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Se ha comprobado que el hermoso retrato de Ginevra de Benci está cortado, por lo que perdió una franja inferior. Es muy posible que en esta franja estuvieran las manos de la joven y por la postura, es también muy posible que esas manos del cuadro fueran las mismas de este dibujo preparatorio, de la misma fecha que el retrato.
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El primer viaje de Constable a Brighton lo realizó en 1824 acompañando a su esposa Maria, cuya salud empezaba a ser cada día más delicada debido a la tuberculosis y los continuos embarazos. A pesar de no sentirse muy cómodo en la zona -"la playa es como Picadilly... pero en la costa" afirmó en alguna ocasión- se interesó especialmente por las escenas marinas, fundamentalmente como objeto de investigación de efectos lumínicos más que como trabajos definitivos, aunque alguno realizó -véase Muelle de Chain, Brighton-. En esta ocasión nos presenta un efecto dramático y casi teatral con negros nubarrones amenazando la costa, ocupando el cielo la mayor superficie del lienzo, siguiendo en este esquema a los pintores holandeses del Barroco. Las pinceladas son rápidas y empastadas, aplicando el color en algunas zonas con espátula, lo que convierte a estos bocetos en trabajos de gran impacto visual que para algunos especialistas serán más interesantes que los propios lienzos definitivos.
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Posiblemente sea Léon Köella Leenhoff el modelo que utilizó Manet para esta sanguina, técnica favorita del maestro durante sus primeros años para realizar retratos, abandonada hacia 1863. El problema surge con la edad del joven Léon Köella, nacido en 1852 por lo que tendría unos 11 años. Es cierto que el muchacho aparenta una edad entre los 14 y los 17 años, por lo que la hipótesis parece ser incierta. Pero debemos añadir que Léon siempre quería mostrar mayor edad de la que tenía, pudiendo tratarse una especie de "juego" con su hijo. Dejando de lado la identidad del modelo, estamos ante un soberbio trabajo protagonizado por las líneas y las sombras que se aplican en la zona izquierda de la figura. La pose altiva del joven recuerda al muchacho que aparece en Almuerzo en el estudio.
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El desnudo constituye un tema recurrente en Ingres, que en sus grandes composiciones se ve forzado a justificarlo en un ambiente propicio, como los baños turcos, los harenes o las alegorías mitológicas, reprimiendo un tanto la belleza y el erotismo. Sin embargo, en estudios como éste, Ingres podía dar rienda suelta ala sensualidad y a la provocación abiertamente sexual. Todo en el cuadro tiene las tintas cargadas, comenzando por la gama cromática, que parece provocar un auténtico incendio en el juego de naranjas, rojos y amarillos ígneos. El artista se ha concentrado únicamente en la silueta curva, para acentuar el contraste entre una cintura muy fina y unas caderas explosivas. La indefinición, en cambio, gobierna en el trazo del rostro, semioculto en la penumbra, y en brazos y pies, trazados con descuido. Este tipo de estudios sirvió como cuaderno de ensayos a obras muy conocidas del artista, como la Odalisca con esclava, sobre todo.
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Ingres comenzó el cuadro dedicado a la ópera Antíoco y Estratónice en 1807 y lo terminó en 1840. Este boceto es uno de los muchos que dedicó al tema. Lo realizó en los últimos años, igual que el estudio de Estratónice. La figura corresponde a la nodriza de Antíoco.
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Entre los más importantes pintores del Realismo español debemos destacar a Francisco Domingo Marqués; formado en los ambientes académicos, podría haber cambiado el panorama pictórico hispano al admirar a los grandes maestros barrocos, especialmente Ribera, incluyendo el realismo en sus trabajos como observamos en el Zapatero. Pero la fama y el dinero estaban en la temática de "casacón", puesta de moda por Fortuny, por lo que Domingo desarrolló la mayor parte de sus trabajos en estos asuntos anecdóticos como observamos en esta escena en la que una joven toca el piano en la zona de la izquierda acompañada por dos muchachas que cantan en primer plano, de espaldas al espectador. En el fondo un hombre escucha atentamente la música mientras una pareja flirtea a su lado. El escenario está absolutamente dominado por el gran paisaje pintado por Muñoz Degrain, en cuyo estudio tiene lugar la acción, mostrándose algunos elementos más del taller como un cartapacio, varios cuadros y unas espadas en la parte superior de la estancia. La luz penetra por la izquierda, resaltando las brillantes tonalidades de los vestidos de las jóvenes, creando atractivos contrastes de sombra. La factura es bastante rápida y suelta pero detallando al mismo tiempo, interesándose por las calidades de las telas en las que resbala la luz. La similitud con el estilo de Fortuny es muy elevada, indicando la importancia del maestro de Reus entre los jóvenes artistas.