Quizá sean las escenas de carreras de caballos donde Degas se ve más influido por el plenairismo de sus compañeros impresionistas, al situar sus figuras al aire libre. Esto no quiere decir que el pintor tomara las escenas directamente del natural sino que, más bien, eran fruto de su fecunda imaginación. El mundo de la hípica llamará mucho la atención al artista, que se convertirá en uno de los pocos pintores que elija las carreras como protagonistas de sus cuadros. Habitualmente muestra los momentos previos, en los que los jockeys se agrupan con sus caballos. En esta composición, Degas distribuye a numerosos jinetes sobre la hierba del hipódromo. Uno de los puntos más atrayentes para el espectador son los colores de las brillantes camisas de los jinetes, en contraste con los tonos oscuros de los caballos. En la baja línea del horizonte se sitúan varias chimeneas que ofrecen un emblema de la modernidad, las fábricas que estaban empezando a producir en serie en los años de la Revolución Industrial. El cielo es un buen ejemplo de Impresionismo, crea un interesante efecto de realismo y de contraste con la zona terrestre. Otra de las preocupaciones de Degas será la perspectiva, conseguida en este caso a través de una disposición de planos paralelos que se alejan en profundidad, añadiendo una muy aceptable sensación de movimiento. La influencia de la fotografía es constante en su obra, lo que suponía una novedad respecto a la pintura tradicional.
Busqueda de contenidos
contexto
En el siglo XVII, las Provincias Unidas dominaban el comercio marítimo y poseían la mayor potencia naval de Europa. Desde fines del siglo XVI, y a pesar de llevar adelante la guerra de independencia, los holandeses se habían convertido en los intermediarios del comercio europeo, superando, como señala Parry, a sus competidores ingleses, franceses y hanseáticos, gracias a su superioridad en la construcción naval y en la organización empresarial. Sus astilleros no sólo eran los más activos sino los que habían introducido más innovaciones, construyendo barcos ligeros y de menores gastos de flete, por requerir menos tripulación y haber prescindido del armamento más pesado. Las Provincias Unidas contaban, pues, con la infraestructura económica y las posibilidades técnicas necesarias para hacerse sitio en el concierto colonial. Faltaba la ocasión, y ésta la proporcionó la anexión de Portugal por España en 1580, con las dificultades puestas al acceso de los navíos holandeses al puerto de Lisboa, centro distribuidor en Europa de las especias orientales, y su prohibición definitiva en 1594. La decisión consiguiente fue viajar directamente a Oriente en busca de las mercancías deseadas. Los navegantes holandeses enrolados en barcos portugueses conocían las rutas marítimas orientales y la estructura del comercio portugués. En 1595 partió la primera expedición a Oriente por la ruta del Cabo, a la que siguieron otras muchas. Los inconvenientes de la competencia interna llevó a los Estados Generales a decidir en 1602 la refundición de las compañías privadas que operaban en ese ámbito en la "Vereenidge Oostindische Compagnie" (VOC), instrumento económico y militar adecuado para enfrentarse a los rivales. El descubrimiento, en 1611, de que aprovechando los alisios podía navegarse directamente desde El Cabo al archipiélago indonesio, evitando los puertos portugueses, propició la rápida expansión de la VOC. Desde 1604 se inició la fundación de bases en las islas Banda y en las Molucas, en unas mediante tratados y en otras por la fuerza, para lo que tuvieron que vencer la resistencia portuguesa. En 1609, la VOC nombró para todas las posesiones asiáticas un gobernador general, Pieter Both, origen de una administración más organizada, desde la que se pudieran dirigir los asuntos concernientes a los contactos con los indígenas, los enfrentamientos con otros europeos y la organización de una defensa militar. Un paso adelante en la eficacia de esta nueva administración fue la fundación en 1619, por Jan Pieterszoon Coen, de la factoría, fuertemente fortificada, de Batavia (Yakarta), en Java, a donde se llegaba desde El Cabo por la llamada ruta holandesa, y que se convirtió en la capital de su imperio asiático. La VOC intentó conseguir el monopolio del clavo, del macis, de la nuez moscada y aun de la pimienta, para lo que no se privó de utilizar todos los medios por brutales que fuesen. El deseo de regular el mercado y controlar los precios de las especias exigía en primer lugar impedir las actividades de todos los intermediarios asiáticos. Por otro lado, la presión holandesa llevó a los agricultores indígenas al cultivo de determinadas especias, programadas según las necesidades del mercado y pagadas a bajo precio. El sistema propició la absorción de los pequeños predios por grandes explotaciones y la reducción a la esclavitud de gran parte del campesinado. Las rebeliones no tardaron en llegar y se pagaban con terribles represiones. En 1621 centenares de bataneses fueron enviados a Batavia y otros muchos fueron masacrados, actuación que se repitió en todos los lugares donde se les ofreció resistencia. Desde 1636 se suceden graves sublevaciones, y el alzamiento general de 1642 puso en peligro la dominación holandesa, que se salvó a costa de sangre, deportaciones y destrucciones de cosechas. El floreciente comercio que encontraron los holandeses a su llegada al Indico, con juncos chinos o naos portuguesas que trataban con comerciantes indígenas en todas las islas, fue destruido por la VOC, que no permitió ninguna actividad que escapase a su control. Así llegó a hacerse cargo en exclusiva del comercio en esta zona del mundo, desde el cabo de Buena Esperanza al de Hornos, en dura competencia con su homónima inglesa. Con el desarrollo del comercio se hizo imprescindible, como antes a los portugueses, convertirse en intermediarios del tráfico de mercancías de diversas procedencias asiáticas, para eludir el pago de las especias con oro y plata europeas. Ello amplió los intereses holandeses hacia otros puntos de Asia y motivó la fundación de una cadena de factorías en Siam, Annam, Taiwan, desde donde comerciaban directamente con China, y Japón, superando las dificultades de trato que planteaban estos dos Imperios. En el Japón aprovecharon el descontento del shogunato hacia el avance de la cristianización llevada a cabo por los jesuitas que acompañaban a los comerciantes portugueses. En 1601 ya habían establecido contacto, pero sólo se regularizó el comercio cuando se pudo exportar al Japón productos conseguidos en otros puntos asiáticos. Cuando los portugueses fueron expulsados en 1637, los holandeses se hicieron dueños del mercado exterior nipón. El norte del Indico acabó perdiendo gran parte de su importancia comercial en beneficio del sur, dominado por la VOC. El antaño floreciente comercio del golfo Pérsico y el Mar Rojo decayó inevitablemente, ante la primacía de la ruta del Cabo. La necesidad de algodón para cambiarlo por pimienta, interesó a los holandeses en el comercio de la costa del Gujarat desde 1601, y de Coromandel, donde en 1606 consiguieron acuerdos comerciales que le permitieron abrir factorías en Masulipatam y Petapoli. Poco más tarde se abrieron nuevos establecimientos en el Reino de Vijayanagar (1610) y en Surat (1614). Sin embargo, a pesar de sus deseos, la VOC nunca pudo imponer su monopolio en el comercio de los tejidos de indianas, dada la fortaleza de los poderes locales con que aquí trataban. Las expediciones marítimas por la zona llevaron, casual o voluntariamente, a nuevos descubrimientos. En 1616, el capitán Hartogsz descubrió la costa occidental australiana. A partir de ahí se organizaron viajes que fueron ampliando los conocimientos sobre el nuevo continente descubierto. Abel Tasman, en su expedición de los años 1642-1643, descubrió y dio su nombre a la isla de Tasmania y llegó a Nueva Zelanda y las islas Fidji, Tonga y Salomón. La falta de expectativas comerciales que ofrecían las nuevas tierras descubiertas dejó la prosecución de las expediciones para el siglo siguiente. La organización del imperio asiático holandés quedó completada con el establecimiento en El Cabo, de donde expulsaron a los portugueses en 1652. Desde 1655, y atraídos por una bondad climática que la hacía atractiva para la población europea, fueron introduciéndose en el interior agricultores holandeses, donde contactaron con las poblaciones indígenas más atrasadas del Continente africano, bosquimanos y hotentotes, difíciles de someter a un régimen de trabajo rutinario, y con los que se establecieron unas relaciones basadas en la superioridad racial blanca. Inglaterra, por su parte, se decidió a intervenir directamente en el comercio asiático tras la amenaza que suponían para el comercio de especias de la Compañía de Levante en los puertos de Siria los avances holandeses en el Índico y los ataques españoles a sus embarcaciones en el entorno del estrecho de Gibraltar. Desde 1591 inició el comercio por la ruta portuguesa, pero, tras el fracaso de las expediciones aisladas, se decidió un tipo de organización más estable, y así vio la luz, en 1600, la "East India Company". Los primeros enfrentamientos con la VOC fueron totalmente desfavorables para los ingleses, como asimismo los intentos de colaboración llevados a cabo de 1619 a 1623, que terminaron con la matanza de Amboina (27 de febrero de 1623), en la que nueve ingleses fueron ejecutados por presunta conspiración contra los holandeses. A partir de entonces la EIC tuvo que abandonar sus factorías en Sumatra, Java, Borneo, Siam y Japón, por lo que se centró fundamentalmente en la India, donde ya estaba asentada en Surat (1609), desde la que establecieron relaciones con los intermediarios indios del interior, sobre todo para el tráfico de algodón, índigo, salitre y azúcar. La comercialización de la seda persa supuso la destrucción de las factorías portuguesas en Kishim y Ermund (1623). En 1639 construyeron el fuerte de San Jorge, en Madrás, y en 1650 fundaron en la desembocadura del Ganges la que habría de ser Calcuta. El matrimonio del rey Carlos II con la infanta portuguesa Catalina de Braganza le aportó como dote Bombay en 1662. Los franceses llegaron más tarde y a remolque de la voluntad del poder político. Durante la primera mitad de siglo hubo continuos intentos de crear compañías que comerciaran con Oriente, sin mucho resultado. En 1602 ya se había creado una Compañía de las Indias Orientales, rebautizada en 1611 como Compañía del Cabo de Buena Esperanza y en 1615 como Compañía de las Molucas. Los cambios de denominación no eliminaron su ineficacia, repetida en las efímeras compañías creadas por Richelieu en los decenios siguientes. En los años cuarenta se fundó un rosario de bases en la ruta del Cabo: las islas Reunión en el archipiélago de las Mascareñas, Fort Dauphin al sur de Madagascar y la isla de Santa María situada junto a aquélla. En 1664 Colbert fundó otra Compañía de las Indias Orientales, que tuvo un éxito más continuado y sobrevivió con diferentes cambios en su conformación hasta fines del siglo XVIII. Consiguió establecer factorías en Surat y Masulipatam (1669) en primer lugar, y más tarde en Pondichery y Chandernagor.
contexto
A principios de julio, el ejército americano partió al ataque para salir de la península de Cotentin, mientras los ingleses y canadienses atacaban Caen. La nueva ofensiva contra la ciudad martirizada comenzó el 4 de julio con la toma del aeropuerto de Carpiquet. La noche del 7 de julio comenzó la preparación aérea con un bombardeo, en la margen norte de Caen, aislando a las tropas en línea con las tropas que se encontraban retiradas. A las 4:30 horas entró en juego toda la artillería, incluidos los dieciséis pulgadas del acorazado Rodney. Siguieron los bombardeos que sembraron la destrucción en toda la ciudad. A las 7:30 horas atacaron los destacamentos. Fue una lucha durísima: todos los barrios se vieron transformados en un nido de resistencia que los atacantes tuvieron que neutralizar uno a uno. Después de dos días de resistencia, el general SS Kurt Meyer se negó a sacrificar su propia división y la trasladó a la orilla derecha del Orne. Caen fue entonces liberada, al menos en parte; lo será totalmente el día 9. Para los alemanes, al situación se fue haciendo cada vez más seria. La caída no podía estar lejos si seguían así las cosas. El 9 de julio, día de la toma de Caen, un teniente coronel se presentó en Roche-Guyon para preguntar a Rommel que cuánto tiempo creía que podría detener la invasión. Rommel respondió: "Quince días; tres semanas como mucho".
obra
Manet alquiló durante una temporada el estudio del pintor sueco Otto Rosen, antes de instalarse en la rue d´Amsterdam. El taller de Rosen se asemejaba a un invernadero, por lo que lo empleó como fondo del retrato doble de su amigo Jules Guillemet y de su joven esposa norteamericana, propietaria de una tienda de modas. La obra fue realizada para ser presentada al Salón de 1879, junto a Pareja en un balandro, en un último intento del pintor por cosechar el deseado éxito oficial. Los modelos aparecen en una actitud cotidiana, sentada la joven y en pie, contemplándola, su marido. Tras ellos observamos la poblada vegetación del estudio y, junto a ella, una preciosa maceta de tonalidades azules. El estilo de Manet es muy delicado, dibujando las manos y los rostros con extrema dedicación, interesándose por los detalles como en sus primeros cuadros. Las tonalidades oscuras vuelven a aparecer y contrastan con la claridad de las carnaciones, especialmente la femenina. También contemplamos diversos tonos de verdes que chocan con los del primer plano. La mirada perdida de la dama difiere de la de su marido, que la observa atentamente con gesto de amor y ternura. Con esta obra, Manet renuncia a las teorías impresionistas que aparecían con cierta frecuencia en sus obras desde la estancia en Argenteuil, junto a Monet - Claude Monet y su esposa o Pavimentadores de la rue Mosnier, por ejemplo -. La excelente calidad de la obra no tuvo una crítica positiva, aunque se empezaron a oír voces a su favor como las de Huysmans o Castagnary.
obra
Hacia 1883 Renoir inicia un periodo de crisis que le llevará al llamado "periodo seco", momento en el que se siente más atraído por Rafael e Ingres que por efectos de luz o de color. Por esta razón, los trabajos realizados en estos momentos muestran un cuidado dibujo y unas tonalidades más frías y suaves. Curiosamente, el maestro pierde su afición a representar escenas de la vida cotidiana, a excepción de algunos retratos familiares como éste que contemplamos. El niño que con el pelo largo y el aro contempla los juegos del crío con el cubo sería Edmond Renoir, sobrino del artista; Melanie Porteret, la cuñada del pintor, está sentada tras su hijo; Aline Charigot, la futura esposa de Renoir, es la mujer que tocada con un elegante y florido sombrero, se apoya en una sombrilla al tiempo que lleva su mano izquierda a la cara. Al fondo observamos algunas mujeres y niñas paseando por el jardín del Luxembourg -también se apunta al jardín de las Tulleries como escenario de la composición- envueltas en una atmósfera de clara vinculación impresionista, ya que la evolución al nuevo estilo se produjo de manera paulatina. Quizá lo más significativo sea la utilización de unas tonalidades más anaranjadas, aunque su aplicación aún sea densa y compacta.
obra
En los años finales del siglo XIX las visitas a los museos se hicieron más frecuentes entre los miembros de la burguesía, especialmente las mujeres. El Museo del Louvre dejaba de ser una especie de coto exclusivo para los artistas y abría sus puertas a una importante cantidad de visitantes que contemplaban sus cuadros o preferían leer en la tranquilidad de sus salas, actitudes que vemos en las dos figuras que protagonizan este grabado de Degas. La zona izquierda de la composición está ocupada por una columna, influencia de la fotografía en la pintura, recurso muy típico del Impresionismo. Las líneas verticales y horizontales organizan el conjunto al gusto de Degas.
obra
Éste es uno de los mayores lienzos pintados por Toulouse-Lautrec y está dedicado al Moulin Rouge, el templo de ocio de París en el fin de siglo. No deja de ser una estampa familiar, puesto que recoge alrededor de una mesa a varios amigos del pintor: a la izquierda está el barbudo Edouard de Jardin hablando con la bailarina Macaroni; frente a él, vemos a Paul Sescau y Maurice Gilbert; Jane Avril aparece de espaldas, destacando su brillante pelo rojizo; al fondo se sitúa La Goulue, retocándose el moño junto a su compañera Môme Fromage. A continuación destaca la pequeña figura de Toulouse-Lautrec acompañado por su primo Tapié de Céleyrand. En primer plano, iluminado su rostro desde abajo para conseguir un aspecto fantasmal, se encuentra la bailarina May Milton. Posiblemente esta zona de lienzo fue añadida en 1895 cuando Henri conoció a la artista, siendo originalmente el cuadro más cuadrado y más íntimo. La influencia de la fotografía y de la estampa japonesa - de la misma manera que hacía Degas - va haciéndose notar cada vez más en el arte de Lautrec. Curiosamente, repite el esquema compositivo de obras anteriores como el Baile en el Moulin de la Galette, con la diagonal característica, colocando a las figuras en diferentes planos para crear sensación de profundidad. Toulouse-Lautrec está interesado en mostrar una imagen de modernidad a través de sus escenas de cabaret o prostitución. Quizá por eso su preocupación por la luz y el color - que tanto interesan a los impresionistas - pasa a un segundo plano, llamándole más la atención las figuras, sus expresiones y actitudes. Más que un pintor, Henri es un cronista de su tiempo que emplea los pinceles en lugar de la pluma.
obra
El "Moulin Rouge" era el local favorito de Toulouse-Lautrec, punto de encuentro de artistas, bohemios, prostitutas, nobles y ricos burgueses. El ambiente reinante es narrado de esta forma por un anónimo reportero: "A altas horas de la noche, el escenario es indescriptible. La bebida despierta las pasiones latentes de los que bailan, pasiones que en este lugar no deben contenerse de modo alguno. Se juega a los caballos, las mujeres pasan por toda la sala a hombros de los hombres, todo el mundo pide de beber a grito pelado. (...) Después se deja la sala libre para la actuación final del grupo, que brinda el baile más extraño que uno pueda imaginarse en este ambiente estrafalario". En esta composición que contemplamos aparecen dos bailarines profesionales ocupando su posición en la pista mientras que al fondo observamos las diferentes mesas y algún camarero. Henri se interesa por recoger en sus trabajos una estampa del ambiente divertido del local, como si de un cronista del pincel se tratara. Su estilo rápido y dibujístico, donde la línea no se deja comer por el color, identifica este ambiente de placer que el pintor vivió y nos transmite con sus obras.
obra
El lugar de ocio favorito para Toulouse-Lautrec era el "Moulin Rouge" mostrándonos en sus trabajos la diversión, el baile, el flirteo o las tertulias como si de un cronista de su tiempo se tratara, recogiendo con pinceles todas sus vivencias y a los personajes que desarrollan la vida nocturna. En esta composición nos encontramos ante cuatro figuras en una mesa, tres hombres y una bella mujer, mientras que al fondo se intuyen los reservados. El efecto ambiental ha sido captado de manera perfecta por el pintor, destacando la importancia otorgada a la línea, mostrando unos trazos firmes que difieren del dibujo clasicista de Ingres.
obra
Uno de los espectáculos más originales del "Moulin Rouge" era el baile de "quadrille" donde cuatro bailarinas danzaban al son de una frenética música. Este baile tenía lugar en el centro de la pista del local por lo que el público elegante se retiraba a las mesas para contemplar el espectáculo. En primer plano encontramos a una pareja de espectadores que se aleja para dejar paso a las profesionales, una de las cuales ha ocupado su lugar, levantando sus faldas ligeramente con su potente gesto. Otra pareja se retira al fondo donde contemplamos los espejos del local y la barandilla del segundo piso. Toulouse-Lautrec se interesa por representar el ambiente de su local favorito, eligiendo un encuadre fotográfico para acentuar la naturaleza de crónica patente en sus trabajos, como si de un moderno "paparazzi" se tratara. En la composición domina el acentuado dibujo de trazos rápidos, firmes y seguros - alejado del estilo clasicista de Ingres - reforzando cada una de las siluetas. El colorido vivo y alegre del lugar también está presente, aplicado de manera rápida y violenta. Las luces artificiales también interesan a Henri, proyectando sombras malvas que enlazan con la pintura impresionista. El recuerdo de las escenas de café pintadas por Degas está presente en este tipo de trabajos.