Estudio y clasificación de los elementos en orden cronológico. Empleado en distintas ciencias es uno de los métodos más frecuentes en arqueología.
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Algunos retratos de Pisanello, como el de Ginevra d'Este (París, Museo del Louvre) y Lionello d'Este (Bergamo, Academia Carrara), en los que el personaje aparece de perfil, constituyen, en cambio, un ejemplo de continuidad con soluciones preexistentes debida a la peculiar personalidad artística de este pintor. Baste compararlo con otros retratos en los que el personaje aparece de perfil, como los del Díptico de Federico Montefeltro y Battista Sforza (Florencia, Uffizi), de Piero della Francesca, para comprobar las diferencias que los separan. Mientras los retratos de Pisanello son una renovación del lenguaje preexistente, los de Piero de la Francesca constituyen una clara afirmación de los principios de la nueva pintura. En estos últimos, el fondo de paisaje sobre el que se recortan ambos personajes aparece tratado mediante una perspectiva aérea que hace que el individuo se muestre en estrecha relación con el paisaje. La tipología del retrato de perfil tiene una estrecha correspondencia con otra manifestación artística íntimamente unida a la idea de conmemoración y fijación en la Historia: la medalla. Aunque había sido una práctica cultivada durante la Edad Media, en el Quattrocento adquiere una gran relevancia en relación con el retrato gracias a la iniciativa llevada a cabo por Pisanello que realizó veinticuatro medallas entre 1438 y 1450. En el caso de la medalla no puede hablarse de la recuperación de un género antiguo, pues era continuación de una práctica ininterrumpida a la que ahora se le otorgaban nuevos valores de representación. Para la historia del retrato en el Quattrocento la medalla posee una importancia fundamental, al ser piezas de carácter autónomo, transportable e independiente y que comportaban un panegírico o alegoría relativa a la virtù del retratado. Incluso la medalla se convierte en un género en el que se han conservado retratos de humanistas, como el de L. B. Alberti (París, Louvre). Por otra parte, la medalla asume otro papel importante en el contexto artístico y social del Quattrocento al convertirse en un objeto que formaba parte de las colecciones de los principales mecenas de la época. Aunque la tipología de retrato de perfil se mantiene en Italia a lo largo de todo el siglo XV, paralelamente surgieron nuevas tipologías que culminaron en la creación por Leonardo del retrato clasicista. Hacia 1450 se producen innovaciones importantes con respecto al convencional retrato de perfil. El Retrato masculino (Washington, National Gallery), de Andrea del Castagno, pintado hacia 1450, muestra al personaje en posición de tres cuartos mirando al espectador y destacándose sobre un fondo de celaje. Solución que tendrá otra variante en el retrato frontal, como por ejemplo el Retrato de joven (Londres, National Gallery), pintado en 1483 por Botticelli. Una renovación paralela a la que acabamos de comentar lo constituye, en el campo de la escultura, la aparición del busto surgido como recuperación de una tipología clásica. Una novedad importante es que el busto carece de pedestal y su base está formada por un plano derivado de cortar la escultura al ras, solución que se ha querido poner en relación con los bustos relicarios medievales, y que tendrá un amplio desarrollo a lo largo del Quattrocento.
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Pese a ser la célula básica de la sociedad, unidad de producción económica y de reproducción biológica y social y pieza clave en la transmisión de bienes materiales, el estudio de la familia moderna, tras un primer planteamiento en el siglo XIX -del que interesan, sobre todo, las aportaciones de F. Le Play- no ha sido emprendido sistemáticamente sino en fecha reciente, al compás del desarrollo de la demografía histórica. En Francia, Ph. Ariès, en el campo de la historia de las mentalidades, investigaba el papel del niño en la vida familiar y algo más tarde, en Inglaterra, P. Laslett y el denominado Grupo de Cambridge, condicionados por la mediocre calidad de sus registros parroquiales, se centraban en el estudio de las estructuras familiares, elaborando una metodología susceptible de ser aplicada a realidades dispares. Serán estas cuestiones relativas a las estructuras familiares y su incardinación social las que nos ocupen ahora, abordándose en un capítulo posterior el estudio de otros aspectos también relacionados con la familia y la vida familiar. Las primeras conclusiones del Grupo de Cambridge (1972) rechazaron el modelo evolutivo de las estructuras familiares propuesto por F. Le Play para los siglos modernos -del predominio de familias complejas y muy numerosas al de la familia nuclear-. Investigaciones posteriores han señalado la ya insinuada por Ariès coexistencia en Europa, desde muy antiguo, de diversos modelos familiares -sobre cuyos orígenes, sin embargo, apenas se sabe nada-, fruto de la variedad de tradiciones y formulaciones del derecho hereditario y de las no menos diversas formas de explotación económica, los más importantes de los cuales serían, desde la perspectiva cultural adoptada por A. Burguière, estos tres: a) Familia comunitaria, en la que conviven diversos núcleos matrimoniales, de padres e hijos u otras combinaciones de parentesco, como las hermandades (varios hermanos casados). Relacionada con prácticas hereditarias desigualitarias y con la necesidad de acumular gran cantidad de mano de obra no remunerada, se daba frecuentemente en los grandes dominios señoriales de la Europa del Este (Rusia, Polonia), así como en determinadas zonas de aparcería (Poitou, Auvernia o las mezzadria de Italia central, por ejemplo) o de dominio indiviso (zadruga serbia, por ejemplo). b) Familia troncal, en la que los padres conviven con el matrimonio de uno de sus hijos -el heredero de todos los bienes-; los demás permanecerán solteros en la misma casa, se integrarán, casados, en otra o bien emigrarán. Era característica, entre otros ámbitos, de zonas montañosas y ganaderas, de hábitat disperso, en que junto con la hacienda se heredaban también, por ejemplo, participaciones en bienes comunales y podía encontrarse en muy diversas zonas: norte de Portugal, Francia meridional, zona alpina, Países Bálticos... c) Familia nuclear, conyugal o simple, compuesta exclusivamente por la pareja y sus hijos solteros, quienes al contraer matrimonio abandonaban el hogar paterno constituyendo el suyo propio (neolocalismo). Presente en toda Europa, predominaba en el cuadrante Noroeste, podía ser numerosa en la Europa meridional y central (en Francia abundaba mucho más en el Norte que en el Sur) y estaba menos presente en el Este. Tratándose de la estructura más flexible, se adaptaba por igual a prácticas hereditarias igualitarias y a las que privilegiaban a un heredero y no solía ser raro que algunos de los hijos abandonaran el hogar antes del matrimonio para conseguir o mejorar sus recursos de cara a su establecimiento independiente, que estaría condicionado (y con él la edad del matrimonio) por las condiciones económicas generales. Aunque no se ha podido establecer con claridad la evolución a largo plazo entre los distintos modelos familiares, lo cierto es que los cambios socioeconómicos del siglo XVIII, y su prosecución en el XIX, terminaron jugando a favor de la familia conyugal. La difusión de la industria en el mundo rural, proporcionando empleos y salarios no agrícolas, tendía a resquebrajar las bases de las familias complejas. El crecimiento demográfico, aumentando el número de hermanos solteros dependientes del heredero, y la inevitable necesidad de terminar fragmentando los patrimonios, las empujará hasta el límite de su lógica. Frente a ellas, la mayor flexibilidad de la familia nuclear, su facilidad de constitución al margen de estructuras heredadas, su mayor viabilidad en el medio urbano, su asimilación del espíritu de empresa -cada matrimonio debía iniciar su propia hacienda- hicieron que se adaptara mejor a los nuevos tiempos. La promulgación de códigos civiles en el siglo XIX -el ejemplo del código napoleónico francés de 1804 es clásico- que tendían a unificar el derecho hereditario de cada país, aunque sus disposiciones, en la práctica, tardaran en cumplirse, incidiría también en la tendencia a la uniformización de los modelos familiares.
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Se puede establecer el estudio de la tradición y la innovación de la porcelana Ming a través del análisis de los diferentes tipos cerámicos y, dentro de ello, siguiendo pormenorizadamente la producción realizada bajo los diecisiete emperadores de la dinastía. El tipo cerámico Azul y Blanco es, sin duda, el que ha caracterizado la porcelana Ming. Continúa la tradición heredada de los Yuan, ampliando sus posibilidades técnicas y decorativas. La producción de estas piezas se realizó en los hornos de Jaozhu y Jingdezhen, iniciándose a partir del siglo XVI una clara diferenciación en cuanto a formas y decoración entre la producción imperial y aquella destinada a la exportación (kraak, swatow, ko-sornetsuke...). En sus comienzos, se continuó utilizando el azul cobalto de exportación, combinándose en ocasiones con el azul nativo, dada la dificultad de conseguir el color extranjero a causa del cierre de algunos puertos por los avatares de la guerra. A partir del reinado de Xuande (1426-1453), se utilizó únicamente el azul nativo, compuesto de óxido de manganeso y por ello más expuesto a la aparición de manchas oscuras en la cocción. Coincidiendo con el cambio de pigmento, con Xuande se definió el estilo que caracterizaría a las piezas Azul y Blanco de esta dinastía, siempre guardando cada reinado sus características. Las tonalidades del azul nativo variarían desde el azul más intenso y limpio a tonos más oscuros debidos a los procesos de cocción. La pasta blanca sobre la que se aplicaban los pigmentos mantuvo su calidad y limpieza, donde resaltaron los motivos decorativos en azul. Es precisamente en el cambio de motivos decorativos y de formas donde se pueden analizar las modificaciones de los diferentes reinados. Se abandonaron definitivamente las formas con bordes polilobulados que tanto recordaban a la dinastía extranjera, prefiriendo sólidas formas bien definidas en todas sus partes (boca, cuello, hombros, pies...). El tamaño nunca influiría en la calidad: desde pequeños cuencos para el té, ánforas, servicios de mesa, hasta los más característicos del siglo XVII (asociados al mundo de los letrados: pinceles, cajas de escritorio...), todo estuvo realizado y pensado con el máximo cuidado de calidad técnica.
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Continuando la metodología empleada en el estudio de la porcelana de la dinastía Ming; analizaremos los diferentes tipos cerámicos, sus formas y decoración. Enlazando la producción de la porcelana Ming, Kangxi continuó la producción tan afamada de los tipos Azul y Blanco, los polícromos Er cai, Dou cai y Wu cai y los monocromos. A ellos se incorporaron nuevos tipos polícromos conocidos en Occidente como Familia Verde, Familia Rosa, Familia Negra. Los Azul y Blanco, cuya maestría corresponde a la dinastía Ming, continuaron utilizando el azul cobalto local, que había sustituido en la dinastía precedente al azul muhammed o azul extranjero. Bajo Kangxi, las más bellas piezas estuvieron decoradas con dos tonalidades de azul denominadas zafiro y púrpura, aplicadas tanto con pincel como con la técnica de soplado -los polvos del barniz se aplican a la pieza soplando por un tubo de bambú en cuyo extremo final se coloca una pequeña red para espolvorear sobre la superficie-, distinguiéndose la calidad del color dependiendo de su destinatario. Aquellas destinadas a la corte presentaban una clara diferencia frente a las producidas masivamente para la exportación. Durante el reinado de Yongzheng las piezas en Azul y Blanco continuaron mostrando una gran calidad técnica, muy especialmente en su aplicación a base de contornos muy perfilados, mientras que en los siguientes reinados descendió su calidad, ya que se dedicaban casi exclusivamente al gran mercado exterior o para las copias de piezas Ming. Las piezas polícromas, Er cai, Dou cai y San cai, difieren muy poco de las realizadas durante la dinastía Ming. Continúa la combinación de barnices y esmaltes de diferentes colores de tonalidades intensas. Pero los nuevos tipos polícromos de la dinastía Qing se conocen bajo la denominación de familias verde, rosa, amarilla y negra. Esta terminología occidental, e ignorada en China, se debe a Albert Jacquemart, quien los definió por primera vez en su obra "Historie artistique, industrielle et commerciale de la porcelaine" (París 1862); en China se conocen con el nombre de ying cai o colores brillantes. Bajo estos términos se engloba a las piezas cuya decoración polícroma tiene como protagonista a un color, sea éste el verde, el negro, el rosa o el amarillo. Así la llamada Familia Verde hace referencia a aquellas piezas en las que el esmalte verde, con sus diferentes tonalidades, destaca sobre el uso de otros colores. Este tipo decorativo se creó durante el reinado de Kangxi, conformando piezas de gran calidad. Tanto la decoración como las formas presentan una gran variedad: pájaros y flores, paisajes, escenas tomadas de novelas o relatos históricos..., aplicados sobre platos, incensarios, teteras, figuras, acoplándose siempre la decoración a la forma. Junto al color verde, se aplicaron el negro, rojo de cobre, azul cobalto y sus múltiples combinaciones. De la producción de la Familia Verde, destacan los platos destinados a festejar el sesenta cumpleaños del emperador Kangxi; su cuerpo, de gran calidad, acoge una decoración central de pájaros y flores, así como de hermosas muchachas; en sus bordes, la inscripción destinada a felicitar al soberano: "Larga vida sin límites". La producción de piezas de la Familia Verde continuó durante los siglos XVIII y XIX, siendo en algunos períodos sustituidas, en el favor de la corte, por las piezas de la Familia Rosa. El color rosa que dio nombre a una nueva categoría decorativa, fue introducido en China a comienzos del siglo XVIII por los jesuitas. En sus comienzos se aplicó preferentemente en los talleres de esmalte, y una vez dominada su técnica se traspasó a las porcelanas. El color rosa deriva del cloruro de oro y de estaño, siendo un precipitado del oro; su opacidad se consigue con la aplicación de óxido de estaño. Al igual que el verde, el color rosa presenta una amplia gama de tonos, del más intenso próximo a la fresa, al pétalo de rosa. Asociados al rosa se combinan una serie de esmaltes, también de carácter foráneo, como el azul, turquesa, verde, amarillo o rojo. Desde el punto de vista decorativo, las piezas de la Familia Rosa difieren de las de la Familia Verde por su tratamiento meticuloso, y por la estabilidad del esmalte que permite conseguir una mayor variedad tonal. La mayoría de ellas fueron realizadas durante los reinados de los emperadores Yongzheng y Qianlong, considerándose éstas de gran calidad. El siglo XIX fue prolífico también en este tipo de piezas, de calidad muy inferior y en su mayor parte destinadas a la exportación. Las piezas negras y marrones derivaron de una gran variedad de óxidos de hierro, usados en diferentes combinaciones y con distintos tipos de cocción. Cuanto mayor fuera la concentración de hierro en el barniz, más oscura resultaba la tonalidad. Este tipo de piezas, tratadas a altas temperaturas, no debe confundirse con aquellas de esmaltes opacos, cuyos efectos cromáticos se consiguieron añadiendo esmalte de cobre sobre el negro. El uso de estas tonalidades oscuras no debe considerarse una innovación de la dinastía Qing, puesto que ya durante la dinastía Song se fabricaron piezas cerámicas negras o marrones muy oscuras, generalmente de pequeño tamaño, y relacionadas con la ceremonia del té. Las piezas de la Familia Negra fueron muy populares durante el reinado de Kangxi, continuándose su producción con los emperadores Yongzheng y Qianlong.
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1.- Recogimientos para doncellas, viudas y abandonadas: Estas doncellas eran hijas de españoles pero que no poseían dote. Cuando la mujer enviudaba, se anulaba el matrimonio o se divorciaba, se volvía a plantear en ellas un problema de subsistencia. De este modo, se les proporcionaba casas de recogimiento, con la finalidad de evitar el amancebamiento y deshonestidades. Este tipo de centro aparece a mitad del siglo XVI y persisten hasta la segunda mitad del XIX. 2.- Recogimientos para mujeres arrepentidas; que de propia voluntad deseaban dejar la mala vida para entregarse a una vida en oración y penitencia. 3.- Recogimientos para mujeres delincuentes: Éstas funcionaron a manera de prisiones. Aquí recibían a las mujeres sentenciadas por diversos tribunales. También fue llamado de penitencia, y recibían a las mujeres perdidas "pecadoras distinguidas y pecadoras de calidad". Hacían vida monacal rigurosa, y la mayoría se quedaba ahí toda su vida. 4.- Recogimientos para mujeres casadas: Aquí se alojaban mujeres casadas en trámite de divorcio. Eran principalmente esposas acusadas de adulterio por sus maridos, o amancebadas acusadas por las esposas ofendidas. Este tipo de recogimiento se convirtió poco a poco en prisión contra el matrimonio. A las casadas inocentes, víctimas de maridos adúlteros, eran depositadas en casas de honra. Gráfico 5.- Recogimientos para mujeres pobres de cualquier calidad: Se funda en el siglo XVII. La vida que se llevaba aquí era terriblemente austera. Con el tiempo empezaron a enviar mujeres acusadas de algún delito. Algunas mujeres ingresaban con sus hijas, niñas y adolescentes, por lo se hizo necesaria una sección de colegio. En este recogimiento se admitían prácticamente casi todo tipo de mujeres de delitos mayores, así como a mujeres casadas o viudas, sus hijas "doncellas inocentes", solteras con experiencia y prostitutas. Se partía de la idea de que la convivencia con mujeres virtuosas favorecía el cambio de conducta de las prostitutas por el buen ejemplo que las obligaba a imitarlas.