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En 1819 Constable alquiló una casa en Hampstead, dedicándose a realizar numerosas vistas de los paisajes del entorno. Sus principales preocupaciones en estos momentos serían las amplias perspectivas como aquí podemos observar y los estudios de luz, mostrándonos un sensacional atardecer tal y como podemos observar en las tonalidades anaranjadas que se muestran al fondo. El cielo ocupa más de la tercera parte de la superficie del lienzo, habitual en las escenas de los paisajistas holandeses del Barroco que Constable tanto admiraba, plagándose de amenazantes nubes que serán una de sus obsesiones en estos años -véase Estudio de nubes con horizonte de árboles-. Las pinceladas son cada vez más rápidas y empastadas, convirtiéndose la naturaleza en algo abstracto. El interés por las atmósferas y las luces de Constable serán las influencias que los impresionistas recibirán del maestro inglés.
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De todos los dibujos que Leonardo nos ha dejado sobre el monumento de Francesco Sforza, este es el único que plantea una imagen más o menos definitiva. El modelo de escayola que llegó a realizar el artista fue destruido en la invasión francesa de Milán y el monumento definitivo nunca se llegó a fundir. El tipo del monumento es muy dinámico, con grandes desequilibrios en las masas del bronce que debía ser fundido, por lo que imaginamos la realización bastante dificultosa para los medios del momento. El monumento real debía ser más estable, parecido al monumento de Marco Aurelio, la única estatua ecuestre conservada de la Antigüedad.
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Los bocetos de Degas son de extraordinaria calidad gracias al seguro trazo de su dibujo, una de las pocas cosas que le atrajo en su juventud de las obras de Ingres y que mantendrá hasta el final de su vida. Las gruesas líneas cobran vida y más que ante un estudio parecemos estar contemplando una obra con personalidad propia.
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En este estudio vuelve Degas a la manera de trabajar que empleaba Ingres: empezaba sus dibujos con las figuras desnudas, a las que más tarde iba aplicando los vestidos paulatinamente. Igual ocurre en esta escena por lo que vemos al jinete desnudo, en una postura forzada. Sobre él encontramos un estudio de una pierna, demostrándose doblemente la altísima calidad como dibujante de Degas.
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El encargo de la Batalla de Anghiari quedó incompleto. Leonardo debía ocuparse de un episodio glorioso de la historia de Florencia, en 1440, donde los florentinos derrotaron al ejército de Milán. En el otro lado de la sala, Miguel Angel, rival de Leonardo, iba a pintar la Batalla de Cascina, otro episodio militar triunfante de Florencia, esta vez contra los soldados de Pisa.Del fresco de Leonardo sólo quedan algunas copias de las partes incompletas que abandonó en 1506, perdidas por la redecoración efectuada por Vasari en 1560. De los trabajos preparatorios se conserva este esbozo del grupo central, que muestra la lucha por el estandarte.
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Leonardo tenía una teoría particular para explicar la vejez y la decadencia del cuerpo humano hasta la muerte. Sus estudios sobre anatomía fueron intensos y le valieron acusaciones de nigromante y hechicero, puesto que realizaba disecciones de cadáveres, algo prohibidísimo por la Iglesia incluso dentro del ámbito universitario.Leonardo conoció en un hospital a un anciano llamado "el Centenario". Este hombre decía no haber padecido jamás en su vida enfermedad alguna ni afección grave que dañara su organismo. Cuando murió, era evidente que había muerto de puro viejo y no por una causa concreta, lo que le convertía a ojos de Leonardo en un sujeto extraordinario, en un mundo en el que todos morían por peste, infecciones, heridas, parto, etc. Consiguió permiso para diseccionar y estudiar el cuerpo, tratando de hallar el origen de la muerte, de la degeneración absoluta del cuerpo humano. Su excusa ante la Iglesia fue la de tratar de localizar el sitio donde se asentaba el alma, razón por la que se le concedió permiso para el estudio.Leonardo conjugó sus estudios de anatomía con los de botánica. Había descubierto que la vida en las plantas era posible por el sistema circulatorio interno, que según pasaba el tiempo alcanzaba mayores áreas en las hojas y las ramas, fortaleciendo la planta. Por el contrario, Leonardo llegó a la conclusión de que la muerte y el envejecimiento en el ser humano se debía a que el sistema circulatorio humano se atrofiaba, estrangulaba y se quedaba falto de presión a lo largo de su vida, lo que llevaba al colapso final y la muerte.
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Cuando los jóvenes artistas llegaban a Roma pensionados por alguna institución o por su cuenta, debían iniciar un segundo aprendizaje copiando obras antiguas o estatuas. Algunas academias se destacaban por ofrecer a sus alumnos modelos reales como la Giggi a la que acudía Fortuny, realizando un buen número de dibujos al natural como éste, donde se exhibe la maestría en la ejecución del dibujo de la que siempre hará gala el pintor catalán. La estructura anatómica del personaje está captada con absoluta fidelidad, en un atractivo juego de luces y sombras que resaltan su volumetría. Una vez transcurridas las horas necesarias en las academias, los artistas se reunían en los cafés y "trattorias", siendo el Café Greco de la Via Condotti el más frecuentado por los pintores españoles; allí se reunía Fortuny con Puebla, Rosales o Vera.
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En este bello estudio de lazo se pone de manifiesto, una vez más, la minuciosidad de Degas a la hora de realizar sus obras, controlando hasta el último detalle como puede ser un lazo. La seguridad de su dibujo aprendido de Ingres vuelve a caracterizar este pequeño boceto.