Artista inquieto, antiacadémico, iconoclasta, inconformista y bohemio, Regoyos prefigura ya el perfil del artista moderno más propio del siglo XX. El pintor va a Bruselas en 1879 y en 1883, interviniendo en la formación del grupo "Los XX", interesándose por las nuevas tendencias llegadas de Francia: el impresionismo y el puntillismo. Esta admiración por la modernidad se pone de manifiesto en este lienzo que contemplamos, obra en la que observamos un significativo contraste con sus primeros trabajos, más "negros". Ahora la luz y el color se adueñan de la composición y nos ofrece una visión menos pesimista. Las tonalidades han sido aplicadas siguiendo las teorías puntilistas y encontramos sombras coloreadas típicas del impresionismo, convirtiendo a Regoyos en uno de los primeros artistas hispanos que trabajan en este estilo, en sintonía con las obras que pronto realizarán Martín Rico o Beruete.
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acepcion
Se refiere a la parte central de los órdenes de rezos establecidos en el culto hebreo. Cuando el devoto invoca este rezo, se pone en pie y orientado hacia Jerusalén.
obra
La mayor parte de los días, Vincent se encaminaba a la naturaleza con sus trastos para recoger en sus lienzos los paisajes de los alrededores de Arles. Durante esta estancia en el sur apenas se relacionaba con la gente por lo que los retratos serán muy escasos abundando las vistas de huertas, trigales o diferentes entornos. En esta ocasión, Van Gogh se presenta con sus lienzos y pinceles camino de la labor diaria, de la misma manera que había hecho hacía unos 30 años Courbet en su afán de mostrarse como un miembro más de la sociedad, no como un parásito. La figura se sitúa entre dos árboles, mostrando al fondo un amplio campo de trigo con ricas tonalidades amarillentas y verdosas. El primer sol de la mañana proyecta una sombra malva que enlaza con el Impresionismo. Vincent emplea una pincelada rápida a base de pequeños puntos para el empedrado mientras que las siluetas de los árboles están marcadas con una línea oscura que recuerda al cloisonismo de Bernard.
obra
El célebre autor de los Girasoles fue compañero de Toulouse-Lautrec en el estudio de Cormon, convirtiéndose en buenos amigos; su respeto era mutuo, influyéndose respectivamente. Incluso llegaron a exponer de manera conjunta en 1887 en el "Café du Tambourin", donde posiblemente esté ambientada esta imagen. El retrato de perfil ya lo había empleado Henri en la Pelirroja, aunque la técnica y el estilo sean aquí diferentes al emplear pinceladas largas y curvas para definir las formas. El colorido utilizado - con malvas, amarillos, verdes y marrones - se asemeja al que más tarde emplearía Vincent. Toulouse-Lautrec, a través de sus retratos, muestra a los protagonistas de la vida cultural y artística de París. Como ocurre en este caso, sabrá captar la personalidad y la fuerza de sus personajes, lo que le sitúa entre los mejores retratistas de fines del siglo XIX.
obra
Los amplios espacios que contemplará Van Gogh en Auvers se convierten en sensacionales modelos para trabajos de elevada calidad como este lienzo que aquí contemplamos; en primer plano nos presenta el viñedo y los diferentes campos con sus respectivas cercas para mostrar al fondo las casas de Auvers, cuyos tejados pintados en colores brillantes siempre llamaron la atención al pintor, repitiéndolos en buen número de cuadros. Las montañas del último término adquieren tonalidades malvas, relacionándose con las teorías impresionistas. Como es habitual, la pincelada de Vincent es violenta y su colorido impetuoso, intentando emplear ambos conceptos pictóricos como vehículo de expresión.
obra
Nos encontramos ante el único cuadro que vendió Van Gogh en vida. Fue expuesto en Bruselas en enero de 1890, momento en el que la obra y la estancia de Vincent en Arles eran admiradas por numerosos jóvenes pintores. La obra fue adquirida por Anne Boch, la hermana de Eugène Boch, por 400 francos. La estampa recoge el momento de la vendimia en un atardecer otoñal que envuelve en tonos rojizos el viñedo. Vincent ha sabido captar con esa gracia casi infantil que le caracteriza una escena de la vida cotidiana de la Provenza. El efecto realista de la imagen resulta difícil de superar, obtenido con una pincelada rápida y vibrante que se distingue claramente en el lienzo. Esa pincelada se torna concéntrica alrededor del brillante sol ejecutado en tonos blanquecinos. Las siluetas de los vendimiadores han sido resaltadas con una línea más oscura, siguiendo el cloisonismo impuesto por Bernard y Gauguin a una parte de la vanguardia. El interés de Van Gogh por captar la luz de cada momento es una herencia del Impresionismo lo que le lleva a mostrarnos los reflejos de la luz solar en el camino de la derecha y los tonos de las sombras del horizonte en malvas. Pero la manera de elaborar la composición sitúa esta obra, como todas las de Vincent, dentro del Post-Impresionismo.
obra
En el mes de septiembre se inician las labores de recolección de la uva, estando los viñedos en su momento de mayor belleza. Vincent quiere recoger en este lienzo el paseo de varias damas arlesianas por las viñas, ataviadas con sus sombrillas rojas, tomando un aspecto oriental por el que el holandés sentía especial admiración. La escena tiene lugar al anochecer, resaltando las tonalidades verdes y sienas de la plantación, obteniendo una amplia sensación de profundidad al colocar muy baja la línea del horizonte mientras que en el cielo las nubes parecen amenazar lluvia. Precisamente en el cielo encontramos la pincelada rápida y arremolinada que caracterizará las obras de Vincent en un futuro, tomando como modelo la estampa japonesa. En el resto de la composición, una vez más, la pincelada vuelve a definir los diferentes elementos, suprimiendo el dibujo.
obra
Fotografía cedida por el Servicio de Promoción e Imagen turística del Gobierno de Navarra.