Por José Ignacio de la Torre Echávarri Universidad Complutense de Madrid. INTRODUCCIÓN La imagen heroica de Numancia, la que ha llegado hasta nosotros a través del tiempo, es fruto de las numerosas interpretaciones que a lo largo de más de dos mil años nos han ido transmitiendo los innumerables autores que quisieron dejar constancia de lo que allí ocurrió; junto con las adaptaciones, unas con más acierto que otras, de aquellos otros que desearon rendir homenaje a los protagonistas de la gesta. No obstante, Numancia se transformó en mito casi paralelamente al desarrollo de los acontecimientos, ya que fueron los propios escritores greco-romanos los que engrandecieron, con sus comentarios, la historia de la ciudad celtibérica, provocando que en los siglos posteriores se fuese generando una imagen mítica, qué, derivando en parte de la legitimidad histórica, se distanció de la realidad arqueológica del olvidado yacimiento. Esto llevó a que Numancia alcanzase el reconocimiento y la admiración universal, haciendo que interesase, sobremanera, un relato al que se fueron incorporando determinados aspectos que acentuaron su dramatismo y su epopeya. De esta manera, se creó una historia en la que se destacó, no sólo lo trágico y lo heroico de su hazaña, o la resistencia y el amor a la libertad de los numantinos, sino, sobre todo, determinados "valores espirituales" que llegaron a extraerse de su gesta a modo de moraleja: lo que de victorioso puede llegar a tener tan trágico Final, la lucha del débil contra el fuerte, y la consideración de su pundorosa lucha, como veremos más adelante, con intenciones patrióticas características y definidoras del "espíritu español". Al mismo tiempo, esto llevó a no prestar atención, o incluso a reescribir, algunas noticias acerca de la realidad histórica, dependiendo de los autores y, sobre todo, del momento político en el que se reinterpretaron los datos. Así, difieren notablemente de unos escritores a otros determinados detalles como la duración de la contienda y del asedio, el número de combatientes, la existencia de murallas, o la presencia o no de supervivientes. Tanto en las crónicas y manuales de Historia de España, como en los libros de texto y cartillas escolares, Numancia siempre ha ocupado un lugar preeminente a la hora de narrar las grandezas de nuestra Historia Antigua. Ahora bien, no hay que creer que se trata de una invención o monopolio de las cartillas con las que se educaron nuestros mayores en la escuela nacionalcatólica, ni mucho menos, sino que un siglo antes, en pleno apogeo de los nacionalismos románticos, se dieron estos mismos parámetros, que a su vez fueron heredados de la reacción nacional contra la invasión napoleónica, y más aún, estaban enraizados con la tradición historiográfica anterior proveniente de los tiempos de la Ilustración. LAS ENSEÑANZAS DECIMONÓNICAS A comienzos del siglo XIX se va a producir la invasión napoleónica de España. Esto va a suponer una fuerte reacción nacional contra las tropas francesas. Los mensajes que hasta ese momento había aportado Numancia de heroísmo, resistencia y amor a la libertad, ya tratados durante la Ilustración española, se verán ahora incrementados con otros de tintes nacionalistas, sobre todo a nivel popular. Podemos rastrear el conocimiento que la población tenía de Numancia gracias a las coplillas y pintadas que en los pueblos españoles aparecían contra los franceses, y que fueron recogidas a mediados del siglo XIX por el Conde de Clonard: Escucha, Napoleón,/ Si como fiel aliado,/ Tus tropas has enviado,/ Hallarás en la nación/ Amistad y buena unión;/ Si otro objeto te guió,/ Humando no se rindió,/ Numantinos hallarás,/ En España reinarás,/ Pero sobre españoles, no. Numancia va a suponer una identificación por parte de la población, no sólo soriana, sino a nivel nacional, y los numantinos van a pasar a ser vistos como modelo paradigmático de heroísmo y resistencia. Pero además, va a verse aumentado el mito y el dramatismo que de por si tenía la historia, convirtiéndola en un hecho irrepetible en el tiempo e inalcanzable para la mayoría, ya que lo más admirable, a los ojos de la gente y de los autores de la época, es que otras páginas similares en la historia de España, como Gerona y Zaragoza, que también padecieron sitios, no pudieron emular el fin de la hazaña numantina. El numantinismo se convierte así en el "espíritu nacional", en el carácter propio de los españoles, lo que definía a una raza, y esto es lo que se va a transmitir durante generaciones en las escuelas. A partir de mediados del siglo XIX, en las Historias de España que van a escribirse, Numancia va a aparecer definida como "Inmortal", y cada vez se va a hacer más patente su consideración como "gloria nacional", "sepulcro de Roma", "segunda rival de Roma", y "Terror del Imperio", recalcando en la mayor parte de los casos el hecho de que "no se atreviese un romano a mirar cara á cara aun un numantino, y de no haber en Roma quien quisiera alistarse para hacer la guerra en España" (Manvelsales 1887), y es que "Numancia imponía tal respeto á sus enemigos que no se atrevían á nombrarla y nadie quería combatir contra un pueblo que había hecho frente a tantos y numerosos ejércitos (....) Roma vio humilladas sus águilas ante los muros de una pequeña ciudad de la Celtiberia... (Clonard, 1851). "De este modo sucumbió la inmortal Numancia, no vencida por sus enemigos, sino á manos de sus propios hijos, (...) quedando así su memoria para eterno baldón de Roma, y para gloria inmortal de los hijos de Iberia" (Calonge,1855). Estos rasgos que serán posteriormente recogidos por los libros de texto como mensajes para inculcar a los estudiantes en las escuelas sentimientos patrióticos, mediante la exaltación del pasado glorioso, abogando por un nacionalismo con base histórica. No hay que olvidar que la historia nació en el siglo XIX como una disciplina encaminada a la educación cívica, y en el caso de España, al igual que ocurrió en otros muchos países con la intención de emplear el pasado para apoyar el orden social establecido, así como para crear una conciencia nacional y una sensibilización patriótica. Por eso, desde época romántica fue asignatura obligatoria en la educación mostrando lo que era patrimonio común y lo que había contribuido a configurar lo español. Con esta finanalidad aparecerán los primeros libros de texto que van a ejercer una importante labor pedagógica y van a contribuir a la difusión social de los hechos históricos que más interesan destacar. En el caso que nos ocupa, durante la época romántica se está empleando la historia de Numancia para divulgar las ideas políticas a través del arte, -esculturas, grabados y pinturas-, de la literatura y en las Historias de España; a partir de ahora también se hará a través de la enseñanza en los manuales escolares, seleccionando su historia para ilustrar los valores del presente y del futuro que se desea. En este sentido, los libros escolares de la época van a interesarse por presentar a Numancia como "el sepulcro de las legiones romanas" (Palluzie y Cantalozella 1886), y el libro de Callejo Fenández (1886) enseñaba que "Numancia se convirtió en una plaza de héroes: antes que los romanos lograran formalizar el cerco, fueron acuchillados y destrozados completamente por los valerosos numantinos". Y toda vez que la situación era ya irreversible "No quedaba a aquellos héroes más recurso que humillarse o morir, y prefirieron lo último, lanzándose al campo enemigo y sembrando la muerte al recibirla". Termina el relato de Numancia comparando su trágico final con el de Sagunto: "Imitando la conducta de los saguntinos, los habitantes de Numancia mataron a sus mujeres e hijos y dieron fuego a la ciudad, a los quince meses de sitio y muchos años de guerra." De esta forma, Numancia "hizo patriótico holocausto", rindiéndose "por fin al hambre después de ser teatro de la matanza de las mujeres y de los niños que sus defensores libraban así de la esclavitud" (Oliveira, 1894). Hay que reseñar, que es en estos momentos, cuando el pintor Alejo Vera realiza la obra "El último día de Numancia" (1881), -adquirido por la Corona y expuesto hoy en día en la Diputación Provincial de Soria-, que será la imagen que la sociedad tenga de Numancia, ya que será reproducido para ilustrar la mayor parte de libros de historia empleados en las escuelas como ejemplo histórico del amor patrio a la libertad y a la independencia. ANTE LA CRISIS DEL 98, NUMANTIMISMO. A finales del siglo XIX en España van a vivirse años de "desastre". Nos encontramos en las postrimerías del Imperio colonial español, provocado por la pérdida de las últimas posesiones en Ultramar. Para los intelectuales españoles de la época estábamos ante el culmen de la decadencia española, por eso, como respuesta a la grave crisis de identidad que se padecía en el país, van a levantarse voces regeneracionistas y tradicionalistas preocupadas por los problemas que se ciernen sobre España, abogando por la necesidad de reconstruir nuestra cultura. Este hecho, hizo que se diese el clima propicio para el cultivo de ideales patrióticos, máxime cuando, a partir del año 1902 accedió al trono Alfonso XIII, iniciándose con él el periodo de la Restauración monárquica, que hará imprescindible la necesidad de reforzar la idea de unidad nacional, de la grandeza de la patria y de reafirmar la resistencia contra todo lo exterior, que perdura como consecuencia de las reacciones derivadas de la crisis del 98. Los tradicionalismos reflejarán su preocupación por España mediante la exaltación de las glorias pasadas que pudiesen llevar a inspirar a la sociedad y a sacar al país de la situación de crisis en la que estaba sumida. Ahí entrará de nuevo en juego Numancia, junto con otras referencias nacionales que encarnaban valores patrios como Viríato, el Cid o el Quijote. Arambilet escribía en el año 1904 que: "En estas postrimerías de la decadencia española, la grandeza y el heroísmo de Numancia perduran, sirviendo de estímulo constante a los defensores de la integridad nacional, que no vacilan en derramar su sangre e inmolar sus vidas en el sacrosanto altar de la Patria, en holocausto de su libertad e independencia". En éste mismo sentido Joaquín Lillo se preguntaba en El Avisador Numantino (24 de Agosto de 1905) ¿Qué hay en Numancia que la hace invencible? ¡Ah! Una sola cosa: patriotismo ese gran pueblo, Numancia el santo y seña que guiará después a todos los redentores de pueblos, á todos los apóstoles de la idea, a todos los salvadores de razas". Pero se trataba sólo de un empleo de Numancia desde el punto de vista ideológico, ya que, al mismo tiempo, el yacimiento aparecía aletargado en el olvido. Esta situación de aban-dono será denunciada por Saavedra en varias ocasiones, en 1899 demandaba que: "Será muy oportuno que la Comisión de Monumentos comunique a la Academia lo que ocurre en Numancia (...), puntualizando si es posible, los desperfectos que se han originado..."; y dos años después volvía a insistir en la Academia de la Historia diciendo que "ya no quedaba nada de lo descubierto y que se estaba pagando un censo inútil; y que en todo caso convenía llamar la atención del Gobierno acerca del asunto...". Aún así, esto no restaba importancia a Numan-cia, antes tocio lo contrario, hacían meditar sobre la miseria de la situación en la que se encontraba el yacimiento y la grandeza de su significado, ya que al mismo tiempo se estaba empleando a Numancia como símbolo para reafirmar la nacionalidad española. Por ésta época se llevó a cabo la inauguración de uno de los monumentos conmemorativos en el yacimiento (1905), lo que fue empleado también para recordar lo que Numancia, con su gesta, "había aportado" a la historia nacional: "el monumento erigido en aquellas soledades está destinado a perpetuar el más sublime ejemplo de abnegación y sacrificio en aras de las ideas de independencia y Patria" (...)."A medida que fue afirmándose y agrandándose la nacionalidad española, se afirmó y creció la significación de la epopeya numantina" (Vera 1906); y ayudó a que resurgiese la idea de reanudar las excavaciones en Numancia: "Numancia tiene ya su monumento; pero los restos de la dudad insigne yacen aún, casi en su totalidad, sepultados bajo la capa de tierra que el obrar de los siglos las vicisitudes y hasta la incuria de los hombres han hecho que se acumularan allí", y el rescatar estos restos constituía para Gómez Santa Cruz (1914) una "aspiración nacional", ya que "la gloria de Numancia, que es la gloria de esta Patria, que siempre fue grande y a la que todos nos debemos". (Joaquín de Cirio, 1905). Este patriotismo, del que se hicieron eco tanto la opinión pública como los investigadores de inicios del presente siglo, también tendrá reflejo en los manuales empleados en las escuelas españolas. Por ésta época se enseñaba que "De rodillas deberíamos invocar los nombres de Sagunto y de Numancia", ya que "los numantinos pelearon como leones", siendo Numancia durante años "el cementerio de Roma". Concluyendo al final que "los numantinos murieron ó se mataron" para que de ésta forma ninguno fuese "cogido vivo para ser esclavo" (Benejam 1914),y todo debido a que el carácter de "nuestros heroicos antepasados", "heroicos patriotas hispanos" u "honorables hispanos" que habitaban en "el corazón de España en lucha contra el Imperio latino" ó en "esa Castilla que debía ser centro del mayor Imperio de la tierra quedaba un núcleo de audaces y valientes guerreros dispuestos a morir antes que ser esclavos de Roma" (Marull "Sagunto y Numancia). La finalidad de estas lecturas históricas de Numancia estaba en dejar constancia de que "Así acabó la heroica Numancia, con igual Honor y abnegación que Sagunto; Roma dominó a España, pero el patriotismo y la heroicidad de los españoles no quedaron extintos", para de éste modo poder hacer proyección histórica del hecho y extraer una moraleja patriótica que era lo que se buscaba: "la Historia de España ha registrado, con posterioridad a la gesta de Numancia, otros muchos hechos de análoga grandeza. Dios quiera que nuestro pueblo jamás pierda esas características; ello será garantía de que nuestra España perdure en la Historia como ejemplo de los pueblos, y sus hijos puedan sentir el noble orgullo patriótico que supone el inapreciable título de españoles", y así termina el relato de una de las "grandes gestas de nuestra raza" (Marull: "Sagunto y Humando"). Vemos incluso como el afán de patriotismo lleva incluso a criticar los conceptos y alusiones que los propios autores clásicos hacían de los numantinos acerca del grado de barbarie de los mismos, dejando claro que lo que subyace la idea de enaltecer lo hispano. Así, aunque sólo hubiese sido por demostrar el hecho de "cuan injustificado estaba el nombre de bárbaros con que los romanos designaban a los celtíberos", para Gómez Santa Cruz (1914: 83) hubiesen sido necesarias las excavaciones en Numancia. En este mismo sentido, la Comisión Española de Excavaciones llegó a decir que era imposible que fuesen unos bárbaros los que pudieron comer en las lujosas vajillas numantinas. No obstante, casi al mismo tiempo se alzaron voces regeneracionistas que se mostraron contrarias a que las jóvenes recibiesen en las escuelas una idea idílica de nuestra historia. Paladín de esta posición fue el regeneracionista Joaquín Costa, quién llegó a decir: "Deshinchemos esos grandes nombres: Sagunto, Numancia, Otimba, Lepanto, con que se envenena nuestra juventud en las escuelas, y pasémosles una esponja", cansado ya de una historia reconstruida a partir de intereses ideológicos particulares, quedando el verdadero trasfondo histórico en la base. Hemos visto como los libros de texto habían sido empleados para concienciar y pre-parar a los estudiantes para el futuro a través de una serie de lecciones útiles tomadas del pasado de España. A partir de la Dictadura de Primo de Ribera (1923), y posteriormente, con el Régimen Franquista, esto se acentuará, haciendo que las interpretaciones que se hicieron del hecho histórico de Numancia lo fuesen a partir de una serie de intereses ideológicos concretos. Durante la Dictadura de Primo de Ribera, Ruiz Romero (1926) escribió el libro de texto La raza, en el que calificaba ésta como constituyente del factor espiritual más importante en toda civilización, y junto con el suelo y el clima, se hallaba representada en España por un conjunto de pueblos de los que, cada uno, dejó, indeleble, en la tierra hispana sus caracteres peculiarísimos, de tal modo, que en el pueblo español se ven reflejados, en forma patente, aquellos rasgos más salientes por los cuales se distinguieron. Dentro de éstos rasgos convenía resaltar el "amor a la patria" que habían demostrado los numantinos, además de hacer hincapié en los escolares en la definición de Numancia como "el terror de la República" (Asensi, 1929). En el siguiente periodo histórico, la II República, las enseñanzas transmitidas son ahora menos pasionales, sin aludir al patriotismo en la acción de los numantinos: "antes de entregarse, tomaron la resolución horrorosa por lo sublime, de incendiar la ciudad y darse la muerte en presencia de romanos, para quitarles la gloria del triunfo" (Solana: 1933), conocimientos que pueden resumirse en estos dos versos de el Padre Isla también recogidos por los libros de la época: Numancia. Horror de Roma fementida, más quiso ser quemada que vencida. No ocurrirá lo mismo durante la Guerra Civil española, ya que durante la contienda la de un España Republicana si que abogará por hacer uso de Numancia, si bien no como ideal del patriotismo español, sí como ejemplo de resistencia heroica de un pueblo ante "la amenaza poder imperial". De ésta forma Alberti rescató la obra de la "Destrucción de Numancia" de Cervantes, realizando en 1937 una versión de la misma en el teatro de la Zarzuela, utilizando el tema numantino para animar a todos los que defendían la España republicana mientras las tropas de Franco cercaban Madrid. Numancia, con su resistencia, se convierte en algo más que un símbolo, con claros tintes políticos, ideológicos y psicológicos, es el mejor ejemplo del no pasarán, convirtiendo el drama de Cervantes en un instrumento movilizador de masas, aunque no se correspondería con las bases mismas sobre las que la obra fue construida por su autor. NUMANCIA EN LAS ENSEÑANZAS FRANQUISTAS La interpretación de la Historia en época franquista no es en algunos casos radicalmente distinta de la idea de historia del siglo XIX, ya que muchos de sus postulados fueron construidos sobre fundamentos basados en la tradición historiográfica decimonónica. No obstante, no cabe duda de que las enseñanzas nacionalcatólicas exageraron y manipularon los hechos históricos en su propio interés, con un nacionalismo extremo, surgiendo historias distorsionadas, y en ocasiones enriquecidas, con la intención de mostrar mensajes de patrióticos a las juventudes. De hecho, en los primeros años de la etapa franquista, Luis Ortiz Muñoz (1940) advertía sobre la necesidad de controlar la educación en las escuelas como forma de transmitir los conceptos patrióticos a las generaciones futuras, y como único modo de contrarrestar las enseñanzas transmitidas por la educación laica de la época republicana: "(...) no triunfará la nueva España si no conquista la Escuela". De este modo, los libros de texto son escritos "para que las almas infantiles se eduquen ya, siempre, en el amor noble y puro a la gran Patria española". "El valor de la historia en la formación del espíritu del niño. Sobre todo desde el punto de vista patriótico y moral". El resultado del planteamiento expuesto anteriormente queda reflejado en los libros escolares, aunque ya un poco antes, durante la Guerra Civil, Pemán (1938) escribiría un libro que iba a ser, según él; "texto oficial para las escuelas públicas de la Nación", y en el que se daban las consignas que habían de ser seguidas por los maestros para hacer "que los niños futuros tomen definitivamente partido por España". Procurando con esto "sobreexcitar y utilizar esa gran fuerza infantil, hasta ahora tan desaprovechada en España, que es el entusiasmo y la facilidad para "tomar partido...". Entre los hechos gloriosos y contagiosos que debían enseñarse a los niños estaba la historia de Numancia: "Tocarla (aludiendo a las campañas romanas en la Meseta, en la Castilla de después) era como tocarle a España el corazón"; y se resaltaba el lado dramático: "En Numancia, el hambre era tal, que los defensores llegaron en algún momento a comer la carne de sus compañeros muertos"; mientras se dejaba de lado la realidad histórica que parecía no tener tanta importancia, produciéndose errores e imprecisiones en los datos históricos, como por ejemplo en algo que podría parecer tan sencillo como la duración de la contienda: 9, 10, 11, 12 y hasta 14 ó 18 años duró la guerra Numantina, así como la duración del asedio de la ciudad que para García Tolsa (1954) llegó a durar hasta cuatro años, poniendo de manifiesto que de lo que se trataba era de resaltar en los libros el valor, el coraje, la resistencia de los numantinos, el amor a la libertad y a la Patria, y el destacar que los antiguos españoles, personificados en los numantinos, no podían ser considerados ni "brutos ni salvajes", o es que "acaso aquellos héroes de Numancia, hicieron su comida de carne humana, en una vajilla pintada artísticamente con pájaros y flores", palabras que recuerdan totalmente a las empleadas por la Comisión Española de Excavaciones treinta años antes. Ahora bien, seguía siendo más importante dejar constancia de que Numancia, con su ejemplo, había servido de estímulo para las tropas nacionales durante la Guerra Civil: "El germen de heroísmo empleado por nuestros soldados en Oviedo, Belchite, el Alcázar de Toledo, etc., hay que buscarlo en Numancia. Entonces, como ahora, el español no se asustó por el número y armamento de sus enemigos" (Trillo 1942), acompañando ésta lectura con el recordatorio de que tanto antes (siglo II a. C.), como ahora (en la época franquista), ¿España, grande! ¡España, Libre! (Serrano del Amo, 1950). Y hasta tal punto se reconocía lo que Numancia había aportado a la patria con su gesta, que en la letra del himno a España realizado por Eduardo Maquina, en su tercera estrofa se decía: ¡Viva España! La Patria con Numancia / decidió morir / ¡y España es inmortal!... En ésta misma línea, otros libros de texto explicaban que: "Sí alguna vez el temperamento de una raza se ha demostrado hasta extremos aparentemente sobrehumanos, esta fue la lucha de los numantinos por defender sus ideales de independencia con bravura sin precedentes" (Ballesteros, 1942); por que "los celtíberos fueron gente noble y amante de la libertad... Para ellos, como para todos los españoles buenos patriotas, el morir luchando por la patria era un honor" (Martí Alpera, 1955J.Y en el texto de Maíllo (1942) se indicaba que: "cuando entraron en la ciudad las tropas romanas, sólo hallaron en ella ruinas, cenizas y cadáveres, muestras preciadas del estoico valor y el amor a la independencia de la noble raza española, que prefiere la muerte a perder la libertad y el honor. Los escombros y restos gloriosos de Numancia son un monumento imperecedero al heroísmo y bravura de las gentes de España". Al mismo tiempo, en algunos de estos libros se recordaba también, ¡unto al patriotismo, lo mucho que la provincia de Soria debía a Numancia, ya que: "Soria, en suma, es una reliquia, viviente por un milagro histórico, que inspira el respeto de las cosas venerables del pasado. Porque Soria es también la heredera de la histórica Numancia y el mismo Duero, que lame los muros de la vieja ciudad, fue testigo del sacrificio sublime e insuperable de los numantinos en aras de la lealtad, del patriotismo y de la independencia sacrosanta de la Patria (Ventanal de España, 1949); y en el resto de esos libros escolares, destinados a anunciar las maravillas que guardaban las distintas provincias españolas, siempre, al hablar de Soria, la protagonista era Numancia y su gesta, e inclusive en la obra Viajando por España (1943) se formulaba la siguiente pregunta: "Y ¿no se les pegó a los sorianos algo del espíritu rebelde y enterizo de los numantinos?, a la que se contestaba: / Ya lo creo!", por qué, según el Libro de España de Edelvives (1954), en la provincia de Soria se protagonizó "una de las mayores glorias de la Patria". "Allí estuvo la ciudad heroica, espanto de la poderosa república romana"(....) dando su postrer aliento por la independencia de la patria. Ved aquí un ejemplo inaudito de valor, de fiereza, de tenacidad y de amor a la patria". Por último, indicar que, toda esta historia que acabamos de narrar, la historia del mito, la historia de la ciudad, la historia de su símbolo ideológico, la historia de los trabajos de investigación; en suma, la Historia de Numancia, ocurrió, como todos ustedes conocen: "cerco de Soria, junto al padre Duero, que arrulló con el murmullo de sus aguas el nacimiento y desarrollo de Castilla, en dónde se alza una colina, sobre cuya cima un sencillo obelisco proclama que allí estuvo emplazada la ciudad de Numancia" (Maillo 1942). A MODO DE CONCLUSIÓN A la vista de todo lo expuesto, parece claro que Numancia ha sido considerada siempre como algo más que un yacimiento arqueológico, o que una simple ciudad celtibérica que opuso tenaz resistencia a las pretensiones romanas de conquista, ya que el mito que nació tras su destrucción, en el 133 a.C, lo hizo siguiendo ya entonces un camino diferente del que pudiéramos pensar como puramente histórico. También hemos podido observar como el contenido de esta Historia de Numancia ha sido casi siempre selectivo, así, se ha tendido a magnificar la gesta en favor de numerosos intereses ideológicos, políticos y sociales, que llegaron a convertir a Numancia en un símbolo nacional y transformaron su nombre en un mito. Por eso, no es de extrañar que la lucha de Numancia haya venido empleándose durante los últimos dos milenios como si su intención hubiese ido más allá de la defensa de su propia independencia ante la romanización, como si su existencia hubiese sido también necesaria para definir, desde el siglo XIX, los ideales románticos de unidad e identidad nacional, e incluso diversos nacionalismos; a la vez que ha servido para rastrear la "esencia" castellana y española en el "inicio de los tiempos históricos", desde las perspectivas ideologías más variadas. De esta forma, vascoiberistas, liberales, tradicionalistas, regeneracionistas, republicanos, monárquicos y franquistas, entre otros, se valieron de las "enseñanzas numantinas" para sus propios propósitos aleccionadores. BIBLIOGRAFÍA ASENSI, P.F. (1929): Compendio de Historia de España, Valencia. BENEJAN, J. (1914): España. Sobre su Historia. Imp. y Lib. Vda. de S. Fabregues, Barcelona. CASTRO, F. 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Los orfebres otonianos continuaron manteniendo las formas principales de su arte tal como habían sido realizadas en la tradición carolingia. Cruces de pedrerías, cajas relicario con figuras, encuadernaciones de libros y todo tipo de objetos litúrgicos siguen adoptando los mismos modelos. Sin embargo, un número reducido de obras, adoptando otras experiencias plásticas sobre materias, presentan un deseo de búsqueda de formas de un arte que pretende la monumentalidad. Entre éstas, ocupa un lugar de honor el gran Antependium de Basilea, actualmente conservado en el Museo Cluny.Este frontal de altar recuerda por su composición el que donó Carlos el Calvo a Saint-Denis, que conocemos por representaciones pictóricas. Es una obra de oro, realizada hacia 1020, entregada por Enrique II a la catedral de Basilea. Bajo cinco arcadas, la central más ancha y alta, se representa a Cristo entre tres arcángeles y San Benito. A los pies de Cristo, la pareja imperial, insignificantes en su tamaño ante la grandeza de Dios, siguiendo fórmulas iconográficas de cierta significación feudal que ya hemos referido. Las figuras sobresalen del fondo en un enérgico relieve que resalta la plenitud de sus volúmenes. Como se ha indicado reiteradas veces, nos encontramos aquí con un sentido de la monumentalidad que debe considerarse plenamente románica. Juntamente con la Pala de oro y una Cubierta de evangeliario, de Aquisgrán, constituyen un grupo de obras afines, de las que se tienen muchas dudas sobre su lugar de fabricación, barajándose entre otros nombres, Fulda y Maguncia.
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Engelbert Dollfuss, que había nacido en Texing, en la Baja Austria en 1892, en una familia campesina católica, había realizado estudios de Derecho, hizo la guerra como oficial de las tropas alpinas y fue más tarde secretario de la federación campesina de su región de nacimiento. Esta especialización suya y su militancia en el partido católico le llevaron en 1931 a la cartera de Agricultura y, tras la crisis de mayo de 1932, sucedió al canciller Burech al frente del Gabinete ministerial. Tanto las encíclicas del Papa León XIII como el ejemplo fascista eran la base de su pensamiento y de su práctica política. Dos acontecimientos vinieron a precipitar entre los años 1932 y 1933 este específico austrofascismo, bautizado más adelante como Estado corporativo cristiano: la imposibilidad de una acción parlamentaria a consecuencia del enfrentamiento y ataque de partidos enemigos y la expansión del nacionalsocialismo en el campo austriaco. Cuando se hizo imposible la coalición entre socialdemócratas y socialcristianos, y a falta de una opinión pública autónoma debidamente informada y formada, al canciller no le quedó otro camino o solución que el Gobierno autoritario, a partir de su propio partido, que intentó renovar mediante la creación de ciertas formaciones militantes, como las Cuadrillas de Acción Austriaca o la misma Guardia Patriótica, muy útiles en la lucha contra el nacionalsocialismo interno y exterior, pero también muy convencidas de un antimarxismo tan radical que implicaba la aniquilación de la misma socialdemocracia. El austrofascismo, por tanto, a partir de estos cuadros provenientes del partido socialcristiano y de las guardias patrióticas que simpatizaban y apelaban al fascismo y a Mussolini, se constituía como una alianza entre el catolicismo autoritario y una forma de poder duro y eficaz opuesto tanto al nacional-socialismo como a una práctica antimarxista radical. Y estas características se mantendrán hasta 1938. A principios de 1933 el triunfo de Hitler en Alemania repercutió notablemente en la política austriaca, puesto que a la inicial dificultad para formarse y actuar como nación independiente se unía ahora la lucha contra una Alemania anexionista más allá de cuanto Austria podía necesitar. Este fue el reto y el drama del canciller: pese a su convencimiento y decisión primeros en favor de la unidad, debió luchar contra la unidad que amenazaba con imponerse, la de la anexión con pérdida o reducción al menos de la soberanía austriaca. Toda la política de Dollfuss a lo largo de 1933 fue un esfuerzo titánico por evitar la presencia anuladora de Alemania, sin dejar de reconocer, como acaba de indicarse, la base alemana, tanto racial como lingüística, del reciente Estado austriaco. De esta forma la aspiración de gran parte de Austria de unirse a Alemania sólo pudo evitarse en la práctica mediante procedimientos dictatoriales. En marzo de este año, tras la dimisión del Gabinete ante el presidente Miklas, Dollfuss se convirtió en el dictador de la nación. Restringió libertades, prohibió reuniones públicas, gobernó mediante decretos-leyes, redujo la oposición de los socialistas mediante la fuerza y, más en concreto, disolvió la Schutzbund socialista de Viena. En el mes de abril, y después de frecuentes entrevistas con Benito Mussolini, la dictadura austriaca incrementó o potenció sus matices resueltamente fascistas: aplicó los procedimientos políticos del Duce, proclamó la amistad italiana y la del Duce en particular; defendió en un discurso frente al Congreso regional de los socialcristianos la unidad e independencia de Austria. Impuso a los funcionarios del Estado un juramento de fidelidad a las leyes de la República donde explícitamente se juraba la no pertenencia a "sociedad alguna extranjera de finalidades políticas" (clara referencia o condena de las tesis hitlerianas); atacó durísimamente a los nazis exagerando, entre otras cosas, su protestantismo; trabajó, finalmente, en pro de un Concordato con la Santa Sede, que fue redactado con extraordinaria rapidez y firmado el día 5 de junio por el cardenal Pacelli, más adelante Pío XII. La lucha y la preocupación más duras desde el primer momento fueron contra el nazismo. Este fue declarado ilegal y prohibido como faccioso en toda Austria, y sus formaciones serían disueltas siempre que se manifestaran en público. Pero como el nacionalsocialismo alemán tenía sus intereses en Austria y alentaba el movimiento de las más variadas formas desde fuera y en el interior, Dollfuss optó por recurrir a la colaboración de potencias europeas al mismo tiempo amigas de Austria y opuestas o preocupadas por el auge del nazismo dentro y fuera de las fronteras alemanas. Por ello creyó conveniente envíar sendas notas a los Gobiernos de Inglaterra, Francia e Italia anunciándoles la creación de un cuerpo auxiliar de defensa, que fue aceptado por todos con la sola condición de no contravenir las cláusulas del tratado de Saint Germain. Al mismo tiempo el Gobierno tomó medidas para proteger las fronteras con Alemania precisamente cuando el territorio austriaco era habitualmente sobrevolado por aviones alemanes que sembraban propaganda hostil a Dollfuss, complementaria de la difundida de continuo desde la radio de Munich. Toda esta acción antinazi quedó coronada con la visita de Dollfuss a Mussolini, en Riccione, en agosto de 1933. Aquí, y pese a la progresiva identificación práctica entre los regímenes fascista y hitleriano, Mussolini reafirmó ante Dollfuss su "identidad de criterios" con el canciller austriaco; se repitió y ensalzó el papel importante a desempeñar por una Austria independiente en el corazón de Europa central; y se dedujo finalmente la pretensión italiana de utilizar en favor de su política e influencia los intereses austriacos pretendidos y defendidos por Dollfuss. Todo quedó así rubricado con el ofrecimiento formal de Benito Mussolini de apoyar incondicionalmente a Austria. De vuelta en Viena, el canciller quiso hacer el recuento de sus fuerzas conforme a los típicos formalismos autoritarios. Y así, con motivo del Congreso Católico, reunió en la capital de la República a 40.000 partidarios de su política. Días más tarde se repitió otra concentración de 80.000 personas, ante las que pronunció un discurso político revelador; aparte de repetir que había pasado el momento del liberalismo y del marxismo, dijo que su política contaba con un fin y con un objetivo más amplio y glorioso: "Lo que nosotros queremos es el Estado alemán de Austria, cristiano y social, sobre la base de un sistema corporativo y bajo la dirección de un Gobierno autoritario, pero no arbitrario. Nosotros somos alemanes, pero queremos conservar nuestras particularidades de austriacos". El nuevo paso en la reafirmación de su política y en la destrucción de cualquier objeción socialista a su sistema, aparte el incremento de poder de las heimwehren, nombrando al general Fey vicecanciller, y la entrega al príncipe de Starhemberg de la dirección del frente patriótico, fue la idea de reformar la Constitución como la vía más segura en la reafirmación de su poder dictatorial. De momento, sin embargo, optó por retrasar su planteamiento. De esta manera, a fines de 1933, Austria se debatía por la defensa de su independencia y por el logro de su estabilidad interna; y en medio de una situación económica aún muy difícil y complicada, el canciller actuaba dictatorialmente, aunque mostraba sus debilidades transigiendo con las exigencias de las heimwehren, la hostilidad nazi y las intemperancias socialistas. La desaparición, en 1934, del Partido Socialista austriaco, el tercero de Europa por el número de afiliados y el primero, según afirmación de J. Droz, por la reputación europea de sus líderes, fue uno de los sucesos más dolorosos para el mundo democrático occidental. En ningún país del mundo, como sigue confesando Droz, el socialismo había llevado a cabo una obra tan profundamente humana y educadora como lo había hecho en Viena. Destacó básicamente por su pujante ideología y por la fuerza práctica con que colaboró a la transformación de Viena entre 1919 y 1934. Su personalidad más representativa fue O. Bauer, no sólo por su oposición constructiva y eficaz a la política de monseñor Seipel, sino también, y sobre todo, por su radical realismo en la aplicación de las tesis marxistas a las nuevas realidades. Aunque era un convencido de la imposibilidad de conquistar el poder por medios democráticos y parlamentarios, temía igualmente la corrupción aneja a la participación en el poder y la confusión entre victoria revolucionaria y armonía de clases. En el Congreso celebrado por la Socialdemocracia en Linz, en 1926, recusó la dictadura del proletariado; pero a la vez afirmó categóricamente que un posible atentado por parte burguesa contra las conquistas del mundo obrero debería ser aniquilado mediante la fuerza, dando así legitimidad al carácter defensivo de la violencia. Su tesis, pues, no era otra que la oposición igualmente clara al bolchevismo y al aburguesamiento de los socialismos de Occidente. Como ya quedó afirmado, los socialistas dominaban fundamentalmente en la ciudad de Viena, la Viena roja, la ciudad más progresista de Europa, frente al apogeo provinciano y rural de los socialcristianos. En Viena tuvo lugar la realización de una política social, en el campo de la vivienda, la escuela, la cultura en general, mediante la creación de bibliotecas, lugares para reunión y conciertos, universidades populares, etc., que, aunque pudieron desembocar en cierto aburguesamiento, contribuían igualmente a un despertar de conciencias, a una formación de actitudes capaces de chocar, como de hecho ocurrió, con las pretensiones y las prácticas dictatoriales, con las formaciones paramilitares de las heimwehren. A partir de 1927, con la quema del Palacio de Justicia se precipitó el enfrentamiento con las fuerzas de la derecha; y la decisión de Dollfuss de crear un Estado corporativo y cristiano conforme al modelo preconizado en la encíclica Quadragessimo Anno de Pío XI, significó la imposibilidad de una actuación parlamentaria y el inicio de pérdida de cualquier libertad pública. El canciller, ofuscado con la persecución organizada del hitlerismo contra su Gobierno y desconfiado ante la posible colaboración o coalición con los socialistas, cuyo marxismo también aparecía condenado por la doctrina de la Iglesia, ignoraba o no atisbaba que la desaparición de la socialdemocracia implicaba la rápida marcha hacia el triunfo nazi en Austria. El momento álgido fue en febrero de 1934. El día 12 precisamente surgió una colisión trágica entre la heimwehr, cada vez más decidida por una solución fascista definitiva, y los socialistas, organizados en Schutzbund. Esta organización había sido declarada ilegal, y la policía intentó incautarse de los depósitos de armas de los socialistas. Estos rechazaron violentamente a la policía; y a partir de aquí comenzó una verdadera y brutal guerra entre socialistas y miembros de la heimwehr, en la que llegaron a tomar parte todas las fuerzas del Estado. El Gobierno proclamó la ley marcial en toda Austria, y los socialistas declararon la huelga general. La lucha fue brutal, al menos en los tres primeros días, sobre todo en Viena, donde las barricadas y alambradas callejeras daban la brutal imagen de una ciudad tomada férreamente, Eggenberg, Gratz, etcétera. Se luchó con una furia indescriptible. Dollfuss y las heimwehren, que actuaban como policía oficial, acabaron no sólo con los socialistas y su poder, sino con el mismo partido. El día 15 de febrero, tras la enorme tempestad provocada y con el resultado de varios cientos de muertos y la destrucción de importantes edificios donde los rebeldes se habían hecho fuertes, el partido obrero austriaco desaparecía. El día 16 fueron ejecutados varios jefes del movimiento subversivo; y el 18 el canciller se dirigió a la nación en un discurso a la vez duro y paternalista en el que, conforme al principio ético cristiano, pretendía aunar justicia con clemencia: "En estos días de desgracia nacional no se trataba de una lucha de las masas obreras contra el Gobierno, y sí únicamente de la lucha de un pequeño grupo de extremistas contra el Estado. Ahora nuestra principal preocupación es ayudar a las familias de las víctimas, incluso a las de los insurgentes". Hoy puede verse con cierta claridad la importancia que tuvieron en la crisis de febrero la crisis económica y el paro, las múltiples provocaciones de las heimwehren, el desorden en la toma de las armas por parte obrera y el fracaso de la huelga general, sobre todo por parte de los ferroviarios, que no la secundaron. La represión, dirigida por el mayor Fey, fue brutal; los jefes del Schutzbund fueron ahorcados en condiciones atroces; y los mismos embajadores de Gran Bretaña y Francia debieron intervenir para que la matanza no fuese más brutal y extensa. En Linz primero y más tarde en los barrios de Viena, la resistencia socialista fue indescriptible. Se hizo necesaria la acción militar del Gobierno manzana por manzana y casa por casa, lo que sin duda incrementó la barbarie señalada. El resultado final fue la liquidación de la socialdemocracia austriaca y, con ella, el fin del régimen democrático. El aislamiento real y psicológico a que la socialdemocracia venía siendo sometida en un país juzgado y muy indulgentemente desde las democracias de Occidente, más interesadas por los problemas alemanes o italianos, tuvo también su parte de culpa en esta derrota y en esta aniquilación a la que el propio canciller trató de quitar importancia. A partir de ahora la preponderancia de las heimwehren fue en aumento, de modo que sólo unos días más tarde, concretamente el 19, el ministro de la Constitución afirmaba en un discurso que la única expresión política austriaca era la representada por el Frente Único. En el mes de marzo la influencia de las heimwehren en el Gobierno y el protagonismo del príncipe de Starhemberg eran ciertamente decisivos e incontestables. A primeros de marzo se hizo realidad la nueva Constitución de tipo fascista. Fue una decisión rápida que obedeció a una idea y a una confección concluyentemente madura. El Consejo la aprobaba el día 7; y organizaba una sociedad conforme a criterios profesionales que se organizaban en seis categorías. El Estado reconocía el derecho de obreros y empleados a sindicarse, pero formando una federación entre cuyos objetivos se situaban la defensa de los obreros, la confección de contratos colectivos, la educación moral y profesional de los afiliados y la creación de lugares de recreo y ocio: la encarnación ideal del corporativismo defendido en la encíclica Quadragessimo Anno. Austria seguía siendo un Estado federal, con un presidente de la República, investido de grandes poderes y encargado de nombrar los miembros del Gobierno. Existían además cuatro consejos consultivos: un consejo de Estado (con 40 ó 50 miembros nombrados por el presidente); un consejo federal de cultura (integrado por las grandes eminencias de la literatura, la ciencia, el arte y la Iglesia); un consejo económico, constituido por los prohombres de los negocios; y un consejo de las ocho provincias (dos por cada una y otros dos por Viena). El presidente sólo disfrutaba del derecho de iniciativa; y el Bundestag, la asamblea legislativa compuesta por los delegados de los ocho consejos federales, aceptaría o rechazaría las propuestas presentadas. Si el Gobierno interpretaba que un proyecto rechazado continuaba siendo necesario, podría recurrir al referéndum popular. La justificación inmediata de esta Constitución estaba en la necesidad de sacar al país del marasmo económico y en la urgencia de consolidar el patriotismo austriaco. Persistía, no obstante, el odio a la dictadura desde sectores de la sociedad simpatizantes de la causa socialista y, sobre todo, desde las filas nacionalsocialistas. Pese a cierta esperanza de alivio en la gestión del Duce ante Hitler, tendente a limar los desmanes nazis en Austria, la situación sociopolítica del país no mejoró, en parte por la situación socioeconómica, pero sobre todo porque la gestión de Mussolini no tuvo resultado alguno y dentro del país se interpretaba la amistad de Dollfuss con cierto atisbo de sumisión. Tampoco nació la calma tras los sucesos de Alemania en la primavera del 35 y la dura represión empleada; de modo que Dollfuss se vio en la necesidad de reformar en junio su Gabinete, reservándose cuatro carteras, entre ellas las de Seguridad y Defensa nacional. Según su personal declaración, pretendía de esta manera "limpiar el país del último vestigio del movimiento traidor".
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Esta obra de Marsilio de Padua, con la colaboración de Juan Jandún, concluida en 1324, puede ser considerada como la más acabada exposición del averroísmo político; libro de excepcional importancia, punto obligado de referencia de sus refutadores, es un radical ataque a la autoridad temporal del Pontificado y a su primacía, proporcionando un arsenal de argumentos en los que beberá el luteranismo, de quien es precursor en el ataque a numerosos objetivos de aquéllos, y debe ser considerado como punto de partida de la ruptura de la Cristiandad. Marsilio había nacido en Padua en los primeros años del ultimo cuarto del siglo XIII; estudiante en la universidad de su ciudad natal, marchó luego a París, siendo rector de esta universidad en 1312. Pronto debieron recaer sospechas respecto al contenido de sus enseñanzas porque en 1315 tuvo lugar una investigación al respecto. Unos años después, desde 1320 aproximadamente, en que comienza esta su obra más representativa, se confirma su ruptura con la Iglesia. Su colaborador y amigo Juan Jandún es otro maestro averroísta de la universidad parisina; en el conflicto entre fe y razón, del que Siger de Brabante se mostraba desinteresado, o decía inclinarse en último extremo hacia la fe, Jandún se muestra partidario de la razón y burlón respecto a la fe: aunque no niega las verdades de la fe, se muestra incapaz de demostrarlas racionalmente. Una irónica incredulidad penetra toda su producción filosófica. Ambos forman parte del conjunto de pensadores, como Miguel de Cesena y Guillermo de Ockham, refugiado en 1327 en la Corte de Luis de Baviera, a cuyo servicio ponen las ideas contenidas en su obra; la aventura italiana del emperador permite a Marsilio el intento de poner en práctica las doctrinas contenidas en su libro. Fracasada la empresa volverá con el emperador a Munich, permaneciendo a su servicio hasta su muerte, anterior a abril de 1343. En la Corte bávara escribiría su "Tractatus de iurisdictione imperatoris in causis matrimonialibus", defendiendo tal prerrogativa imperial, una de las consecuencias de las doctrinas del "Defensor pacis", con el objetivo, en este caso, de justificar el matrimonio del príncipe Luis con Margarita Maultasch, ya casada con el futuro Carlos IV; la pretensión de Luis de Baviera de disolver este matrimonio produjo vacilaciones incluso entre los más firmes defensores de las prerrogativas imperiales, momento en que se inserta esta nueva obra de Marsilio. El "Defensor pacis" lleva al terreno político la separación entre fe y razón y entre el fin material y espiritual del hombre; ello se traduce en una estricta diferenciación entre el poder espiritual y el temporal: aquél atiende, con ayuda de la revelación, al fin eterno, y el poder temporal regula la vida de los hombres y asegura la paz, con el apoyo de los filósofos. La doctrina tradicional de la Iglesia, últimamente sintetizada por santo Tomás, admite una organización temporal de la Iglesia, para facilitar el cumplimiento de sus fines espirituales. Precisamente en estos años los Pontífices se esfuerzan en la creación de los mecanismos administrativos y fiscales que hagan realidad esa teoría, lo que les vale las críticas de muchos sectores, la oposición de los poderes públicos y el enfrentamiento con los sectores espirituales del franciscanismo, partidarios de una Iglesia desposeída de toda propiedad y poder temporal: no es casual la convergencia de este sector con el autor del "Defensor pacis" en la Corte bávara. Marsilio se oponía tajantemente a la doctrina tomista; aunque no le importa la utopía de la pobreza absoluta, utiliza las críticas de estos sectores al Papado como un elemento más de debilitamiento. Lo esencial es la comunidad humana, cuyas necesidades materiales son satisfechas por los distintos órdenes de artesanos y funcionarios en que los hombres se agrupan. Para regular la vida de la comunidad ésta delega su poder en el príncipe que ostenta el poder ejecutivo y también el legislativo, pero sometido a la ley, vigilado por la comunidad que puede deponerle si se convierte en tirano. El sacerdocio cumple también en la sociedad una función, como viene cumpliéndola desde las sociedades paganas; en la cristiana debe enseñar el evangelio y, a través de las enseñanzas eternas y de la esperanza de justicia ultraterrena, instar al respeto de la moral privada y colaborar así en el mantenimiento del orden social. La Iglesia es una creación meramente humana, con una función definida; si interviene en el orden temporal se convierte en un elemento de perturbación. Para garantizar la actuación del sacerdocio en sus justos límites e impedir la perturbación del orden, el príncipe debe seleccionar a los candidatos al sacerdocio, vigilar su actividad y, desde luego, disponer de los bienes eclesiásticos. Como en toda sociedad humana, en la Iglesia el poder reside en la comunidad; ahora bien, la Iglesia esta integrada por clérigos y laicos, luego el poder no reposa sólo en aquellos, sino en la totalidad, de la que es expresión el Concilio. Es radical en la negación de la potestad de los obispos, a quienes considera investidos de idénticos poderes sacerdotales que al resto de los presbíteros; la jerarquía no es de institución divina, sino creación humana para regular la vida común. Niega, en consecuencia, todo poder al Papa, cuya dignidad procede únicamente de ser obispo de la capital imperial; como todos los demás fieles, el Papa debe estar sometido al emperador, que es a quien corresponde la convocatoria y presidencia del Concilio. En el "Defensor pacis" la Iglesia queda reducida a cumplir una función dentro del Estado. Al ser la suya una misión únicamente espiritual, niega a la Iglesia la facultad de imponer penas temporales, así como las excomuniones y la doctrina de las indulgencias. Por el contrario, si los herejes se convierten en peligro para el orden social, corresponde al poder político, garante de ese orden, la persecución de los herejes. En algunos aspectos el pensamiento de Marsilio es oscuro o se ve obligado a salvar, con bastantes apuros, ciertas contradicciones. Afirma la plena autonomía del poder temporal y considera la ley como resultado de la voluntad del pueblo, causa primera específica y eficiente de la ley, y, por tanto, sin referencia a la ley eterna o a la natural. Sin embargo, implícitamente, se refiere a ella al hablar de lo justo, como requisito indispensable para la validez de las decisiones colectivas y, en consecuencia, de la ley. Al residir el poder en la comunidad, las decisiones han de tomarse por acuerdo mayoritario. Aquí se produce un desfallecimiento argumental. No puede sostener que el hecho numérico de constituir mayoría significa estar en posesión de la verdad; en consecuencia, expone el concepto de "maior et sanior pars". La mayoría no garantiza la verdad: ésta puede ser sostenida por una mejor parte, aunque minoritaria. El criterio para determinar esa mejor parte sólo puede venir dado por la coincidencia de su postura con la moral sana; en caso de no coincidir con ella, una mayoría, por muy amplia que sea, pierde su legitimidad. Inevitablemente se abría la necesidad de admitir una ley natural, anterior al hombre, a cuyo orden han de ajustarse las decisiones colectivas para ser legítimas. Una cuestión que no alcanza respuesta en la obra de Marsilio es si se requiere, o no, un poder universal como legislador supremo. En su obra se considera que una variedad de poderes garantiza mejor el orden social y el bien común que el Estado universal, pero se plantea la dificultad de conciliar esa preferencia con la evidente conveniencia de un Imperio universal en el que las decisiones de un Concilio, universal también, tengan adecuada fuerza de ley. Otra cuestión sin respuesta es si las múltiples Monarquías son totalmente soberanas, y ejercen por ello en su ámbito la función de supremo legislador, o deben reconocer un Imperio superior a ellas, y, en ese caso, qué tipo de normas deben regular esa relación. Otra cuestión de difícil explicación es la del gobierno de la Iglesia cuando el gobernante es infiel: el caso de la primitiva Iglesia, por ejemplo. La apurada respuesta es que el gobierno carismático de la Iglesia correspondió entonces, de modo excepcional, a los obispos. Mayores consecuencias y más difícil respuesta tiene el problema que plantea la existencia de súbditos que no forman parte de la comunidad de creyentes; cuando añadamos a ese problema no resuelto la convicción de que esos no creyentes son peligrosos para el orden social, se abrirá la posibilidad de las más variadas acciones del poder político para la extirpación de ese potencial peligro. El "Defensor pacis" ejerció una gran influencia. En primer lugar en la política de Luis de Baviera, a pesar de que los radicales postulados defendidos por Marsilio eran excesivamente revolucionarios para su aplicación; en los mismos círculos imperiales encontró oposición por el temor a las consecuencias que podían derivarse. Sin embargo, los argumentos de Marsilio ejercerán una gran influencia en todos los críticos contra el Papado, en quienes demandan medidas de reforma, en el debate conciliarista del siglo XV, y en muchos de los movimientos heterodoxos, casos de Wyclif y Hus, por ejemplo.
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La progresión de las atletas chinas reabre el debate sobre el dopaje, la asignatura pendiente más veces suspensa y aplazada por los responsables del deporte. Unas veces por desinterés de los propios directivos, otras por verdadera maestría del deportista en el manejo de las trampas. En los últimos seis años, el progreso ha remitido, al menos en el deporte rey, el atletismo. Sobre todo tras la publicidad de dos casos ilustres, de ambos sexos: el canadiense Ben Johnson, que consiguió un registro "imposible" en los Juegos de Seúl gracias a los anabolizantes, y la alemana oriental Katrin Krabbe. En el caso de Johnson había premeditación: reconoció que llevaba consumiendo esteroides androgénicos desde 1981. "He tomado pastillas de todos los colores", dijo al juez. En aquel año, su marca en los 100 metros lisos se recortó de 10,62 a 10,25 segundos. La Federación Internacional de Atletismo, que había sospechado desde que Johnson cayó en manos del entrenador Charlie Francis, "El químico", desposeyó al forzudo canadiense de records y medallas con carácter retroactivo, desde 1984. Poco le importa. La publicidad que le ha dado el caso ha permitido al canadiense vestirse y probar como jugador de fútbol europeo y de fútbol americano. Cada camiseta que se enfundó significó un puñado de dólares. Gracias al "caso Johnson" se sabe que el mercado negro de los anabolizantes mueve, sólo en Estados Unidos, al menos 10.000 millones de pesetas anuales que dan lucro y dudoso prestigio a laboratorios como el del ex atleta británico David Jenkins, que surtió desde México a los atletas norteamericanos hasta que fue detenido en 1988: controlaba el 70 por 100 del tráfico. El caso de Krabbe es un desliz de la picaresca. En el cambio de unas muestras de orina, en un control antidopaje por sorpresa en Suráfrica, en enero de 1992, se le detectó clembuterol, sustancia que algunos ganaderos suministran a las vacas para aumentar su volumen muscular. Los expertos especularon con el método empleado, seguramente de forma apresurada: se habló de unas bolsas con orina introducidas en la vagina que la propia atleta vacaría al miccionar en el control antidopaje. Un depósito de la forma y tamaño de un tampón permitiría a la atleta correr incluso con el invento. La repercusión de estos dos casos, que se saldaron con contundentes sanciones de cuatro años para ambos -a perpetuidad para Johnson, por ser reincidente- espantó a todas las especialidades. En halterofilia, antes de que en 1988 se hiciera el control obligatorio, se lograba una media de 30 ó 40 récords del mundo anuales. Desde entonces el goteo es escaso. En otras especialidades, como el tenis, el automovilismo y el motociclismo, los controles no son obligatorios. En el ciclismo, el deporte más duro que existe, según los expertos, se realizan controles, pero las sanciones parecen ridículas frente a las que se imponen en atletismo. El positivo de un ciclista significa cuatro meses de sanción, que puede cumplir en vacaciones. El caso de Krabbe es uno más en la larga lista que el atletismo femenino ha conocido en los últimos veinte años. En su afán por lograr el éxito, más allá del Telón de Acero, valía casi todo. Atletas rusas y alemanas llegaron a quedarse embarazadas por inseminación artificial dos meses antes de las competiciones, pues la secreción de hormonas para favorecer el crecimiento del feto les permitía hacer las mejores marcas en el torneo o campeonato. Un sencillo aborto terapéutico acababa con el proceso. Pero la antología de las trampas es tan variada como extensa. El caso de Krabbe y sus compañeras Silke Móller y Grit Breuer fue un simple error de falta de previsión: las muestras de orina de las tres atletas eran iguales. Hay quien ha denominado a la extinta RDA "República del Doping de Alemania". El semanario alemán Der Spiegel publicó varios reportajes de investigación desmantelando en los últimos años la trama de la república oriental en materia deportiva desde la Segunda Guerra Mundial. El gobierno resultó implicado en programas de dopaje que abarcaba el uso del Oral Turinabol (esteroide androgénico) y experimentos con atletas para desarrollar nuevas drogas estimulantes no incluidas entre los fármacos. El nadador Raik Hanneman, medalla de plata en los campeonatos europeos de 1989, fue claro al explicar las razones que le llevaron a doparse: "era la única forma de integrarme en los privilegios del sistema: quería un apartamento, un coche y una buena educación. Eso sólo podía lograrlo gracias al deporte". Hanneman era un prisionero del sistema. El que se negaba al suministro de sustancias era apartado de la elite y la posibilidad de entrenar. La saltadora de longitud Heike Drechsler, de la RDA, ha mantenido su nivel, siempre entre las mejores del mundo, después de la reunificación alemana. Ella siempre lo negó, pero se la señala como conejillo de indias del régimen. Su colega Heike Henkel, saltadora de altura, abanderó una cruzada contra el dopaje: compitió siempre con camisetas con leyendas como "Athletics without doping" (Atletismo sin dopaje) y "In the top without doping" (En lo más alto, sin dopaje). En la piscina, la diáspora de deportistas autómatas que ya no baten records, es aún más sospechosa. Astrid Straus, ex campeona del mundo de 800 metros, obtuvo sus mejores éxitos en la pubertad. Al entrar en la veintena, su peso se disparó de forma desproporcionada. Compitió en una prueba de la Federación Internacional, y fue la primera nadadora de la RDA que descubrió el pastel que se había cocinado en la RDA en los 70 y los 80. Hasta entonces, marzo de 1992, sólo había referencias de médicos, entrenadores y nadadores, siempre referidas al pasado. Kornelia Ender, ganadora de cinco medallas en los Juegos de Montreal 76 reconoció la posibilidad de haber consumido sustancias prohibidas, pero sin saberlo. Otras, como la ex plusmarquista mundial de 100 metros mariposa a finales de los años 70, Chistiane Knacke, reveló que llegó a tomar entre 10 y 15 píldoras diarias de esteroides: se vio obligada éticamente a declarar al comprobar los desarreglos hormonales que sufría su hija, el aborto que tuvo su compañera Andrea Pollack y las deformaciones de los dos hijos de la ex campeona mundial de 100 y 200 metros Barbara Krausse. La célebre Katrin Krabbe también perdió en marzo de 1994 el hijo que esperaba. Otras campeonas, como Kristin Otto, que ganó seis oros en Seúl 88, negaron todo repetidas veces con cierta indignación. Pero el catedrático de la universidad de Heidelberg Werner Franke, la dejó en evidencia en el diario Berliner Zeitung. En un control antidopaje realizado por las autoridades de la RDA en Bonn, en 1989, Otto, Daniela Hunger, Dagmar Hase y Heike Friedrich, las reinas de las piscinas en los 80, superaron hasta seis veces los niveles permitidos de testosterona. Todas acabaron saturadas de medallas en aquella competición. Tras la desaparición de la RDA, 300 médicos han emigrado a Austria, Italia, Hungría, China, Corea y España, según han denunciado algunos especialistas. Los Juegos de Seúl 88 marcan el punto de inflexión en la historia de las trampas, como apuntó el doctor Juan Manuel Alonso, de la Federación Española de Atletismo. "El caso Johnson" es el más famoso, pero en aquella edición se denunció también un procedimiento que llevaba al menos dos décadas en vigor: una punción en la vejiga introduce orina limpia en el atleta que va a pasar el control antidopaje. La micción del entrenador cómplice es la que analizan en laboratorio. En las mujeres, para evitar el pinchazo, a veces se utilizaba un catéter. Una variante, digna de 007, es ocultar una pera con orina limpia bajo la axila. El atleta presiona cuando va a orinar en el control, y un tubo sale bajo el pantalón con la micción sana. Al ciclista francés Michel Pollentier le pillaron "in fraganti" en el Tour de Francia de 1978. El "prestaorina" era el mecánico del equipo. Se han llegado a realizar transfusiones de sangre propia congelada meses antes en un entrenamiento en altura: la riqueza en glóbulos rojos y oxígeno permitirá lograr más rendimientos en pruebas de mediofondo y fondo. El método más frecuente, con todo, es adelantarse a la prohibición. Pedro Delgado lo hizo sin proponérselo en el Tour que ganó, en 1988, por tomar probenecina para curar un constipado: era un producto prohibido por las listas del Tour y el COI, pero la Unión Ciclista Internacional (UCI) aún no tenía tipificada esa droga, que enmascara los anabolizantes en los controles: retiene la orina, con lo que disminuyen las posibilidades de dar positivo por esteroides. Si Delgado hubiese sido atleta, le habrían caído cuatro años de suspensión. Otro ciclista, Jaime Huélamo, fue descalificado y privado de su medalla de bronce en los Juegos Olímpicos de Munich, en 1972, por hallarse en su orina restos de coramina. Su delito fue la ignorancia: la coramina aún no estaba catalogado por la UCI. A Carl Lewis, siempre abanderado en la batalla contra el dopaje, le fueron detectadas hormonas del crecimiento en el mundial de Helsinki, en 1983. Entonces no estaban prohibidas. El rumor sobre su consumo pesa también sobre Florence Griffith, que se retiró en 1988, un año antes de la prohibición. Un último truco son los diuréticos, que aceleran la eliminación de orina para hacer desaparecer los residuos dopantes. En algunos deportes, en los que el peso tiene especial importancia, como el boxeo o la lucha, los tramposos los utilizan para bajar de categoría. En una reciente reunión de expertos celebrada en Alemania, federaciones internacionales como la de ciclismo, la de tenis y la de fútbol dieron largas a la homologación total del control que realizan con el del atletismo. Pronto se verán obligadas a hacerlo: en 1992 estuvo a punto de no celebrarse el torneo de la raqueta de oro y diamantes de Bruselas, uno de los más cotizados, al exigir las autoridades belgas a la Asociación de Tenistas Profesionales (ATP) la implantación de los controles. En Estados Unidos, los deportes superprofesionalizados, como el fútbol americano, tienen una legislación antidopaje muy severa. Los deportistas deben agradecérselo a Lyle Alzado, un esmirriado joven que pretendía llenar sus 190 centímetros de músculo para fichar por el equipo de una gran universidad. En 1969 pesaba 86 kilos. En 1978, 135. ¿El secreto? los 50 miligramos diarios de dianabol que consumía para aumentar su masa muscular. Consiguió su propósito: fue una gran estrella de los Broncos y los Raiders. Pero a los 41 años, ya retirado, decidió volver a los anabolizantes, por adicción, y su cuerpo no lo resistió. Falleció al poco tiempo de cáncer. Un caso más reciente es el de Todd Marinovich, detenido en enero de 1991 por consumo y tráfico de cocaína y marihuana. Hoy, la Liga Nacional de Fútbol Americano (NFL) realiza controles obligatorios a todos los jugadores en la pretemporada y controles aleatorios a lo largo de la liga. Si un jugador da positivo en un control, se le concede el beneficio de la duda: sólo cae sobre él una multa y cuatro partidos de suspensión. Si es reincidente, se le propone una cura de desintoxicación que, si acepta, sólo le obliga a cumplir seis meses de suspensión. Si hay una tercera vez se acaba el deporte para él. Hay quien asegura que la NFL no ha admitido al atleta Ben Johnson por su juego sucio. La NBA, la liga de baloncesto, tiene una normativa similar. Los responsables de la competición y la Asociación de Jugadores firmaron un acuerdo que obliga a los profesionales a someterse a tratamiento médico cuando consuman droga. Si es reincidente por tercera vez, se sanciona al jugador a perpetuidad. La moralidad norteamericana concede algunos atenuantes como la confesión: si un jugador reconoce su drogodependencia, es sancionado, pero mantiene su sueldo. El jugador de los Suns de Phoenix, Richard Dumas, no pudo cobrar nada por llevar en secreto su adicción. Dumas era reincidente: ya fue sancionado por cocaína cuando era universitario.Entre los universitarios, la coca es moneda común. Chris Washburn fue el tercer jugador en el "draft", la lista a la que acceden los equipos profesionales para elegir jugadores universitarios. Jugó un año con los Golden State Warriors, pero no pudo apenas jugar con los Atlanta Hawks, pues fue sancionado a perpetuidad tras recaer varias veces. De aquella lista, el segundo, Len Bias; el sexto, William Bedford, y el séptimo, Roy Tarpley dividieron su carrera entre las canchas y las clínicas de rehabilitación.La polémica sobre el consumo indiscriminado de sustancias dopantes en el ciclismo durante los 70 fue reabierta por el ex corredor José Manuel Fuente, ganador de dos vueltas a España (1972 y 1974) y cuatro premios de la montaña en el Giro de Italia. En una entrevista concedida al diario El País en noviembre de 1993 aseguraba que el propio ciclista era el que se pinchaba: "Si trabajabas para los compañeros y no luchabas por una buena clasificación, tomabas y te arriesgabas, esperando que no te tocara pasar el control antidopaje". Según Fuente, el material más utilizado era la anfetamina (sulfatina, tenedrón, pervitín o centramina), en pastillas o por vía intravenosa.Entonces, las anfetaminas no estaban perseguidas. En el pelotón de los 70 recuerdan que en plena carrera, sin rubor ante los aficionados, algunos corredores se bajaban de la bicicleta para inyectarse. En pleno Tour de Francia de 1967, Tom Simpson falleció en la escalada del Mont Ventoux: en la autopsia le encontraron restos de anfetamina. Felice Gimondi, ganador de un Tour de Francia, dos Giros de Italia y una Vuelta a España, protagonizó dos positivos en el Giro de 1968 y otro en el Tour de 1975. En 1969, el belga Eddy Merckx, para muchos el mejor ciclista de todos los tiempos, tuvo que abandonar el Giro de Italia al detectársele estimulantes. En España, aparte del "descuido" en el caso de Pedro Delgado en 1988, Angel Arroyo es descalificado en pleno podio de la Vuelta a España de 1982 por dar positivo. El título de esa edición recayó sobre el segundo, el vasco Marino Lejarreta. En 1990, una prueba menor, el gran premio de Albacete, desveló como consumidor de cocaína a José Recio. El ha negado que fuera un adicto.Poco a poco, el fantasma del doping parece controlarse. Entre los 53.165 controles antidopaje realizados por el Comité Olímpico Internacional en 1991, hubo 380 positivos. El mayor porcentaje de fraudes se registró en una especialidad con mucha exigencia física, como el biatlon (ciclismo y carrera): de los 96 deportistas que se sometieron al control, tres dieron resultado positivo. En ciclismo, el porcentaje era del 1,08 por 100. En halterofilia, donde la masa muscular juega un papel prioritario, la cifra alcanzó los 80 casos de los 4.466 analizados. Los gobiernos se han puesto cada vez más duros en la lucha contra el doping. En Dinamarca, una nueva ley prevé incluso la cárcel para el deportista que dé positivo en el control antidoping. Según el ministro de Salud, Torben Luud, "el dopaje causa perturbaciones físicas y psíquicas, es un atentado a la salud y una violación de los principios básicos del deporte". El Comité Nacional Olímpico Italiano ha aprobado el reglamento que regirá en la Comisión de Investigación sobre el Dopaje, que prevé, entre otras cosas, la reducción de la sanción al atleta dopado en el caso de que colabore en la depuración de responsabilidades. No se puede reprimir al atleta, el eslabón más débil de una cadena larga. En Italia, la sensibilidad sobre dopaje se ha incrementado en los últimos años, con la llegada de algunos casos al fútbol: los argentinos Diego Maradona y Claudio Caniggia dieron positivo por consumo de cocaína.La aureola que suscitó la aparición del "caso Maradona" desveló por inercia otros casos, como el del boxeador norteamericano Ray Sugar Leonard, uno de los mejores pegadores de los años 80: confesó, al conocer la noticia, que él también había consumido coca entre 1982 y 1985, restando importancia al asunto.
contexto
La obra de Mabuse -pintor muy bien representado en el Prado- es una profunda reflexión sobre los presupuestos italianos; sus arquitecturas clasicistas, como marco idóneo para sus composiciones, no se reducen a epidérmicas decoraciones como en los Mánieristas de Amberes. Los temas mitológicos le atraen asimismo, siendo uno de sus primeros cultivadores en Flandes. No obstante, su visión de lo clásico es la de un pintor flamenco, que insiste en lo real y concreto de las cosas, como fruto de su propia experiencia empírica y con un desinterés total -estaría en este sentido en los antípodas de un Durero- por la proporción clásica, evidente en desnudos como los de su obra Neptuno y Anfítrite. En van Orley, su interés por la arquitectura clasicista como elemento figurativo de composición y, al tiempo, continente de las escenas, le lleva a importantes reflexiones sobre el espacio pictórico como tridimensionalidad que, en obras como El banquete de los hijos de Job, está referida también a las figuras y su disposición precisa y adecuada en dicho espacio, guardando entre sí las distancias apropiadas y puestas a la requerida profundidad. En ambos casos se trata, pues, de una peculiar visión y versión de modos y formas italianos que, no obstante, supone la adopción definitiva en Flandes de estos presupuestos, de tal modo que, hacia mediados del quinientos, lo italiano es también aquí una tradición a tener en cuenta.
obra
El 19 de julio de 1864, ante la costa de Cherburgo, se produjo el enfrentamiento entre la corbeta nordista Keasarge y la nave sudista Alabama, resultando hundida la segunda. El combate estaba previsto desde algunos días por lo que la costa se llenó de turistas que ocuparon todas las plazas hoteleras. Esta batalla naval quedará reflejada en el Combate entre el Keasarge y el Alabama, siendo uno de los episodios más comentados por la prensa francesa durante varios meses. La llegada de la corbeta al puerto de Boluogne provocó gran atracción siendo representada por Manet en este lienzo, uno de los escasos asuntos marinos que realizó el maestro. La provocadora silueta del barco aparece al fondo, en la línea del horizonte, acompañado de varios barquitos a vela que se acercan para contemplar ese "monstruo marino". Una embarcación a vela se dirige al Keasarge, apareciendo en primer plano, oscurecidas sus velas por la sombra. El mar ha sido conseguido de manera perfecta por el pintor, mostrando las pequeñas olas que indican calma. En estas marinas existe una referencia a los paisajes holandeses barrocos que Manet pudo contemplar en su estancia en los Países Bajos.
obra
El terrible bandido Pedro Piñero, conocido popularmente como el "Maragato", había cometido numerosos crímenes por los que fue condenado a muerte. La pena mortal le fue conmutada por trabajos forzados en el arsenal de Cartagena de donde se escapó el 28 de abril de 1806. Se dirigió a Oropesa (Toledo) asaltando a varias personas en el camino. En la mañana del 10 de junio llegó a una venta donde fray Pedro de Zaldivia procedió a su detención casi sin querer, convirtiéndose en un héroe nacional. En julio de 1806 se publica en Madrid un folleto donde se relata la detención algo novelada y fantaseada, por supuesto. Debido al éxito del asunto, Goya realizó una serie de seis pequeñas tablas en las que mostraba la detención. En la primera el "Maragato" ha encerrado a los habitantes de la casa en una habitación y ha solicitado un caballo. Al oír llegar al fraile que iba por esos lugares pidiendo limosna se dispuso a encerrarlo junto a los demás. El bandido amenaza al fraile con su escopeta y obliga al fraile a introducirse en la habitación del fondo. Las tablas que forman la serie están pintadas directamente sobre una preparación rojiza, sin apenas atender al dibujo, por lo que se aprecian numerosos cambios y arrepentimientos . La continuación de la historia se observa en Fray Pedro desvía el arma.
contexto
A partir del siglo VIII y hasta finales de la Edad Media, la historia de la India está marcada por el reiterado fracaso de las tentativas por establecer un Imperio unificado, por la expansión del Islam y por la creciente importancia del Sur como refugio del hinduismo puro frente a los invasores musulmanes. Mohamed ibn Qasim, y con él el islamismo, penetra en el año 711 hasta el Sind, después de una marcha a través del desierto de Maram. Sus posteriores intentos de conquista sobre el Sind son rechazados por el Reino de Cachemira, lo que marcará una constante en la lenta y espasmódica penetración de los conquistadores musulmanes ya que, cuando pueden, los hindúes también reconquistan parte de los territorios perdidos. El éxito de los conquistadores musulmanes hay que justificarlo por su ventaja en armamento moderno y por sus técnicas de combate, a pesar de ser inferiores en número. Después de la conquista de Sind, sigue la del Punjab hacia el año 1000, la de todo el norte de la India hacia el 1200, la de Gujarat, Malwa y Dekán hacia el 1300 y, por último, la de la India meridional aproximadamente en el 1700. En el Oeste, el último soberano hindú de Sind sucumbe en 712 ante las tropas árabes procedentes de Beluchistán, pero las castas de caballería de los rajputas (hijos de reyes) impidieron un mayor avance de los invasores islámicos. La aparición de esta nueva nobleza debió de ocurrir a lo largo del siglo VII. Los rajputas, como casta guerrera organizada, dominan sobre una región que comprende los cursos fluviales del Indo, el Jumma y el Chambal. Su mítico origen lo entroncaban con las dinastías del Sol, de la Luna o del fuego, aunque en realidad eran en su mayor parte descendientes de hordas de guerreros extranjeras como los hunos. Las cuatro familias rajputanas mas conocidas fincan las de Paramara, Pratihara, Chahamana y Calukya. Los pratiharas obligaron, con su rey Nagabhata, en el año 725, a retirarse hasta Sind a los árabes, que habían penetrado en la India occidental. El rey Vatsaraja de Avanti (770-800 aprox. ) conquisto Rajputana, la región de donde procedían los gurjaras. Este rey unificó las dos dinastías Gurjara, creando el gran Reino Gurjara-Pratihara (775-910), en donde el arte y la cultura alcanzan un gran esplendor y refinamiento gracias a la tendencia de otorgar la misma veneración a todos los dioses, por lo que aparecieron templos con capillas e imágenes para los diversos cultos. En el Dekán la poderosa familia de los Rashtrakutas domina ya, como vasallos de los calukyas, en el norte de Gujarat, Berar y Nasyk, hasta que el soberano Krishna I (756-772) vence al último rey calukya, Kirtivarmam II, y sus sucesores continúan ampliando sus dominios en Malwa y Bengala. El rashtrakuta más poderoso, Govinda II (793-813) vence a las pratiharas en el Norte y a los pallavas en el Sur, teniendo los vencidos que pagarle un tributo. A pesar de las continuas guerras entre las diferentes dinastías y de la fragmentación de los Estados, la vida económica fue bastante próspera, con un artesanado numeroso y activo, una vida urbana intensa y una agricultura sin apenas transformaciones, que producía trigo, arroz, caña de azúcar, frutas, hortalizas y algodón. Pero en las fronteras septentrionales del subcontinente indio, en el mundo islámico, la hegemonía había pasado de los abbasíes a las iranios y después a los turcos, procedentes del Turquestán occidental y convertidos al Islam. En Gazna (Afganistán) el general turco Altegin, gobernador militar de Khorasán bajo los samaníes, fundó la dinastía de los gaznavíes cuando cayó en desgracia al subir al trono el califa Al-Mansur (961-976). Este nuevo Reino independiente tuvo su capital en la recién conquistada ciudad de Gazna. Tras la muerte de Altegin (963) los soldados turcos eligen como soberano a un yerno suyo, Subuktegin, que completó la islamización de las zonas central y oriental del Afganistán. A su muerte, y como consecuencia de la falta de unidad entre sus hijos Ismail y Mahmud, estalla una guerra civil en el país (997-999). El victorioso Mahmud, el destructor de imágenes, se hace cargo de la soberanía sobre Gazna y Khorasán (998-1030) y se lanza a la conquista del Punjab, realizando incursiones hasta la cuenca del Ganges. Mahmud realizó unas diecisiete expediciones a la India, resultando siempre vencedor, gracias a su ágil caballería que se enfrentó con éxito a los pesados ejércitos indios, cuya arma mas notable eran sus pesados elefantes. El imperio de Mahmud de Gazna que se extendió desde el mar Caspio hasta el Indo y que fue un verdadero Estado de nacionalidades, no le sobrevivió. Y aunque el Islam se instaló en el Punjab, los gaznavíes no afectaron en nada a la cultura india de la cuenca occidental del Ganges.