En el lugar donde se levanta este templo se sitúa legendariamente el mito de la captura de Pegaso por Belerofonte. Se considera uno de los mejores ejemplos de la arquitectura dórica arcaica. Contaba con tres naves, dividas entre sí por dos hileras de columnas que, tal vez, soportaban un segundo piso. Conservamos de él estas siete columnas de estría viva.
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obra
Durante el Helenismo temprano podemos observar una significativa tendencia hacia lo grandioso en la arquitectura sacra, tal y como se manifiesta en el templo mayor de Dídima, cuyas obras serán tan ambiciosas que durarán siglos. El templo está dedicado a Apolo y destinado a su oráculo; es hoy, sin duda, el monumento griego más impresionante de cuantos se visitan en Turquía: sustituto de un templo menor, es como un gran recinto rodeado por un bosque de columnas jónicas, todo él hípetro (sin techo) y con el templete del dios en el centro. Pese a todos los trabajos y esfuerzos, incluso durante el imperio romano, no se pudo concluir.
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Contiguo al Teatro de Marcelo en el Campo de Marte, y recuperado también enteramente en las excavaciones arqueológicas iniciadas en los años veinte del siglo pasado, se encuentran el podio y tres columnas de algo más de 14 metros de alto del primer templo de Apolo que tuvo Roma. Fue construido a comienzos del principado de Augusto en sustitución de otro que, iniciado a partir de un altar, el llamado Apollinar, se remontaba al siglo V a. C., cuando Apollo Medicus, primer dios griego introducido en Roma, libró a la población de los efectos calamitosos de la peste.
monumento
En el lugar donde se levanta este templo se sitúa legendariamente el mito de la captura de Pegaso por Belerofonte. Se considera uno de los mejores ejemplos de la arquitectura dórica arcaica. Contaba con tres naves, dividas entre sí por dos hileras de columnas que, tal vez, soportaban un segundo piso. Conservamos de él estas siete columnas de estría viva.
monumento
Durante el Helenismo temprano podemos observar una significativa tendencia hacia lo grandioso en la arquitectura sacra, tal y como se manifiesta en el templo mayor de Dídima, cuyas obras serán tan ambiciosas que durarán siglos. El templo está dedicado a Apolo y destinado a su oráculo; es hoy, sin duda, el monumento griego más impresionante de cuantos se visitan en Turquía: sustituto de un templo menor, es como un gran recinto rodeado por un bosque de columnas jónicas, todo él hípetro (sin techo) y con el templete del dios en el centro. Pese a todos los trabajos y esfuerzos, incluso durante el imperio romano, no se pudo concluir.
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Durante mucho tiempo se creyó que era el templo de Júpiter Vencedor y no fue identificado como el de Apolo hasta 1956. Sólo se conserva la base de fábrica, restos del pavimento de mármol y fragmentos de los capiteles corintios. Augusto lo mandó construir entre el año 36 y el 28 a.C.en una parte de su casa. Apolo, dios del orden, de la claridad y la juventud, era su protector personal; a él atribuía concretamente su victoria sobre Marco Antonio en el año 31. Esta fidelidad al dios griego no se desmentiría; la celebración de los Juegos Seculares en el 17 a.C. es un perfecto ejemplo de ello, igual que la suntuosidad de este templo completamente construido en mármol de Luni. Tres escultores griegos, Escopas, Cefisodoto y Timoteo, realizaron las tres estatuas del culto (Apolo, Diana y Leto). En la base de la estatua de Apolo fueron colocados a continuación los Libros sibilinos, conservados hasta entonces en el templo de Júpiter Capitolino. Esta circunstancia confería a la casa de Augusto la calidad de centro religioso de la ciudad, que se afirmó aún más cuando el emperador decidió transportar a su mansión una estatua y un altar de Vesta.
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En la primera mitad del siglo IV, y en el mismo solar que el primer templo -posiblemente dedicado a Artemis- ocupaba, se levantó en Emporion un santuario dedicado a Asklepio cuya vida se prolongó hasta la época imperial romana.Elementos fundamentales de este nuevo santuario fueron el oikos, o morada de la divinidad, dedicado al dios de la Medicina, del que aún se conserva intacto el podio sobre el cual, en 1909, apareció el torso de la estatua de Asklepio y el altar que se levanta frente a aquél. Ambos edificios fueron construidos en la primera mitad del siglo IV y su creación fue contemporánea a la elevación de la nueva muralla meridional de la ciudad que alcanzó a encerrar por primera vez el área sacra en el interior del casco urbano.La estructura arquitectónica y urbanística del santuario se mantuvo inalterada hasta mediados del siglo II a. C., momento en que se llevó a cabo la transformación radical del acceso meridional a la ciudad para lo cual desmontaron la muralla del siglo IV, llevando la primera línea defensiva a unos 25 m por delante de aquella, con lo cual se obtuvo un espacio rectangular, cuyos lados largos se orientaban de este a oeste, ubicado entre ambos muros, en el que se edificó un ábaton -es decir, el lugar donde los enfermos hallaban refugio y donde experimentaban el íncubo, o sueño sagrado inspirado por el dios- el cual estaba constituido por una galería porticada que rodeaba la plaza central y al pie de la cual corría una canalización, aún hoy conservada en parte, por la que discurría el agua lustral destinada a las prácticas terapéuticas inherentes a las actividades curativas del santuario. Asimismo, el aspecto del núcleo fundamental del santuario también fue modificado, de tal forma que junto al costado meridional del oikos de Asklepio se edificó un templo gemelo cuya pronaos se situó por encima del antiguo pozo, lo cual obligó a fin de no cegarlo por causa del aterrazamiento, a disponer un tubo vertical y una nueva boca sobreelevada, asegurando así que la accesibilidad al agua quedara garantizada.La nueva sistematización permaneció estable durante un siglo y no fue, pues, hasta la época cesariana o poco más tarde que el santuario sería consagrado a Serapis.
monumento
El Templo de Asklepio en Emporion fue construido en la primera mitad del siglo IV, superpuesto a un primer templo -posiblemente dedicado a Artemis-, siendo utilizado hasta la época imperial romana. Este nuevo santuario contaba con elementos fundamentales como el oikos, o morada de la divinidad, dedicado al dios de la Medicina, del que aún se conserva intacto el podio sobre el cual, en 1909, apareció el torso de la estatua de Asklepio y el altar que se levanta frente a aquél. Ambos edificios fueron construidos en la primera mitad del siglo IV y su creación fue contemporánea a la elevación de la nueva muralla meridional de la ciudad que alcanzó a encerrar por primera vez el área sacra en el interior del casco urbano.La estructura arquitectónica y urbanística del santuario se mantuvo inalterada hasta mediados del siglo II a. C., momento en que se llevó a cabo la transformación radical del acceso meridional a la ciudad para lo cual desmontaron la muralla del siglo IV, llevando la primera línea defensiva a unos 25 m por delante de aquella, con lo cual se obtuvo un espacio rectangular, cuyos lados largos se orientaban de este a oeste, ubicado entre ambos muros, en el que se edificó un ábaton -es decir, el lugar donde los enfermos hallaban refugio y donde experimentaban el íncubo, o sueño sagrado inspirado por el dios- el cual estaba constituido por una galería porticada que rodeaba la plaza central y al pie de la cual corría una canalización, aún hoy conservada en parte, por la que discurría el agua lustral destinada a las prácticas terapéuticas inherentes a las actividades curativas del santuario. Asimismo, el aspecto del núcleo fundamental del santuario también fue modificado, de tal forma que junto al costado meridional del oikos de Asklepio se edificó un templo gemelo cuya pronaos se situó por encima del antiguo pozo, lo cual obligó a fin de no cegarlo por causa del aterrazamiento, a disponer un tubo vertical y una nueva boca sobreelevada, asegurando así que la accesibilidad al agua quedara garantizada.La nueva sistematización permaneció estable durante un siglo y no fue, pues, hasta la época cesariana o poco más tarde que el santuario sería consagrado a Serapis.