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contexto
Breves notas son necesarias para valorar otras producciones artísticas sin las cuales no se pueden entender espacios arquitectónicos de gran trascendencia. En el terreno de la rejería será la gran reja de la Capilla Real la que marque el inicio y desarrollo posterior del Renacimiento en esta técnica. Realizada por el maestro Bartolomé de Jaén, plantea la problemática de ser concebida como retablo transparente integrando sus significaciones con el que culmina el presbiterio, siendo de esta forma el elemento de cierre y diferenciación de espacio litúrgico entre el pueblo y el enterramiento real, permitiendo una lectura más cercana del retablo del fondo. El sistema compositivo, al igual que en los retablos, presenta tres cuerpos divididos en cinco calles y un gran remate donde el programa iconográfico llega a su culminación con escenas de la Pasión. Uno de los puntos culminantes es, de igual forma, la gran heráldica real que centra el segundo cuerpo con los emblemas de los Reyes Católicos. En lo que a vidrieras se refiere, contamos con el conjunto de la catedral como uno de los más excepcionales del Renacimiento español. Se realizará a mediados del siglo, corriendo a cargo de dos vidrieros: Juan del Campo y Teodoro de Holanda. Dos programas paralelos se desarrollan en la cabecera de la catedral. El primero ocupa las ventanas de la girola y se resuelve con temas referentes a la vida de la Virgen, Apóstoles, Evangelistas y Padres de la Iglesia. El segundo y principal, sobre la Capilla Mayor, muestra la historia de la Redención. Es acertado concluir señalando la diversidad de la producción artística de Granada durante el siglo XVI. La toma de la ciudad marcará el punto de partida de un proceso constructivo que convierte la urbe nazarí en gótica, suplantada rápidamente por Carlos V al convertirla en centro del Imperio. El fracaso del mismo y la política centralista de Felipe II suponen la redefinición como ciudad contrarreformista. La situación relevante de Granada en el debate histórico del momento se traduce a nivel artístico constituyéndose en crisol de experiencias estéticas que permiten la elaboración de obras señeras del Renacimiento español.
obra
La etapa de Nuenen finaliza con los Comedores de patatas para los que Vincent parece realizar numerosos retratos que sirvieran como modelos. De esta serie se han conservado unos 40 lienzos con cabezas de campesinos y campesinas anónimos resaltando la expresividad de sus rostros. Esta anciana presentada de perfil parece mirar con tristeza al vacío, ensimismada en sus pensamientos. La factura es tremendamente abocetada, aplicando el óleo con rápidos toques de pincel empastado, apreciándose la textura de los pigmentos en el lienzo sin dificultad. Las tonalidades oscuras corresponden a este periodo de Nuenen, a excepción de los trabajos ejecutados en la nieve como la Vieja estación de Eindhoven o la Torre del cementerio de Nuenen con nieve.
obra
A lo largo del invierno de 1884-1885 Van Gogh impartirá lecciones de pintura a algunos aficionados en Eindhoven, destacando entre sus alumnos el curtidor Anton C. Kerssemakers iniciándose una estrecha amistad. En esos viajes a Eindhoven, Vincent contemplará la vieja estación de ferrocarril y la plasmará en sus lienzos, en este caso con nieve. La imagen está tomada directamente del natural, interesándose el maestro por la impresión del invierno más que por elementos concretos. De esa manera, emplea una pincelada rápida, empastada y deshecha que no repara en detalles, aplicando el color a base de toques, casi manchas. El blanco de la nieve ocupa el lugar determinante contrastando con los tonos oscuros de los edificios de la estación y el camino por el que transitan algunas figuras. Los árboles marchitos forman un entramado de líneas verticales, dotando de un aspecto inacabado a la composición en la zona superior.
obra
Entre las obras realizadas por Velázquez durante su etapa sevillana, Vieja friendo huevos es una de las pocas que se fechan casi con total seguridad, apostándose por el año 1618. Su popularidad ha hecho de ella una de las escenas más significativas del Barroco español. El asunto tratado por el maestro supone una absoluta novedad, ya que hasta ahora nadie se había atrevido a representar en la pintura española escenas tan aparentemente triviales como ésta. En primer plano vemos a una anciana cocinando unos huevos en un hornillo de barro cocido, junto a un muchacho que porta un melón de invierno y una frasca de vino. Ambas figuras se recortan sobre un fondo neutro, empleado para destacar aun más los contrastes entre la luz y la sombra, una de las características que le sitúan en la órbita del Naturalismo tenebrista. En la zona de la derecha contemplamos uno de los mejores bodegones del arte español, formado por varios elementos metálicos, vasijas de cerámica y una cebolla colorada. Para que el espectador pueda contemplar con más facilidad estos elementos, el maestro nos levanta el plano de la mesa y el hornillo de barro, empleando de esta manera una doble perspectiva con la que se anticipa a los impresionistas. El realismo de los personajes es digno de mención; la suciedad del paño con el que se cubre la cabeza la anciana o el corte del pelo del muchacho nos trasladan al mundo popular que contemplaba a menudo Velázquez. Incluso se piensa que la anciana podría ser el retrato de su suegra, María del Páramo, mientras que el muchacho sería un ayudante de su taller, posiblemente Diego Melgar. Los tonos empleados indican el conocimiento de obras de Caravaggio, bien a través de copias bien de grabados; así destaca el uso de los tonos ocres y pardos que contrasta con el blanco, reafirmando ese contraste la utilización de tonalidades negras. La minuciosidad de la pincelada, a base de pequeños toques que apenas son apreciables, contrasta con la factura suelta de sus últimas obras como Las Meninas. Más intrascendente es el debate provocado entre los especialistas por la manera que la anciana prepara los huevos, afirmando unos que los está friendo, otros que los está escalfando y otros que los cuece.
obra
Algunos especialistas dudan de la originalidad de este lienzo, considerando que se trata de una copia antigua de una obra realizada por Murillo en su etapa juvenil. Nos encontramos ante una figura en primer plano que dirige su mirada al espectador, recortada sobre un fondo neutro e iluminada por un potente foco de luz desde la izquierda, características definitorias del naturalismo tenebrista tomado de Caravaggio y Ribera. Las escenas populares serán una de las temáticas más interesantes en la producción de Murillo, mostrando la vida cotidiana de ancianas y niños como en Niños comiendo melón y uvas o las Gallegas en la ventana. El excelente dibujo, la pincelada apretada y las tonalidades oscuras son elementos identificativos de esta primera etapa.