Tanit era una diosa secundaria en Sidón, pero Cartago la elevó a lugar preeminente, al menos desde el siglo V a. C., asociándola a Astarté o destacando su propia personalidad de diosa maternal y señora de la fecundidad de la tierra, frente al carácter astral de Astarté. En ello se hacía semejante a Kore, la hija de Demeter que protagonizaba los misterios de Eleusis y cuyo culto había generado una amplia iconografía en el arte griego.
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Esta sensacional estela destaca por la finísima talla en la que está labrada. Aparece el rey Acad-nirari III con los atributos reales, libando y en la parte superior, varios símbolos rodean su cabeza. En la parte central había una inscripción que fue deliberadamente eliminada.
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Esta estela procedente de Girsu -hoy Telloh- (hoy sólo restan siete fragmentos) es una de las obras capitales del Dinástico Arcaico III sumerio. Sus relieves, lamentablemente mutilados, recogen la campaña de Eannatum de Lagash contra Ush, rey de Umma. En el anverso (cara mitológica) aparece una diosa -muy mutilada- y el dios Ningirsu, asiendo el pájaro Imdugud y la red repleta de enemigos. En el reverso (cara histórica) y dispuestos en franjas aparece entre otras escenas el rey de Lagash al frente de sus tropas, que derrotan al enemigo.
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La princesa Meritatón, hija de Akenatón, ofrece los frutos de la mandrágora a su esposo Semenkhare; sin embargo, otra interpretación identifica a la mujer con Nefertiti y al hombre con el propio faraón. Se trata de una típica escena de este periodo amárnico, donde los artistas se proponen ennoblecer las escenas de la vida cotidiana.
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No son habituales las esculturas de bulto redondo en la tradición maya, concentrándose en los relieves integrados de manera sensacional en los edificios. Muchos de estos relieves presentan guerreros pertenecientes a las órdenes militares del jaguar y del águila; grandes losas talladas con jaguares y águilas devorando corazones humanos y asociadas a plataformas que conservan el talud y el tablero como remanente de la decoración escultórica característica del centro de México; tronos sostenidos por atlantes con los brazos en alto, portaestandartes y serpientes emplumadas asociadas a fustes de columnas que fueron empleadas para sostener los dinteles de los edificios. Entre los relieves más atractivos procedentes de Palenque destaca esta estela, uno de los bajorrelieves que sujetaban el trono de Palenque en una de las salas del Patio Central del palcio. El personaje es uno de los cuatro Bacabs, dioses mayas sobre los que se ssutentabala bóveda terrestre. Portador de una red en su cabello, lo que le identifica, sujeta bajo su cuerpo al monstruo Imix. Además, en la estela están representados seis glifos, que aluden a la madre del rey Pakal. Esta magnífica pieza fue recogida por Antonio del Río en la primera expedición arqueológica realizada bajo el patrocinio de la Corona de España.