Busqueda de contenidos

obra
Entre los retratos familiares más atractivos pintados por Rubens destaca el de su segunda esposa, Helene Fourment, y sus dos hijos: Clara Joanna (18-1-1632), de cuatro años, y Frans (12-7-1633), de dos años y medio. El retrato está cargado de espontaneidad e intimidad, lo que aumenta el encanto de la obra. Rubens emplea una técnica muy suelta y viva, lo que convierte la composición en una especie de bosquejo a gran escala en el que sólo las cabezas de las tres figuras están plenamente modeladas, mientras el resto sólo queda sugerido. La importancia otorgada a la luz y el color enlazan directamente con la escuela veneciana, cuyo máximo representante, Tiziano, era considerado por el maestro flamenco "su padre espiritual".Helene y Peter Paul se casaron en 1630, cuando ella tenía 37 años menos que su esposo. El pintor prefería a una joven de buenos orígenes burgueses que a una dama "que se avergüence de verme coger los pinceles". Sin embargo, a pesar de evitar introducirse en la nobleza, Rubens muestra a su familia con aire aristocrático. Las figuras visten de manera elegante, cubriendo sus cabezas con graciosos sombreros -Helene recuerda al retrato de su hermana titulado El sombrero de paja-. Frans mira hacia el espectador y juega con un pajarito, al igual que su hermano Nicolas en el retrato junto a Albert, mientras Clara recoge su falda entre las manos y dirige su mirada a la madre. La postura de Helene sosteniendo en su regazo a su hijo ha sido interpretada como una Madonna profana. Bajo la inacabada silla se aprecian los contornos de un perro adormilado, símbolo tradicional del matrimonio y de la fidelidad.Se piensa que Rubens consideró ampliar la tabla para incorporar al niño que Helene esperaba, Pieter Paul, nacido el 1 de marzo de 1637.
obra
Rubens retrató en numerosas ocasiones a su segunda esposa, Helene Fourment, tanto sola como en compañía de sus hijos, vestida o desnuda -curiosamente, la mayor parte de los retratos en los que aparece desnuda fueron destruidos por la propia Helene tras el fallecimiento del pintor-. En esta ocasión nos la presenta ataviada con sus mejores galas, vistiendo un elegante traje negro con adornos de encaje en cuello y puños y tocada con un curioso sombrero que también repite en un dibujo. Tras ella se sitúa uno de los hijos del pintor, posiblemente Nicolas, que por aquellas fechas tendría unos once años, vistiendo un traje rojo y portando un sombrero en la mano derecha. Las dos figuras se ubican ante una arquitectura clásica que podría ser la casa de Rubens en Amberes. Al fondo un carruaje y varias edificaciones cierran la composición, otorgando una interesante perspectiva a la escena. Con todos estos elementos el pintor quiere demostrar su pertenencia a la élite social, en un momento en que había sido nombrado caballero tanto por Felipe IV de España como Carlos I de Inglaterra.La influencia de Tiziano se manifiesta en el interés mostrado por Rubens hacia la luz y el color, al tiempo que la pincelada empleada es más rápida y fluida, abandonando el estilo preciosista que caracteriza a la pintura flamenca.
obra
En 1634 nació el cuarto hijo de Rubens, Frans, convirtiéndose en el favorito tal y como podemos comprobar en este retrato donde aparece en el regazo de su madre, Helene Fourment, la segunda esposa del pintor. Helene y Frans dirigen su mirada al espectador, recogiendo en sus rostros la felicidad que envolvía a la familia en esos años. La dama viste elegantemente, como corresponde a su condición social, ataviada con un sombrero adornado con plumas al igual que su hijo, contrastando las tonalidades de ambos tocados. Las figuras se ubican ante una escalinata con una gruesa columna en la que se envuelve un pesado cortinaje rojo, elemento que aparece en los retratos de aparato. De esta manera, Rubens nos indica que se encuentra en un elevado nivel social, habiendo sido nombrado caballero por Felipe IV de España y Carlos I de Inglaterra.El pintor flamenco introduce importantes dosis de luminosidad dorada que recuerdan a la escuela veneciana, tomando como referencia a Tiziano, su maestro favorito. Las pinceladas son rápidas y dispersas, abandonando el tradicional realismo descriptivo de la pintura flamenca para interesarse por la luz y el color. Helene Fourment con dos de sus hijos repite el esquema de este retrato.
obra
Este magnífico dibujo sería el estudio inicial de un lienzo desaparecido. La protagonista es Hélène Hertel, nacida en París el 4 de enero de 1848 y casada en Roma el 5 de julio de 1869 con el conde Vincenzo Falzacappa. El rostro de la dama está ejecutado con enorme precisión mientras que en el vestido apreciamos una mayor rapidez, resultando un conjunto de gran belleza.
obra
Ernest Klimt y Helene Flöge se casaron en 1891. La joven familia sufrió un duro revés con la repentina muerte de Ernst el 9 de diciembre de 1892. La pequeña Helene Luise había nacido el 28 de julio de ese mismo año y Gustav Klimt quedó como tutor de la niña, encontrando madre e hija refugio en sus familias. La muerte de Ernst puso fin a la Compañía de Artistas que integraban los hermanos Klimt y Franz Matsch. La joven viuda pronto encontró un empleo colaborando en la tienda de modas que las hermanas Flöge abrieron en Viena. También trabajará aquí Helene, primero como recepcionista para convertirse en co-propietaria cuando su madre fallezca en 1936. Cuando la casa de modas cierre dos años después, vivirá con sus tías en el 39 de la Ungargasse, donde fallecerá el 5 de enero de 1980. La pequeña Helene tenía seis años cuando posó en este delicado retrato al pastel, exhibido públicamente en 1898 y en la exposición de la Secession del año 1903. Viste un traje azulado y lleva un corte de pelo "a lo paje", mostrándose de perfil. En nariz, labios y mofletes se aprecian tonalidades rojizas que aportan mayor viveza al rostro. La figura se recorta ante un fondo neutro de tonalidades claras. El estilo recuerda al impresionismo, mostrando de esta manera Klimt su facilidad para tocar diferentes formas de trabajar hasta encontrar un estilo propio.
obra
La relación de Degas con la familia Rouart se remonta a la época escolar. Incluso Henri Rouart había participado con el pintor en la Guerra Franco-Prusiana y su amistad era muy estrecha, visitando la casa de Rouart todos los viernes para cenar. Hélène, la hija mayor, es la protagonista de esta escena donde se nos muestra la atracción de su padre por el coleccionismo, tanto de cuadros como de objetos antiguos y exóticos. Así la joven aparece apoyándose en un gran sillón vacío - en referencia al padre ausente en ese momento - rodeada de objetos artísticos. Junto a ella vemos un paisaje de Corot enmarcado; debajo se aprecia un dibujo de Millet; en la parte superior se sitúa un tapiz chino; y en la vitrina contemplamos una estatua egipcia. La figura de Hélène parece encajonada entre estos objetos, como si estuviera sobrecogida por la afición paterna. La tonalidad azul del vestido parece sacada de una obra de Corot que poseían los Rouart, mientras que para el sillón vacío se inspira en un retrato de Van Dyck que contempló Degas en Nápoles. Esto nos demuestra el apego a la tradición pictórica de Degas que siempre gustó de buscar influencias entre los grandes maestros. Al colocar a la dama entre rectángulos plantea problemas de perspectiva que tanto atraían la artista, jugando con los diferentes planos para resolver una excelente imagen. Respecto a los colores, Degas nos llama la atención con el azul del vestido, armonizándolo con otras tonalidades como el amarillo, el rojo o el marrón, recurriendo a contrastes o complementando ese tono azul predominante. Su factura es cada vez más rápida, empleando una pincelada suelta, a base de manchas que hacen si cabe más interesante la composición.
obra
Durante la estancia de Toulouse-Lautrec en el taller de la rue Caulaincourt se entusiasmó con la belleza de una joven vecina llamada Hélène Vary, mandando hacer una fotografía para utilizarla de modelo y elaborar dos retratos. Uno de ellos aparece solo de busto y en éste que contemplamos se muestra casi de cuerpo entero, sentada en una silla y portando unos papeles sobre su regazo. La figura se sitúa ante unos grandes lienzos que nos indican la ubicación en el taller, sirviendo para crear el efecto espacial a través de un magnífico entramado de líneas. Pero lo más significativo es el rostro de la muchacha, de perfil, siguiendo estrictamente la fotografía, mostrando la belleza de un joven burguesa. El dibujo va ocupando un papel destacado en la composición, compaginando con el color el lugar prioritario, color que es aplicado de manera rápida y diluida, obteniendo un resultado excepcional.
escuela
Tras el esplendor del período Clásico, el Helenismo ve cómo la cultura griega es sometida por una potencia superior militarmente, pero tremendamente inferior en el terreno intelectual. Roma se apropió de las formas artísticas griegas, que también se estaban agotando ya. Dos reyes legendarios de la Grecia final marcan dos hitos artísticos importantes. El primero de estos reyes fue Filipo II, macedonio que conquistó la descohesionada Grecia, agotada tras las interminables guerras locales. Filipo II fue asesinado por su primera mujer, excelente gobernadora del aparato imperial mientras él ampliaba sus conquistas, cuando el rey se casó en segundas nupcias con una jovencísima Cleopatra, reina egipcia antecesora de la famosa Cleopatra de Julio César. Envenenado, la reina encargó finalizar apresuradamente las obras del mausoleo de Filipo, en el cual se enterró también a la nueva reina, que corrió la misma suerte. Esta premura en terminar las obras ha provocado que uno de los más completos conjuntos de la pintura helenística nos haya llegado extremadamente dañado: toda la fachada se recubrió de frescos que antes de conseguir secarse fueron cubiertos por un túmulo de tierra, según la costumbre macedonia. La tumba de Filipo II en Vergina constituye hoy por hoy el mayor tesoro de la antigüedad, tras la tumba de Tutankamon, y sus pinturas aún no pueden ser visitadas, puesto que se están restaurando para estudiarlas. En este fresco se representó por encargo expreso de la reina la figura de Alejandro Magno, hijo de Filipo II, para asegurar de esta manera su sucesión en el trono frente a la posible descendencia habida con Cleopatra. Alejandro Magno representa el segundo hito de la pintura helenística. Consciente del poder propagandístico del arte, controló férreamente la reproducción de su efigie, y sólo autorizó para ello a tres artistas en escultura, orfebrería y pintura. El pintor elegido fue Apeles, todo un mito para la profesión pictórica: artistas de siglos posteriores siempre han usado su leyenda como ejemplo de la dignidad de su profesión, puesto que era el favorito del emperador Alejandro, que visitaba su taller y se sometía a los dictados del artista. De Apeles se decía que poseía el don de la "charis", que significa la "gracia", una cualidad que sólo se ha atribuído posteriormente al joven Rafael durante el Cincuecento. Sus cuadros tenían además un atractivo brillo singular, que Apeles conseguía mediante el "atramentum", una capa de barniz negro sobre sus cuadros. Otros pintores de la época de Alejandro fueron Leocares, Eufránor y Aedión. Como obra señera de este período, de atribución desconocida, tenemos el Mosaico de Alejandro, posterior a la muerte del emperador, donde ya se reconocen los avances sobre movimiento, composición y perspectiva del Helenismo sobre el Clásico o el Arcaico. Tras el gobierno de la dinastía Macedonia, Grecia entra en una profunda crisis, de la cual se salva la pintura, puesto que es un género muy barato que puede permitirse innovar. Se trabaja en dos ramas, la megalografía y la riparografía. La megalografía significa "pintura de lo grande", es decir, de temas dignos. Es más conservadora, puesto que suele pertenecer al ámbito funerario macedónico, más tradicionalista. Los temas se refieren a las escenas del Hades o mundo del infierno griego, como en la Tumba de Lefkaria. También aparecen frescos de batallas, retratos de los difuntos y escenas mitológicas. Además de los frescos, se sustituyen las estelas esculpidas (que funcionaban como nuestras lápidas actuales), por estelas pintadas, mucho más baratas. De esta época, los ejemplos que se conservan son las copias romanas que se realizaron sobre las obras griegas, como en Nápoles -la Villa de Bosco Reale- y Pompeya. Respecto a la riparografía, este término significa "pintura de lo pequeño", es decir, de temas viles o vulgares: pintura de género, bodegón, paisaje, caricaturas... Dentro del género cómico destacan por su frescura las pinturas de grilos. Los grilos son los egipcios, que los griegos consideran bárbaros, caracterizados como enanos cabezones embarcados en las más ridículas aventuras. Los pintores más conocidos de esta época son Antífilo, Teón y Helena, la Egipcia, que no era la primera mujer pintora griega, pero sí una de las más prestigiosas por su maestría. Durante el Helenismo Tardío, cobró importancia la corte de Pérgamo, con una importante escuela de escultores y pintores, de entre los cuales destaca Soso de Pérgamo, pintor para la corte barroca que se desarrolló en aquella región. Al mismo tiempo, la alta burguesía comerciante de Pérgamo reclama un arte menos sofisticado y más realista, que por ser de encargo privado se dedica a retrato y a la riparografía. El triunfo de esta corriente fue avasallador, y se dedicó a los temas del mundo del espectáculo, como los conciertos y el teatro (revalorizado con la comedia nueva de Menandro, que influirá sobre Plauto en Roma). Existen abundantes copias pompeyanas de estas obras. Para las casas particulares se encargaron también mosaicos decorativos, parietales o pavimentales, que representaban bodegones extremadamente realistas. Hay uno que finge ser el suelo sucio de una sala de banquetes, al cual los invitados han arrojados huesos, migas, y fragmentos de vasijas. Tras el Helenismo, el foco cultural derivó a Italia, que no supo avanzar sobre lo ya descubierto. El relevo de la pintura lo recogerán los primeros cristianos, y sobre todo el Imperio Bizantino, sucesor del poderío romano y del esplendor cultural griego.