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Pocos artistas han sabido plasmar en sus lienzos la belleza de los paisajes provenzales con la misma fuerza de Cézanne. Para él la belleza estaba en la naturaleza y en ella debía buscar los volúmenes y las formas que paulatinamente sus compañeros impresionistas iban perdiendo. Para ello empleará en numerosas ocasiones los árboles, representados en primer plano como en esta tela, apreciándose entre el espeso follaje del paisaje provenzal el acueducto que se observa también en numerosas imágenes de la montaña Sainte-Victoire. Partiendo del impresionismo, Cézanne se interesa por la estructuración geométrica de la naturaleza y para ello no duda en trazar oscuras líneas para formar las siluetas de los contornos. La iluminación y la atmósfera que identifican las obras de Monet pasan a un segundo plano para interesarse por el color, el verdadero artífice de esa relectura del paisaje a la que aludíamos. Las tonalidades son limitadas -verdes, marrones, sienas, amarillos y lilas-, aplicadas con pinceladas fluidas con las que se organiza la estructura de la composición, anticipándose al cubismo en el empleo de las facetas.
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El Adelantado Alvar Núñez Tres años después de la muerte de Pedro de Mendoza, primer fundador de Buenos Aires, el 18 de marzo de 1540, Alvar Núñez Cabeza de Vaca conseguía del Emperador un asiento y Capitulación para que, con los títulos de Gobernador, Adelantado y Capitán General del Río de la Plata, fuera a socorrer a los supervivientes de la expedición de Mendoza18. Los límites de esa gobernación eran harto imprecisos y seguían siendo los mismos que los concedidos al anterior gobernador Pedro de Mendoza: al Norte, limitaba con el gobierno de Diego de Almagro; al Sur, con el Estrecho de Magallanes; al Este, con el Atlántico, incluyendo expresamente la isla de Santa Catalina. Tendría dos mil ducados de renta anual, aparte de otros beneficios, como la franquicia del almojarifazgo durante dos lustros; el permiso de levantar fortalezas, con cien mil maravedíes de sueldo cada una. En la Capitulación, en la que la Corona no daba ninguna ayuda económica, sí especificaba minuciosamente el capital que aportaba el Adelantado y conquistador, y que consistía en unos ocho mil ducados, como hemos dicho anteriormente, que debía invertir en los navíos y en la compra de armas, caballos, víveres y pertrechos de guerra. El 2 de noviembre de 1540 salía de Cádiz una flotilla de tres navíos, más otro que se les uniría al llegar a Canarias. En total, cuatrocientos hombres iban en la expedición de Alvar Núñez, que tras cinco meses de accidentada navegación arribaban a la isla de Santa Catalina19. Desde dicha isla envía un navío exploratorio en socorro de Buenos Aires, pero regresa rápido porque era invierno y tiempo contrario para la navegación de río, Esto y la llegada a la isla de Santa Catalina de nueve españoles, evadidos de Buenos Aires, por los malos tratamientos que les hacían los capitanes que residían en la provincia, constituye la primera y velada acusación contra Martínez Irala y los suyos. Pero sabe más, y es que Buenos Aires se mantiene; que Juan de Ayolas ha sido asesinado, y que, hacia el interior del Paraguay, viven el grueso de los supervivientes en la población de Asunción. Dado que el estado del mar le preocupa, y sobre todo no tiene espíritu marinero, decide temerariamente ir en socorro de Asunción, a través de la tierra; para ello envía antes a su fiel amigo Pedro Dorantes, que le ha seguido en este nuevo periplo, con ciertos cristianos e indios, para que explorara la naturaleza del terreno. Como los informes de Dorantes son alentadores, emprende su arrojado proyecto; despacha los barcos hacia el Plata para que socorran Buenos Aires, y él con 250 hombres y 26 caballos, inicia el camino terrestre. La marcha durará cuatro meses, y sin perder un solo hombre llegará a la Asunción, en los primeros meses del año de 1542. El itinerario ha sido seguir el curso del Igua?u, hasta llegar al Paraná, a través de los actuales Estados brasileños de Santa Catalina y de Paraná. Las autoridades de la Asunción, con Martínez Irala al frente, reconocen al nuevo gobernador. El mito de Alejo García y su expedición al fabuloso Rey Blanco será obsesivo para Alvar Núñez: llegar a las tierras argentíferas, que no serán otras que Potosí, y descubrirlas antes que los españoles que ya se encuentran en el Perú. Para ello, primero envía a Irala que pronto regresa con buenas noticias, por lo que el Adelantado prepara una expedición, capitaneada por él mismo, que parte en septiembre de 1543, remontando el Río Paraguay, y llegando casi hasta su nacimiento en el chapadao mattogrossense, donde se decide el regreso, ante la imposibilidad de proseguir la navegación. El regreso será bien amargo para Cabeza de Vaca. Una conspiración de los oficiales reales dirigidos por Martínez de Irala termina con el Adelantado en la cárcel y su posterior envío a la península donde será juzgado y confinado, ¿Cuáles pueden ser las causas y motivos de esa conspiración? Indudablemente a través de los Comentarios, sutilmente primero y abiertamente después, va desgranando Cabeza de Vaca una serie de acusaciones contra los conspiradores, que podemos resumir en tres puntos: 1.? La despoblación y abandono de Buenos Aires. Cabeza de Vaca, cuando se entera de la decisión tomada por Irala, la censura acremente con razón, porque Buenos Aires era, por su posición, imprescindible para la seguridad del Río de la Plata. La posterior repoblación o fundación por Juan de Garay ratificará su opinión. 2.? La política de atracción indígena, basada sobre todo en una política amistosa, en la que las armas debían estar olvidadas, si no era por imperativos de defensa personal. 3.? Indudablemente, muchos de los privilegios que las Capitulaciones concedían al Adelantado y gobernador chocaban forzosamente con los que de facto disfrutaban muchos colonos, y de ahí el temor a perderlos. De los tres, indudablemente, los dos últimos fueron los que más pesaron en el ánimo de los conspiradores. Indudablemente, fue Martínez de Irala el que movió los hilos de la conspiración, y el mayor beneficiario del motín y rebelión, ya que volvió a encargarse de la gobernación del territorio. Y en esto coinciden casi todos los historiadores argentinos que son los que con más interés se han ocupado de estos sucesos20. Pero lo más destacado de la gobernación de Alvar Núñez fue, sin ninguna duda, su política de atracción del indígena, y por ello se le puede considerar como uno de los hombres que mejor entendieron la política colonial que propugnaba Madrid, y que tan mal luego se plasmaba en Indias. Por su larga andadura por el sur de los actuales Estados Unidos, Cabeza de Vaca conoció innumerables pueblos indígenas, su idiosincrasia y temperamento. Ese largo aprendizaje se pondrá a prueba cuando, al regreso de la larga marcha, se encuentre con los españoles de Nuño de Guzmán, que están llevando la conquista de la Nueva Galicia a sangre y fuego. Alvar Núñez no deja de deplorarlo y contrastarlo con una política de acercamiento, ya que el indio está bien predispuesto. Los resultados, como bien señala en los Naufragios, no pueden ser más lamentables: los indios huidos, los poblados abandonados, la tierra y las cosechas perdidas; pero lo peor, es que los españoles han perdido ante los indios la aureola de ser los hombres míticos venidos del Oriente. Por esta razón, apenas llega a la isla de Santa Catalina comienza a practicar esa política de atracción, procurando la amistad del indio, sin engaños, y así yendo caminando por entre lugares de indios de la generación de los guaraníes, todos los cuales los recibieron con mucho placer, y los venían a ver y traer maíz, gallinas y miel y de los otros mantenimientos; y como el gobernador se lo pagaba tanto a su voluntad, traíanle tanto, que le dejaban sobrado por los caminos. Los frutos de esta política pronto se palpan apenas llega a la Asunción: los temibles agaces, que tenían atemorizados a los guaraníes y a los españoles piden la paz; es tal el prestigio alcanzado por el nuevo Adelantado, que los guaraníes colaborarán estrechamente con un ejército para combatir a los guaycurúes, y posteriormente marcharán con Alvar Núñez a la famosa expedición a las fuentes del río Paraguay. Todos los historiadores modernos, Gandía, Lafuente Machaín, Cardozo, Levene, Rubio, coinciden en resaltar el éxito de Cabeza de Vaca: es la primera vez que se da una colaboración total entre el indígena y el español, lo que explica el éxito colonial hispano en el Río de la Plata.
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El adulterio (zina) aparece condenado en el Corán con la pena de recibir cien latigazos, siendo necesario que existan cuatro testigos para demostrar la existencia del delito. Si la acusación no fuera finalmente demostrada, el acusador recibirá como castigo ochenta azotes. Según la sunna, los testigos han de ofrecer una declaración fiable y concordante, probando que "han visto desparecer el miembro del fornicador dentro del cuerpo de la mujer". Lógicamente, dicho testimonio ha de ser muy difícil de dar, a pesar de lo cual se han producido diversos casos de castigo por adulterio, como los de algunas mujeres lapidadas en África. D. Bramón afirma que la práctica de la lapidación es ajena a la tradición islámica, proviniendo del judaísmo. Los partidarios de esta práctica se basan en una tradición según la cual existe un fragmento de una aleya debida al califa Umar y no recogida después en la recensión del Corán debida a su sucesor. Esta aleya no escrita dice: "No os apartéis de la costumbre de vuestros padres, pues es una impiedad. Cuando un viejo y una vieja cometen adulterio, lapidadlos siempre. Es un castigo procedente de Dios. Dios es poderoso, sabio". También Bramón, estudiosa del mundo islámico, apunta que la lapidación para los adúlteros está en contradicción que el Corán pues, aunque no se explicita de modo concreto, establece que las mujeres adúlteras de condición esclava deberán ser castigadas con la mitad de la pena fijada para las mujeres libres, esto es, cincuenta latigazos.
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El paulatina conocimiento de las técnicas metalúrgicas aplicadas al hierro, supusieron, para el África subsahariana, su entrada en la Edad homónima, y en consecuencia, en una provisional Protohistoria, que coincide con la aparición de una cerámica peculiar con cavidad banal -cerámica Urewe-, y ciertos rasgos culturales. A la vez se realizan nuevas adquisiciones en el campo de la agricultura y de la ganadería, así como en la vida de aldea tras la adopción de la arquitectura en adobe. En los años últimos, diversos estudios etnográficos han ahondado en el conocimiento del pasado del África subsahariana, y reunido una gran cantidad de información en torno a las tradiciones orales, la Antropología, la Etnoarqueología y, finalmente, la primera historia primitiva de sus poblaciones. Ello ha permitido la elaboración de diversas hipótesis de trabajo en torno al origen de los llamados pueblos bantús, su dispersión, su penetración en el África austral; la reunión de tantos datos ha hecho cambiar puntos de vista que hasta hace pocos años se incluían en las primeras visiones históricas del continente. Aunque la voz bantú procede del término Ba-ntu, es decir, los hombres, claro exponente de que el etnocentrismo no fue ajeno a la génesis del grupo en cuestión, hoy ha pasado a designar una serie de lenguas y dialectos compartidos por numerosos y muy diferenciados grupos de poblaciones del África subsahariana. En realidad, la serie bantú es un grupo lingüístico constituido por sus sesenta lenguas principales distintas, que comprenden unos trescientos dialectos, poco más o menos, si se tiene en cuenta la expresión reciente de su trayectoria. Mas he aquí que los llamados bantús, en tanto que serie de pueblos interconectados e interrelacionados, presentan ciertas regularidades raciales, antropológicas, etnográficas y de distribución, resultado de los condicionamientos de sus trayectorias imbricadas en el tiempo y de sus agrupaciones lingüísticas compartidas. Nos encontramos ante un fenómeno cultural que en algunos aspectos ha podido ser considerado por algún científico como parejo al que en su expansión este-oeste conocieron diversos pueblos euroasiáticos, conocidos como ario-europeos o parlantes de lenguas indoeuropeas. Mas he aquí que en el África subsahariana, al manifestarse los bantuparlantes, se nos presentan como una subraza interprocreadora, dentro de la serie de los melanodermos africanos, como subserie, a su vez, del grupo étnico de los llamados negros, considerados como un grupo politético de particulares características. Así, algunos bantuparlantes reflejarán series subraciales diferentes en el seno del medio bantú, aunque también haya bantuparlantes que comparten particulares rasgos sociales y etnográficos, que los aislarán como entidad politética de sus vecinos espaciales y temporales, emergiendo en ocasiones una compleja organización social específica y un sistema de tenencia de la tierra que reposa en la práctica de la agricultura de azada, la ganadería y las aldeas permanentes, así como la metalurgia del hierro, el cobre y el oro. Se presenta así un complejo bantuparlante en su mayoría representado materialmente por un grupo de culturas bantús que van cambiando en sus conjuntos relacionados y colaterales, integrados por un conjunto politético de las mismas familias, aunque con diferente adopción de artefactos similares (tipos específicos). Representados políticamente aún por hoy unas seiscientas grandes tribus, que en ocasiones conocieron un dominio temporal pasajero sobre sectores locales para formar naciones permanentes en el seno de la amplia serie de los bantuparlantes, se plantea la cuestión de los orígenes, que hoy ha quedado reducida a hipótesis alternativas: Así, a) M. Guthrie, al considerar que el principal núcleo bantuparlante inicial se situó en Saba y en la región del noroeste de Zambia, practicando un agrocultivo cerealístico y el uso del hierro, lo que permitiría un aumento demográfico y, ulteriormente, la expansión del grupo. Así, b) la formulación de J.H. Greberg, para quien habría que buscar los orígenes bantús en el ámbito comprendido entre el lago Chad y el Benué medio, desde el que los bantuparlantes se desplazarían hacia el sur siguiendo las cuencas de los ríos. Y finalmente, c) J. Ki-Zerbo, elaborando una teoría ecléctica, por la que los pueblos negros del Sahara prehistórico o protohistórico, empujados por la desecación del desierto hacia la sabana, terminaron por dominar las técnicas metalúrgicas del hierro a la vez que ampliar su patrimonio lingüístico e incrementar tanto sus recursos técnicos como su demografía, lo que a la larga traería su expansión hacia el sur. Tardarían bastante tiempo en superar la selva ecuatorial, pero lo hicieron utilizando las rutas más favorables: el curso del Sangha y del Ubangui hasta el Zaire, o bien la ruta de los Grandes Lagos hasta la meseta de Katanga, ya en país luba, donde terminará asentándose el principal núcleo bantuparlante. Precisamente en el Zaire fue donde en los últimos años los arqueólogos han podido prospectar los viejos asentamientos de Sanga y Katoto, a orillas del Lualaba, que permitirán diferenciar dos culturas respectivas, las de Sanga, en la orilla occidental del lago Kasale, satélite de Lualaba (República del Congo), cuyos restos se han datado entre los siglos VII y IX y cuya población vivía particularmente de la caza, la pesca y en menor grado, de la agricultura y cuyos artesanos desarrollaron técnicas particulares, y la cultura de Katoto, expresión de una población próspera de cierto nivel técnico y en el que alcanzaron particular prestigio los herreros. Las gentes de Katoto mantuvieron mucho tráfico con Sanga, y a Katoto pudieron llegar mercancías, ya del Atlántico, ya del Índico, como perlas y nácar (madreperlas y cauríes). Actualmente, la inferencia arqueológica ha permitido diferenciar las principales unidades lingüísticas tribales, llevando la indagación a niveles y espacios temporales hasta la misma África oriental y austral.