Hijo de Robert I Bruce, accedió al trono en 1329. Hubo de exiliarse en Francia al resultar vencido por Eduardo III. En 1346 emprendió la invasión de Inglaterra; al caer prisionero, fue rescatado tras el pago de una fuerte suma.
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Personaje
Pintor
Jacques Louis David es el fundador del Neoclasicismo francés. Nació en París en 1748, iniciándose en la pintura a temprana edad. Se formó en el taller de Vien, pasando después a la Academia de París (1766), obteniendo como premio una pensión para trasladarse a Roma. Allí descubrió la Antigüedad clásica, interesándose por la pintura idealista de los Carracci durante su breve estancia en Bolonia. En Roma también se interesaría por Rafael y Poussin. En la Ciudad Eterna será captado por los teóricos del Neoclasicismo, Winckelmann y Mengs especialmente. Años después realizaría un segundo viaje a Roma, estancia que duró cinco años, adoptando una técnica tenebrista aprendida de Caravaggio. Simultanea grandes composiciones históricas con retratos para ganarse la vida. De regreso a París, se vio inmerso en la Revolución Francesa, participando activamente y ocupando importantes cargos, hasta convertirse en el pintor oficial de la Revolución. Su amistad con Robespierre le llevará a la cárcel, siendo liberado en 1795 para convertirse en el retratista oficial de Napoleón, preocupándose por la captación psicológica de los modelos. Su escuela se convirtió en la más famosa de Europa, recibiendo jóvenes de diversos países, entre los que destacan los españoles José de Madrazo y Juan Antonio Ribera, estandartes del Neoclasicismo español. David rechazó importantes cargos para realizar grandes composiciones cargadas de significado ideológico, realizadas con un delicado dibujo y un cromatismo cálido y variado. En 1814 fue desterrado, tras la caída de Napoleón, retirándose a Bruselas y dedicándose especialmente al desnudo, obras que anuncian las que realizará su discípulo Ingres en el Romanticismo. Fue en Bruselas donde falleció David a los 77 años, en 1825.
obra
El espíritu de Yahvé se había retirado de Saúl, primer rey del pueblo elegido, apoderándose de él un mal espíritu. Sus siervos le aconsejaron buscar a un hombre que tocara la cítara para alejar el mal espíritu. El elegido fue David, hijo de Isaí, valiente hombre de guerra, sabio en sus palabras y excelente músico. Cada vez que el mal espíritu asaltaba a Saúl, David lo expulsaba con sus notas, por lo que el rey cogió mucho cariño a David y le hizo su escudero. (Samuel I, 16; 14-23). Rembrandt recoge en esta tabla al joven David tocando la cítara -convertida en arpa- para alejar el espíritu de Saúl, cuyo rostro enfurruñado indica la presencia maligna. El monarca viste ropas orientales y sujeta una larga vara que simboliza su poder. Aparece sentado, agarrando fuertemente el apoyabrazos para evitar que su ira se ponga de manifiesto. Las luces doradas que caracterizan la obra del maestro impactan en la figura protagonista, quedando el resto de la composición en semipenumbra. Rembrandt ha captado el momento de mayor tensión de la historia, cuando David calma a Saúl. La pincelada es rápida, eludiendo detalles innecesarios, recurriendo a esa "manera áspera" que definirá sus últimos trabajos en los que los efectos atmosféricos serán los grandes protagonistas, recordando al gran Tiziano.
obra
Caravaggio realizó varias interpretaciones del tema del joven David con la cabeza del gigante Goliat durante los años de su exilio. El tema trascendental que se trata es en esencia el de la humildad y la inteligencia que derrota al orgullo y la fuerza física. Por tanto, el pasaje bíblico alegoriza una antigua lucha entre humildad y soberbia que en aquel momento tocaba muy de cerca al pintor: había sido proscrito por la justicia romana a causa de un homicidio y el autor, posiblemente, trataba de demostrar su arrepentimiento ofreciendo la cabeza de la soberbia. A pesar de la indudable calidad artística de este cuadro, pintado seguramente durante su primera estancia en Nápoles, no resulta tan patéticamente fuerte como el David de la Galería Borghese, en la que el pintor se autorretrata directamente como el gigante derrotado por la humildad.
obra
Caravaggio es el gran maestro del Naturalismo tenebrista. Su forma de trabajar va a romper con la tradición manierista anterior e influirá en un buen número de pintores, desde Rembrandt hasta Ribera, pasando por Velázquez y Zurbarán. Su estilo caracteriza buena parte de las obras que se realizan en el Barroco, enfrentándose con la Escuela clasicista liderada por Annibale Carracci. Las figuras de Caravaggio son siempre monumentales, realizadas con el mayor realismo posible, como si fuesen auténticos personajes de las calles italianas. Estas figuras emergen de un fondo neutro muy oscuro gracias a unos potentes focos lumínicos que crean fuertes contrastes de luces y sombras, el conocido claroscuro tenebrista. Ese juego de luces otorga mayor dramatismo a los asuntos y acerca la temática religiosa al espectador, para lo que emplea personajes totalmente anti-heroicos con las uñas de los pies manchadas de sangre y barro. Incluso los gestos parecen en ocasiones inspirados en el teatro: David está representado como un joven que ata la cabeza del gigante Goliat, al que había matado con su honda. Los colores oscuros empleados son característica primordial del naturalismo, aplicados con una pincelada minuciosa y totalmente detallista. También es destacable la sensación de agobio espacial que aprieta figuras descomunales en un marco pequeño.
obra
En la pechina derecha de la pared frente al Juicio Final encontramos esta famosa escena bíblica (I Samuel, 17) donde el joven David vence al gigante Goliat en combate al noquearle con una piedra lanzada con su honda. El momento elegido por Buonarroti es la decapitación de Goliat con su propia espada, escena contemplada por varias figuras en el fondo, desproporcionadas en relación con David y la perspectiva tradicional. El episodio está cargado de acción y movimiento al recurrir a dos figuras escorzadas de gran potencia anatómica, recortadas ante la tonalidad blanca de la tienda de campaña que sirve de fondo. La intensidad dramática del momento se refuerza con la iluminación empleada al crear contrastes de luz y sombra que recuerdan a Leonardo, destacando la intensidad de las ropas de ambos contendientes.
obra
En 1541 se confía a Vasari la decoración del techo de la nave central de la iglesia de los Agustinos del Santo Espíritu en Isola. En agosto el pintor regresa a Roma sin realizar los lienzos por lo que Tiziano sería el encargado de continuar con el proyecto que se concluirá en 1544. Los lienzos formaban parte de un importante programa iconográfico sobre la prefiguración del sacrificio de Cristo por lo que se eligieron los temas de Caín y Abel, el Sacrificio de Isaac y David y Goliath. Las telas serían llevadas a la iglesia de Santa Maria della Salute en 1657, tras la supresión el año anterior de la Orden de los Agustinos.En plena "crisis manierista", Tiziano recurre a diversas influencias para mostrarnos de la manera más intensa y dramática el asunto que narra el primer libro de Samuel (17; 32-55): el arte clásico y las obras de Pordenone, Giulio Romano y Correggio, sin olvidar a Miguel Angel. La impresión que causa al espectador el cuerpo decapitado del gigante filisteo es sobrecogedora, jugando el maestro de Cadore con los escorzos y los "contrappostos" para crear una escena de intensa violencia. Incluso Tiziano desarrolla un único punto de vista para los tres lienzos relacionados a través de acentuadas diagonales. La perspectiva de "sotto in sù" empleada permite un mayor impacto visual en las escenas. Si bien el movimiento de las figuras acentúa el dramatismo, el colorido y la iluminación empleadas no se quedan atrás, utilizando tonalidades verdes y anaranjadas y una luz dorada que intensifica el contraste entre luces y sombras. El resultado es una obra difícilmente superable, en la que se muestra la capacidad de Tiziano para asimilar diversas influencias en un estilo propio y genial.