dados los estrechos contactos existentes, con Montecasino; no faltando una coincidencia en los detalles ornamentales con la misma pintura romana coetánea. La Tortura de San Vicente Diácono forma parte de la decoración de este conjunto.
obra
La fachada de este templo se compartimenta a través de pilastras verticales mientras que las dos portadas laterales presentan medias columnas adosadas para sostener un entablamento recto. El segundo cuerpo cambia respecto a la estética del primero ya que la serenidad inicial se transforma en intenso movimiento gracias al bocelón que enmarca la hornacina principal.