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monumento
Desde 1991 la Consejería de Cultura y Patrimonio de la Junta de Extremadura ha llevado a cabo un intenso plan de catalogación, rehabilitación y consolidación, creándose diez rutas para que el turista pueda visitar y conocer este interesante conjunto. Éste constituye el conjunto megalítico más importante de Europa Occidental, a la espera de que la UNESCO lo declare Patrimonio de la Humanidad. La primera referencia bibliográfica del conjunto se remonta al siglo XVIII, pero no se consideraba un conjunto funerario sino un lugar de sacrificio a los dioses. El paso del tiempo y la acción de los buscadores de tesoros han provocado la caída de alguna de las piedras que constituían estos monumentos, caracterizados por tratarse, en su mayoría, de megalitos de tipo corredor y cámara poligonal cerrada, estando en su mayor parte construidos con piedra de granito aunque otros lo fueron con pizarras.
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El dolmen, palabra bretona que significa mesa, presenta un esquema básico: una cámara simple, circular, poligonal, ovoide..., cubierta con una sola piedra (excepcionalmente techada con madera y ramajes). Su función, como la de la mayoría de los monumentos megalíticos, es funeraria. El dolmen de Marietxe -también llamado Gasteiniakoa- se encuentra a las afueras de Mendibe, en una finca privada y se emplea como pequeño almacén, incluso con una puerta para poder guardar material. Se trata de uno de los dólmenes más atractivos de Euskadi, ubicado en un sensacional entorno natural.
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El realismo y detallismo de la figuración flamenca, nos brinda esta escena cotidiana y muy en consonancia con el entomo burgués-mercantilista; las posibilidades técnicas de la plástica flamenca -que permite reproducir incluso lo que el ojo humano no llega a captar-, nos proporcionan aquí todo tipo de calidades matéricas, táctiles, de brillo, de reflejos, etc., de los objetos (es algo a tener en cuenta respecto al interés por las naturalezas muertas que, como únicas protagonistas de los cuadros, encontrarán en Flandes una pronta proliferación). Esta línea, donde la cuña satírica y caricaturesca se irá introduciendo -el propio Metsys ya lo hace- cada vez más, será desarrollada por pintores como Jan van Hemessen y, sobre todo, por Marinus van Reymerswaele.
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El segundo viaje a Augsburgo realizado por Tiziano va a suponer un importante número de encargos de temática pía. La Gloria o la Dolorosa son una buena muestra, contrastando con los del primer viaje mucho más profanos -Carlos V en Múhlberg y Venus, el Amor y la Música-. Este cambio de temática puede venir motivado por sentir Carlos V más cerca el fantasma de la muerte al acercarse a los 50 años, edad elevada para los hombres y mujeres del Renacimiento. La Dolorosa es una de las imágenes que expresan con mayor acierto el espíritu de la Contrarreforma al acentuar el dolor y la tristeza de María. La luz ilumina su rostro y sus manos, dejando el fondo en penumbra para resaltar aún más el gesto totalmente expresivo. La fuerza de las manos juntas y la belleza del rostro sitúan a esta imagen en un elevado puesto entre las obras del maestro. La pincelada es cada vez más deshecha, como se puede apreciar en el manto o en las mangas de la túnica e incluso en la transparencia.
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En septiembre de 1554 remitía Tiziano esta Dolorosa a María de Hungría junto a La Gloria. Se trata de una obra de devoción personal, en la que la Virgen aparece de medio cuerpo, con las manos alzadas y la mirada contemplativa. Viste túnica roja y manto azul, cubriéndose la cabeza con una mantilla de color blanco. La intensidad de la figura se centra en el gesto, tanto en el rostro como en las manos, manifestando el dolor ante el sufrimiento del Hijo. La Virgen se recorta ante un fondo neutro, de manera que se concentra aún más la intensidad gestual. La iluminación empleada acentúa espectacularmente ese dolor maternal. El estilo del maestro veneciano es cada vez más libre, aplicando el color de manera rápida y empastada, en sintonía con el estilo final, denominado "impresionismo mágico".
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En las paredes del salón de la planta baja del Jas de Bouffan, residencia veraniega adquirida por el padre de Cézanne en 1859, pinto el joven artista una composición de grandes dimensiones titulada Cristo en el limbo y la Magdalena. La obra se partió en 1907, resultando dos lienzos independientes del que aquí contemplamos la parte derecha del antiguo conjunto. Para realizar esta composición, Cézanne se inspiró en los maestros antiguos: Sebastiano del Piombo para el Cristo y Domenico Fetti, pintor barroco italiano, para esta figura de la Magdalena. El maestro de Aix nos presenta a una mujer arrepentida de sus pecados, retorcida en un reducido espacio, en sintonía con el Negro Escipión. La cabeza se apoya sobre el brazo, jugando de esa manera con las líneas curvas que organizan el espacio, enfatizando el carácter dramático de la figura. Para aumentar ese dramatismo emplea tonalidades oscuras que contrastan con el blanco de la camisa -blanco que se ve ensombrecido por toques de color- al mismo tiempo que la pincelada empastada, aplicando el color a través de la espátula, refuerza la tensión del momento. Las tonalidades azules de la falda se convierten en un foco de atención, especialmente por la manera de obtener los pliegues, acentuando para ello los contrastes igual que en la camisa. El resultado es una obra cargada de intensidad, en la que apreciamos la admiración del maestro por los pintores clásicos, admiración que no remitirá ni en el momento más impresionista.