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En enero de 1900 Renoir se instalará en una villa en Magagnosc puesta a su disposición por su amigo Raynaud. Allí realizará un buen número de desnudos para los que posaron Gabrielle y la "Boulangère". La figura que aquí contemplamos manifiesta la influencia de Ingres, uno de los artistas más admirados por Renoir, al hacer hincapié en el dibujo y el modelado, las armas con las que el pintor pretende reaccionar ante la pérdida del volumen y la forma al que estaba abocado el impresionismo. Sin embargo, en el abocetamiento del fondo y los intensos brillos blancos encontramos todavía ecos del estilo impresionista, mientras que el rojo será una de las novedades del estilo maduro de Renoir. La obra goza de una armonía y una tranquilidad que contrasta con el delicado estado de salud por el que atravesaba el maestro, sufriendo los fuertes dolores del reuma que le producen la deformidad en manos y brazos.
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Ya en sus primeras obras demuestra Toulouse-Lautrec cierta divergencia respecto al academicismo y a la pintura tradicional. En el taller de Bonnat - donde estudió en 1882 - aprenderá a dibujar con un trazo poderoso y una gama clara. El abocetado de esta figura desnuda demuestra la rapidez con que trabaja el artista, captando perfectamente los rasgos generales de la joven. La figura será la gran protagonista de sus cuadros, llegando a decir en alguna ocasión: "sólo la figura existe, el paisaje no es más que lo accesorio". La tapicería del diván sobre el que se recuesta la muchacha está realizada con una rápida pincelada en relación con la pintura de vanguardia imperante en aquellos años: el Impresionismo.
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Chaim Soutine, un ruso establecido en París en 1913, amigo de Chagall y Modigliani, es uno de los más importantes expresionistas franceses; hace una pintura basada en el color, que refleja su mundo interior desgarrado y turbulento. El desnudo no es uno de sus temas predilectos y se conservan escasas muestras. En este ejemplo que contemplamos, realizado en 1933, cuando Soutine llevaba ya bastante tiempo trabajando en París, se aprecia aún la influencia de la educación judía que recibió el artista, considerándose por parte de los especialistas que la turbación que se manifiesta en la figura no pertenece a la modelo sino al propio pintor. Las pinceladas son rápidas y empastadas, interesándose más por la materia que por la forma en sí.
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Este estudio de desnudo femenino es una de las facetas significativas de la producción de este pintor realista catalán que, además de paisajes, cultivó con asiduidad desnudos de abundantes formas y provocadoras actitudes, como éste, muy en la línea del estilo curbetiano. La ejecución de la figura femenina está realizada con sumo cuidado y perfección, lo cual contrasta con la soltura de trazos del fondo. Algunos han querido ver la interpretación bíblica de Betsabé o el baño de Susana por el cierto aire oriental de los tapices y columnas del fondo.
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El interés de Durero por el cuerpo humano es muy temprano. Durante su formación en Alemania realizó este desnudo femenino de frente, un dibujo del natural probablemente sobre una modelo que sería una sirvienta. El realismo y la naturalidad son las notas más destacadas en el dibujo, que no resiste comparaciones con los desnudos posteriores del artista, tras su viaje a Italia y su contacto con el ideal de cuerpo clásico. Para efectuar esta comparación podemos remitirnos al Desnudo femenino de espaldas que el artista trazó tan sólo dos años después.
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Desconocemos el significado oculto de esta imagen protagonizada posiblemente por una prostituta contemplando su desnudo cuerpo ante el espejo que decora toda la estancia donde se halla. Las medias negras, el cobrizo cabello y la piel blanquecina refuerzan la hipótesis de un asunto de prostitución, uno de los favoritos para Toulouse-Lautrec. La joven está modelada con maestría, utilizando una línea poderosa que domina el conjunto mientras que el color es aplicado con una soltura sin precedentes en la producción de Henri, eligiendo unas tonalidades que anticipan el fauvismo. Las blancas telas que se esparcen por el conjunto se llenan de sombras malvas, relacionándose con el Impresionismo, movimiento del que parten los jóvenes creadores para llegar a metas insospechadas por Pissarro, Monet o Renoir.
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Pintor de bañistas y figuras desnudas en paisajes -desde 1920 también gitanos-, Ernst Kirchner es uno de los que manifiestan de forma más clara la influencia de Cézanne, de Picasso y la escultura primitiva.
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Si en 1493 Durero había realizado uno de sus primeros desnudos, todavía en Alemania, esta obra de 1495 inaugura un canon nuevo en su pintura, canon que se mantendrá ya en el resto de sus obras. El pintor había conocido los modelos clásicos para el cuerpo humano. En este caso, es casi evidente que Alberto Durero había fijado los ojos en las estupendas estatuas romanas que se habían descubierto en Venecia y Roma. Su bellísimo desnudo de espaldas es una síntesis de Venus, Fortuna, Lucrecia y Eva. De hecho, para todas estas mujeres el modelo será ya siempre esta anatomía de suaves curvas praxitelianas y perfección anatómica.
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Este desnudo femenino de espadas está ya muy lejos de aquellos primeros desnudos de Durero a finales de la década del 1490. El paso fundamental en la evolución entre los más antiguos y este reside en el concepto del cuerpo: ya no se trata de una construcción a base de elementos independientes que se engarzany superponen, una sucesión de cóncavos y convexos. En este caso, el cuerpo presenta una homogeneidad orgánica verdaderamente, la superficie de la piel es un continuo ondulado, sin cortes ni transiciones, totalmente ajeno a sus primeros desnudos.Durero además introduce un truco típicamente italiano para destacar la belleza de la silueta, que consiste en colocar un fondo oscuro delante de la misma, contra la que se recorta el blanco cuerpo de la mujer. La evolución llega a su cumbre en el cuadro de Eva del Museo del Prado.
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A comienzos de 1887 Vincent ejecuta una pequeña serie de figuras femeninas desnudas en diferentes posturas, enlazando con la pintura de Degas, a la que pertenecen el Desnudo femenino echado y esta mujer de espaldas que contemplamos. El estilo de Renoir también parece influir en el joven holandés, siendo quizá sus obras más impresionistas protagonizadas por figuras anónimas. Existe una interesante diferencia con las campesinas de Nuenen, encontrando en esta figura más sensualidad, mayor colorismo y alegría, manifestando el artista sus sentimientos a través de su pintura.