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El conjunto de piezas de Bodonal de la Sierra (Badajoz), perteneciente al Bronce Final, esta formado por fragmentos de torques de extremos ensanchados, similares a los del área irlandesa, y lingotes de oro en forma de brazaletes. Aparecieron como material de deshecho dentro de un vaso cerámico. Se interpreta como el conjunto de piezas que un orfebre iba a fundir hacia el siglo XII a.C.
monumento
<p>El Tesoro de Guarrazar es un conjunto excepcional de coronas y cruces votivas visigodas del siglo VII, hallado en 1858 en Guadamur (Toledo). Está realizado en oro, piedras preciosas y perlas, y fue ofrecido por reyes visigodos —como Recesvinto— a la Iglesia como símbolo de poder y devoción. Es una de las muestras más importantes del arte visigodo y se conserva hoy principalmente en el Museo Arqueológico Nacional de Madrid y el Musée de Cluny de París.</p>
obra
La conversión de Recaredo al catolicismo, y con ella la del todo el pueblo godo, inauguró una nueva relación entre la monarquía visigoda y la iglesia católica. A partir de ese momento, ésta ejercería la dirección espiritual del reino, marcando las normas de conducta a los reyes, y éstos se beneficiarían del carácter sagrado que la costumbre de la unción y la consagración les confería. Los reyes visigodos participaron de la tradición imperial, vigente desde Constantino, de ofrecer coronas votivas a las iglesias. Compartían así las mismas prácticas religiosas que los demás creyentes católicos, pero las ofrendas de los poderosos eran más ricas y lujosas, como correspondía al estatus del oferente. Las coronas y cruces, ofrecidas como exvotos por los reyes y nobles visigodos, probablemente se colgarían cerca del altar y servirían también para recordar a los creyentes el vínculo entre la monarquía, simbolizada por la corona, y la divinidad, representada por la cruz y el altar, legitimándose así el poder terrenal encarnado por el rey y su corte.
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El tesoro de Guarrazar se descubrió en el siglo XIX cerca de esta localidad toledana, en un escondrijo de la cámara lateral de una iglesia de crucero; se dispersó en el comercio de antigüedades, de forma que algunas de sus mejores joyas estuvieron casi un siglo en París, hasta la recuperación para el Museo Arqueológico Nacional en el intercambio realizado con Francia en 1941; otra parte pasó a la Armería Real por adquisición de Isabel II, donde sufrió expolios en 1921 y 1936, y ahora se conserva en el Palacio de Oriente. La parte fundamental del tesoro son las coronas votivas y las cruces; estas coronas se colgaban sobre los altares, de acuerdo con una costumbre bizantina que sabemos siguieron los emperadores Justiniano y Mauricio y la emperatriz Irene, en Santa Sofía de Constantinopla. La técnica de fabricación de las coronas votivas es muy variada, aunque el aspecto final resulte semejante. Las más sencillas están formadas por dos láminas de oro curvadas y unidas por una bisagra, con decoración repujada de roleos vegetales o círculos con rosetas, o con triángulos calados. En otros casos, las incisiones y grabados se combinan con cápsulas para contener gemas de diversas formas, y siempre hay filas de perlas o pedrería colgante en el borde inferior. Otro tipo de coronas tiene forma de enrejado con barrotes huecos que se empalman mediante cápsulas con piedras preciosas. La suspensión de estas coronas es mediante cadenas que se unen en una macolla de dos azucenas, y se complementan con cruces que colgarían más bajas en el centro. Los tipos de cruces son semejantes: de láminas recortadas con repujados o rótulos de los dedicantes, o de chapas sobre las que van soldadas las celdillas en las que se engastan las piedras.
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El Tesoro de Guarrazar se descubrió en el interior de una cámara de una iglesia muy cerca de la localidad toledana que le da nombre, en el siglo XIX. La parte fundamental del tesoro son las coronas votivas (entre las que destacan las dos de mayor riqueza, la de Recesvinto y la de Suintila) y las cruces que colgaban de ellas. Las piezas están realizadas en oro y piedras preciosas -como zafiros y perlas- con una técnica de engaste de pedrería muy parecida a la bizantina.
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El famoso Tesoro de Guarrazar está constituido por seis coronas y cinco cruces patadas de oro y pedrería. El conjunto de joyas fue hallado por unos campesinos, en 1858, junto a la Fuente de Guarrazar, situada al lado del camino que entonces unía Toledo con Guadamur y donde, probablemente, hubo un monasterio. El tesoro estaba guardado en dos fosas revestidas de hormigón, lo que indica la intención de ocultar estas joyas para protegerlas de un peligro inminente, que pudo tener lugar años después de la invasión musulmana. Durante los años que siguieron al descubrimiento, el Tesoro se dividió y muchas piezas se perdieron. En el año 1941 volvieron a España desde París buena parte de las coronas y desde entonces no han abandonado las salas del Museo Arqueológico Nacional. Esta cruz de gran tamaño que contemplamos, con zafiros alineados en el centro y perlas en los bordes corresponde al mismo estilo de la corona de Recesvinto.
museo
La catedral de Tortosa comenzó a construirse en el año 1347, concluyéndose las obras fundamentales dos siglos mas tarde. La fachada barroca es del siglo XVII. El interior, una elegantísima obra gótica, consta de tres naves de diferente altura, sin crucero y con ábside rodeado de girola. Son muy bellos los púlpitos góticos situados junto a las dos ultimas columnas y el coro. La sacristía alberga el Tesoro, con orfebrería, esmaltes, relicarios y tapices.
obra
En un recodo que forma la Vía Sacra en su empinado recorrido hasta el Templo de Apolo, a la entrada de la Estoa de los Atenienses, se levanta un templo pequeño erigido hacia el año 490. Es de orden dórico y tiene la forma canónica del thesauros con dos columnas in antis, obra de mármol de Paros. Lo que hoy vemos es la restauración llevada a cabo por los arqueólogos franceses en 1906 y, pese a la problemática inherente a ella, presenta la ventaja de devolvernos la idea original, la definición del orden dórico reducido a su esencia más sucinta. No faltaba en ella la decoración escultórica de frontones y metopas; aquéllos se han perdido; éstas, esculpidas con temas de amazonomaquia y hazañas del héroe ateniense Teseo y de Herakles, se conservan en el Museo de Delfos.
monumento
En un recodo que forma la Vía Sacra en su empinado recorrido hasta el Templo de Apolo, a la entrada de la Estoa de los Atenienses, se levanta un templo pequeño erigido hacia el año 490. Es de orden dórico y tiene la forma canónica del thesauros con dos columnas in antis, obra de mármol de Paros. Lo que hoy vemos es la restauración llevada a cabo por los arqueólogos franceses en 1906 y, pese a la problemática inherente a ella, presenta la ventaja de devolvernos la idea original, la definición del orden dórico reducido a su esencia más sucinta. No faltaba en ella la decoración escultórica de frontones y metopas; aquéllos se han perdido; éstas, esculpidas con temas de amazonomaquia y hazañas del héroe ateniense Teseo y de Herakles, se conservan en el Museo de Delfos.