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monumento
La Tumba del Elefante, en la necrópolis romana de Carmona (Sevilla), debe el nombre a una pequeña escultura recuperada en su interior. Por una empinada escalera se accede a un área trapezoidal, con un pasillo en su centro y dos amplios espacios sobreelevados a cada lado; en este lugar aún son visibles dos triclinia, esto es, los lugares donde se celebraban los banquetes funerarios, labrados en la propia piedra del cerro; a él se abren también una pequeña cámara de planta trapecial con vestigios de un banco y de una escultura del dios Atis, un pozo y un estanque, relacionados con un nicho presidido por el relieve de un personaje velado. Al fondo existen tres cámaras: una central, de planta rectangular, con un nuevo triclinio, otra septentrional, que es la verdadera cámara funeraria, y una tercera meridional, posiblemente una cocina; las dos primeras se encuentran comunicadas entre sí, de forma que desde la cámara principal resultaba visible la escultura de un elefante que aparecía en un lateral de la cámara funeraria. Manuel Bendala, el estudioso de este monumento, considera que más que de una tumba propiamente dicha se trata en realidad de un santuario del culto de Cibeles y Atis, que propugnaba para sus adeptos la creencia en la inmortalidad; con ello hay que relacionar la aparición de los relieves del dios Atis y de un sacerdote de Cibeles, así como de una piedra cónica que podría tratarse de un betilo, símbolo y representación de la propia diosa. Según Bendala, el triclinio de la cámara principal sería en realidad un santuario metroaco, en el que los seguidores de la divinidad se reunirían en las solemnidades correspondientes; durante el solsticio de invierno, el día 25 de diciembre, el sol del amanecer penetra en el interior de la cámara por un tragaluz abierto sobre la puerta de entrada y se proyecta contra la pared trasera, donde posiblemente existió un relieve alusivo a la divinidad. La tumba no sería por tanto una tumba cualquiera, sino que estaría en relación con el culto de Atis y Cibeles, sirviendo de santuario al mismo tiempo que de tumba, a los adeptos de este culto.
monumento
Construida a principios del siglo V d.C., en una terraza baja, junto a un río, en la ciudad de Osaka. Se trata de uno de los monumentos más grandes de toda la antigüedad y fue concebido para albergar la tumba del Emperador japonés Nintoku. Tenía 486 m. de largo y su tumba preside un cementerio compuesto por 15 túmulos funerarios; todo el conjunto recibió el nombre de Mozu, albergando los restos de otros emperadores y nobles japoneses. La forma de la tumba tiene la típica apariencia de ojo de cerradura, característica en gran parte de los complejos funerarios de los primeros emperadores de Japón. El mausoleo entero ocupa una extensión de 32,3 hectáreas y el túmulo principal constaba de tres niveles o terrazas, con un saliente en cada uno de los lados de la plataforma frontal; una vez levantado, ésta se cubrió con guijarros. En 1872, un corrimiento de tierras derrumbó parte de la plataforma delantera, dejando al descubierto una pequeña cámara funeraria de piedra, similar a un pozo, que albergaba un sarcófago, cuyo interior contenía una armadura y diversas armas de hierro; no se trataba, sin embargo, de la tumba de Nintoku sino de una figura secundaria, quizás un noble. Del estudio de otras tumbas menores con forma de ojo de cerradura en las que sí se han llevado a cabo excavaciones, se deduce que la tumba del Emperador está debajo del túmulo circular, situado en la parte posterior.
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En la China central, a 64 km. de la ciudad de Xi'an, los arqueólogos hicieron en 1974 un hallazgo extraordinario, la tumba del primer emperador Qin, fallecido en el año 210 a.C. Hasta el momento han sido descubiertas cuatro secciones subterráneas separadas, designadas fosas 1 a 4, que cubren un área de unos 20.000 m2. Cerca del túnel imperial apareció algo que no estaba reflejado en ningún documento conocido: un ejército de terracota preparado para entrar en combate, con sus caballos y carros de guerra. Las figuras representan al ejército del emperador, quien debía velarle y protegerle en su vida de ultratumba. Dispuestas en perfecto orden de batalla, los ejércitos se encuentran, conforme a la costumbre de la época, repartidos en tres columnas y con su estado mayor. Las estatuas están dotadas de gran realismo, habiendo sido originalmente pintadas de distintos colores. El ejército de terracota no fue producido en serie ni con moldes, sino que cada figura fue modelada individualmente. Detalles de los cuerpos o del uniforme, las caras, los peinados, las armas o el rango, cada soldado pertenece a una unidad diferente y en su rostro se puede averiguar hasta su procedencia étnica. Solemnes y marciales como corresponde a la guardia del emperador, los guerreros tienen una altura algo superior a la de un hombre normal. Los más de 1.500 artesanos que intervinieron en su construcción se cuidaron de reflejar cuatro unidades básicas: una vanguardia de arqueros a pie, sin armadura; dos unidades de caballería y carros, y una unidad más de caballería y de carros repartida en ocho corredores. Las investigaciones, aún en curso, desvelan que están enterradas unas 8.000 estatuas, de las que se han recuperado hasta ahora unas 1.300.
obra
Estas dos figuras forman parte de un grandioso ejército que se enterró, distribuido en cuatro fosas, para proteger la tumba del emperador Qin Shi Huang Di de robos y saqueos. Cada figura representa individualmente a tamaño real, perfectamente uniformados y formados a cada uno de los miembros que formaban el ejército imperial.
monumento
En la China central, a 40 km. de la ciudad de Xi'an, los arqueólogos hicieron en 1974 un hallazgo extraordinario, la tumba del primer emperador Qin, fallecido en el año 210 a.C. Hasta el momento han sido descubiertas cuatro secciones subterráneas separadas, designadas fosas 1 a 4, que cubren un área de unos 20.000 m2. Cerca del túnel imperial apareció algo que no estaba reflejado en ningún documento conocido: un ejército de terracota preparado para entrar en combate, con sus caballos y carros de guerra. Las figuras representan al ejército del emperador, quien debía velarle y protegerle en su vida de ultratumba. Dispuestas en perfecto orden de batalla, los ejércitos se encuentran, conforme a la costumbre de la época, repartidos en tres columnas y con su estado mayor. Las estatuas están dotadas de gran realismo, habiendo sido originalmente pintadas de distintos colores. El ejército de terracota no fue producido en serie ni con moldes, sino que cada figura fue modelada individualmente. Detalles de los cuerpos o del uniforme, las caras, los peinados, las armas o el rango, cada soldado pertenece a una unidad diferente y en su rostro se puede averiguar hasta su procedencia étnica. Solemnes y marciales como corresponde a la guardia del emperador, los guerreros tienen una altura algo superior a la de un hombre normal. Los más de 1.500 artesanos que intervinieron en su construcción se cuidaron de reflejar cuatro unidades básicas: una vanguardia de arqueros a pie, sin armadura; dos unidades de caballería y carros, y una unidad más de caballería y de carros repartida en ocho corredores. Las investigaciones, aún en curso, desvelan que están enterradas unas 8.000 estatuas, de las que se han recuperado hasta ahora unas 1.300.
obra
En 1974 se comienzan las excavaciones arqueológicas en torno al monte Li. El resultado de las labores de investigación fue un sorprendente hallazgo: la representación a tamaño real de cada uno de los miembros del ejército imperial de Qinshi Huangdi. En total unas siete mil figuras perfectamente formadas y caracterizadas con sus rasgos individuales. Se aprecia aquí la técnica que se utiliza a base de pequeñas placas.