El mejor representante del paisaje realista en España será Carlos de Haes, quien desarrollará la filosofía necesaria para crear un género paisajístico en el país, apenas tratado en épocas anteriores al ser considerado un asunto secundario. Haes piensa que las vistas deben estar inspiradas directamente en la naturaleza, plasmando el pintor lo que tiene ante sus ojos, interesándose por los efectos atmosféricos y luminosos. Considera que el paisaje es difícil de tratar y de entender por lo que sería un género para entendidos, aristocrático, alejado de las masas. Si el fin del arte es la verdad que se encuentra en la imitación de la naturaleza, fuente de toda belleza, el papel del pintor será imitar lo más fielmente la naturaleza, apartándose de lo que dicte su imaginación y acercándose a su fuente de inspiración, el mundo real. Los medios para alcanzar la imitación son el color y el dibujo, elementos complementarios ya que al fundirse producen la obra que queremos, así como la ejecución en el taller, inspirándose en los bocetos tomados al aire libre. Con esta filosofía, Haes realiza un amplio número de paisajes de gran belleza y evidente realismo como este Desfiladero que aquí contemplamos.
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El 15 de junio de 1801 un toro saltó al tendido y mató al alcalde de Torrejón que contemplaba el espectáculo. Goya recoge tan dramático episodio en esta estampa en la que destaca la tensión del momento a través de los espectadores que huyen, creando una imagen llena de angustia.