La Sala Hipóstila de Karnak, una de las más grandes creaciones de la arquitectura egipcia, ocupa el amplio espacio existente entre el Pilono II (Horemheb-Ramesidas) y su probable predecesor, el Pílono III (Amenofis III). El pétreo bosque encantado, de 134 columnas, sobrecoge al espectador, primero por su belleza, después por su descomunal y soberbia grandiosidad. Las columnas mayores, de capiteles abiertos o campaniformes, y las menores, de capiteles cerrados, se aprietan mucho unas a otras, no tanto en la nave mayor, longitudinal, y en la también mayor transversal, como en las paralelas a estos ejes. El volumen de las masas pétreas, la angostura de los intercolumnios, la altura y el enorme resalte de las basas columnarias, producen en el espectador una sensación de agobio y estrechez que llega a hacerse angustiosa cuando un grupo de personas se pone en movimiento. Una vez más se manifiesta aquí la tendencia egipcia a evitar los espacios interiores amplios. Sólo en las citadas naves central y transversal se experimenta cierto desahogo, lo que confirma la sensación de que a ellas se limitaba el paso de los cortejos y de las andas procesionales. La proximidad de las paredes y el hecho de que éstas se encuentren materialmente cubiertas de figuras, ornamentos y jeroglíficos, tanto si se trata de muros como de columnas, hace que el espectador se encuentre preso en la tela de araña de un mundo de fantasía que debía resultar alucinante cuando el color que animaba a aquellos elementos conservase su fuerza original. De este modo el espectador quedaba incorporado a ese mundo, fascinado o desconcertado por él.
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La emperatriz Faustina, esposa de Antonino Pío, murió a los 36 años, en el 141, y fue consagrada como diva. En su honor levantó el Senado un templo que sobresale por su armonía entre todos los de la romanidad.
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La emperatriz Faustina, esposa de Antonino Pío, murió a los 36 años, en el 141, y fue consagrada como diva. En su honor levantó el Senado un templo que sobresale por su armonía entre todos los de la romanidad. Su cella, convertida en iglesia de S. Lorenzo in Miranda desde el alto Medievo, hace sobresalir hoy, por encima del pórtico original, el ático de su graciosa fachada del siglo XVII, en armónica simbiosis de romano clásico y barroco. El templo antoniniano se alza sobre un voluminoso podio de ancha escalera y altar (restaurada la primera). Un pórtico de seis columnas corintias, con capiteles y basas de mármol y fustes monolíticos de cipollino, seguidas de otras dos a cada lado, realza con su altura de 17 metros la importancia que para el romano de pura cepa tiene siempre la fachada. A la primitiva inscripción del arquitrabe, dedicada a Faustina, se sumó veinte años después la del cónyuge entonces fallecido, ésta en el friso, de modo que las dos rezasen: "Divo Antonino et / Divae Faustinae ex s(senatus) c(consulto)". El fuerte contraste que hoy forman el suntuoso pórtico con las modestas fachadas laterales de peperino lo paliaban en la Antigüedad el revestimiento de éstas con placas y pilastras de mármol, de las que sólo subsisten los capiteles de las esquinas y las huellas de las grapas que fijaban las placas a los sillares.
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El Templo de Aphaia en Egina es uno de los templos mejor conservados de Grecia. Responde al modelo del ideal clásico de canon dórico, hexástilo y períptero, que provoca una sensación de extraordinaria armonía. Al interior, estaba dividido en tres naves, separadas por columnas superpuestas. Estaba dedicado a una diosa local, Aphaia, asociada con la Atenea griega. Destacan los frontones, culminación de la escultura en la primera época clásica y antesala del Estilo Severo.
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Los resabios de la herencia arcaica están patentes en la esquematización lineal del pelo, en el tratamiento de los ojos y en el gesto convencional de la boca. No obstante, el modelado más unitario y la tendencia a fundir mejor los planos, por ejemplo entre pómulos y mejillas, demuestra una evolución, de ahí que se pueda hablar de transición del bajo arcaísmo a la alta época clásica. Atenea ocupaba el centro del frontón. El Guerrero con escudo y el Guerrero herido también forman parte de este delicado conjunto del templo de Aphaia en Egina, realizado en la etapa de transición al siglo V.
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El peinado artificioso y la discrepancia entre lenguaje formal y acción son prueba de que la escultura emparenta más con lo arcaico tardío que con lo clásico. La manera de labrar el mármol es muy típica de los escultores eginetas influidos por la técnica del bronce, de donde la nitidez de los contornos y la apariencia metálica de la superficie de mármol. El Guerrero con escudo forma parte de la decoración del frontón oriental.
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La evolución respecto al Guerrero caído situado en el frontón occidental del mismo templo, se percibe tanto en la estructura como en el estilo. La forma es más cerrada, los puntos de apoyo más reducidos y la verosimilitud del gesto mejor expresada, por eso el guerrero parece a punto de rodar desplomado. La tendencia a señalar cantos y biseles en las intersecciones de planos y la limpidez de la superficie del mármol caracterizan, como ya se ha dicho, a la escuela eginética, una de las más importantes de esta etapa de transición al siglo V.
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El Templo de Aphaia en Egina es uno de los templos mejor conservados de Grecia. Responde al modelo del ideal clásico de canon dórico, hexástilo y períptero, que provoca una sensación de extraordinaria armonía. Al interior, estaba dividido en tres naves, separadas por columnas superpuestas. Estaba dedicado a una diosa local, Aphaia, asociada con la Atenea griega. Destacan los frontones, culminación de la escultura en la primera época clásica y antesala del Estilo Severo.