Busqueda de contenidos

contexto
Durante ese período los atenienses vivían distribuidos en pequeñas polis, con sus órganos de gobierno agrupados en torno a señores aristocráticos que concentraban en el oikos la actividad económica. Desde Teseo, los oikoi se unifican en un solo órgano político, con lo que desaparece la anterior función regia y se crea una nueva solidaridad que tiene su manifestación en la nueva polis, con una sola boulé y un solo pritaneo, gobernada por los arcontes. La tradición es capaz de reproducir nombres de arcontes desde el siglo XI. El proceso de transformación largo y seguramente conflictivo, que para alcanzar su plenitud hubo de durar con toda probabilidad a lo largo del período oscuro, queda sintetizado en el mito de Teseo. El período oscuro aparece dominado por la aristocracia gentilicia, con referencia a basilei, que tienden a quedar relegados frente a los arcontes vitalicios, representativos de un alargamiento del sistema, donde las rivalidades familiares se disuelven en la nueva solidaridad, necesaria para afianzar las nuevas formas de control de los bienes, cada vez más atractivos, y para resistir a las presiones de una población creciente. En esa época se consolida el sistema por el que cada una de las cuatro tribus (phylai) está dividida en tres phratríai y cada una de éstas en un número indeterminado de eugeneis, los de un genos conocido, gnorismoi, que monopolizan el mérito de las antiguas hazañas de guerras, aristeiai, y se erigen en áristoi, capaces de competir por la basileia. Pero frente a la competitividad se impone la solidaridad del sinecismo y el poder se ejerce por nueve arcontes, uno más destacado que da nombre al año, epónimo; otro que recibe el poder militar, polemarco, seguramente heredero del jefe del ejército regio, cuando el rey sobrevivía a pesar de no ser capaz de dirigir las fuerzas militares o no querer, porque tenía ya el suficiente prestigio para nombrar a un colaborador dedicado a ello; el tercero heredaría, como sacerdote, el título de basileus; finalmente, otros seis se encargan del establecimiento y custodia de las normas legales, thesmoi, los tesmótetas.
obra
Esta tesera, encontrada en la provincia de Teruel, recoge y muestra de forma gráfica -por las manos unidas- el carácter firme del vínculo establecido con el hospitium o pacto de hospitalidad entre dos individuos -uno de los cuales sería el P. Turullius que figura en la inscripción- o entre este personaje romano y alguna comunidad asentada en la zona. No podemos saber nada más porque falta precisamente la mitad de la pieza, similar a ésta, en la que figuraría el nombre de quienes pactaron con P. Turullius, mitad que estaría en poder de este último. La mitad conservada, por tanto, perteneció a la otra parte. Ambas mitades se ensamblarían por las dos muescas de los extremos, una vez reunidas. Esta pieza se halla en el Museo Arqueológico Nacional.
obra
En el castro de Las Labradas, en las cercanías de la localidad zamorana de Arrabalde, se encontró un importante tesoro integrado por más de cincuenta piezas de oro y plata que se conservan en el Museo de Zamora. Cobijados en un gran vaso cerámico aparecieron una buena cantidad de fíbulas, torques, brazaletes, colgantes, pendientes, anillos, diademas o ceñidores. Entre las piezas destaca el Brazalete espiraliforme de plata.
obra
Este brazalete de 12 espiras procedente del Tesoro de Arrabalde se confeccionó en una cinta de plata, aplanada y más ancha en las tres últimas espiras, cuyos extremos se remataron en un perfil de cabeza de serpiente. Destaca sobre estas vueltas finales la precisa decoración troquelada a base de triángulos rellenos de granetti y chevrons, separados por una banda de puntos. Como bien se ha apuntado, resulta fácil ver en ellos una influencia de los ibéricos, pues en ambos, además, se observa el mismo remate de ofidios. Sin embargo, la reserva ornamental de las espiras centrales, y la mayor anchura y aplanamiento de las exteriores aportan cierta singularidad a los brazaletes espiraliformes meseteños frente a los ibéricos.
obra
Entre las fíbulas celtibéricas cabría mencionar especialmente las simétricas inspiradas en esquemas propios de La Tène, pero cuyos detalles decorativos las convierten en productos de fuerte originalidad en el ámbito celtibérico. En la misma se sitúan las anulares hispánicas, caso del extraordinario ejemplar de Arrabalde 1, donde aro y puente se recargan de hilillos de oro y gránulos, dejando únicamente libre la parte más elevada del grueso puente; incluso se le han añadido en el anillo dos salientes circulares perforados, como si se tratara de dos pequeñas orejetas, cuya función es sólo decorativa
video
El llamado Tesoro de Atreo en Micenas es el ejemplo más sobresaliente de las tumbas de cámara o de tholos. Estaría construida aproximadamente en los años 1250-1220 a.C. y ya en la Antigüedad se podía visitar, interpretándose como un lugar de almacenamiento de las riquezas de los príncipes. Cuando fue descubierta por Schliemann, entre 1874-76, el arqueólogo consideró que se trataba de la tumba de Agamenón. A la cámara sepulcral se accede por un corredor llamado dromos, a cielo abierto y de trazado horizontal, bordeado por altos muros de piedras bien labradas. El dromos del Tesoro de Atreo mide 36 metros de largo por 6 de ancho, alcanzando sus paredes laterales los 14 metros de altura. El dromos conduce a una gran puerta, de forma trapezoidal, con 5x4 metros de alto y 2x6 de ancho. Sobre ella se encuentra un arco triangular de descarga formado por bloques dispuestos en saledizo. La puerta permite entrar en el pasillo interior o stomion, cubierto con dos dinteles de piedra de un metro de espesor. La cámara sepulcral se halla excavada en la roca, recubiertos sus muros por hiladas de piedra que van estrechando el diámetro interior hasta cerrarse en lo alto para formar la llamada falsa cúpula. Tiene una altura de 14 metros, casi la misma dimensión del diámetro. En un lado de la cámara se abre una portezuela que da a una reducida habitación excavada en la roca, la cámara sepulcral propiamente dicha.
monumento
El grupo más importante y completo de thóloi se encuentra en Micenas. Su estudio ha permitido fijar las etapas de la evolución tipológica y de las técnicas de construcción. De todos ellos, el más completo e impresionante es el llamado Tesoro de Atreo, pues ya en la Antigüedad se podía visitar y era interpretado como lugar de almacenamiento de las riquezas de los príncipes. La visita de este colosal complejo sigue siendo hoy día uno de los momentos culminantes en un viaje a Micenas, a pesar de su desnudez, por estar desprovisto de todos los elementos que decoraban su fachada y el interior de la cámara. El dromos es extremadamente largo, unos 36 m por 6 m de ancho. En el punto de encuentro del dromos con la fachada, los muros del corredor alcanzan los 14 m de altura. El vano de la puerta, de forma trapezoidal, es también enorme: 5,4 x 2,6 m y da acceso al stomion o pasillo interior, cubierto por dos enormes dinteles de piedra, de 1 m de espesor y un peso aproximado de 120 toneladas el mayor de ellos. El bloque interior, de 8 x 5 m, presenta su cara lateral tallada siguiendo el contorno circular de la cámara; ésta se compone de 33 hiladas de piedra hasta alcanzar unos 14 m de altura, la misma dimensión de su diámetro. En un lado de la cámara se abre una portezuela que da a una reducida habitación excavada en la roca, la cámara sepulcral propiamente dicha. Por encima de la cúpula, varias capas de arcilla apisonada impermeabilizan el conjunto, encima de éste se amontonó tierra hasta formar un montículo de unos 18 m de altura.
obra
El dromos o corredor del Tesoro de Atreo, de 36 m de longitud, lleva al interior de la cámara, una falsa cúpula de unos 14 m de diámetro y otros tantos de altura. La decoración de la cúpula consistía en una serie de rosetas de bronce clavadas, imitando el cielo tachonado de estrellas. La fachada exterior de la entrada conservaba aún restos de su decoración, retirados ya en el siglo XIX y guardados en el Museo Nacional de Atenas y en el Museo Británico. Consistía en dos enormes semicolumnas con relieves en el fuste, de piedra roja y verde, además de placas labradas con toros y motivos geométricos, utilizadas para ocultar el triángulo de descarga sobre el dintel. El vano de la entrada se cerraba con grandes puertas de madera forradas con planchas de bronce, de las que nada ha quedado salvo huellas de sus goznes y fallebas. El conjunto fue recubierto por una colina artificial.
obra
El grupo más importante y completo de thóloi se encuentra en Micenas. Su estudio ha permitido fijar las etapas de la evolución tipológica y de las técnicas de construcción. De todos ellos, el más completo e impresionante es el llamado Tesoro de Atreo, pues ya en la Antigüedad se podía visitar y era interpretado como lugar de almacenamiento de las riquezas de los príncipes. La visita de este colosal complejo sigue siendo hoy día uno de los momentos culminantes en un viaje a Micenas, a pesar de su desnudez, por estar desprovisto de todos los elementos que decoraban su fachada y el interior de la cámara. El dromos es extremadamente largo, unos 36 m por 6 m de ancho. En el punto de encuentro del dromos con la fachada, los muros del corredor alcanzan los 14 m de altura. El vano de la puerta, de forma trapezoidal, es también enorme: 5,4 x 2,6 m y da acceso al stomion o pasillo interior, cubierto por dos enormes dinteles de piedra, de 1 m de espesor y un peso aproximado de 120 toneladas el mayor de ellos. El bloque interior, de 8 x 5 m, presenta su cara lateral tallada siguiendo el contorno circular de la cámara; ésta se compone de 33 hiladas de piedra hasta alcanzar unos 14 m de altura, la misma dimensión de su diámetro. En un lado de la cámara se abre una portezuela que da a una reducida habitación excavada en la roca, la cámara sepulcral propiamente dicha. Por encima de la cúpula, varias capas de arcilla apisonada impermeabilizan el conjunto, encima de éste se amontonó tierra hasta formar un montículo de unos 18 m de altura.
obra
Estas joyas de oro forman parte del Tesoro de Bentarique (Almería), compuesto en total por dos ajorcas o brazaletes repujados, un collar de filigrana y nueve collares de aljófares con un medallón de oro. Completaban el lote dos brazaletes de plata y un collar de piedras de colores. Las ajorcas o brazaletes, de gran volumen, no son de oro macizo: están formadas por dos láminas que envuelven un núcleo de pasta ligera. De igual modo, en el collar grande se consigue dar, gracias a la filigrana, un cierto volumen y efectos preciosistas con poco material. Este Tesoro fue hallado en Bentarique, localidad de la Alpujarra almeriense, en el año 1896, y se compró para el Museo Arqueológico Nacional por 35.000 pesetas en 1922. Se trata de la clásica ocultación de bienes preciosos realizada por sus propietarios ante la existencia de una amenaza inminente, quizás, en este caso, el avance cristiano hacia Granada en las vísperas del año 1492. Las piezas estaban escondidas en una vasija de cerámica.